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Reencuentro

eldroth12

Copia sin mente de un convocado
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6/9/09
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La luna creciente asomaba entre las copas de los árboles. Las estrellas tintineaban relucientes en la noche estrellada. Bajo un árbol una figura inerte. Sentado sobre sus talones con la espalda erguida. Tapado con una capa y una capucha solo los ojos quedaban a la vista. Parecían dos frutos grises de un arbusto espigado. Su mirada estaba perdida en un reflejo de la luna en la hierba. Su mente no dejaba de rondar una idea, una sensación mas bien.

“El orco… el camino orco… demasiado activo últimamente. Primero el trafico de personas y fatas, ahora los orcos gigantescos que parecen gigantes mas que orcos. Algo no va bien.”

La fata que siempre le acompañaba revoloteaba preocupada mirando a su amigo en las sombras de la noche. El elfo no pudo descansar esa noche pues su mente era un hervidero. La sonrisa que casi siempre le acompañaba había desaparecido en los últimos días.

Con los primeros rayos de sol de la mañana elfo y fata comenzaron su nuevo camino, se alejarían de los bosques donde vigilaban los senderos y a los caminantes por un tiempo. Crimmor y sus aledaños serian su morada. Haría el camino orco evitando ser visto hasta dar con alguna pista de lo que revolucionaba a los pieles verdes.

Siete días sin salir del camino, solo para descansar en lugares tranquilos y mantener la higiene, recorriendo centímetro a centímetro todo los recovecos hasta conocer ese camino como la palma de su mano. En esos siete días nada extraño había ocurrido. Algún aventurero por fama o por gloria que entraba en el camino, luchaba hasta cruzarlo o se retiraba malherido. No debía actuar, no debía delatar su posición, aunque le doliera ver a personajes desconocidos luchar y sangrar no podía hacer nada. De seto en seto, de pared en pared, de árbol reseco a tocón arrancado el elfo no descansaba. Su determinación no decreció ni un ápice en esos días. Siete días sin hablar, ni un sonido emitió su garganta pues ni con su fata hablaba.

Al final su paciencia tuvo recompensa.

Una barcaza ascendía el río con destino al embarcadero. Cruzaba el río al compás de los remeros que se empleaban a fondo. Las tranquilas aguas se abrían ante el impulso de la barcaza mientras se acercaba poco a poco. El elfo agazapado en la hierba arrastraba su cuerpo hasta unas pequeñas rocas desde donde se controlaba la zona, ligeramente alejado. Al atracar unos cuantos orcos empezaron a graznar ordenes ininteligibles para el explorador, pero a un grito de un orco todos empezaron a sacar barriles y cajas de las cuevas con destino al barco. El orco que había levantado la voz por encima de las de los demás era un ejemplar grande, seguramente seria el patrón del barco. Llevaba una arandela con un buen numero de llaves, colgadas del cinto y el tintineo de estas era perceptible por el oído fino del explorador. Los orcos entre quejidos y maldiciones trabajaban subiendo las cajas y los barriles sin excesivo cuidado.

Desde su atalaya en lo alto del pequeño acantilado, el explorador no perdía ojo del barco, sus tripulantes y las cajas. Dixi, salto de la capucha y se tiro en picado desde el acantilado para flotar rápida y silenciosa a pocos centímetros del agua con dirección al barco. En el momento en que la fata pasaba por detrás del navío y se perdía de la vista del explorador, la mirada de este se cruzo con una figura femenina. Vestía de negro, con ropajes ceñidos de cuero, su capucha ocultaba su rostro, pero esa forma de hablar, de moverse, eso el explorador ya lo había vivido antes. Esa mujer era la misma que el había combatido en otra ocasión y a la que creía muerta. Sus músculos se tensaron, su respiración se agito y su corazón luchaba desbocado por salírsele del pecho. Era la misma mujer que había conseguido entrar en su cabeza gracias al anillo dy hierro y había intentado forzarle a matar a su hermano.

Concentrado como estaba en mirar a la mujer que hablaba con el orco en un idioma gutural que el explorador desconocía, intento acercarse un poco mas para ver los gestos y las muecas.

-Aght usun dreghtt!!!

