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Pasos en la Mañana 𖤓 Casia Solarys [Parte I]

HeaveninAether

Enano con acento ruso
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La semielfa retira su corona de laurel y saca de su pequeño zurrón un pequeño diario en el que al amparo de la calma de la Cúpula de la Rosa y su soleado regalo, allí donde los rayos más recientes del día se filtran, escribe inspirada por estos sus primeros pasos en las Tierras de la Intriga.

Soleada era la mañana que mi piel recibía, de ese carruaje en el que bajé y vislumbré una gran ciudad. Las gentes paseaban por doquier incluso cuando la noche abrazó nuestras ánimas y pude notar con sorpresa que los caballeros y damas que recibieron mis primeros pasos y andares tranquilos, acomodaron su sabiduría a la mía y me mostraron con calma y esmero lo que una ciudad tan relevante como La Ciudad de La Moneda podía otorgarle a una elegida de los primeros rayos de la mañana.

La bardo, Selhana Mechacorta, el mercenario Liam Draevar, el aventurero Alaric y Zar'Kath, el elfo oscuro, junto con la introducción a mi persona del caballero Alexander, fueron los responsables de guiar mi calmo caminar y mi esperanzadora fe hasta el templo donde ahora cobijaré mi cuerpo. Dotada he sido de los poderes sagrados de mi Señor de la Mañana y por ello mi transitar será siempre en esa senda. Mis manos sanarán cuerpos dolientes, mi palabra evocará esperanza en aquel que otrora la perdió y mis dones naturales y prestados por una voluntad superior a la mía de la cual solo soy su carne, servirán para propagar el bien y la esperanza en cualquiera de sus formas
.

Pues grises son los días que se viven en esta tierra castigada por el desasosiego, aquella Bruma de la que me hablaron y los horrores que habitan en ella, tienen ahora una nueva enemiga. No quizá la más poderosa, ni la más versada, pero si una que dará hasta el último de sus alientos por proteger la esperanza e iluminar la senda que ella oculta y que sus aliados sepan que por menuda que sea la figura semielfa, por nueva o desconocedora de las tierras, si será por siempre aliada incondicional de aquellos que combaten al más vil de los horrores que busca nublar el horizonte donde no manda el gris si no el dorado, pues cada mañana nace el sol y eso es inevitable.

Offtopic :
¡Gracias a los que participasteis y perdón si se me ha olvidado mencionar a alguien!


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HeaveninAether

Enano con acento ruso
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La semielfa, besada por la luz tenue de un ocaso que ya prometía el renacer del alba venidera, reposó su figura junto a un lecho de hierbas suaves, donde el murmullo del viento parecía entonar una plegaria callada. Con manos aún teñidas por el dulzor de las bayas acuosas, abrió su pequeño diario en un asiento del templo de La Cúpula de la Rosa, siendo su carne bendita por los aceites y óleos de los sacerdotes del Amanecer que le cobijaban un suspiro y un descanso a su mente, permitiendo que la tinta ahora, como extensión de su fe, recogiera los designios que el Señor de la Mañana había dispuesto para ella en aquella jornada.

Radiante fue el día que Lathander tuvo a bien concederme, aun cuando sus pruebas se entrelazaron con sus bendiciones. En las inmediaciones de Púrskull, donde la vida brota incluso entre la aspereza de la tierra, me hallaba recolectando bayas acuosas, humildes frutos que, bajo la luz del alba, relucen como pequeñas promesas de alivio para los afligidos.
Fue entonces cuando, como guiado por la voluntad de un designio mayor, se cruzó en mi senda el Padre Cars, devoto servidor de Ilmater, aquel que abraza el sufrimiento para redimir a otros, y miembro de la Orden del Guantelete. En su mirada habitaba el peso del dolor ajeno, mas también una serenidad que solo aquellos que comprenden el sacrificio verdadero pueden portar.

Conversamos bajo la atenta mirada del sol, y en sus palabras encontré ecos de mi propia misión. Me habló del hospicio de San Annur, refugio de los quebrantados, donde la compasión se alza como escudo frente a la desesperanza. Solicitó mi ayuda, una mano más que pudiera servir de canal para la sanación… y, en su generosidad, me ofreció también unirme a su orden. Mas mi corazón, consagrado ya al eterno renacer que Lathander encarna, supo responder con humildad. Agradecí su ofrecimiento, pues noble es su senda, pero mi espíritu aún debe caminar libre, guiado únicamente por la luz del alba y los susurros de mi Señor. No rechacé su causa, sino el momento de abrazarla como propia.
Acepté, sin embargo, acompañarle hasta el hospicio, pues en cada acto de bondad se honra al nuevo día. Y así, tras una jornada ardua, mis pasos encontraron alivio en la compañía del buen Padre.

En nuestro caminar, compartimos palabras de fe, de pérdida y de esperanza… y no pude evitar notar cómo, entre sus relatos, mi mente se desviaba por instantes hacia otra figura, alguien cuya presencia, aunque lejana en ese momento, parecía iluminar mis pensamientos con una calidez distinta a la del sol.

