ELLOESO
Perro de Dan
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El viaje
Todo el tiempo pasado en Amn se difuminó como un sueño profundo al que te cuesta aferrarte al encontrarte nuevamente con la cruda realidad.
Los avisos habían estado presentes, era sólo cuestión de tiempo que los sucesos se precipitaran, huir de un pasado inacabado no suele tener buenas consecuencias. Los agentes enviados por el Bajá custodiaban a la joven humana mientras el barco surcaba pesadamente las calmas aguas de vuelta a Calimport, le habían colocado un collar al cuello del que pendía un cascabel de oro, la gata había sido cazada y pocas cartas quedaban que mostrar o jugar que la pudieran salvar de lo que la esperaba al final del trayecto.
Había pensado como afrontar este momento en numerosas ocasiones, el único motivo que impedía enfrentarse a sus captores y entregarse al descanso eterno al lado de Tymora era la promesa que le había hecho a Crella y el plan descabellado y desesperado que se les había ocurrido. Sólo esperaba que la noble montura llevara a su hermana más rápido que el barco a las calles de Calimport.
Le dolían las muñecas y las costillas, las muñecas por los grilletes, las costillas como consecuencia de la rodilla fracturada y los dientes perdidos por dos de sus captores cuando intentaron sobrepasarse con ella, suerte tuvo de que el encargado de la partida decidiera que su integridad fuera más beneficiosa que la vida de esos dos mercenarios aburridos, le dolía el alma de no haber podido despedirse de es parte de su vida, compleja y ardua, pero donde, a fin de cuentas, había conocido algo parecido no a la felicidad, si no a la realización personal... si nada de esto funcionaba, se preguntaba en las largas noches si alguien se acordaría de ella.... si alguien se acordaría de ellas.... la resolución negativa del conflicto estaría bañada de sangre y daría con ambas frente a Kelenvor para soportar su juicio.
Crella... había intentado pasar por esto sola, ante la certeza del final, pero era algo inevitable, los lazos unen caminos y almas, Essi tampoco dejaría que Crella afrontara un final aciago sola... y si eso sucediera, las consecuencias serían inimaginables, la única certeza de la otra era la otra misma, la falta para cualquiera de la otra supondría la caída en un agujero oscuro y peligroso, pasara lo que pasara debería ocurrir con ambas juntas.
Los cambios en la bodega eran sutiles, era difícil saber calcular el paso del tiempo, y más cuando la mente no para de danzar de un lado a otro, de momentos pasados a incertidumbres futuras, pero no quita que la joven supiera que el viaje estaba pronto a su final cuando comenzó a notar en su nariz la sequedad y pesadez de la arena en suspensión propia del diserto que rodea Calimport.
El barco atracó de noche, tuvieron que cubrirla con una pesada manta para que el frío de la noche del desierto fuera soportable para la joven, Duncan, el elfo encargado de la comitiva, guiaba a la joven por las calles, calles que no habían cambiado, Calimport permanecía suspendida en el polvo del desierto y del tiempo, aparentemente en cambio, pero realmente estancada en su tiempo y sus intrigas, casa que se caen y se levantan, pero siempre en los mismos lugares y con la misma gente con distintos nombres, la joven buscaba con sus ojos verdes algo de esperanza, al menos parecía que su hermana ya estaba en la ciudad.
El deambular de las calles polvorientas les llevó finalmente al palacio del Bajá, donde una fiesta parecía esperarla. Un escalofrío le recorrió la espalda, sabía que tipo de fiesta era y ella era el trofeo que exhibir, un trofeo esquivo durante años, una pequeña mota metida en el ojo de un hombre poderoso que podía socavar su imagen ante el resto de los de su calaña.
Finalmente llegaron a la sala de audiencias del Bajá, una sala atestada de petimetres, babosos, lameculos, asesinos... la flor y nata de Calimport... todos se callaron y se volvieron a mirar a la comitiva, entre ellos, al fondo, el Bajá, que dedicó una mirada fría y una sonrisa siniestra a la joven que avanzaba en silencio flanqueada por el elfo que había conseguido atrapar a la gata, el cascabel de su cuello tintineaba a drede, era lo único que rompía la quietud de la sala, al menos hasta que se oyó el tañido de la cuerda de un arco y el sonido seco de una flecha que se clavaba a escasos centímetros de la cabeza del Bajá, en su trono de madera de fresno con incrustaciones de oro.
