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Por la Mancomunidad (Historias de Gambiton)

ImVermilion

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La tensión en Gambiton era palpable, el ultimatum de los Orcos puso en jaque a los pobres Hins que habitaban la comunidad y que ya tuvieron que abandonar su antiguo hogar hace unos años ¿tendrían que abandonar de nuevo su reciente hogar? ¿cederían ante las exigencias de unos brutos y poco fiables orcos?

Estaba claro que los Hins no iban a poner en riesgo su vida tranquila y cómoda, y entre todos los medianos de la Mancomunidad, habían algunos que no pensaban dejarse intimidar, que no pensaban dejar que esos impíos orcos abusaran de su forma de ser afable y tranquila.
La Decana de la Arcanum Schola, Numina, una hechicera reconocida y que colabora fervientemente con los suyos se puso seria y firme al ver las amenazas, no tardó en organizar una batida, reuniendo compañeros y aliados para patrullar los alrededores. A Numina le inquietó que algunos mencionara haber visto a un grupo de orcos con material de minería en las inmediaciones del bosque del Alandor, eso le hizo pensar en una cueva cercana a Gambiton, en la que ella misma en sus exploraciones descubrió que algunos de sus pasadizos llegaban a unas minas, si esos orcos buscando materiales diesen con una de esas minas o salidas sería terrible, por lo que Numina y el grupo reunido decidieron empezar por ir a tal lugar.


Al grupo de la batida se unió su alumna Ash, una hechicera de fuego, junto a otros alumnos de la Arcanum como Anyae y el bardo Alizandriel, el guardia Navin mostró interés por la patrulla y decidió unirse a asegurar el lugar, así como Damián, otro Hin y compañero que mostraba preocupación por los suyos, también había gente como Vys, un graduado de la Arcanum, el que hacen llamar "Primavera", la Drow Lythana y Loreliel.
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Al adentrarse en la cueva se encontraron con lo que parecían no-muertos y algunos trasgos que parecían defender la entrada a la mina, que estaba oculta en la cueva, Lore usaba su capacidad de rastreo e increíble orientación para guiarles por las minas, al poco de entrar, dieron con una salida al bosque, la cuál Vys indicó que cerca encontraron Orcos, entre ellos algunos brujos, esto inquietó a Numina ¿Y si usaban esa entrada para moverse por las minas y túneles y atacar directamente Gambiton sin que nadie se diera cuenta? Eso sería algo terrible, pero no tenían certeza de esto, aunque tampoco iban a descartarlo.
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Poco a poco avanzaron por las laberínticas minas, dando con más trasgos, restos de lo que parecían trabajos de excavación antiguos y numerosas salidas, sin saber si los orcos eran conscientes de sus existencias, si habían estado allí anteriormente o si tan siquiera se lo habían planteado, quizás un ataque por los túneles no era lo suyo y querían atacar directamente, pero no se podía descartar la opción, y lo mejor era comprobar la mayor cantidad posible de salidas y entradas a la mina, y saber donde daban, por si los orcos las usaban para su beneficio.

Tras horas y horas de búsqueda y de lucha contra trasgos y otras criaturas, dieron a lo que parecía una zona que algunos conocían, una zona llena de tumularios que acechaban y donde encontraron a Raralia recogiendo mineral, la cuál se unió a la patrulla antes de finalizar y salir por una ruta que daba a las cercanías de Crimmor.


Numina finalmente volvió a Gambiton, donde tenía su caravana personal aparcada para pasar el mayor tiempo posible allí, donde se quedó analizando toda la ruta que hicieron y todas las pistas o indicaciones que pudieron encontrar sobre si los Orcos habían estado o no, cerca de esas minas.
 
