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Pacto de sombras.

Alpha

Admirador del brazo de Sune
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6/8/19
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Era la hora. Oscuros cánticos resonaban por las diferentes salas de aquella sombría torre, una invocación se estaba llevando a cabo en una sala que se habilitó para la tarea. Figuras envueltas en túnicas oscuras y capuchas holgadas se colocaban alrededor de un círculo lleno de runas. Las voces de aquellos cultitas pronto se empezaron a volver más intensas.

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Un nombre era repetido en ocasiones entre distintas palabras, en un idioma vil y antiguo. Nisroch.

El Guardián de la Sangre se mantenía silencioso, observando el ritual de invocación, con las manos a la espalda. Sin embargo, ocultaba una leve tensión constante, un recuerdo de lo que el último ritual le costó, era todo lo que llegaba a su mente, pero bien sabía que no había espacio para el temor cuando se encontrase frente a la criatura a la que estaban invocando.

Confiado, Aryan dio un paso al frente, uniéndose a una serie de oraciones sombrías. Ya había sobrevivido a posesiones infernales, a encuentros mucho peores... Se autoconvenció de que lo que estaba por venir no sería nada para él.

A medida que la invocación se volvía más intensa, el ambiente se empezó a volver más oscuro, las velas se apagaban con rapidez y cualquier rastro de luz natural desaparecía. Al poco rato la habitación se volvió prácticamente oscura de no ser por un par de velas más cercanas a la puerta de hierro que llevaba al exterior. Finalmente el silencio se hizo en el lugar.

En el interior del círculo ahora parecía haber una figura extremadamente oscura y alta, se encontraba totalmente quieta y un ligero brillo en los ojos era lo único que indicaba su presencia.


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Esos dos puntos brillantes se movieron hacia Aryan. El simple hecho de mirar a aquella criatura, aunque no se la viera completamente, era suficiente para causar terror a los más débiles de mente. Había algo en la presencia de esa criatura que hacía que la propia oscuridad se sintiera más oscura, que el aire se sintiera más cargado de lo normal.

Finalmente la criatura realizó un movimiento notable, y sus dos enormes alas negras, envueltas en sombras, se estiraron, moviendo el aire de la propia sala hasta que dichas alas se detuvieron. Tras la orden de Aryan, a pesar del riesgo que ello conllevaría, los invocadores empezaron a abandonar la sala del ritual, dejando al demonio y a Aryan totalmente a solas, en una sala sumida en la oscuridad.


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Pasaron los minutos y nada se pudo escuchar al otro lado, so lo hubo completo silencio, hasta que llegó el punto en el que un pequeño temblor sacudió la puerta de hierro que daba a la sala del ritual. Seguidamente, el Guardián de la Sangre salió de la sala. La luz natural de la misma había vuelto, al igual que la luz de las propias velas.

Una sonrisa de oreja a oreja acompañaba el rostro del Kanchelsita, que solo pudo ensancharse más cuando le preguntaron sobre lo sucedido, a lo que respondió.

Ha ido de maravilla...
 
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