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Pensamientos de una hija de Úthgar.

Nym

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Al hijo del Abuelo Árbol.

Siento estremecer la tierra bajo mis pies cuando mis manos te acarician. Siento tu poder latente en mí cuando mis dedos recorren tu áspera piel en busca de alivio y consuelo.
Me entrego a ti sin reservas, sin esperar nada a cambio. Sólo con la esperanza de que algún día pueda llegar a comprender las palabras que me susurras cuando me arropas con tus brazos.

Nací para amarte y reverenciarte. Para protegerte y escucharte. Para que tú me protejas, nos protejas.
Admiro tu magnificencia, tu pose orgullosa que no se doblega ante nada ni nadie. Ni ante el mismísimo paso del tiempo, que envidioso corrompe la belleza.

Dicen que los Úthgardt no lloramos, que estamos por encima de ello. Que llorar, nos debilita. Que no tememos.

¿Por qué lloro, entonces, cuando estoy ante ti? ¿Por qué temo perderte y que dejes de existir? No soy débil, no. Simplemente soy tuya. Te pertenezco. Así ha sido desde el día que nací, el destino que Padre planeó para mi.

Mi sangre es savia y mis pies son raíces.

No concibo una vida sin ti, Andorë. Y el día que tus raíces se pudran, yo dejaré de existir.
 

Unairg

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// Qué relato más bonito. Es muy profundo e intenso, :).
 

Nym

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Sol y Estrellas.

¿Alguna vez has sentido que la tierra se sacude bajo tus pies? ¿Alguna vez has sentido qué tu alma no te pertenece, si no que pertenece a otra persona? ¿Has caminado por los bosques en silencio mientras el viento susurra ese nombre anhelado, en tu oído... ?
Yo lo siento, cuando él posa su mirada sobre la mía. Tan profunda, tan ogullosa, tan altiva ... hermosa.



Todo comenzó cuando mi hermano y yo llegamos a las tierras de Amn, hace más de doce ciclos de Luna. El camino desde las frías tierras del Norte había sido largo, pero tranquilo en general y rumores sobre un asentamiento Úthgardt hicieron que nuestros pies avanzaran con esperanza hacia el desconocido Sur, cautelosos pero ansiosos, por encontrarnos con hijos de Padre, nuestros hermanos.

Y no tardamos en encontrarlos una mañana, cuando nos despertamos en un campamento en las afueras de una ciudad amurallada llamada Athkatla. Dos hombres y una hembra descansaban alrededor de una hoguera y no fue difícil distinguir la procedencia y pureza de su linaje, no para Derdian y para mi.
La hembra era una joven hermosa, salvaje. Alta y con los cabellos rojos como el fuego del abismo.
De los dos hombres, el más joven debía tener más o menos nuestra edad. Sus facciones eran perfectas y duras, su porte altivo y orgulloso...
Y el de más edad ... Nada más verlo el corazón se me encogió en un puño. Las ascuas de la hoguera emitían destellos de su abrumadora mirada azul y su cara era simplemente soberbia, mostrando unos rasgos muy parecidos a los del joven, pero más marcados y curtidos. La incipiente barba que asomaba en su rostro no hacía más que acentuar esa belleza fiera y los cabellos dorados descansaban revueltos sobre su cabeza, siempre altiva, mirándo desde su imponente altura el mundo bajo sus pies, como si de un árbol centinela se tratara. Su cuerpo era asombrosamente musculoso, terso y firme, como si el mejor de los escultores hubiera cincelado cada una de las partes de su anatomía en un día de inspiración divina. Parecía uno de esos antiguos reyes de los que Chungred Corazonfantasmal me había hablado en numerosas ocasiones. Hombres de honor, que velaban por los intereses de su pueblo en pos de los suyos propios...

Nos acercamos a la hoguera y no negaré que mis piernas flaquearon un instante, temerosa ante los desconocidos al recordar el calvario vivido en los últimos ciclos de luna. Pero no lo demostré y avancé junto a Derdian, sacando a flote el valor que me habían inculcado desde cachorra y me presenté ante ellos, al igual que mi hermano.
Sus ojos nos examinaron con recelo al principio, pero tras escuchar nuestra historia, la expresión de esos rostros imperturbables cambió por completo y se tornanon amistosos, casi fraternales.
La tribu del Oso Azul había desaparecido hacía tiempo, por eso, Derdian y yo nos miramos, asombrados, al saber que Tylse, Aeron y Ardeil pertenecían a dicha tribu.
Fue extraño para nosotros, saber que hermanos del pasado todavía caminaban por el mundo pues, antaño, el Oso Azul y el Árbol Fantasma habían sido un mismo clan, portando el nombre de los primeros. Pero por sangrientas disputas que no vienen al caso, se formó la tribu del Árbol Fantasma, persiguiendo los valores de la sabiduría y el honor, desviándose así, de la senda del Oso Azul.

