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Oscuros encuentros

Miau

Escritor de muchotexto
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10/4/06
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Aquella era una noche apacible, en la entrada del este, de la Ciudad de la Moneda. La zona, denominada como los Llanos, estaba tranquila. Había infantes de la Guardia Amniana haciendo periodicas rondas nocturnas; y yo, me encontraba en aquel lugar charlando con mi amiga Charlotte. Recuerdo que había más gente, pero no los recuerdo. A quien sí recuerdo, es a una mediana, de nombre Ayala, si no recuerdo mal. Entonces, comenzó el desastre.

Era uno de mis primeros días, como Segadora de pleno derecho. El Azote Inus Theldaran, había oficiado la ceremonia, que el propio Juez, aprobó. No soy quien para cuestionar las decisiones de un omnisapiente Ser, sin embargo....

Era de noche, y las conversaciones en el campamento eran animadas. No obstante, había una figura que no se hacía partícipe de ellas. Una figura, de oscuros atavíos, que parecía pasar desapercibido. Sin embargo, noté algo oscuro y siniestro en el. Algo, siniestramente horrible. Era más joven e impetuosa, y pago por ello, cada día de mi existencia.
*Mientras escribe algunos retazos de su memoria, no puede evitar sentir un estremecimiento y acariciase la mano derecha*

El me vió, y cruzamos las miradas; la suya roja y oscura y la mía, azulada y exultante. Cuando se percató de mi escrutadora mirada, empezó a correr y actué como ví adecuado en el momento. Sentía que era una amenaza, que no debía escapar, todo mi ser vibraba de la sensación de tener que acabar con aquel ser horrible! Así pués, advertí a Charlotte, de que pusiera en aviso tanto a la Orden, como al Azote; y sin más, continué el seguimiento a aquel ser, adentrandome en la sima de la oscuridad.

Oí voces tras de mí, pero no podía dejar huir a la criatura. No! Por Sune que era una criatura que debía de ser erradicada de la faz de la tierra. Empuñé con la diestra a mi infatigable Espina de Rosa y me ajusté mi escudo en la siniestra. La zona estaba a oscuras. una oscura cueva, en la cual no había ninguna iluminación. Se podían oir los goteos del agua que caían del techo. Aquella figura, estaba en medio de varios pequeños cadáveres, recién asesinados. Parecía esperar, a algo o a alguien, aunque en aquel momento no me dí cuenta. Me adentré más en la oscuridad, la cual comenzé a disipar, gracias a mi anillo, con el cual, podía atisbar la zona. El ser, miró hacia atrás, en mi dirección y hecho a andar hacia adelante; sin embargo justo en aquel instante, oí pasos y ruidos de voces; Charlotte, Ayala y varios más me habían seguido! ¿Por qué?

No tenía tiempo de hacer cambiar de parecer a nadie, había que seguir con el trabajo. Mientras nos adentrabamos poco a poco, en la insondable oscuridad, me preguntaron que ocurría. Recuerdo las palabras y no puedo más que evitar sonreir con tristeza. Ni siquiera yo me había percatado de la verdad. Presa de la necedad, nos adentramos lentamente. Unos estrechos pasilos de roca, conformaban el oscuro lugar. Continuamos el seguimiento de la criatura, hasta que dimos con el. Había criuzado un pequeño puente pétreo. Me adelanté, valientemente, con el anillo alumbrando la oscuridad y mi fiel Espina de Rosa en la diestra. Hize un gesto a Charlotte, para que se quedasen tras de mí, y con la mirada, le hize señas hacia atras. Justo en aquel instante, una oscura y silenciosa figura, rápida y veloz como el mercurio, apareció detras de nuestra posición.

- Si quieres que dejemos a tus amigos vivos, ven a mi, Segadora - En aquel instante fué cuando ví clara la estrategia del ser. Por algún motivo, me quería a mí.
-Y si no vienes, los mataremos- Justo en aquel instante, la silenciosa y oscura figura, desenvainó su arma, amenazando con cumplir, lo que su compañero había augurado.


No podía cargar con aquella culpa. Todo aquello, era por mi culpa, pero añadir las muertes insensatas de mis amigos, era algo, algo con lo que no podría vivir. Haciendo acopio de fuerzas, acepté.

- Está bien, llevadme con vosotros. Pero a ellos - Señaló a sus compañeros – dejadlos en paz. Me teneis a mi. – El ser sonrió satisfecho ante las palabras de la joven muchacha. – Elección sabia. –

- Prometedlo! .- La joven paladina, sin apenas parpadear siquiera, sintiño como un poderoso brazo, la empujaba por la espalda. –Calla y camina.

Tras mirar brevemente hacia atrás, hacia el grupo que dejaba a solas, sentí un fuerte empellón que casi me tiró al suelo. Miré al frente, hacia el encapuchado ser, que me había atraido allí, una sonrisa depredadora y satisfecha asomaba a su rostro y sin mediar palabra, siguió hacia delante, adentrándose más en aquellos lóbregos pasillos,

Miré a mi alrededor y mi memoria, recordó cuando había estado en aquellos pasillos. Sí, lo recordaba. Cuanto hacía ya de aquello? De aquel tiempo, en el cual, Trein Klenthur y yo misma, salimos de aquel mismo pasillo, llevando en sus brazos, el cuerpo inerte del sacerdote. Pensé en el y pensé en mi misma, en si saldria de una pieza y cuerda de allí. Tras reprocharme en silencio, aquellos mal augurados presagios, seguí el caminar.

De repente, maldiciones y exclamaciones airadas, vinieron seguidas de un oscuro malestar. Mi cuerpo, mi alma, mi ser, intuía que algo oscuro y siniestro estaba allí. Y tan rápido como sentí aquella presencia, me llevé mi mano a mi cuello, donde pendía mi preciado amuleto, aquel objeto delicado, que en tantas ocasiones me había reconfortado. Justo en aquel instante, un ser apareció ante nosotros, colgado del techo. Un ser que irradiaba una más que palpable maldad y oscuridad. Tras las maldiciones del cabecilla, comenzó a conjurar sobre el ser, que sobretodo, miraba hacía mi, con, ¿cara de hambre? Para rechazar aquella presencia, sujeté en mi mano con serenidad, mirando hacia aquel ser.

- Yo te repudio, Ser de las tinieblas! . – Justo en aquel instante, sentí como alguien retorcía detrás de mi mi brazo con fuerza sobrehumana. – Suelta eso .- Rugió con ira. Para hacer hincapie en sus palabras, me asestó un golpe tremendo que me dejó totalmente a merced de la oscuridad.


…..

No soy capaz de relatar aquello que me hicieron durante el tiempo, que se me hizo eterno. Sin embargo, puedo afirmar, a ciencia cierta, que fui afortunada. Tal vez la propia Tymora sonrió. Quien sabe.
 

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