Niennor
Pornorroleador en sequía
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Abrió los ojos… para ver de nuevo ese horrible infierno.
Una apestosa celda... olor putrefacto que se metía en las narices de la enana enganchándose a ellas… como obligándola a sentirlo continuamente. Era de tal modo desagradable… que nunca se acostumbraba a el y muchas veces… casi la hacia vomitar.
Sacudió levemente la cabeza y escucho el tintineo de las cadenas… los grilletes en sus muñecas y estas enganchadas a cada lado de la pared… a suficiente altura como para no permitir a la enana sentarse o arrodillarse. Tiro de ellas con fuerza… pero estaba demasiado débil como para conseguir algo de utilidad… sus descansos en esta incomoda postura se basaban en pequeños sueños colgada de ambos brazos… como si fuera una marioneta grotesca. Pero poco tiempo podía aguantar en esa postura… sus articulaciones la dolían tanto de aguantar su peso… que apenas podía estar unos minutos así.
Miro sus ropajes del clan… desgarrados y casi destruidos… donde el látigo mordió. Su cuerpo estaba cubierto por gruesas líneas rojas infectadas… la higiene del lugar dejaba mucho que desear. Al parecer… la sangre mano en abundancia por los cortes producidos por el sinuoso arma… y se había quedado reseca en su piel y ropajes.
La enana sintió un agudo dolor en su rostro… intento mirarse reflejada en los barrotes… pero estaban demasiado oxidados y sucios como para recibir una imagen clara. Como pudo… con los deditos… intento limpiar el grillete de su mano izquierda… ya que el brazo derecho casi no lo podía mover, al parecer el hombro lo tenia dislocado completamente.
Cuando se miro al reflejo… la enana no pudo más que emitir un sordo lamento… Su rostro estaba desfigurado, como si la hubieran golpeado con fuerza… algunas marcas de puñetazos… y un latigazo cruzaba uno de sus ojos… el izquierdo… por el cual apenas veía nada. Sus dientes la dolían… palpo con su lengua contando los huecos que en su dentadura habían producido las brutales palizas propinadas… demasiadas para un cuerpo meramente mortal.
Lo que veía la desmoralizaba brutalmente… y cada día era peor… mas heridas… mas dolor… cuanto tardaría la Sacerdotisa de Berronar en sanar estas heridas con sus dones… minutos?... segundos?... cuanto tardaría en peinarse de nuevo su preciado moño de pelo niveo… que ahora solo era una maraña que la cubría el rostro llena de porquería… grasa… y sangre. Pero no podía… sus poderes no llegaban a ella…
Parecía aislada del mundo… en un lugar que ni los dioses querían visitar… la Reverenda Madre no escuchaba sus lamentos… por muy fuertes que estos fueran.
Miro su hombro izquierdo… donde ella misma había intentado morderse para quitarse la vida… sus dientes se volvieron a hundir de nuevo… para buscar una vena lo suficientemente importante como para acabar con su sufrimiento. Pero ni siquiera tenia fuerzas para atravesar su piel… estaba condenada a seguir viviendo esta tortura… un día… otro día… y otro…
Observo la celda… y vio el cadáver de los dos niños… con su cuello destrozado… y sus brazos casi arrancados… su torso abierto en canal y sus vísceras arrancadas… la enana cerro los ojos y las lagrimas inundaron sus mejillas… arrastrando en parte suciedad y sangre reseca... precipitándose al suelo donde un gran charco carmesí se encontraba… testigo de todos los sufrimientos padecidos por la sacerdotisa.
Escucho una cerradura… la de entrada seguramente… apretó los dientes con furia… de algunos, que aun se mantenían agarrados a sus encías de manera precaria, mano sangre abundantemente por el fuerte gesto. La enana se estiro y miro a la puerta de su jaula de manera desafiante.
Su cuerpo… estaba hecho polvo… y poco podía hacerse por el ya
Su esperanza… hacia tiempo que se había desvanecido…
Su fortaleza… ya había alcanzado sus limites mas altos… y ninguna protección la ofrecía…
Pero su orgullo… era otra historia.
El apestoso Ghul nada sabia de esto… simplemente llego para infligir mas castigo a la enana… se la encontró… mirándole con unos ojos inyectados en rabia. Mas nada le importaba al siervo insensible… abrió la verja y vio como la enana retrocedía lo que podía y agachaba la cabeza con miedo… encogiéndose fruto del terror.
La criatura sonrió macabramente y se acerco despacio deleitándose con el espectáculo.
