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Puntada sin Hilo

Ser Pato

Perro de Dan
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Volvió de aquel paseo por los acantilados y cerro con llave al entrar mientras miraba las llamas de la chimenea. Saco de su bota el pergamino y lo miro antes de dejarlo en la carpeta de la mesa. Después miro largo y tendido un maniquí cubierto con pesadas telas. Se acerco y admiro la armadura que había debajo. Repaso cada detalle, cada costura y accesorio añadido. Hacia mucho tiempo que no le ponía tanto esmero a una creación de esa índole.

Mientras ajustaba bolsillos ocultos y un doble forro para guardar documentos y un juego de ganzúas en el chaleco rememoraba todo lo que había sucedido en esas semanas.Muchas cosas habían cambiado en una estación, Llego de vuelta el día de la Mascarada ¿Providencial? Quien sabe. Disfruto de la velada reconociendo algunas de sus creaciones en la misma. Sin duda la nueva regente del local hacia bien su trabajo. Ya tendría tiempo de traer mas luz a ese local.

Durante aquella noche se reencontró entre mascaras y vestidos con la Dama Blanca, reproches y enfados, pero algo había cambiado, era leal si, pero algo no estaba en su lugar. Tardo días en saber la verdad. No hay Secretos para el Señor de las Sombras. Aun así, estaba orgulloso de ella, era una Dama, mas ahora en diversos tableros.

Ajustando las discos de acero ocultos en los nudillos y reforzando con una rodillera la pierna, pensaba en la reunión con Aquellos que siguen la Senda, parecía que las cosas volvían a su cauce y se sentía cómodo. Retomo sus tareas en la Casa que no Existe. La Corte de los Milagros, estaba llena de actividad, y sus habitantes eran cuidados por sus camaradas. Todo parecía perfecto. Las aguas volvían a su cauce,

En ese instante se pincho el dedo y mirando la aguja de mitrhil y la gota de sangre recordó por un instante aquel momento donde entre todo el trapo barato encontró un terciopelo que se ajustaría como un guante a un antifaz nuevo. Pues el Sombrío no da puntada sin hilo y ahí estaba el repasando aquellas ropas.

No podía evitar pensar en la letanía del dogma, donde se anima a los astutos a aprovechar las oportunidades que se presentan en el tablero. Y el no iba a dejar escapar ese terciopelo, para crear el antifaz perfecto para su señor.

La apuesta era alta, pero bien merecía la pena emplear el dogma y tentar esta vez a los hados, solo el tiempo diría si la jugada había sido la correcta.

Termino mirando satisfecho su obra y un broche en forma de mastín hecho en ónice. Volvió a su butaca y se sirvió un vino mientras observaba las llamas danzar recordando una melodía aterciopelada que evoco hasta que no quedo mas vino y en la lumbre solo quedaban brasas.
 

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