Necio
Copia sin mente de un convocado
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La Morada enana tardaría mucho en ser lo que antaño era, el olor a muerte y a sangre aun se sentían en sus entrañas, por mucho que los tozudos habitantes del lugar se esforzaran la seguridad había dejado de ser lo que era antaño y un nuevo ataque seria devastador para esta orgullosa raza.
La rauda ave que se lanzaba en picado contra la muralla lo sabia... sabia que no había mucha esperanza en sus intenciones pero si en algún lugar podría conseguirse algo, sin duda es entre las gruesas murallas medio derruidas. Replegando sus alas y tensándolas a pocos metros del suelo, el ave freno su caída y trazó una torpe curva ascendente para luego dejar de ser ave, pasar a ser enano y caer en una pose heroica de rodilla y puño en el suelo.
La teoría estaba ahí: Ave luego enano luego rodilla y puño al suelo coronado con una sonrisa encantadora para luego ponerse en pie natural como el fluir de un rio. Desafortunadamente Kharmin de los Musgoverde nunca fue un enano ágil, salvo en ocasiones concretas, y las heridas que poblaban su cuerpo tampoco facilitaban la tarea de resultar impresionante además de la prisa y la urgencia que llevaba. El ave se volvió enano, el enano choco contra el suelo, rodo por el suelo, reboto contra el suelo... y termino en un amasijo de michelines, ropa vieja, barro y mucho pelo enmarañado.
Los guardias enanos acudieron raudos al lugar pensando que el enemigo había vuelto con algún tipo de arma de asedio y estaba abriendo fuego contra ellos con curiosos y pintorescos proyectiles, pero rápidamente reconocieron al "peculiar" barbalarga al que rápidamente acudieron a ayudar. Afortunadamente para el druida, el dicho que recorría la morada de "No es que no sea sigiloso, es que se le huele antes que verle o escucharle en la lejanía" era bastante cierto. Portaba el aroma del bosque en la mañana, de la hierba nueva, del musgo empapado por el roció, todos ellos cubiertos por un aroma a sudorosa manada de bestias pasando por un lodazal purulento.
- Venerable anciano! - clamo un guardia - estáis, estáis bien? - pregunto asustado viendo la sangre empapar el suelo y los vendajes del desastroso cuerpo retorcido en el suelo.
Un gruñido de descontento salió de la bola de carne mientras se recomponía poco a poco, tomando su bastón y apoyándose para alzarse cuan alto era, mas que los enanos del lugar y aun siendo tan viejo, Kharmin era un enano enorme, bueno... "enorme" para ser un enano. Con una mano, aferro la pechera del guardia para acercarle a su rostro enmascarado, siendo este gesto mas sencillo que moverse hasta su posición, cuando le tuvo cerca le hablo con urgencia.
- Avisa al viejo Rey, dile que en el campamento del norte tienen al Burgomaestre atrapado y piensan interrogarlo, entregárselo a los muchachos del pijama gris - dijo el enano ante el fornido guardia que intentaba no mirar donde la parca ropa del anciano había decidido no cubrir fruto del accidental aterrizaje
- El Burgomaestre?... pero... pero anciano... el... - Dijo el soldado antes de que el anciano enano lo agitara bruscamente
- Sea lo que sea lo que tiene dentro... sea lo que sea porque lo tiene... sea lo que sea lo que hizo o hicieron que hiciera... Deben ser los enanos los que se encarguen de el! házselo saber al viejo Rey! dile que Kharmin ha pagado el precio por la afrenta de los elfos y los lunáticos y que ha jurado en su propio nombre por el daño al pueblo enano... Ese peso es mío, pero tenéis que traer a Barbaescamosa a la morada! es nuestra sangre, es nuestro deber, es nuestra responsabilidad! - Dijo el enano sin dejar de agitar al paciente soldado.
- Pero Barbamugrienta... - El respeto se pierde rápidamente cuando te agitan el cuerpo intensamente - No deberíais decírselo vos mismo... mejor?
El enano soltó al guardia para encararse a la salida y negó con la cabeza.
- Ire al Sur, hay dos formas de juntar las piezas... y es posible que esta vez para salvar al mundo, los villanos tengan que ser heroes, y los heroes... sean los villanos. - El enano se apretó un vendaje que se manchaba cada vez mas con la sangre de las heridas recientes. - Una lección que hoy la vida me ha recordado. Ve a hablar con el viejo rey!... rápido!