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ImVermilion

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¡Buenas! Mi idea es que todo aquél que quiera hacer relatos sobre Gambiton y tal pueda usar este post si quiere, así podemos tener relatos desde diferentes puntos de vista y que queden registradas todas nuestras historias al respecto, sentíos libres de responder con vuestros relatos (siempre que tengan que ver con Gambiton y el pueblo hin) <3
 

ImVermilion

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*La batalla contra los Orcos fue dura, el grupo "cebo" llevó a cabo su labor de atacar el campamento, pero todo fue en vano, pues el campamento orco fue avisado del plan con antelación, el grupo defensor batalló contra oleadas y oleadas defendiendo la Mancomunidad y los que quedaban en ella, los defensores aguantaron hasta el final, repeliéndolos con todo lo que tenían "¿Fue una victoria?" la villa aguantó pero "¿A que precio?"

Gran parte de la Mancomunidad quedó reducida a cenizas o en mal estado, 40 Hins fueron secuestrados, incluidos la Alcaldesa, entre los Hins que habitan la villa algunos parecían no querer descansar
"¡No vamos a dejar que se lleven a los Nuestros!" Dijo Numina, cuya sangre ardía por todo lo ocurrido "No debimos dejarles llevar a cabo el plan de ataque al campamento, debimos detener a Magán, debimos convencer a la Alcaldesa" Se decía Numina una y otra vez, la cuál ya dejó claro su punto de vista en la reunión previa, donde delante de todos llevó la contraria a Magán y dijo a la alcaldesa Qini que si ella no hacía nada, Numina lo haría, incluso si debía presentarse a Alcaldesa.

A pesar de que no compartiera el proceder de Qini, tampoco podía dejar que se la llevaran sin más, junto a otros Hins y aliados, la Hechicera de Rojo iban a rescatar a la Alcaldesa y a los Hins secuestrados, y si hacia falta, acabar con los orcos de una vez por todas*

 

Hela

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La pequeña elfina estaba cansada, y enfadada por haber sido tan estúpida como para caer en un plan tan obvio.

Su fuego interior pedía venganza contra los orcos, algo no demasiado propio de una ilmantí, pero a estas alturas Calendil era muchas cosas distintas, algunas buenas otras, mas oscuras...

Sabía por otro lado que no podían enzarzarse en una pelea con una tribu completa de orcos, ya sabía de primera mano por el pasado lo que esas bestias podían hacer, así que se dirigió al ayuntamiento.

Miró la fachada carbonizada por los fuegos aún humeantes, y reunió todas la fuerza de voluntad de la que disponía para andar los pasos que le quedaban al interior de la sala de plenos donde allí se encontraba un numeroso grupo de medianos.

Entonces escuchó las palabras, algunos pedían justicia, otro simplemente venganza, otros querían que todo esto se terminase de una vez para poder regresar a sus apacibles vidas.

-Debemos acabar con el cacique orco, pensó, no podemos mostrar piedad con el...
 

Layna

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El olor a hollín y madera quemada inundaba el ambiente, la luz del sol bañaba un paisaje desolado tras el ataque Orco y las pocas edificaciones que no habían sufrido daños del incendio restaban entre la destrucción como testimonio de lo hermoso que había sido la villa hacia apenas nada.


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Aquí y allí los lugareños apesadumbrados por los secuestros y las muertes se afanaban en la duda labor de la reconstrucción, algunos murmuraban que quizá había llegado el momento de mover la ciudad e irse lejos del conflicto, otros rezaban a Yondalla y pedían que los desaparecidos regresaran sanos y salvos.

Nicodemus anduvo por la villa hablando y paseando junto a sus vecinos para acompañarlos en su dolor, anoto en su cuaderno cada casa calcinada, cada campo quemado, cada desaparecido, cada muerto… el hin sabía que había fallado en la defensa de su gente y el dolor le apenaba el alma pero no estaba en su naturaleza rendirse o desfallecer sino dar apoyo y estar con los necesitados. Tenía que dar esperanza y luz, ser baluarte y ancla ante la adversidad del mal, cada casa sería reconstruida, cada campo sería sembrado de nuevo, cada desaparecido sería rescatado y cada muerto sería enterrado debidamente.

