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Paz Adalonsong

caos-caos

Copa de Champán de Trauson
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Paz llevaba mucho tiempo viendo a sus hijos crecer, ya con apenas dos años se divertía junto a ellos, más se sentía en una burbuja y mucho que no tenía noticias de Lufram, no tenía idea alguna, pero en los eventos que consiguió asistir poco a poco se fue dando cuenta que este varón humano estaba cayendo en una depresión profunda y cada ves más ahogado y mal influenciado volviéndose incluso a un adorardor publico de Malar.

La angustia de la madre draconica era lógica y con motivos, en momentos angustiada en su hogar, pues ¿para que llevar esa tristeza personal a desconocidos o en sociedad? No, no, solo los más íntimos y cercanos eran dignos testigos de ver las flaquezas de esta joven madre. Así mismo, Paz se hacia preguntas cuando podía o tenía algo de tiempo para pensamientos.

¿Tanto le odiaba el padre de sus hijos para tomar esa decisión? ¡Cómo podía atreverse a adorar a un enemigo del pueblo! ¿No pensaba en sus hijos con clemencia por ellos? Ellos estaban destinados desde ahora a vivir con temor, a vivir como unos parias por su culpa, cómo si no fuera ya difícil para ella pensar en lo hostil que podía ser la sociedad gentil con semielfos, ahora siempre que sus hijos fueran crecieron se les recordaría su linaje y procedencia en su educación como gentiles ¡su propia gente! ¡su familia! tendrían desconfianza de ellos, porque tendrán esa mancha en sus vidas, no crecerían felices desde luego que no y Paz tenía claro que cualquier equivocación o mal movimiento en su vida se lo recordarían.

Paz buscó el consejo de gente de confianza, corrió al consuelo y consejo de las únicas tres personas de su linaje élfico que podían darle apoyo, escucharla y centrarla para pensar con confianza y buen juicio. La primera fue la voz de su estimada Loreliel, quien le explico lo que sucedería si continuaba el padre por este camino, con la serenidad que le caracterizaba de una hermosa Lythari.

La segunda persona que buscaba Anith y Calendil, dos sabias luchadoras del bien a quienes sin lugar a duda respetaba y admiraba a la vez, cuando las encontró en Nashkel vio lo que esta guerra había hecho de Calendil, quien era una elfina de sonrisa suave y carácter fuerte decisivo, ahora la veía apagada, ensimismada, algo muy difícil le sucedió a su amiga ¡oh! cómo le habría gustado tener más tiempo para apoyarla y escucharla, pero, las circunstancias se lo impidieron, ella misma necesitaba el consejo de dama Anith, quien, desde luego tuvo paciencia, pese a la situación de escucharla y aconsejarla.

Dialogos con la hermosa dama Anith, quien aquel día podía verse mimetizada con la claridad de la nieve Nashkel, aquel día, le escolto junto a Calendil para conseguir un documento en custodia.

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Relato y conversación hablando del varón Lufram Dark
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Lección de Baile de Troupe de la estimada colega Lindara, un día maravilloso que desahogo de sus días de auténtica tranquilidad enclaustrada en el hogar.

Lindara dio las indicaciones de como bailar troupe, fueron bastante entretenidas y Paz no tardo en entender como iba este baile tan entretenido de brincos y alegrías, así se acercó a Boris y su querido amigo Temet para bailar junto a ellos dando trotes, giros, entrelazar los brazos y dan brincos en un giro entretenido junto a todos ellos, luego de unió a sus amigos la estimada famosa Druida Lux, quien le arrebató a su pareja Boris por lo que tuvo que buscar otra compañia y fue dando rebotes entre muchos participantes presentes, allí estaba danzando alegre olvidando los problemas del presente.


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OFF hace mucho que no subía nada, tenía algunos relatos, pero no tienen mucho que ver con Paz en el mundo de Puerta de Baldur, pero aquí, a los que les interese algo de la vida común de mi personaje, fuera del juego y sus respuestas a algunas consecuencias muy populares que fueron en un pasado, les comparto estas breves historias.

Los hijos de Lufram y Paz

Las noticias de Lufram, podrían provocarle a nuestra dama draconiana angustia y desesperación, se le encogía el corazón con la interrogante ¿Por qué se esforzaba por robarle siempre un trozo de felicidad?.

