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¡Nuevo encuentro del Salón literario!

TortugaVeloz

Pastilla perdida de Lunanegra
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La lathanderita iba camino a la sede del Muy Radiante Corzaón, cuando las peculiares formas de un cartel captaron su atención, haciendo que se quedará unos minutos observando los trazos.
—Ahora entiendo porque me preguntó sobre el té con naranja. —Pensó en voz alta la sacerdotisa, reanudando la marcha con cierta prisa, no fuera que esperara al citado veinte minutos en vez de los treinta de costumbre.
—Habrá que comprar naranjas camino a Púrskul.​
 

unhearted

Restos de un PJ de Aharadad
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Llegó a la apacible villa de Gambiton, para alterar el lánguido transcurrir de sus días, un carromato decorado con vivos colores, festivos banderines y brillantes cascabeles. Traqueteaba por el camino, con ejes de puro acero, construidos por los mejores ingenieros enanos para resistir los más desafiantes baches. Y una caja de música adosada en el asiento del conductor, accionada a manivela, anunciaba su llegada con alegre tonadilla.

Muchos ya conocían al amigo de Renatha y Philipo, por sus cuentos, sus canciones y sus espectáculos de títeres. Y la promesa que traía de merienda y celebración, cosechó un buen recibimiento.

El bardo cuentacuentos había pospuesto por algunos días la construcción de su hogar en Beregost para instalarse temporalmente en la villa hin y prepararlo todo. Así horas antes del salón literario, ante la atenta mirada de varios hins que fumaban tranquilamente hierba de pipa, el elfo peliazul sacó afanosamente brillo a los bancos y a la larga mesa de madera situada tras la posada que iba a ser el lugar de reunión. Colgó banderines festivos de los árboles cercanos, preparó varias pilas de ejemplares del «Tratado sobre el teatro en Faerûn » para los asistentes, instaló estratégicamente varias piedras imbuidas de magia con el hechizo de arpa fantasma para ambientar musicalmente la reunión y, tras asegurarse de que hubieran dulces de limón, organizó a los mozos para que colocaran en un lugar seguro las cajas con los tentempiés y pastelillos propios de las reuniones de la Eterna Melodía, que había encargado para la ocasión. Alejó con alegres petardos los más aviesos zampabollos y entretuvo a los más pequeños con un teatrillo de títeres sobre la historia de cómo Yondala creó a los hins.

Luego sacó el ron para Astrid, enfrió con magia las cervezas, y empezó a preparar el té y el zumo de bayas azules. Y con una sonrisa de anticipado regocijo, al aflorar el pensamiento de que si alguien lo amaba por detallista no condescendería en desmerecerlo, aguardó a que llegaran los interesados en acudir al esperado encuentro.

Offtopic :
¡Esto es hoy a las diez para quién quera venir!
 
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