El Puño hin sentía odio hacia sus atacantes, así como una pena enorme por todas las perdidas sufridas, pero sabía que poco podía hacerse para revertir el pasado, que el odio solo conduce al sufrimiento, que solo se podía mirar hacia adelante con optimismo y afrontar lo que había de venir pues la vida era eso, hermosa y bella, pero en ocasiones también aciaga, cada perdida o dolor nos enseñaba cuan hermoso y valiosa era la paz.

Tras acabar con sus labores y organizar un poco a los vecinos para mantenerlos entretenidos y que no pensasen mucho en otro posible ataque el hin se dirigió a su pequeño altar a Yondalla el cual había construido con piedras cerca de la villa y en el que dejaba ofrendas a su diosa cada día.

Nicodemus no era un clérigo ni poseía el conocimiento de los ritos o el poder de consagrar aquel pequeño altar a su diosa, pero si tenía fe, si poseía un amor incondicional por “la bendita” a la que respetaba y amaba como a una madre. Cada ofrenda, cada rezo era des de el corazón y aunque quizá las palabras no eran las correctas según los ritos de los sacerdotes eran puras y sinceras.

El hin encendió una vela en el altar y se puso en posición de meditación delante de este, cerro los ojos y dejo la mente en blanco. Aguardo allí un rato, inmóvil, dejando ir su odio, su frustración, su deseo de venganza, sus ganas de llorar por su fracaso… toda su tristeza y amargura las dejo ir.

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Poco a poco su mente dejo de estar centrada en su alrededor para irse a aquel lugar interior donde sentía la energía de las cosas, donde hacia tanto había dado con el Ki, allí donde había encontrado esa energía pura e inmutable que todo lo rodeaba. Reunió energía del suelo y dejo que lo atravesara para conectar con el cielo siendo por unos momentos solo un conducto en el fluir del mundo.

Entonces susurro algo al flujo energético que lo atravesava.

Yondalla… madre… bendita… antes de nada, gracias por ayudarnos a resistir, gracias por estar junto a nosotros en estos tiempos aciagos y no abandonarnos nunca

– recito el hin casi en un murmullo -

Vela hoy por los desaparecidos y danos fuerzas para salvarlos o si ya no están vivos manda al protector Urogalan a que custodie sus almas a los campos verdes. No dejes que se pierdan en el camino a casa.

– respiro profundamente antes de seguir -

Yondalla los hins de Gambiton te necesitan, danos fuerzas a los que quedamos, no nos dejes desfallecer, danos esperanza y luz para no sucumbir al desespero y reponernos al mal y perdida. Danos templanza para ser justos y castigar sin odio, combatir sin rabia, defender sin maldad pues si nos convertimos en seres de oscuridad el mal habrá vencido. –

El Hin dejo sus palabras en el flujo de la energía que lo rodeaba como un náufrago tira una botella con un mensaje a la inmensidad del mar. Las palabras fueron arrastradas sin respuesta sin cambio en el fluir del Ki que lo rodeaba, pero Nicodemus sabía que Yondalla, la matriarca del pueblo hin lo estaba escuchando.

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Nicodemus quedo allí en una posición de meditación durante largo tiempo, luego cuando la vela ya estaba consumida y el sol estaba ya en el ocaso abrió los ojos como si despertara de un largo sueño reparador. Se sintió de repente como si le hubieran quitado un peso de encima, como si unas manos le instaran a levantarse así que se puso en pie de un salto.

Había mucho que hacer y su comunidad le necesitaba. Lo lograrían, tenía fe, tenía esperanza.
 

Layna

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Nicodemus regreso a la mancomunidad herido, extenuado y cansado, su cuerpo estaba quemado y cortado por diversos sitios producto de la magia vil que ejercieron los seguidores demoniacos de la horda orca y las armas viles de sus guerreros.

Miro a la comitiva que iba llegando de su grupo de rescate también vapuleados por el combate, así como a los pocos vecinos rescatados, eran pocos… suspiro por dentro con pesar, eran muy pocos, pero estaban a salvo eso era lo que valía.

Los conciudadanos salieron rápido al verlos llegar y abrazaron a sus seres queridos, hijos que se reencontraban con sus madres, hermanos que volvían a ver a sus hermanos, abuelos que abrazaban a sus nietos.