Craso error…
Sacando fuerzas de donde su cuerpo no podía encontrarlas… de donde su esperanza ya no sabia buscar… de donde su fortaleza la había abandonado… el orgullo de la enana la lleno de un fuerte sentimiento. Se colgó de sus cadenas y se balanceo en ellas… dándole en el pecho con ambos pies al confiado engendro… lanzándole varios metros hacia atrás por el fuerte golpe, haciéndole chocar contra los barrotes… Incluso partiéndole alguno de sus putrefactos huesos…
El Ghul se recompuso… lentamente… mustiando en una extraña lengua maldiciones de impíos dioses… para mirar de nuevo a la enana que… increíblemente… sonreía.
- Vaya… lo siento… fue sin querer… Engendro – Murmuro sin dejar de sonreír – Espero que no me o tengas… en cuenta. Te aprecio tanto tanto… que como te acerques te daré otra… perro apestoso!
No había sido suficiente castigo para la enana… el no muerto saco su látigo de nuevo… no lo había sido… pero eso ellos… nunca lo comprenderían…
La enana… aun en su terrible situación… ya era vencedora. En medio de la oscuridad… ella brillaba… quizás su diosa no la observara… quizás no la escuchara… pero había algo en su interior que era indomable… y que abrasaba a esas aberraciones a base de desprecio e ingeniosos comentarios.
Para ella… la muerte no seria el fin de la historia… si no el principio de una nueva… pero eso… los engendros no lo entendían
- Vamos entupido esqueleto! – mirando desafiante al no muerto – Hoy me he levantado con un extraño picor en mi espalda… llevo horas esperándote para que me lo rasques! – rió a carcajadas que solo se cortaron cuando una abundante tos la invadió de pronto.
La criatura… sin voluntad para elegir u opinar… o sentirse ofendido por el comentario de la enana… desenrollo su látigo… y comenzó a azotarla cruelmente…
Horas tardo el engendro en acallar la voz de la enana… horas hasta que los insultos de esta dejaron de reverberar en la celda… horas hasta dejarla medio muerta colgando de sus cadenas…
Pero la enana estaba satisfecha… con una sonrisa en su rostro inundado por la sangre…
El orgullo enano… el orgullo de la sacerdotisa… la mantenía desafiante y arrogante cuando todo lo demás fallaba y la traicionaba. Sus juramentos para su raza y sus hermanos eran más fuertes que la misma muerte. Y cuando esta llegara… la sacerdotisa miraría hacia delante… asimilando su destino… pues la muerte solo es un paso mas en el camino.
Pero esto… los engendros… nunca lo comprenderían.
Una apestosa celda... olor putrefacto que se metía en las narices de la enana enganchándose a ellas… como obligándola a sentirlo continuamente. Era de tal modo desagradable… que nunca se acostumbraba a el y muchas veces… casi la hacia vomitar.
Sacudió levemente la cabeza y escucho el tintineo de las cadenas… los grilletes en sus muñecas y estas enganchadas a cada lado de la pared… a suficiente altura como para no permitir a la enana sentarse o arrodillarse. Tiro de ellas con fuerza… pero estaba demasiado débil como para conseguir algo de utilidad… sus descansos en esta incomoda postura se basaban en pequeños sueños colgada de ambos brazos… como si fuera una marioneta grotesca. Pero poco tiempo podía aguantar en esa postura… sus articulaciones la dolían tanto de aguantar su peso… que apenas podía estar unos minutos así.
Miro sus ropajes del clan… desgarrados y casi destruidos… donde el látigo mordió. Su cuerpo estaba cubierto por gruesas líneas rojas infectadas… la higiene del lugar dejaba mucho que desear. Al parecer… la sangre mano en abundancia por los cortes producidos por el sinuoso arma… y se había quedado reseca en su piel y ropajes.
La enana sintió un agudo dolor en su rostro… intento mirarse reflejada en los barrotes… pero estaban demasiado oxidados y sucios como para recibir una imagen clara. Como pudo… con los deditos… intento limpiar el grillete de su mano izquierda… ya que el brazo derecho casi no lo podía mover, al parecer el hombro lo tenia dislocado completamente.
Cuando se miro al reflejo… la enana no pudo más que emitir un sordo lamento… Su rostro estaba desfigurado, como si la hubieran golpeado con fuerza… algunas marcas de puñetazos… y un latigazo cruzaba uno de sus ojos… el izquierdo… por el cual apenas veía nada. Sus dientes la dolían… palpo con su lengua contando los huecos que en su dentadura habían producido las brutales palizas propinadas… demasiadas para un cuerpo meramente mortal.