Nos llevaron a Ideepton, el hogar del clan del Oso Azul en las tierras de Amn y a mitad de trayecto, se unió a nosotros Erik, heraldo de la tribu y excelente batidor. He de reconocer, que durante el camino me mostré recelosa y poco comunicativa. Mi carácter se había tornado más introvertido después de lo sucedido ciclos atrás y el hecho de estar lejos del Abuelo Árbol parecía menguar mis fuerzas.
Por eso, a medida que la aldea se iba dibujando a lo lejos, tras la bruma del alba, me desconcertó el júbilo que de pronto percibí en mi interior. Parecía como si las sombras del pasado se desvanecieran de repente, mostrando ante mi un camino de luz y certeza, sentimiento que se acentuó al entrar en el poblado y ver aparecer el inmenso Roble ante mis ojos.

Me di cuenta de que había dejado de respirar cuando una punzada de dolor en el pecho así me lo advirtió y la cabeza comenzó a darme vueltas. No podía dejar de mirarlo, lo sentía y el murmullo de sus hojas me atraía hacia él sin poder, ni querer remediarlo.
El colosal Centinela se alzaba majestuoso sobre un leve promontorio, dominando las chozas y los demás árboles colindantes. Las primeras ramas se elevaban a más de siete varas de altura, filtrando tímidos rayos matutinos que arrancaban destellos dorados y verdosos de las hojas que, mecidas por la brisa, murmuraban una perfecta y arrulladora melodía mientras que las imponentes raíces se aferraban en la tierra, sigilosas, dispuestas a afianzarse a aquel lugar a través del paso de las eras.
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Sin saber como, me encontré expuesta ante su presencia, vulnerable, desnudando mi alma y dejando que su sabiduría escudriñara en mi interior. Le conté en silencio mis temores y un remolino de sensaciones embriagó mi espíritu, mostrándole sin reservas mis más profundos secretos. Dejé que la rugosidad de su corteza acariciara mi piel, compartiendo con él mi sangre, mi savia. Y así fue como supe que jamás podría separame de Andorë.

A medida que el tiempo pasaba, Derdian y yo nos integrábamos más entre las gentes del poblado. Vivíamos con ellos y compartíamos las tareas diarias de la aldea, así como los momentos de entretenimiento nocturno en los que las barricas de aguamiel se vaciaban a la velocidad del rayo y la comida se servía en abundancia en el Engoroth del clan.
Así y todo, no descuidamos nuestro inicial cometido y mientras Derdian salía a cazar y a recorrer los bosques con los batidores, yo me sentaba largas horas a la vera de Andorë, tratando de comprender y entender, memorizando cada surco de su madera.

La amistad con los hermanos se forjó enseguida, juntos recorrimos los caminos de la región, guiados siempre por Ardeil, líder de la tribu. De Tylse aprendí a atacar antes de ser atacada, a blandir mi lanza con fiereza. De Aeron aprendí que la juventud no significa ignorancia. De Erik, que la vida sin diversión es como un banquete sin jabalí asado. De Aryadna, que una hembra Úthgardt vale más que diez sureñas y de Ardeil aprendí que siempre hay alguien dispuesto a dar la vida por aquellas personas a las que ama.
De todos aprendí algo, y de todos sigo aprendiendo. Absorbiendo sus palabras e indagando en sus corazones.

Ardeil y yo comenzamos a pasar más tiempo juntos tratando asuntos de la aldea pues fui nombrada líder de mi tribu en las tierras de Amn y a pesar de mi juventud, Ardeil tenía muy en cuenta lo que yo tuviera que decir. Con el tiempo, en cada uno de los viajes que fuimos haciendo, en los que el hombre me mostraba las tierras de la región, se fue forjando la idea de unir ambas tribus en aquel lugar sagrado, en Ideepton. No era una idea descabellada, dado que en el pasado nuetras tribus eran la misma y bien podría ser que la sangre que corría por las venas del bárbaro fuera la misma que la mía, la savia del Abuelo Árbol...
Poco a poco, la fuerza y el valor del Oso comenzaron a mimetizarse con la sabiduría y el misticismo del Árbol, haciendo de esa unión un hecho inevitable.

