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Reflexiones de un alma en conflicto

Aeron

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Desde que llegué a Amn, me pude percatar que era una tierra distinta, marcada por el conflicto y las relaciones de sus habitantes, pero más que nada, por el cambio absoluto, apenas rondo la zona hace un mes, pero como buen arcano, he observado y estudiado su rutina.

Con la expansión de la bruma, la gente está cada vez mas tensa, muchos llegando al punto de la desesperación, y tomando decisiones cuestionables, que bien o acabarán con ellos, o los atormentaran toda su vida.
La última semana decidí unirme a una caravana mercante que partía hacia el sur. No era por necesidad de bienes, sino por conocimiento; los caminos hablan, y quienes los recorren aún más. Entre comerciantes, guardias y algún que otro viajero silencioso, encontré historias suficientes para llenar varios grimorios… aunque ninguna tan reveladora como la que estaba por vivir.

Al anochecer, cuando el sol se escondía detrás de una montaña, tuve un mal presentimiento, el aire estaba tenso, nos estaban observando, y nadie se había dado cuenta al parecer...

Entonces llegaron.

Sombras entre la niebla, rápidas y decididas. Bandidos. No eran torpes ni improvisados; se movían con la precisión de quienes han hecho de la violencia su oficio. La primera flecha alcanzó a uno de los conductores antes siquiera de que alguien pudiera gritar una advertencia. El caos se desató al instante.

No tuve elección.

Sentí el flujo de energía recorrer mis manos, familiar y frío como siempre. Pronuncié palabras que no deberían ser escuchadas en voz alta, y el aire mismo pareció tensarse. Un bandido se abalanzó hacia mí, cuchillo en mano, pero no llegó a tocarme. Una descarga breve, precisa… y cayó.

No sentí orgullo. Tampoco alivio, solo una comprensión más profunda de esta tierra. Alcé mi espada suspirando, tal vez no eran malas personas del todo, tal vez la vida los orilló a hacer esto, pero no había elección, eran ellos o yo.. y todas las personas indefensas que, esperando un nuevo comienzo, habían tomado la caravana hasta un nuevo destino.

Cuando todo terminó, el silencio fue más pesado que la bruma. Algunos bandidos huyeron, otros no volverían a levantarse. Los supervivientes de la caravana recogían lo que quedaba, con manos temblorosas y miradas vacías. Yo solo limpiaba mi espada, manchada de sangre, todavía caliente con las ultimas ascuas del fuego mágico que le adicioné, frustrado por como habían terminado los eventos.

Al amanecer partió lo que había quedado de la caravana, nada era igual, el aire se sentía pesado, los viajeros temerosos y los guardias tensos. Suspiré, sabía que esta no había sido la primera, ni sería la última vez que tuviera que mancharme las manos, no me sentía mal del todo, pero tampoco bien, fue casi un mero trámite, con el único detalle de que lo involucrado eran vidas.

No soy malvado. Nunca lo he sido. Pero en Amn, eso parece importar menos cada día. Aquí, incluso quienes observamos desde las sombras, acabamos manchándonos las manos… aunque solo sea para seguir respirando.




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Aeron

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La nieve estaba manchada de negro.

No por la tierra.
No por el barro.
Por ceniza.
Todavía puedo recordar el olor.

Madera ardiendo, sangre caliente sobre el hielo, humo entrando en mis pulmones como si quisiera quedarse allí para siempre. Cada respiración dolía. Cada movimiento me arrancaba algo. Y aun así seguía vivo.

No sé por qué.

Cuando escuché a Alexander hablar sobre la aldea de los Reghed, pensé que sería otra batalla más. Otra marcha absurda hacia un lugar olvidado por los dioses. Fingí confianza. Fingí fuerza.

La verdad era otra.

Llevaba semanas sintiéndome vacío.

No cansado físicamente… vacío. Como si algo dentro de mí se hubiera apagado lentamente y yo simplemente hubiese aprendido a sonreír mientras ocurría. Reía, hacía comentarios, caminaba junto al resto como si nada me afectara, pero había algo podrido creciendo bajo mi pecho.

Y entonces llegó aquella batalla.

Recuerdo el primer choque.

No fue glorioso. No fue heroico. No hubo música ni discursos grandiosos. Solo caos. Hachas atravesando carne. Gritos quebrándose por el frío. Magia iluminando la ventisca por un instante antes de desaparecer entre humo y sangre.

No importaba cuánto golpeáramos. No importaba cuánta magia lanzáramos. Seguían avanzando. Vi hombres caer como si fueran muñecos de paja. Vi guerreros más fuertes que yo morir sin siquiera entender qué los había matado.

Y yo… Yo no pude hacer nada.
Todavía siento la vergüenza.

Mi espada temblaba. Mis hechizos apenas ralentizaban a aquellas cosas. Cada vez que intentaba acercarme al combate real, algo me arrojaba de vuelta al suelo. Recuerdo el impacto contra una pared destruida. El sonido de mis propias costillas quebrándose. El sabor metálico llenándome la boca mientras intentaba respirar.