El explorador se encontró a si mismo, acuclillado en la atalaya, lejos de las rocas y la maleza que habían sido una cobertura perfecta, para estar ahora bien a la vista de todos los orcos del camino. Los orcos gritaban señalándole y algunos ya venían corriendo en su dirección. La mujer de negro y el entrecruzaron las miradas, si, era ella, no había posibilidad de error, era la misma mujer. Ella también había reconocido al explorador, solo, a su alcance, una fría sonrisa se dibujo en su rostro cuando le apunto con una espada y vocalizo unas palabras de poder. Una nausea como la que había sentido antes en presencia de la mujer se había vuelto ha hacer real en sus tripas, una sensación que por suerte para el explorador solo duro un segundo. Vocalizo y se mentalizo, un orbe oscura oculto prácticamente todo el muelle, mientras se concentraba en su siguiente conjuro, uno que le hiciera salir corriendo como si volase encima de la hierba.

“Tiempo, necesito darle tiempo a Dixi, alejarles de ella al menos un tiempo. El justo y necesario para que investigue el barco y pueda salir de allí lejos de la mirada de la mujer… los orcos no la verían aunque estuviera delante de ellos tirándoles de los pelos de la nariz. El globo la ocultara, le dará tiempo de meterse en el barco, los orcos del muelle no pueden ver nada, los demás vienen a por mi… perfecto”

El explorador acabo el conjuro, momentos antes de que dos orcos se abalanzaran sobre el. Salto y rodó por el suelo, esquivo a uno, el otro no cayo en la trampa del salto fingido para volver a rodar por el suelo y le agarro por los pies con mano dy hierro, imposibilitando su carrera.

Se retorcía, intentaba patear la cara del orco. Se sintió desfallecer, su pecho ardía, le costaba respirar, sus fuerzas fallaban, el orco sometía su tobillo como una tenaza. Sus ojos se removían inquietos buscando la salida, nada. La mujer de negro salio del orbe oscuro sin perder esa sonrisa fría, como si el reto de cazar al cazador fuera mas un juego que una responsabilidad. Los ojos azules del explorador la miraban mientras los pies intentaban zafarse, premio, una patada sin mirar en la cara del orco, un golpe afortunado había liberado al explorador de la presa.

Su mente hervía de ideas, pero todas se nublaron de un plumazo. La mujer había generado un hechizo solo con un pensamiento, sin necesidad de palabras de poder o gestos. Un rayo verdoso alcanzo al explorador. Su respiración se corto, sus pies eran piedras de plomo que no podía levantar, el pecho se le agitaba como si necesitara la fuerza de los Seldarine para coger un aire que no llegaba.

“Solonor cuida de Dixi, se me acabo el tiempo, si no salgo de aquí, nadie podrá cuidar de ella”

El sol tocaba la espalda del explorador, sus pesados pies corrían con la fuerza de la angustia, su respiración no ventilaba sus cansados pulmones, pero no luchar era la muerte. Boqueando, corrió, salto, giro, trastabillo y volvió a levantarse hasta conseguir llegar fuera de los lindes del camino.

-Otro elfucho que sale escaldado por los orcos brbrbr cuando aprenderán a dejar a los enanos el trabajo de los enanos!!

Los guardianes del camino en Crimmor rieron con ganas la bravata del enano, mientras el elfo se encaramaba a la loma y se dejaba caer con todo el peso del fracaso sobre sus destrozados músculos y su atormentado pecho. Su mirada se nublo, la bruma cayo en sus ojos y no había luz que la traspasara, oscuridad.

Un tirón de orejas le despertó, su fata estaba a su lado, en la loma, lejos de miradas indiscretas se había quedado inconsciente.

-Mas humanos, ahora ya no cogen a mis hermanas. Pero había humanos en los barriles, al parecer solo hemos conseguido que dejen a mis primas, pues sois muchos los que luchasteis por ellas. Al parecer nadie lucha por los humanos. -Dijo la fata apenada mirando al explorador desaliñado y ojeroso-

Se levanto, encorvado y cansado se acerco al establo. Su corcel le miraba con cara de preocupación y le empujaba la cabeza con la suya. Unas caricias entre las orejas del caballo antes de saltar a su grupa y salir al galope. De nuevo en los caminos, había mucho que hacer y poco tiempo.

“Saben que lo se, estarán mas alerta. He de detenerla. No puedo fallar, no debo, humanos o fatas, no se merecen esta muerte. Mi padre me mira desde los salones de Corellon. Los que mueran por mis fallos me miraran junto con el y no podré soportar el peso. He de seguir, fallar no es una opción. Saben que lo se, saben que iré tras ella”
 
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