Krul
Cojín de la silla mullida de Dukaan
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He regresado al campamento al otro lado de Crimmor, llegando en una de las últimas embarcaciones que salieron del puerto, pensaba tendría que combatir para poder llevar a cuantos pudiera a salvo de regreso a la orilla norte del río pero no fue así, el enemigo nos había dado un sorprendente respiro que nos daba la oportunidad de llevar con seguridad a nuestros heridos de regreso al campamento donde de seguro estarían esperando Aelindar, Zentakord y Kharmin como habían estado estos últimos días de la guerra.
El viaje de regreso se hizo rápido por fortuna, pudiendo llegar a ayudar a llevar a los últimos heridos que desembarcábamos hacia el campamento mientras observaba como el ánimo decaía por momentos y más tras alejarme del sanatorio habiendo dejado allí a los soldados que me habían acompañado durante esta última estación. Pude entonces alejarme lo suficiente del campamento de guerra en compañía de Tanya, aunque otros también estaba presentes por el lugar pero cada uno superando el dolor de la derrota a su manera.
El viaje de regreso se hizo rápido por fortuna, pudiendo llegar a ayudar a llevar a los últimos heridos que desembarcábamos hacia el campamento mientras observaba como el ánimo decaía por momentos y más tras alejarme del sanatorio habiendo dejado allí a los soldados que me habían acompañado durante esta última estación. Pude entonces alejarme lo suficiente del campamento de guerra en compañía de Tanya, aunque otros también estaba presentes por el lugar pero cada uno superando el dolor de la derrota a su manera.
Habíamos perdido y no había nada más que hacer, el resultado no iba a cambiar ya, la batalla había terminado y la derrota en Crimmor había causado un gran daño a nuestra Coalición en el Norte. Observaba a muchos compañeros que habían perdido las ganas de luchar y entre los que no me incluía, pero no podía pedirles más, habían dado el todo en aquella batalla, hicieron lo que se esperaba de ellos y todavía más, pero pese a ello y nuestro deseo, la victoria no fue posible.
Llegó un momento que ya no podía hablar, la voz se me quebraba pese a tratar de mantener la compostura, los pensamientos de culpa me inundaban, pero no por la causa por la que había luchado, seguía manteniéndome fiel a mi juramento de servir al Consejo de los Seis y no a una sierpe, como así le había señalado a la Comandante Al-Hakim en la avenida principal de Crimmor antes de que me expulsase, no. Era por perder la batalla, una en la que me había visto superada por la preparación y estrategia del rival y por ello me habían derrotado.
Acostumbrada a los juegos de estrategia como el Lanceboard una derrota sirve para aprender de los errores para los siguientes juegos, pero no podía tomarme lo que había sucedido con dicha filosofía, habían muerto cientos de soldados debido a una estrategia inferior a la del rival y eso era algo que no me podía permitir ignorar como representante o enviada de la Caballero Rojo que me consideraba, he fallado en mi propósito al no poder guiar bien a mis compañeros y soldados hacia la victoria y esa culpa es solo mía. Estoy viva para aprender de los errores cometidos, pero... ¿merezco esta segunda oportunidad?
Fue entonces mientras tenía mis peores pensamientos cuando mis ojos carmesís habían perdido todo brillo sobrenatural humedecidos a punto del llanto, que llegó un pregonero del Consejo de los Seis anunciando del regreso de los mismos, que todo había sido un secuestro y que por fin con la marcha de la sierpe azul habían quedado en libertad y que pedían de vuelta unidad en Amn ante la crisis que se acercaba desde Esphurta. Escuchó con atención el mensaje que llegaba al campamento del Norte y a la par en las palabras de su antigua Comandante de que me haría pagar por lo que había pasado.
Me puse en pie al margen de mis pensamientos, tomando con mi mano derecha el símbolo divino que llevaba siempre conmigo, una pieza de Lanceboard, un caballo de color rojo que me servía de amuleto, no había renunciado ni roto mi juramento al Consejo, era mi deber regresar ahora que lo pedían para continuar sirviendo al legítimo gobierno una vez más y tratar de estar preparada para la siguiente batalla que se avecinaba, el ejército que había destruido Eshpurta.