Fue en uno de esos días de viajes donde el sentimiento forjado a causa del tiempo pasado juntos, alforó de manera ineludible sin poder ser ocultado. Durante un instante nuestras miradas se cruzaron y nos dimos cuenta de que nuestras vidas estaban ligadas más allá de la fraternidad entre hermanos, más allá de los lazos que puedan unir a dos personas que se respetan mutuamente. En esos momentos, puse mi existencia en sus manos y me uní a él, prometiéndole sin palabras mi vida entera, hasta que Padre me lleve con él a los Atrios del Descanso del Guerrero, ahí donde descansan los valientes, para siempre.

Esa es la mirada que hace que la tierra se sacuda bajo mis pies, la que hace que mi alma le pertenezca sin reparos, la que hace que su nombre sacuda mi espinazo cuando lo oigo pronunciar ... Mi Sol y Estrellas.
 

Unairg

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// Qué bonito relato, buenas palabras elegidas. ¡Continúa! :)
 

konstantin

Sexta identidad de ladrón cofrade
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Qué bueno....

Asi que diversión eh? Os voy a tener que dar una paliza....XD
 

Ardeil

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¿Qué decir, Nym? Como el jugador que está tras Ardeil me ha encantado. Grandisimo relato, nena!!


Sigue así, cada día más y mejor! :D
 

Nym

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El Llanto del Oso.

Miro sus cuerpos, tan pequeños y llenos de vida que la alegría se mezcla con la desazón, peleando ambos sentimientos por ser, uno de ellos, el dueño de mi razón.

Trato de no pensar, de olvidar mis tormentos. Pero mi mente traicionera vuelve una y otra vez a hurgar en las heridas, rememorando, cada vez que veo sus hermosos rostros, lo acontecido el día en el que vinieron al mundo. Haciendo que las amargas lágrimas corran silenciosas por mis mejillas cada vez que un nuevo recuerdo se aloja en mi memoria.

Algo salió mal, muy mal. El viaje hacia Imnescar había sido tranquilo, ameno y tal vez por eso debería haberlo percibido, debería haberme percatado de que aquella era la calma que precede a la tempestad.
De ese momento los recuerdos se mezclan confusos en mi mente. Túneles, no muertos, agua, no muertos, sangre, gritos, dolor y de repente... un árbol.

Oía voces que me susurraban cosas sobre Padre, voces que sollozaban diciéndome que debía ser fuerte, que aguantara... ¿Qué aguantara qué? No entendía nada y no podía aguantar. Cada vez me abandonaba más a ese tormento, no podía hacer otra cosa. Me ardía el cuerpo por dentro y por fuera el frío me apelmazaba.
Sentí como un tremendo dolor desgarraba mis entrañas y como poco a poco iba sumiéndome en en la sombra del delirio. Ordenaba a mi cuerpo que se mantuviera quieto pero no me hacía caso, retorciéndose sobre la tierra húmeda a causa del sufrimiento mientras mi mente me mostraba horrendas visiones que hacían que anhelara la llegada de la Muerte. Sí, algo iba mal. Muy mal.

Desde niña había pensado mucho en la muerte, cada vez que un hermano del clan moría se decía que era porque Padre lo reclamaba a su lado otorgándole el favor de permanecer con él en el Banquete Eterno, llegando así, a la cúspide de su honor. Nos enseñaban que había que mirar de frente a la muerte, encararla con orgullo y no tratar de burlarla pues eso era de cobardes. Tan solo Úthgar tenía el derecho de perdonarnos la vida y si seguíamos respirando era porque Él todavía nos requería en la tierra para terminar de cumplir con nuestro cometido, ese con el que todo Úthgardt nace.

¿Será por eso por lo que seguía debatiéndome entre los dos mundos?¿Qué tenía que hacer en el mundo para que los Espíritus no vinieran todavía a por mi?. Entonces lo supe cuando distinguí su figura a mi lado, mi Sol y Estrellas, más hermoso que nunca, su cuerpo estaba envuelto por un halo de luz, translúcido, así lo veía en mi demencia. Una leve sonrisa afloró en mis labios agrietados cuando sujetó mi mano que aferraba las raíces del árbol y ese simple gesto fue el que me dio la fuerza definitiva para volver a la luz. No sé como lo hice pero un grito desgarrador salió de mi garganta al mismo tiempo que el dolor se volvía más intenso en mi vientre y entonces lo oí, el llanto enérgico de un retoño, nuestro retoño.