Por otro lado, podían verse también entre la gente de Gambiton otras caras, tristes, melancólicas primero y luego se rompían al buscar y buscar a sus seres queridos y darse cuenta que no estaban allí, que no volverían nunca, que nunca podrían ya despedirse.

Nicodemus había combatido durante muchos años y luchado por el bien, había perdido a muchos amigos y pese a todo lo vivido, pese a todas las pérdidas que en teoría le tendrían que haber dado una inmunidad o preparación a ese dolor aún su corazón lloraba cuando veía el llanto de una madre que nunca volvería a ver a su hijo, el pesar de un hermano… la amargura de un marido ahora ya viudo.

Respiró y dejo que ese dolor lo inundada por unos minutos sin poder contenerlo pues sabía que Yondalla lo sentía también, luego pasado unos minutos que se le hicieron eternos se obligó a dejarlo ir, a no dejar que ese dolor y tristeza arraigada en su alma, a vaciarse. El camino de aquella gente ya no era responsabilidad suya, sino de Urogalan quien los guiaría hasta los campos verdes, ya no tendrían que sufrir nunca más y aunque era normal sentir el pesar no podía quedarse anclado en él pues el dolor solo llevaba a la oscuridad.

Se obligo pues a pensar en todo lo bueno y ha respirar con mas ahínco el aire de la mañana, la luz del sol que atravesaban las nubes se le antojaron como rayos de energía que lo recargaban. Si había dolor, pero también amor, si había desespero, pero también esperanza, la oscuridad nunca era mas fuerte que la luz...

Sus pensamientos fueron entonces interrumpidos por otra comitiva que llegaba, la del grupo de asalto. Vio con horror como portaban muchos heridos y ... caídos.

Entonces reparó por un momento lo caras que habían salido las vidas salvadas, el gran sacrificio que habían hecho los aliados de Gambiton por ellos. Enanos, Humanos, Elfos, incluso seres que nunca hubiera dicho que ayudarían. Cuantos habían dado la vida por ellos, no pudo sino sentir que el pesar volvía a él como un golpe dado a traición cuando creía que no podía ya aguantar más, sintió como una garra oscura de remordimiento y dolor le aferraba

Una nube le cubrió entonces como salida de la nada y su mente pensó.

“¿valió la pena tanta muerte paladín? ¿Cuántos sacrificarías por salvar a los tuyos? ¿eso es el bien?”

Nico quedo allí de pie unos segundos como helado por una fuerza invisible mientras esas palabras repicoteaban en el fondo de su alma sin saber si eran del todo suyas.

Entonces un rayo de luz paso junto a él sin llegar a tocarlo pero si atrayendo su atención, atravesó la villa calcinada y las cenizas para pasar sobre los soldados que se ayudaban unos a otros, que cargaban los heridos, vio como la gente de Gambiton salía a su encuentro y les asistía, les daba víveres, les ayudaba a tumbarse en camas improvisadas entre los huertos... la luz se perdió mas allá mientras las nubes en el cielo seguían su ritmo eterno ajeno a lo que los mortales hacían o sufrían allí abajo en la tierra.

“Ninguno vida es más preciada que otra, me enorgullece y no apena que tantos seres tengan el corazón tan puro como para dar la vida por los inocentes” se dijo el Puño hin y esa garra que le apresaba el pecho, esos remordimientos y dolos se aflojaron para convertirse en un gran agradecimiento y amor por aquella gente que tanto había ayudado a su comunidad.

Pese a sus heridas y su cansancio fue presto a atender a los heridos a ofréceles agua, comida, sanación, consuelo… aquel día quizá muchos habían caído pero ahora ya nada podía hacerse mas que recordarlos como los héroes que eran, sus hazañas se contarían en Gambiton durante generaciones y tanto su pueblo como él los recordaría como el ejemplo de entrega que les aria ser mejores.