Hace muchos años que no se veían, no desde que él se unió a Malar, habrían intentando entenderse, sin embargo con cada segundo que intentaba tolerar aquel nuevo Lufram su supuesta amistad se fragmentada más, con cada palabra un abismo se situaba entre los dos, uno en el que Paz no quería hundirse.

Sus dos pequeños, Exel y Tzoulinda en un principio habían desesperado a la joven e inexperta madre con preguntas sobre su padre ¿Dónde estaba? ¿Volvería a verlos? Pero avanzaban los años y poco a poco aquellas interrogantes cesaron, no sin guardar un recelo por ello, un recelo que su hija Tzoulinda no escatimaba en expresar en actos siendo más odiosa y agresiva a medida que ese silencio se instalaba, para la niña que solía decir abiertamente "todo es culpa de mi madre y su amante", aunque le agradaba su madrastra Elarwen, mucho más que la sosa y falsa de su madre, se desquitaba con Paz haciendo todo lo que podía molestarla.

A menudo la discípula de dragón se preguntaba si era algo que Lufram llevaba dentro y se lo había heredado a su niña, pese a que intentaba hacer feliz a su pequeña, solo algunas palabras claves del comportamiento felino de su amada elfa Elarwen podían calmar la fiera de la jovencita.

Si se preguntan por el niño Exel, él era un joven prodigioso, se podía definir como un pequeño angel, obediente, amable e inteligente, él decía que de mayor quería ser un caballero bueno como su padre y hacerlos orgullosos. Paz no podía quejarse, su pequeño se parecía tanto a los ideales del dragón de plata que ella compartía en su sangre.

La relación de ambos niños mellizos de Lufram y Paz, era como el agua y el aceite, ellos juntos no se llevaban muy bien, Tzoulinda intentaba siempre entristecer a su hermano, haciendo que él se aferrara más a sus condiciones.








Lufram acusado de traición


Lufram era acusado de traición en Amn, porque según ellos tenía tratos con Murran, el reino vecino de las bestias.

Nuestra draconiana Paz sentía que los descansos de calma eran poco y él parecía esforzarse por restarle la calma y tranquilidad.

Se le hizo añicos el alma cuando escucho de Lux y su amor Akasia, que Lufram sería ejecutado. La situación la hizo recordar aquel momento como un desdoblamiento, sucediendo aquel síndrome de despersonalización, sintió que su cuerpo se separaba de su espíritu y lo veía todo desde arriba.

El bosque de Eldat parecía alejarse mientras escuchaba será ejecutado, si quiera podía reconocer quién de las dos Akasia o Lux se lo decía, pero resonó en su cabeza como campanadas de una catedral.

Aunque le dijeren que no era su culpa, no podía evitar pensar que si, que parte de ella y sus erradas decisiones habían sido provocadas por ella misma, le había arruinado la vida a alguien que amaba profundamente, igual se decía que no era tan importante como para que Lufram actuará de la manera que lo hacía por ella. Desde luego, no podía evitar castigarse mentalmente.

Ahora se preguntaba ¿Qué podía hacer para evitar aquel fatídico destino? Ella podía dar fé de que Lufram no era un traidor, él siempre había sido alguien correcto, si pudiera cambiar de lugar por él…lo haría.








Una nueva estrella

Las noticias de Lufram no eran bien recibidas, le amargaban la existencia a la draconiana y le distraían de disfrutar de las nuevas alegrías de su vida con Elarwen, hace unas semanas desde la noticia había dado a luz a un secreto que debían proteger del prejuicio y odio de los elfos y otros que no serían capaz de entender cómo podían existir criaturas magníficas como los fey'ri.

No era culpa de nadie nacer o existir. La maldad o bien, siempre era una elección propia, Elarwen en incontables ocasiones le demostró su nobleza, muchas veces se sorprendía de comprobar que era más honrada que la misma Paz. Igual que cada día la hacía sentir especial y amada.

En respuesta, Paz se moría de deseos por agrandar su familia, ella y sus hermosas cualidades mágicas, por fortuna Akasia no tenían problemas para concederle sus deseos. Y ahora eran madres de una bebé Fey'ri tan hermosa como un ángel, aunque dejaremos a la imaginación a cuál de las dos se parecía más.

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