Alpha
Admirador del brazo de Sune
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Habían pasado años, muchos años
El Guardián Sangriento se sentó en uno de los múltiples tronos vacíos de la sala de oficiales, observando la gran maqueta, donde podía contemplar Murann en todo su esplendor. La reunión del día había llegado a su fin y ahora solo quedaba él en la sala. Sin embargo no fue suficiente... Marchó a las montañas, alejado de las tropas, observando las hogueras en la noche desde lo alto de una de las colinas.
"¿Cuánto tiempo ha pasado?" .
Aquel pensamiento recorrió su mente como un relámpago, seguido de diversos recuerdos que su corazón normalmente evitaba recordar, seguido de las sensaciones, de la rabia, de la ira y el odio. No recordaba cuanto tiempo había pasado ya desde que salió por la puerta de la granja familiar, con el objetivo de conseguir oro suficiente para mantener a sus padres y a su hermano.
Ojalá se lo hubiese pensado mejor, pues nunca hubiese estado preparado para lo que Amn le iba a mostrar, nunca hubiese estado preparado para ser quebrado de aquella manera, preparado para sentir tanta frustración y rabia, seguido de la inmensa soledad y tristeza, pasando por la desesperación más intensa, hasta que, por fin, la locura nubló sus pensamientos. Sin embargo, en momentos de soledad, su mente no paraba de obligarle a recordar su motivo, su objetivo, recordándole que ya nunca habrá vuelta atrás, inyectando una solución dolorosa y casi adictiva de odio y melancolía ahogada. Ese era su impulso, un combustible que había podrido su mente con los años hasta convertirlo en quien era ahora.
Hijo de un aventurero y una herborista, hermanastro de un semiorco, mercenario, noble guerrero, gran amigo, amante, líder y defensor... Fue muchas cosas, fue respetado y querido, mucho tiempo atrás, mucho antes de que su nombre sea nombrado con asco, burla y odio. El cruzado caído en desgracia que vio más allá de la ignorancia, y el cual pudo ver la pestilencia de Amn y sus gentes, su hipocresía, su injusticia, su ego. Entendió que nunca debió defenderlos.
No quiso ser una herramienta de la oscuridad, quería usarla a su antojo, moldearla a su gusto. Falló en varias ocasiones y, sin embargo, aquí estaba ahora.
Aquel que una vez fue desprestigiado y humillado, había vuelto para saludar a su tierra natal, ahora seguido de un ejército de la muerte. Cientos de tropas esperaban sus órdenes, listos para sembrar un caos que Amn no había visto en décadas. Daba igual si la campaña terminaba en una derrota o en una victoria, pues para él había un motivo especial en todo ello, había algo mucho más personal. No le importaban los dragones, ni el oro, ni la gloria, tampoco el renombre. Buscaba validarse a si mismo, buscaba liberarse por fin y planeaba conseguirlo a como diese lugar, incluso si eso significaba morir en esta campaña.
Habían pasado años, muchos años.
Era hora de que llegase el desenlace de esta historia.
Era hora de que llegase el desenlace de esta historia.