De nuevo el cuerpo del enano desapareció y plumas volvieron a sustituir su figura. El halcón revoloteo en el suelo antes de conseguir el suficiente impulso para poder alzar el vuelo y desaparecer por el derruido portón enano, dejando a un sorprendido guardia tras de si.
La rauda ave que se lanzaba en picado contra la muralla lo sabia... sabia que no había mucha esperanza en sus intenciones pero si en algún lugar podría conseguirse algo, sin duda es entre las gruesas murallas medio derruidas. Replegando sus alas y tensándolas a pocos metros del suelo, el ave freno su caída y trazó una torpe curva ascendente para luego dejar de ser ave, pasar a ser enano y caer en una pose heroica de rodilla y puño en el suelo.
La teoría estaba ahí: Ave luego enano luego rodilla y puño al suelo coronado con una sonrisa encantadora para luego ponerse en pie natural como el fluir de un rio. Desafortunadamente Kharmin de los Musgoverde nunca fue un enano ágil, salvo en ocasiones concretas, y las heridas que poblaban su cuerpo tampoco facilitaban la tarea de resultar impresionante además de la prisa y la urgencia que llevaba. El ave se volvió enano, el enano choco contra el suelo, rodo por el suelo, reboto contra el suelo... y termino en un amasijo de michelines, ropa vieja, barro y mucho pelo enmarañado.
Los guardias enanos acudieron raudos al lugar pensando que el enemigo había vuelto con algún tipo de arma de asedio y estaba abriendo fuego contra ellos con curiosos y pintorescos proyectiles, pero rápidamente reconocieron al "peculiar" barbalarga al que rápidamente acudieron a ayudar. Afortunadamente para el druida, el dicho que recorría la morada de "No es que no sea sigiloso, es que se le huele antes que verle o escucharle en la lejanía" era bastante cierto. Portaba el aroma del bosque en la mañana, de la hierba nueva, del musgo empapado por el roció, todos ellos cubiertos por un aroma a sudorosa manada de bestias pasando por un lodazal purulento.
- Venerable anciano! - clamo un guardia - estáis, estáis bien? - pregunto asustado viendo la sangre empapar el suelo y los vendajes del desastroso cuerpo retorcido en el suelo.
Un gruñido de descontento salió de la bola de carne mientras se recomponía poco a poco, tomando su bastón y apoyándose para alzarse cuan alto era, mas que los enanos del lugar y aun siendo tan viejo, Kharmin era un enano enorme, bueno... "enorme" para ser un enano. Con una mano, aferro la pechera del guardia para acercarle a su rostro enmascarado, siendo este gesto mas sencillo que moverse hasta su posición, cuando le tuvo cerca le hablo con urgencia.
- Avisa al viejo Rey, dile que en el campamento del norte tienen al Burgomaestre atrapado y piensan interrogarlo, entregárselo a los muchachos del pijama gris - dijo el enano ante el fornido guardia que intentaba no mirar donde la parca ropa del anciano había decidido no cubrir fruto del accidental aterrizaje
- El Burgomaestre?... pero... pero anciano... el... - Dijo el soldado antes de que el anciano enano lo agitara bruscamente
- Sea lo que sea lo que tiene dentro... sea lo que sea porque lo tiene... sea lo que sea lo que hizo o hicieron que hiciera... Deben ser los enanos los que se encarguen de el! házselo saber al viejo Rey! dile que Kharmin ha pagado el precio por la afrenta de los elfos y los lunáticos y que ha jurado en su propio nombre por el daño al pueblo enano... Ese peso es mío, pero tenéis que traer a Barbaescamosa a la morada! es nuestra sangre, es nuestro deber, es nuestra responsabilidad! - Dijo el enano sin dejar de agitar al paciente soldado.
- Pero Barbamugrienta... - El respeto se pierde rápidamente cuando te agitan el cuerpo intensamente - No deberíais decírselo vos mismo... mejor?
El enano soltó al guardia para encararse a la salida y negó con la cabeza.
- Ire al Sur, hay dos formas de juntar las piezas... y es posible que esta vez para salvar al mundo, los villanos tengan que ser heroes, y los heroes... sean los villanos. - El enano se apretó un vendaje que se manchaba cada vez mas con la sangre de las heridas recientes. - Una lección que hoy la vida me ha recordado. Ve a hablar con el viejo rey!... rápido!
De nuevo el cuerpo del enano desapareció y plumas volvieron a sustituir su figura. El halcón revoloteo en el suelo antes de conseguir el suficiente impulso para poder alzar el vuelo y desaparecer por el derruido portón enano, dejando a un sorprendido guardia tras de si.