DM Sune
Dungeon Master
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Cuando el astro rey alzó el vuelo hasta vencer la cumbre de los cielos, una nueva jornada se inauguraba bajo el celaje de nubes tenues que revestía la mansedumbre de la bóveda celeste. La capital amniana, un día más, se despertaba con el afán emprendedor y mercante por el que tanto se consagraba, engulléndose en un sinfín de deudas de honor que pocas veces podían satisfacerse. Sin embargo, aquel día, el vulgo, lejos de sentirse inmerso en la miseria en la que las ilustrísimas familias mercantes solían arrastrarlo, exhibía el aplomo del que es bienaventurado, presagiando la bonanza que estaba por llegar.
En los distritos de bien, las damas de encopetada alcurnia se reunían en las fastuosas alamedas que la urbe les brindaba, corriendo las voces sobre alguna romería que el Waukeenar conmemoraría con su sempiterno esplendor. Reinaba un secretismo a medias de lo que pudiera avecinarse, adornado por el ansia y anhelo de prosperidad.
Lo que afirmativamente cualquier testigo podía intuir con la certeza de un vidente constatado, era la elevación del carácter espiritoso de las masas, al que el pulso estival también favorecía, embrujando a pobres y adineradas gentes en la vacuidad de un destino porfiadamente esperanzador.
En los distritos de bien, las damas de encopetada alcurnia se reunían en las fastuosas alamedas que la urbe les brindaba, corriendo las voces sobre alguna romería que el Waukeenar conmemoraría con su sempiterno esplendor. Reinaba un secretismo a medias de lo que pudiera avecinarse, adornado por el ansia y anhelo de prosperidad.
Lo que afirmativamente cualquier testigo podía intuir con la certeza de un vidente constatado, era la elevación del carácter espiritoso de las masas, al que el pulso estival también favorecía, embrujando a pobres y adineradas gentes en la vacuidad de un destino porfiadamente esperanzador.