Mas el Señor del Alba, en su infinita sabiduría, no concede días vacíos de prueba. Al alcanzar un viejo cuartel entre Púrskull y los Llanos, un sonido emergió de las profundidades de un pozo olvidado. Un ruido fue escuchado por nuestros humildes oídos y como hijos de la luz, no pudimos ignorarlo. Descendimos, con la calma que precede a la tempestad, pues dotados de poderes divinos sabedores éramos de que quizá un mal se albergaba en el corazón de aquella gruta. Trampas antiguas, vestigios de manos que ya no caminan este mundo, trataron de detener nuestro avance. Pero la fe, firme como el primer rayo del día, nos permitió sortearlas.

En lo más hondo, hallamos una celda. Y en ella, el cuerpo sin vida de un hombre, cuya historia había sido arrebatada antes de su tiempo. Recé por él, ofreciendo su alma al ciclo eterno del renacer, confiando en que incluso en la muerte, el Amanecer más puro concede una nueva aurora.
Junto a su cuerpo, una bolsa contenía escritos. No eran meras palabras, sino fragmentos de algo mayor, algo que el destino quiso poner en nuestras manos. Apenas pudimos contemplarlos cuando las voces de los trasgos irrumpieron en la quietud, grotescas y llenas de intención.

Buscamos evitar el enfrentamiento, mas no toda sombra desea ser esquivada. Cuando la vileza se alza, la luz debe responder. Así, entre acero y plegarias, defendimos no solo nuestras vidas, sino la esperanza de que aquel lugar no siguiera siendo nido de corrupción.
Emergimos finalmente, llevando con nosotros tanto los escritos como el peso de lo vivido. El sargento de la guarda, al recibirlos, mostró en su semblante la gravedad de aquello que habíamos recuperado. Sea cual fuere su contenido, no pertenecía al olvido.

Proseguimos nuestro camino, y al llegar al hospicio de San Annur, sentí cómo mi espíritu se alineaba con el propósito que Lathander me ha concedido. Allí, entre sus muros, cada herida es una oportunidad de renacer, cada suspiro una antesala del alba.

Y mientras cierro estas líneas, sé que mi senda continúa, iluminada por el dorado eterno de mi Señor. Mas también, en lo más profundo de mi ser, algo nuevo comienza a germinar… una chispa tenue, como el primer rayo del amanecer, cuyo origen aún no comprendo del todo, pero que, sin duda, también forma parte del designio que me ha sido otorgado y de lo que habita no sólo en mi sangre, sino en mi alma, poderes superiores a carne mortal que estimo y a los cuales seré fiel.



Offtopic :
¡Agradecimientos al Padre Cars por la guiada y al DM por la ambientación!


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HeaveninAether

Enano con acento ruso
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La semielfa, al abrigo de una luz que ya declinaba pero jamás desaparece para los fieles del Señor de la Mañana, posó su mirada sobre las páginas de su diario. Allí, donde cada palabra es reflejo de un nuevo amanecer, dejó constancia de una jornada en la que la oscuridad fue desafiada por la fe.

Fue en el tablón cercano a la Posada de Alandor donde la voluntad tomó forma, pues un anuncio del Baluarte Ígneo convocaba a una expedición hacia las frías entrañas de Khazad Gromdal, dominio de enanos y piedra antigua. El propósito era claro, asistir a Groob en la recolección de valiosos minerales ocultos en vetas profundas, allí donde la luz apenas osa llegar.


Descendimos en compañía de valientes, y paso a paso, como quien avanza hacia un alba aún no nacida, nos abrimos camino por las minas. Mas no solo roca hallamos, pues en lo profundo aguardaban sectarios de Cyric, cuyas sombras pretendían arraigar en aquel lugar. La luz, sin embargo, no se doblega, y con determinación fueron derrotados.


Allí mismo, junto a las vetas que buscábamos, mi mirada fue guiada hacia un altar impío, consagrado al Príncipe de las Mentiras. No pude ignorarlo. Como hija del alba, mi deber es claro: donde mora la corrupción, ha de sembrarse la pureza. Y así lo hice, elevando plegarias y luz para purificar aquel vestigio oscuro.

“Por la primera luz que rompe la noche,
por el aliento del alba que renueva toda vida,
invoco el fulgor eterno del Amanecer."

"Sombras de engaño, desvanézcanse.
Susurros de locura, sean silenciados.
Donde la mentira echó raíces,
que la verdad florezca con la luz del día."

"Lathander, Señor de los comienzos,
extiende tu aurora sobre este lugar mancillado.
Que tu fuego dorado consuma la corrupción,
sin dejar rastro más que cenizas estériles."

"Declaro este suelo libre de tinieblas,
libre de caos, libre de la voluntad torcida.
Que toda influencia de Cyric se disipe,
como la niebla ante el sol naciente."

"Por la luz, por la vida, por el renacer,
este lugar vuelve a ser puro.”



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Mis compañeros temieron, pues creyeron que mi acto podría atraer desgracias sobre nosotros. Mas en mis palabras hallaron consuelo, y en mis manos, la promesa de que ninguna sombra prevalecería mientras la luz del Alba nos acompañase.

Finalmente, abandonamos las profundidades, con los minerales en nuestro poder y el alma más ligera. Y así, una vez más, el día, aunque envuelto en piedra y penumbra; encontró su amanecer en la fe inquebrantable de quien camina siempre hacia la luz.



Offtopic :
¡Groob, Zyon, Tark, Evelyn, Miria, Saravel... Gracias por el rato!
 
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