Lo que veía la desmoralizaba brutalmente… y cada día era peor… mas heridas… mas dolor… cuanto tardaría la Sacerdotisa de Berronar en sanar estas heridas con sus dones… minutos?... segundos?... cuanto tardaría en peinarse de nuevo su preciado moño de pelo niveo… que ahora solo era una maraña que la cubría el rostro llena de porquería… grasa… y sangre. Pero no podía… sus poderes no llegaban a ella…
Parecía aislada del mundo… en un lugar que ni los dioses querían visitar… la Reverenda Madre no escuchaba sus lamentos… por muy fuertes que estos fueran.
Miro su hombro izquierdo… donde ella misma había intentado morderse para quitarse la vida… sus dientes se volvieron a hundir de nuevo… para buscar una vena lo suficientemente importante como para acabar con su sufrimiento. Pero ni siquiera tenia fuerzas para atravesar su piel… estaba condenada a seguir viviendo esta tortura… un día… otro día… y otro…
Observo la celda… y vio el cadáver de los dos niños… con su cuello destrozado… y sus brazos casi arrancados… su torso abierto en canal y sus vísceras arrancadas… la enana cerro los ojos y las lagrimas inundaron sus mejillas… arrastrando en parte suciedad y sangre reseca... precipitándose al suelo donde un gran charco carmesí se encontraba… testigo de todos los sufrimientos padecidos por la sacerdotisa.
Escucho una cerradura… la de entrada seguramente… apretó los dientes con furia… de algunos, que aun se mantenían agarrados a sus encías de manera precaria, mano sangre abundantemente por el fuerte gesto. La enana se estiro y miro a la puerta de su jaula de manera desafiante.
Su cuerpo… estaba hecho polvo… y poco podía hacerse por el ya
Su esperanza… hacia tiempo que se había desvanecido…
Su fortaleza… ya había alcanzado sus limites mas altos… y ninguna protección la ofrecía…
Pero su orgullo… era otra historia.
El apestoso Ghul nada sabia de esto… simplemente llego para infligir mas castigo a la enana… se la encontró… mirándole con unos ojos inyectados en rabia. Mas nada le importaba al siervo insensible… abrió la verja y vio como la enana retrocedía lo que podía y agachaba la cabeza con miedo… encogiéndose fruto del terror.
La criatura sonrió macabramente y se acerco despacio deleitándose con el espectáculo.
Craso error…
Sacando fuerzas de donde su cuerpo no podía encontrarlas… de donde su esperanza ya no sabia buscar… de donde su fortaleza la había abandonado… el orgullo de la enana la lleno de un fuerte sentimiento. Se colgó de sus cadenas y se balanceo en ellas… dándole en el pecho con ambos pies al confiado engendro… lanzándole varios metros hacia atrás por el fuerte golpe, haciéndole chocar contra los barrotes… Incluso partiéndole alguno de sus putrefactos huesos…
El Ghul se recompuso… lentamente… mustiando en una extraña lengua maldiciones de impíos dioses… para mirar de nuevo a la enana que… increíblemente… sonreía.
- Vaya… lo siento… fue sin querer… Engendro – Murmuro sin dejar de sonreír – Espero que no me o tengas… en cuenta. Te aprecio tanto tanto… que como te acerques te daré otra… perro apestoso!
No había sido suficiente castigo para la enana… el no muerto saco su látigo de nuevo… no lo había sido… pero eso ellos… nunca lo comprenderían…
La enana… aun en su terrible situación… ya era vencedora. En medio de la oscuridad… ella brillaba… quizás su diosa no la observara… quizás no la escuchara… pero había algo en su interior que era indomable… y que abrasaba a esas aberraciones a base de desprecio e ingeniosos comentarios.
Para ella… la muerte no seria el fin de la historia… si no el principio de una nueva… pero eso… los engendros no lo entendían
- Vamos entupido esqueleto! – mirando desafiante al no muerto – Hoy me he levantado con un extraño picor en mi espalda… llevo horas esperándote para que me lo rasques! – rió a carcajadas que solo se cortaron cuando una abundante tos la invadió de pronto.
La criatura… sin voluntad para elegir u opinar… o sentirse ofendido por el comentario de la enana… desenrollo su látigo… y comenzó a azotarla cruelmente…
Horas tardo el engendro en acallar la voz de la enana… horas hasta que los insultos de esta dejaron de reverberar en la celda… horas hasta dejarla medio muerta colgando de sus cadenas…
Pero la enana estaba satisfecha… con una sonrisa en su rostro inundado por la sangre…
El orgullo enano… el orgullo de la sacerdotisa… la mantenía desafiante y arrogante cuando todo lo demás fallaba y la traicionaba. Sus juramentos para su raza y sus hermanos eran más fuertes que la misma muerte. Y cuando esta llegara… la sacerdotisa miraría hacia delante… asimilando su destino… pues la muerte solo es un paso mas en el camino.
Pero esto… los engendros… nunca lo comprenderían.