El mal no había vencido, pese a todo lo perdido, el amor y la unión de la gente persistía, pese a sus diferencias de razas, credos y pensamientos aquel momento era una demostración palpable que un mundo de unión y fraternidad era posible, que pese a sus culturas diversas y razas distintas todos juntos podían trabajar y protegerse para crear un mundo mejor y eso era alentador, un rayo de esperanza, o eso pensaba Nicodemus.
 

Hela

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Los dias habían pasado tras el rescate que había salido tan caro en vidas.

Calendil estaba observando sentada sobre un improvisado asiento en forma de roca plana, con las piernas cruzadas y la espalda recta en la postura de loto. Pero no estaba meditando, tan solo observaba la villa.

Las mayoría de las casas medianas estaban en pié, o mejor dicho bajo tierra. La curiosa forma de construir de los medianos, había demostrado ser eficaz conta el fuego y las inclemencias.

Peor suerte habian corrido los graneros, establos y silos de la ciudad. La inmensa mayoria estaban calcinados o derribados, era innegable el buen trabajo que los orcos habían hecho.

Entonces miró la fachada de la sala de reuniones, el unico edificio de piedra de toda la villa, y el unico a parte de las "madrigueras" que había resistido el ataque. Algunos voluntarios se habian puesto de acuerdo para limpiar el hollín y dar una mano de pintura. Para adecentar el edificio y habian hecho un gran trabajo, ya que resaltaba en medio de toda aquella desolación.

Los ojos verdes de la muchacha entonces se desviaron hacia el este, desde aquella loma se podían ver las primeras copas del frondoso bosque del alandor.

-Vamos a tener que pedir permiso para talar algunos árboles. -pensó.

Luego cerro los ojos y penso en los últimos acontecimientos, como tantos habían venido al auxilio sin pedir nada a cambio ni esperar recompensa alguna.

El puño, los paladines de amn, ahora entendía porque se los respetaba y quería. Cuantos de ellos habían muerto para salvar a tan pocos y aún así no hubo ni un reproche.

Los enanos de Kazad, ¿cuantas deudas acumulaba ya con ellos?. No era capaz de contarlas.

Las fuerzas armadas, a las que tanto habían odiado por "el incidente" con una de sus mejores amigas, también habían acudido a la llamada, para rescatar a unos pequeños inocentes.

-Quiza sea momento de perdonar. -Murmuró para si misma.

El acero argenteo, a los que tenía como un grupo de oportunistas y aprobechados tampoco había hecho petición alguna.

La casa Galdrim, que había enviado a sus dos combatientes mas fuertes Aitana y su hermana Fery, las dos habian sufrido graves heridas lo que llenaba a Calendil de remordimiento.
-No debí pedirles ayuda, si hubieran muerto habría sido culpa mía...

Miro al cielo, estaba azul, limpio e iluminado por el sol de la tarde.

-Supongo que he recibido una valiosa lección, ¿verdad que si quebrado?

Incluso cuando me resisto a rezarte me sigues dando valiosas lecciones.

En fin, voy a ir a ver a algunos amigos y a pedir muchos favores extra. Despues de todo, Gambiton no se va a reconstruir sola...
 

Layna

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De arboles, limones y ents...

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Los árboles inundaban la mancomunidad desde hacía ya unas dekanas, estos aparecieron de repente como por arte de magia y según le había llegado a Nicodemus habían atacado no hacía mucho a la gente o eso se decían todos los aldeanos que se mantenían alejados lo que podían de ellos, solo los más aventureros o temerarios se acercaban para recoger algunos de los limones que habían caído de sus ramas pues los hin era una raza práctica, a fin de cuentas, si la vida te da limones es para hacer limonada.

Un grupo de hins entre los que estaba el guardián del hogar Copi, la aspirante a alcaldesa Numina, la elfina Calendil y un joven monje llamado Garret Hojadete aguardaba en la plaza del pueblo y su presencia generó revuelo, los transeúntes los observaba pues los conocían bien y había aprendido que cuando se arrejuntaban en la plaza era que algo iba a pasaba y eso eran siempre cotilleos frescos.

