juanmacs
Minsorrano sin caminos
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El santuario de Lurue y la jinete de unicornio
Habían pasado dos semanas desde que Hinna llegase a las tierras de Amn. En ese tiempo gracias a su carácter extrovertido y jovial , había logrado conocer algunas personas.
Una de esas tardes después de dejar a su corcel Mimoso en el establo, pasó por el campamento de los llanos y oyó voces , así que se acercó a saludar. Allí se encontraban varias personas, como Tremon, Dherian, Rick, el señor Elrid, acompañado por su pupila Sigrid y Lili.
Fue Lili la que dijo de salir camino de Minsorran, insistiendo que el Hinna le acompañase. Los presentes se unieron a la aventura. ¿Qué les depararía esta salida? Hinna no lo sabía, pero algo se tramaba Lili.
Dispuestos los cinco se pusieron en camino, dejando atrás los llanos de Athkatla y andando por el camino del rio hasta Crimmor. Una vez allí prosiguieron la senda que conduce a Minsorran, pasando por el lago Went.
Tuvieron algún que otro encontronazo con bandidos. Los caminos nunca están solos, pero lo peor es pensar que hay bandidos que se arriesgan a atacar a pertrechados aventureros y experimentados hombres de armas como son el señor Elrid o Dherian. No hubo mayor problema con estos encuentros.
La vegetación en el camino del lago Went era cada vez más espesa. El camino estaba tapiado en sus bordes por frondosa vegetación compuesta tanto de arbustos como de esplendorosos árboles típicos de la zona, como robles, castaños y encinas. El verdor y esplendor de la zona se debía a su humedad cercana al río Esmel y por la cantidad de manantiales y cascadas circundantes.
Pasada una posta, algo más alejado tuvimos un encuentro con unos bandidos y al fondo una vez nos deshicimos de ellos vislumbramos una cueva. Lili dijo que quería mostrarme algo, así que todos entramos en aquella gruta.
Una vez dentro el ambiente era más húmedo y la vegetación abundante. Las paredes estaban cubiertas de musgo y enredaderas. Casualmente en la entrada había un lobo blanco que no hizo ademán de atacarnos, mostrándose dócil. Al poco de entrar allí apareció una encapuchada vestida de blanco. Su figura era de la complexión de una mujer de raza élfica.
Lili la conocía, así que la saludó como Vandora y nos presentó a los que estábamos. La buena de Lili quería darme la sorpresa de mostrarme el altar de Lurue. La encapuchada no quiso que todos entraran , así que se quedaron atrás esperando como buenos compañeros de aventuras.
Adentrándonos en la gruta, la humedad iba en aumento, las paredes rezumaban gotas de agua y el musgo creciente en estas era abundante. Otro pequeño lobo marrón esta vez, pululaba por la cueva, sin mostrar ferocidad. Al fondo, tras un lirio se hallaba solemne y sobrio el altar de la diosa unicornio.
Mi alegría fue notable al descubrir un altar de la diosa. Hacía varias lunas que no presentaba mis respetos y dirigía mis oraciones en un lugar adecuado para ello. Así que pedí permiso a la encapuchada para poder rezar como la dama se merece.
Me acerqué cuidadosamente, inclinando ambas rodillas para mostrar respeto, disponiendo a rezar. Trás unos salmos sentí como la bendición de Lurue era conmigo, cosa que llenó mi corazón de alegría. Resonante de felicidad , volví a presentar mis respetos antes de levantarme una vez acabadas las oraciones.
Di las gracias a la dama Vandora por haberme conducido hasta el altar. Tras una charla cordial y respetuosa me dijo que tenía algo más que mostrarme. Fue entonces cuando dando un silbido, tras unos de los recovecos de la cueva asomó una fulgurante luz de colores, seguida por el puntiagudo e inconfundible cuerno de una de las bestias mágicas más impresionantes de Toril. Un ejemplar de unicornio se mostraba tímido.

Al ver que en mi no se muestra maldad alguna, el animal se acercó para que pudiera acariciarlo y así lo hice. Estaba fascinada , pues hacía mucho que no veía uno. Desde la última vez en el bosque de Cormanthor.
La dama mencionó que el santuario había sido profanado por malaritas tiempo atrás y vuelto a sacralizar. No todo eran buenas noticias, aunque el pasado no debía empañar el momento presente. Por lo que agradecida a Vandora me prometí a mi misma ante la diosa que jamás volvería a permitir que nadie mancillaría ese lugar sagrado.
Este ha sido uno de los mejores días que he tenido desde que llegué a Amn, pero seguro que la diosa me depara más días de alegría y felicidad compartida con los mios.
