- Entrada I: Elegía a los caídos -
Antes de entrar en la materia estrictamente divulgativa de este compendio (investigaciones, fórmulas y principios arcano-alquímicos), considero oportuno conceder un breve espacio a la expresión del pensamiento en forma poética.
La reciente guerra en Amn, cuyos efectos aún tiñen nuestras calles, nuestros cuerpos y nuestras mentes, no puede ser analizada únicamente desde la lógica de la fórmula o el acero. También ha removido capas profundas del espíritu, no por debilidad, sino por transformación.
El siguiente poema nace de esa convulsión interna. No pretende claridad, aunque quizá sí buscar algo de consuelo.
I. La Llama y el Frío
Tiemblan las plazas que antaño rieron,
callan los muros que oyeron canciones.
Ahora las piedras, rotas y quietas,
lloran en lenguas que no tienen nombre.
No quedó trigo sin sombra de sangre,
ni río que no lleve un rostro al mar.
El sol salió... pero salió tarde.
Los muertos llegaron antes que la paz.
II. Nombres bajo el viento
Callad, oh torres de Athkatla altiva,
que no hay campana que suene más fuerte
que un nombre escrito en el polvo y el barro,
que un hijo que no regresó del frente.
Aquí cayó Belan, el de los sauces.
Allí durmió Mareth, la de mirada clara.
Y cuántos más… sin canto, sin sepulcro,
semilla y hueso bajo la tierra avara.
III. Pregunta sin eco
¿A qué dios rezamos cuando la guerra
rompe las manos que alzaban incienso?
¿Quién nos responde si sólo responde
el crujir del luto y el hierro viejo?
¿Quién ganó, si nadie canta victoria?
¿Quién perdió, si todos perdimos algo?
Y si Amn aún vive…
¿vive igual?
IV. Promesa al silencio
Juro por mis hermanos y por mis lágrimas
que no venderé el olvido en monedas.
No haré del horror un canto brillante,
ni embelleceré la tumba ajena.
Serán contados. Serán honrados.
En cada verso, en cada ronda amarga.
Por cada alma que cayó sin precio:
Una historia.
Un nombre.
Una llama.
V. Cierre
Así los recuerdo, y los recordaré,
no por la guerra… sino por su ausencia.
Amn, cúbrelos con tu oro y tu fé,
pero no permitas que el tiempo los venza.
Es tiempo de luto. De recoger los huesos caídos, de honrar lo que fue arrancado con violencia y cobardía. Pero que nadie confunda la compostura con olvido, ni el duelo con debilidad.
A los traidores que vendieron nuestra sangre en las plazas de Murann, y a quienes rieron bajo sus estandartes extranjeros: la memoria de Amn es larga, y la nación no tolera impurezas sin reacción.
Vendrá la depuración. Vendrá la justicia. Vendrá la venganza.