En ese momento fui consciente en parte de lo que sucedía a mi alrededor. Mäda acababa de traer al mundo a Kirgan, Erik la ayudaba, Yuliett permanecía a mi lado murmurando oraciones entre sollozos, Derdian se mantenía de pie, con esa máscara de hielo en la que demudaba su bello rostro cuando no quería mostrar sus emociones y Fantasma aullaba a Selûne a cada uno de mis gritos, acompañándome en mi calvario. Y Ardeil... él seguía aferrando mi mano pero la soltó para coger a nuestro cachorro en brazos, jamás olvidaré su cara, su mirada cuando lo sostuvo aferrándolo contra su pecho pero tampoco olvidaré cuando puso su mirada sobre la mía, con esa expresión de paz, amor y felicidad justo antes de caer desplomado al suelo con Kirgan en brazos perdiendo ese brillo que yo creía haber imaginado a causa del delirio.
Quise alzarme para ayudarlo pero otra vez el dolor rasgó mis entrañas, haciéndome aullar al son de mi hermano lobo. Otro cachorro venía al mundo, otra vida que luchaba por salir adelante mientras yo veía como la mía acababa de apagarse.

Mäda salió corriendo con el nuevo nacido en brazos, sin mostrármelo ni a mi ni a nadie. Yuliett y Ender fueron con ella y yo, sacando fuerzas de donde no las tenía me arrastré hacia el cuerpo inherte de Ardeil. No podía ser, no podía haber muerto, ¿por qué?. Él era un hombre justo y honrado que todavía tenía mucho por hacer, no podía morir sin conocer a sus hijos... Mi mente volvió a nublarse y creo que perdí la razón, la sangre todavía corría por mis muslos y seguía sintiendo un apabullante dolor pero no me importaba, eso no era nada comparado con lo que se estaba comenzando a forjar en mi corazón.
En esos momentos me sentí como las raíces del árbol que se quiebran a causa de la sequía. Sentí la savia, mi sangre, concentrarse intrépida en mi pecho haciendo que mi corazón bombeara sin compasión. Me sentí desfallecer y el mundo en el que hasta ese momento había creído se desmoronó ante mi, incapaz de hacer nada, incapaz de decir nada. Apenas pasaron unos minutos pero para mi fue la eternidad en estado puro, el tiempo en mi interior quedó congelado...

Pero de pronto, el pecho de Ardeil se hinchó, tratando de buscar el aire desesperadamente volviendo así al mundo de los vivos. Úthgar le había perdonado la vida, mucho le quedaba por hacer, pero el precio había sido caro, muy caro. Yuliett llegó con semblante sombrío, llevaba al pequeño bulto de nuestro segundo cachorro en brazos y me lo entregó, sin mirarme a la cara, rota por el dolor. ¿Qué pasaba? Ardeil estaba vivo. ¿A qué venía entonces ese semblante lúgubre?
Pero a veces una mirada vale más que cualquier palabra y supe, supimos, que algo terrible había sucedido. Volví a sentir ese dolor que me oprimía el pecho, desgarrándome por dentro sin piedad y vi su rostro ante mi, el rostro de la mujer que había traído a mis hijos al mundo, me había salvado a mi de las tinieblas y había dado su propia vida por la de un hermano...

Jamás olvidaré la Sangre que el totem del Oso lloró durante Lunas, ni las lágrimas que las nubes desparramaron sobre Ideepton durante más tiempo todavía, acompañando en el luto a los hermanos de la aldea.

Y cuando miro sus cuerpos, tan pequeños y llenos de vida la veo a ella. Veo a Mäda, mi hermana, la que cuidó de mi y me enseñó lo que todavía no había aprendido y sé que desde los Salones, nos guía, posando sobre nosotros su sabia mirada gris.

Y por mis hermanos, mi familia, por Kirgan y la peuqeña Mäda pero sobretodo por ella, hoy será el último día en que el llore su muerte. Ella dio su vida por nosotros y debemos honrarla por ello. Y la mejor manera de hacerlo es viviendo esa vida que ella nos ha regalado sin derramar una lágrima, porque, los hijos de Úthgar, no lloran.

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//No suelo dedicar mis relatos a nadie en particular pero este se lo debo a Nimrra. No es nada del otro mundo, me ha resultado un poco complicado escribirlo pero es para ti.
 

Unairg

Cuenta secreta de Kronos
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// Una bella narración, con un final precioso e inesperado. ¡Muy bueno!

Y para hacer la gracia:

*Naracción de "El Llanto del Oso*

+1.
 

Niennor

Pornorroleador en sequía
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:_( Precioso.. me ha encantado peque!

Sigue asi!
 

Orpheo

Elfo que no discute
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//mu chulo como siempre ^_^ felicidades!
 

Sam

Liche táctico
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Mi niña.. :cry: Un bello relato, como todos los que has ido subiendo por aquí, pero como soy un subjetivo cabrón me quedo con el último.

Felicidades,
Sam
 

Nimrra

Copia sin mente de un convocado
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*lagrimilla* ains ke bonito, veis, muchas gracias nena... precioso. No puedo decir mas
 

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