Habían pasado dos semanas desde que Hinna llegase a las tierras de Amn. En ese tiempo gracias a su carácter extrovertido y jovial , había logrado conocer algunas personas.
Una de esas tardes después de dejar a su corcel Mimoso en el establo, pasó por el campamento de los llanos y oyó voces , así que se acercó a saludar. Allí se encontraban varias personas, como Tremon, Dherian, Rick, el señor Elrid, acompañado por su pupila Sigrid y Lili.
Fue Lili la que dijo de salir camino de Minsorran, insistiendo que el Hinna le acompañase. Los presentes se unieron a la aventura. ¿Qué les depararía esta salida? Hinna no lo sabía, pero algo se tramaba Lili.
Dispuestos los cinco se pusieron en camino, dejando atrás los llanos de Athkatla y andando por el camino del rio hasta Crimmor. Una vez allí prosiguieron la senda que conduce a Minsorran, pasando por el lago Went.
Tuvieron algún que otro encontronazo con bandidos. Los caminos nunca están solos, pero lo peor es pensar que hay bandidos que se arriesgan a atacar a pertrechados aventureros y experimentados hombres de armas como son el señor Elrid o Dherian. No hubo mayor problema con estos encuentros.
La vegetación en el camino del lago Went era cada vez más espesa. El camino estaba tapiado en sus bordes por frondosa vegetación compuesta tanto de arbustos como de esplendorosos árboles típicos de la zona, como robles, castaños y encinas. El verdor y esplendor de la zona se debía a su humedad cercana al río Esmel y por la cantidad de manantiales y cascadas circundantes.
Pasada una posta, algo más alejado tuvimos un encuentro con unos bandidos y al fondo una vez nos deshicimos de ellos vislumbramos una cueva. Lili dijo que quería mostrarme algo, así que todos entramos en aquella gruta.
Una vez dentro el ambiente era más húmedo y la vegetación abundante. Las paredes estaban cubiertas de musgo y enredaderas. Casualmente en la entrada había un lobo blanco que no hizo ademán de atacarnos, mostrándose dócil. Al poco de entrar allí apareció una encapuchada vestida de blanco. Su figura era de la complexión de una mujer de raza élfica.
Lili la conocía, así que la saludó como Vandora y nos presentó a los que estábamos. La buena de Lili quería darme la sorpresa de mostrarme el altar de Lurue. La encapuchada no quiso que todos entraran , así que se quedaron atrás esperando como buenos compañeros de aventuras.
Adentrándonos en la gruta, la humedad iba en aumento, las paredes rezumaban gotas de agua y el musgo creciente en estas era abundante. Otro pequeño lobo marrón esta vez, pululaba por la cueva, sin mostrar ferocidad. Al fondo, tras un lirio se hallaba solemne y sobrio el altar de la diosa unicornio.
Mi alegría fue notable al descubrir un altar de la diosa. Hacía varias lunas que no presentaba mis respetos y dirigía mis oraciones en un lugar adecuado para ello. Así que pedí permiso a la encapuchada para poder rezar como la dama se merece.
Me acerqué cuidadosamente, inclinando ambas rodillas para mostrar respeto, disponiendo a rezar. Trás unos salmos sentí como la bendición de Lurue era conmigo, cosa que llenó mi corazón de alegría. Resonante de felicidad , volví a presentar mis respetos antes de levantarme una vez acabadas las oraciones.
Di las gracias a la dama Vandora por haberme conducido hasta el altar. Tras una charla cordial y respetuosa me dijo que tenía algo más que mostrarme. Fue entonces cuando dando un silbido, tras unos de los recovecos de la cueva asomó una fulgurante luz de colores, seguida por el puntiagudo e inconfundible cuerno de una de las bestias mágicas más impresionantes de Toril. Un ejemplar de unicornio se mostraba tímido.

Al ver que en mi no se muestra maldad alguna, el animal se acercó para que pudiera acariciarlo y así lo hice. Estaba fascinada , pues hacía mucho que no veía uno. Desde la última vez en el bosque de Cormanthor.
La dama mencionó que el santuario había sido profanado por malaritas tiempo atrás y vuelto a sacralizar. No todo eran buenas noticias, aunque el pasado no debía empañar el momento presente. Por lo que agradecida a Vandora me prometí a mi misma ante la diosa que jamás volvería a permitir que nadie mancillaría ese lugar sagrado.
Este ha sido uno de los mejores días que he tenido desde que llegué a Amn, pero seguro que la diosa me depara más días de alegría y felicidad compartida con los mios.










