Aeron
Escritor de muchotexto
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Desde que llegué a Amn, me pude percatar que era una tierra distinta, marcada por el conflicto y las relaciones de sus habitantes, pero más que nada, por el cambio absoluto, apenas rondo la zona hace un mes, pero como buen arcano, he observado y estudiado su rutina.
Con la expansión de la bruma, la gente está cada vez mas tensa, muchos llegando al punto de la desesperación, y tomando decisiones cuestionables, que bien o acabarán con ellos, o los atormentaran toda su vida.
La última semana decidí unirme a una caravana mercante que partía hacia el sur. No era por necesidad de bienes, sino por conocimiento; los caminos hablan, y quienes los recorren aún más. Entre comerciantes, guardias y algún que otro viajero silencioso, encontré historias suficientes para llenar varios grimorios… aunque ninguna tan reveladora como la que estaba por vivir.
Al anochecer, cuando el sol se escondía detrás de una montaña, tuve un mal presentimiento, el aire estaba tenso, nos estaban observando, y nadie se había dado cuenta al parecer...
Entonces llegaron.
Sombras entre la niebla, rápidas y decididas. Bandidos. No eran torpes ni improvisados; se movían con la precisión de quienes han hecho de la violencia su oficio. La primera flecha alcanzó a uno de los conductores antes siquiera de que alguien pudiera gritar una advertencia. El caos se desató al instante.
No tuve elección.
Sentí el flujo de energía recorrer mis manos, familiar y frío como siempre. Pronuncié palabras que no deberían ser escuchadas en voz alta, y el aire mismo pareció tensarse. Un bandido se abalanzó hacia mí, cuchillo en mano, pero no llegó a tocarme. Una descarga breve, precisa… y cayó.
No sentí orgullo. Tampoco alivio, solo una comprensión más profunda de esta tierra. Alcé mi espada suspirando, tal vez no eran malas personas del todo, tal vez la vida los orilló a hacer esto, pero no había elección, eran ellos o yo.. y todas las personas indefensas que, esperando un nuevo comienzo, habían tomado la caravana hasta un nuevo destino.
Cuando todo terminó, el silencio fue más pesado que la bruma. Algunos bandidos huyeron, otros no volverían a levantarse. Los supervivientes de la caravana recogían lo que quedaba, con manos temblorosas y miradas vacías. Yo solo limpiaba mi espada, manchada de sangre, todavía caliente con las ultimas ascuas del fuego mágico que le adicioné, frustrado por como habían terminado los eventos.
Al amanecer partió lo que había quedado de la caravana, nada era igual, el aire se sentía pesado, los viajeros temerosos y los guardias tensos. Suspiré, sabía que esta no había sido la primera, ni sería la última vez que tuviera que mancharme las manos, no me sentía mal del todo, pero tampoco bien, fue casi un mero trámite, con el único detalle de que lo involucrado eran vidas.
No soy malvado. Nunca lo he sido. Pero en Amn, eso parece importar menos cada día. Aquí, incluso quienes observamos desde las sombras, acabamos manchándonos las manos… aunque solo sea para seguir respirando.

Con la expansión de la bruma, la gente está cada vez mas tensa, muchos llegando al punto de la desesperación, y tomando decisiones cuestionables, que bien o acabarán con ellos, o los atormentaran toda su vida.
La última semana decidí unirme a una caravana mercante que partía hacia el sur. No era por necesidad de bienes, sino por conocimiento; los caminos hablan, y quienes los recorren aún más. Entre comerciantes, guardias y algún que otro viajero silencioso, encontré historias suficientes para llenar varios grimorios… aunque ninguna tan reveladora como la que estaba por vivir.
Al anochecer, cuando el sol se escondía detrás de una montaña, tuve un mal presentimiento, el aire estaba tenso, nos estaban observando, y nadie se había dado cuenta al parecer...
Entonces llegaron.
Sombras entre la niebla, rápidas y decididas. Bandidos. No eran torpes ni improvisados; se movían con la precisión de quienes han hecho de la violencia su oficio. La primera flecha alcanzó a uno de los conductores antes siquiera de que alguien pudiera gritar una advertencia. El caos se desató al instante.
No tuve elección.
Sentí el flujo de energía recorrer mis manos, familiar y frío como siempre. Pronuncié palabras que no deberían ser escuchadas en voz alta, y el aire mismo pareció tensarse. Un bandido se abalanzó hacia mí, cuchillo en mano, pero no llegó a tocarme. Una descarga breve, precisa… y cayó.
No sentí orgullo. Tampoco alivio, solo una comprensión más profunda de esta tierra. Alcé mi espada suspirando, tal vez no eran malas personas del todo, tal vez la vida los orilló a hacer esto, pero no había elección, eran ellos o yo.. y todas las personas indefensas que, esperando un nuevo comienzo, habían tomado la caravana hasta un nuevo destino.
Cuando todo terminó, el silencio fue más pesado que la bruma. Algunos bandidos huyeron, otros no volverían a levantarse. Los supervivientes de la caravana recogían lo que quedaba, con manos temblorosas y miradas vacías. Yo solo limpiaba mi espada, manchada de sangre, todavía caliente con las ultimas ascuas del fuego mágico que le adicioné, frustrado por como habían terminado los eventos.
Al amanecer partió lo que había quedado de la caravana, nada era igual, el aire se sentía pesado, los viajeros temerosos y los guardias tensos. Suspiré, sabía que esta no había sido la primera, ni sería la última vez que tuviera que mancharme las manos, no me sentía mal del todo, pero tampoco bien, fue casi un mero trámite, con el único detalle de que lo involucrado eran vidas.
No soy malvado. Nunca lo he sido. Pero en Amn, eso parece importar menos cada día. Aquí, incluso quienes observamos desde las sombras, acabamos manchándonos las manos… aunque solo sea para seguir respirando.