Entre otras voces, Tanya no se encontraba de acuerdo a mi decisión pero parecía no querer dejarme sola, Damián igual estaría ahí para regresar, y como su superior tomaría responsabilidad de las acciones de aquellos que estaban bajo mi mando.
Es por eso que antes de volver al campo de batalla, debo presentarme al Cuartel de la División Occidental en Athkatla y esperar por su juicio. Abro una de mis bolsas mágicas y veo el rojo uniforme que guardaba de la División Occidental, uno que tenía los descosidos y parches como recuerdo de las batallas y misiones que había llevado a cabo, y que una vez más volvería a vestir.
Porque aunque el tablero cambie y las piezas caigan, el Caballo Rojo siempre avanza. Paso a paso. Jugada a jugada. Y yo también.
Llegó un momento que ya no podía hablar, la voz se me quebraba pese a tratar de mantener la compostura, los pensamientos de culpa me inundaban, pero no por la causa por la que había luchado, seguía manteniéndome fiel a mi juramento de servir al Consejo de los Seis y no a una sierpe, como así le había señalado a la Comandante Al-Hakim en la avenida principal de Crimmor antes de que me expulsase, no. Era por perder la batalla, una en la que me había visto superada por la preparación y estrategia del rival y por ello me habían derrotado.
Acostumbrada a los juegos de estrategia como el Lanceboard una derrota sirve para aprender de los errores para los siguientes juegos, pero no podía tomarme lo que había sucedido con dicha filosofía, habían muerto cientos de soldados debido a una estrategia inferior a la del rival y eso era algo que no me podía permitir ignorar como representante o enviada de la Caballero Rojo que me consideraba, he fallado en mi propósito al no poder guiar bien a mis compañeros y soldados hacia la victoria y esa culpa es solo mía. Estoy viva para aprender de los errores cometidos, pero... ¿merezco esta segunda oportunidad?
Fue entonces mientras tenía mis peores pensamientos cuando mis ojos carmesís habían perdido todo brillo sobrenatural humedecidos a punto del llanto, que llegó un pregonero del Consejo de los Seis anunciando del regreso de los mismos, que todo había sido un secuestro y que por fin con la marcha de la sierpe azul habían quedado en libertad y que pedían de vuelta unidad en Amn ante la crisis que se acercaba desde Esphurta. Escuchó con atención el mensaje que llegaba al campamento del Norte y a la par en las palabras de su antigua Comandante de que me haría pagar por lo que había pasado.
Me puse en pie al margen de mis pensamientos, tomando con mi mano derecha el símbolo divino que llevaba siempre conmigo, una pieza de Lanceboard, un caballo de color rojo que me servía de amuleto, no había renunciado ni roto mi juramento al Consejo, era mi deber regresar ahora que lo pedían para continuar sirviendo al legítimo gobierno una vez más y tratar de estar preparada para la siguiente batalla que se avecinaba, el ejército que había destruido Eshpurta.
Entre otras voces, Tanya no se encontraba de acuerdo a mi decisión pero parecía no querer dejarme sola, Damián igual estaría ahí para regresar, y como su superior tomaría responsabilidad de las acciones de aquellos que estaban bajo mi mando.
Es por eso que antes de volver al campo de batalla, debo presentarme al Cuartel de la División Occidental en Athkatla y esperar por su juicio. Abro una de mis bolsas mágicas y veo el rojo uniforme que guardaba de la División Occidental, uno que tenía los descosidos y parches como recuerdo de las batallas y misiones que había llevado a cabo, y que una vez más volvería a vestir.
Porque aunque el tablero cambie y las piezas caigan, el Caballo Rojo siempre avanza. Paso a paso. Jugada a jugada. Y yo también.
Offtopic :
Vivencias y pensamientos tras la derrota en Crimmor, sin duda un evento que marcó la vida de Alice. Agradecer también a los DMs Rallito y Faker junto a Kronos por hacerla posible. Han sido semanas muy intensas y divertidas, y al margen de los eventos que han habido, y las ambientaciones generales que han hecho, ha sido una gran oportunidad para rolear aspectos que considero importantes para Alice y conocer más a otros personajes con los que hemos compartido el tiempo.