Las armas se desenfundaron, las cuerdas se tensaron, la tiradora se deshizo de su capucha y con voz firme y fría, Crella miró al Bajá:
Los avisos habían estado presentes, era sólo cuestión de tiempo que los sucesos se precipitaran, huir de un pasado inacabado no suele tener buenas consecuencias. Los agentes enviados por el Bajá custodiaban a la joven humana mientras el barco surcaba pesadamente las calmas aguas de vuelta a Calimport, le habían colocado un collar al cuello del que pendía un cascabel de oro, la gata había sido cazada y pocas cartas quedaban que mostrar o jugar que la pudieran salvar de lo que la esperaba al final del trayecto.
Había pensado como afrontar este momento en numerosas ocasiones, el único motivo que impedía enfrentarse a sus captores y entregarse al descanso eterno al lado de Tymora era la promesa que le había hecho a Crella y el plan descabellado y desesperado que se les había ocurrido. Sólo esperaba que la noble montura llevara a su hermana más rápido que el barco a las calles de Calimport.
Le dolían las muñecas y las costillas, las muñecas por los grilletes, las costillas como consecuencia de la rodilla fracturada y los dientes perdidos por dos de sus captores cuando intentaron sobrepasarse con ella, suerte tuvo de que el encargado de la partida decidiera que su integridad fuera más beneficiosa que la vida de esos dos mercenarios aburridos, le dolía el alma de no haber podido despedirse de es parte de su vida, compleja y ardua, pero donde, a fin de cuentas, había conocido algo parecido no a la felicidad, si no a la realización personal... si nada de esto funcionaba, se preguntaba en las largas noches si alguien se acordaría de ella.... si alguien se acordaría de ellas.... la resolución negativa del conflicto estaría bañada de sangre y daría con ambas frente a Kelenvor para soportar su juicio.
Crella... había intentado pasar por esto sola, ante la certeza del final, pero era algo inevitable, los lazos unen caminos y almas, Essi tampoco dejaría que Crella afrontara un final aciago sola... y si eso sucediera, las consecuencias serían inimaginables, la única certeza de la otra era la otra misma, la falta para cualquiera de la otra supondría la caída en un agujero oscuro y peligroso, pasara lo que pasara debería ocurrir con ambas juntas.
Los cambios en la bodega eran sutiles, era difícil saber calcular el paso del tiempo, y más cuando la mente no para de danzar de un lado a otro, de momentos pasados a incertidumbres futuras, pero no quita que la joven supiera que el viaje estaba pronto a su final cuando comenzó a notar en su nariz la sequedad y pesadez de la arena en suspensión propia del diserto que rodea Calimport.
El barco atracó de noche, tuvieron que cubrirla con una pesada manta para que el frío de la noche del desierto fuera soportable para la joven, Duncan, el elfo encargado de la comitiva, guiaba a la joven por las calles, calles que no habían cambiado, Calimport permanecía suspendida en el polvo del desierto y del tiempo, aparentemente en cambio, pero realmente estancada en su tiempo y sus intrigas, casa que se caen y se levantan, pero siempre en los mismos lugares y con la misma gente con distintos nombres, la joven buscaba con sus ojos verdes algo de esperanza, al menos parecía que su hermana ya estaba en la ciudad.
El deambular de las calles polvorientas les llevó finalmente al palacio del Bajá, donde una fiesta parecía esperarla. Un escalofrío le recorrió la espalda, sabía que tipo de fiesta era y ella era el trofeo que exhibir, un trofeo esquivo durante años, una pequeña mota metida en el ojo de un hombre poderoso que podía socavar su imagen ante el resto de los de su calaña.
Finalmente llegaron a la sala de audiencias del Bajá, una sala atestada de petimetres, babosos, lameculos, asesinos... la flor y nata de Calimport... todos se callaron y se volvieron a mirar a la comitiva, entre ellos, al fondo, el Bajá, que dedicó una mirada fría y una sonrisa siniestra a la joven que avanzaba en silencio flanqueada por el elfo que había conseguido atrapar a la gata, el cascabel de su cuello tintineaba a drede, era lo único que rompía la quietud de la sala, al menos hasta que se oyó el tañido de la cuerda de un arco y el sonido seco de una flecha que se clavaba a escasos centímetros de la cabeza del Bajá, en su trono de madera de fresno con incrustaciones de oro.
Las armas se desenfundaron, las cuerdas se tensaron, la tiradora se deshizo de su capucha y con voz firme y fría, Crella miró al Bajá:
- Medita bien lo que vas a hacer y piensa ¿ha fallado el disparo o la flecha ha ido donde quería?