nukenin81
Adorador reciente de Talona
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一
(ICHI)
(ICHI)
Un anciano de espalda encorvada y ojos rasgados camina del brazo de un joven semiorco por el enclave Shou de la ciudad de Athkatla.
–Mira, abuelo, ¿has visto a esos ronin? ¿Así eras tú de joven?
–Yo no era ronin, yo era un nukenin.
–Bah, es lo mismo.
–No, en absoluto. Un ronin es un “hombre ola”; un samurái que se ha quedado sin señor y vaga por ahí vendiendo su espada al mejor postor. Un nukenin es un shinobi que reniega de su clan y se convierte en desertor.
–Buah, ¿en serio? –los ojos del joven se abren como platos– ¿Por eso te fuiste de Wa, por desertar de tu clan? –El viejo asiente prácticamente antes de que el semiorco termine la pregunta–. ¿Y por eso viajaste hasta Amn? ¿Hasta la otra punta del mundo? ¡Ja! Ese clan tuyo tenía que dar mucho miedo.
El anciano ríe levemente y tose, carraspeando para recobrar la compostura.
–Si los Daimon me hubieran puesto la mano encima, ¡me hubieran arrojado a la isla de los demonios! –Se da unos golpecitos en el pecho para aclararse la voz– Acabar en este país fue una feliz coincidencia. Además, si no hubiera recorrido medio mundo, no os habría conocido a tu madre ni a ti.
El joven suelta una carcajada, negando con la cabeza.
–Recuerdos de mi madre, por cierto.
–Dáselos a ella también. Y a tu padre –añade.
–Él no es mi padre…–musita, casi sin querer.
–¡Claro que lo es! Él es tu padre de la misma manera que yo soy tu abuelo. ¿Entiendes, muchacho?
El joven frunce el ceño, apretando los labios, mordiéndose la lengua. No debe contestarle a un mayor; y sin embargo:
–No es más que un granjero.
El viejo se detiene, volviéndose para mirarle de frente.
–Precisamente porque tiene una granja y te ha criado como hijo suyo, tienes un futuro. ¿O qué esperanza de vida tendrías si tu padre hubiera sido un Señor de la Guerra? ¿Hmm? Todos saben que los señores de la guerra orco gozan de una vida larga y plena –y ambos ríen instantáneamente con la broma, y vuelven a caminar juntos.
Pronto sus pasos les llevan por el paseo de Waukin hasta el distrito del puente, donde se paran a descansar. El anciano se apoya y suelta un suspiro de alivio. El joven pierde la mirada en el río.
–Sigo teniendo las mismas pesadillas, abuelo. La… –duda unos instantes, como si quisiera elegir la palabra correcta– oscuridad se hace más grande. Lo noto –confiesa, mientras el viejo se limita a escucharlo con gesto circunspecto–. Yo, hay días en que despierto y no sé lo que soy. No soy un hombre, ni un orco, ni…
–Eres Orochi, mi protegido, mi nieto. Llevas mi nombre. Eres hijo de tu madre y tu padre. Anda, ven, escúchame: el mundo de los hombres cohabita con el de las bestias y los demonios, y tú estás destinado a caminar por todos ellos.
El viejo caballero de Wa despide al joven semiorco con la mano en alto. Lo observa irse hacia Purskul, donde los de su raza tienen una oportunidad de vivir en paz. Pero el viejo sabe que llegará el día en que Orochi no volverá. Llegará el día, en que el mestizo deba enfrentarse a su destino.
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