Nicodemus veía como pasaban una y otra ves la señora Sacomaiz y el cotilla de Tomas Vuelcalomas, a punto estuvo de decirles algo pues si iban a estar mirando igualmente era tontería hacer ver que iban o venían por agua más de seis veces seguidas diciendo buenos dias, pero no llego a hablarles pues cuando se disponía a hacerlo apareció des del límite de la villa un humano alto y de frondosa barba que todos conocían como el Druida Zentakor.

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Los agradecimientos volaron entonces hacia el druida que había accedido a intentar tratar con los árboles para que el grupo pudiera seguir con las labores de reconstrucción.

Nicodemus estaba preocupado por la seguridad de la villa, ya que un Ent era una criatura poderosa y aunque ahora parecían dormidos no se atrevía a traer la madera del bosque recién talada con seres que quizá se lo tomaban como una ofensa.

Deseaba que los arboles se alejaran del centro urbano cuanto más mejor, aun así, Nicodemus era un ser compasivo y si los rumores que le habían dicho algunos aventureros eran ciertos esos árboles eran Ents que huían de algo perverso que los atemorizaba así que no podía echarlos sin más, todo refugiado era en parte alguien que necesitaba una mano amiga que le ayudase y los Ents aunque de una especie muy distinta a la suya no eran una excepción, así que le transmitió al susuarrahojas Zentakor que la mancomunidad no quería expulsarlos si estaban en apuros, sino que estaban dispuestos a cederles algunas tierras alejadas y que se reubicaran en ese lugar menos transitado si querían para que pudieran vivir en paz sin interferir en la reconstrucción que tenían por delante la comunidad, y ya los hins les pondrían abono y recogerían sus frutos cuando tocase si querían.

El susurrahojas como todos los que aman lo natural se tomo su tiempo para ir y venir, mirando los arboles y siendo contundente a algunos comentarios del grupo para su pronta marcha, pues para él la tierra no era de nadie y los árboles tenían tanto derecho como los hin de vivir allí, pese a todo había accedido a comunicarse con ellos y de poder ser pedirles que se movieran pues tampoco quería que el conflicto fuera a mayores y aunque no lo dijo Nicodemus sabía que en el fondo el druida humano apreciaba a la comunidad hin mas de lo que decía.

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Con todo al final el druida pidió espacio y monto un pequeño altar entre los árboles del centro de la mancomunidad, allí pidió tiempo y mientras el grupo le dejaba privacidad empezó a realizar una especie de ceremonia, saco algunos objetos extraños, piñas, insectos… y recogió ramitas de los árboles caídas por el viento para luego quemarlas con algún tipo de incienso o hierba que a Nicodemus le era desconocida pese a sus conocimientos de herbología.

A estas alturas los espectadores se contaban por decenas, los hins se habían ido envalentonando por la presencia del druida y por la perspectiva de ver de primera mano un ritual druídico casi habían sacado hasta las sillas de sus casas para hacer una improvisada platea vecinal a una distancia prudencial eso sí.

Nicodemus y el grupo aguadaron en silencio más cerca del humano mientras los minutos pasaban y el druida parecía ni moverse ni respirar como si de un árbol más se tratase, incluso una paloma se le poso en la cabeza y este ni se inmuto.

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Entre los congregados empezó a extenderse el rumor que el Druida no respiraba y quizá deberían intervenir, pero el grupo de héroes no quiso intervenir dejando hacer al especialista.

Tras lo que pareció una eternidad el susurrahojas despertó entre tosidos respirando con pesar y los hin corrieron a asistirle dándole agua para que bebiera y no se ahogara.

Todos estaban expectantes de que le habían dicho los árboles pero el susurrahojas solo bebió unos sorbos de la cantimplora que le habían ofrecido y tiro el resto a los arboles como si ellos también tuvieran que tener sed.

Ante este acto algunos conciudadanos de la villa hicieron lo mismo regando a los arboles por si acaso eso era lo que habían pedido los Ent-Limoneros.

Tras esta acción el Susurrahojas se retiro a meditar ante la atónita mirada de todos que poco a poco fueron perdiendo el interés al pasar el tiempo e iban volviendo a sus rutinas con un nuevo chisme que contar.
 
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