Débil... La palabra comenzó como un pensamiento.
Luego se convirtió en una voz.

Débil... La escuchaba incluso entre los gritos.

Débil... Mientras veía a otros luchar donde yo no podía.


Débil... Mientras arrastraba mi cuerpo por la nieve intentando ponerme de pie otra vez.

Y entonces… el rugido. Nunca olvidaré aquel sonido.
El cielo mismo pareció romperse.

El dragón rugió sobre la tormenta y durante un instante todo se detuvo. Incluso el fuego pareció apagarse. Sentí aquel sonido atravesarme los huesos, entrar en mi cabeza, arrancar cada mentira que me había contado sobre mí mismo.

Vi mis peores pensamientos reflejados en ese instante.

No eres suficiente.
Nunca lo serás.
Morirás aquí.
Inútil.
Frágil.
Débil.

Creo que algo dentro de mí murió allí.

O tal vez despertó.

Porque mientras permanecía tirado sobre la nieve, sangrando, incapaz siquiera de cerrar bien una mano… empecé a reír.

Una risa pequeña al principio. Dolorosa. Patética.

Luego más fuerte.

Porque entendí algo horrible.

Había visto la muerte a la cara… y lo único que podía pensar era que necesitaba más poder.

No valor.
No honor.
No gloria.

Poder.

El suficiente para que nadie volviera a hacerme sentir así jamás.

El suficiente para no volver a arrastrarme impotente mientras otros decidían mi destino.

El suficiente para mirar a un dragón a los ojos… y hacer que fuera él quien sintiera miedo.

Cuando la batalla terminó, apenas podía caminar. Tenía heridas por todo el cuerpo. Algunas todavía no han sanado del todo. Otras jamás lo harán.

Pero sobreviví.

Y desde entonces volví a ser el de antes. El risueño. El hombre que sonríe incluso después del desastre. El que hace bromas mientras vende la ilusión de que nada puede quebrarlo. Ver a la muerte cara a cara te cambia, las discusiones parecen banales, te da una perspectiva distinta.

Pero ya no es igual... nada es igual, sigo siendo buena persona, sigo ayudando a todo el que me lo pida, pero no me puedo sacar esa palabra de mi mente... Fuerza... Fuerza... Fuerza, necesito ser fuerte, no digo que haré lo que sea... pero algo debo hacer, por mí, por ellos...
 

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Aeron

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Días tranquilos

No todo es el fragor de la batalla, las gestas épicas, o las charlas existenciales, a veces lo único que necesitas es la compañía de unos amigos, y el calor de una taberna.

Era un día tranquilo, como cualquiera, hacía un par de meses había salido de casa de mis padres, con solo una bolsa, 30 piezas de oro, y un objetivo en mente, la caravana de turno donde viajaba había parado en una taberna rural, un lugar donde la civilización más cerca se encontraba a casi 50 kilómetros, tal vez no parece tanta distancia, pero para unos viajeros cansados del camino y las inclemencias del tiempo es más de lo que parece.

En la caravana éramos 4 jóvenes, ellos sonrientes y amenos, yo sombrío y atormentado por mi mente, me uní a ellos, a pesar de todo, ya que la soledad nunca ha sido buena compañera para mí. Al principio los trataba con cierta lejanía, pero luego de 3 semanas de viaje, experiencias compartidas, historias contadas, y sentimientos silenciosos, se va creando un vínculo.

Los 4 tomamos asiento en una mesa, pedimos un par de cervezas, y la conversación comenzó a fluir, en ese momento, no éramos nada más que 4 jóvenes, compartiendo una noche, bebiendo, charlando, existiendo, y todo lo que pueden hacer 4 jóvenes con sueños (algunos con pesadas cargas).

La madera de la mesa estaba gastada, marcada por los años y los vasos de incontables viajeros antes que nosotros. Cuando la tabernera dejó las jarras frente a nosotros, la espuma desbordaba, atrapando el reflejo del fuego de la chimenea.


—Por el fin del barro de los caminos —dijo Valen, alzando su jarra con una sonrisa contagiosa que parecía no agotarse nunca, ni siquiera tras marchar bajo la lluvia.

—Y por la comida caliente —añadió Kaelan, el otro chico del grupo, soltando una carcajada sonora—. Juro que si pasaba una noche más masticando raciones secas y durmiendo sobre las raíces de un roble, me saldrían hojas en la espalda. ¿Verdad, Lyra?

A mi lado, Lyra dio un pequeño brinco, sobresaltada por la mención. Ella era distinta. Mientras los demás derrochaban energía, Lyra se mantenía en un segundo plano, envuelta en una timidez dulce y silenciosa. Dio un sorbo muy corto a su bebida, limpiándose la espuma de los labios con timidez, y asintió con una sonrisa suave, casi invisible.

Kaelan me miró de reojo, con un golpe amistoso en el hombro.


—¿Y tú, Alaric? Has estado tan callado desde que cruzamos el umbral. ¿Vas a brindar con nosotros o te vas a quedar ahí mirando el fondo del vaso?

Me quedé un momento observando las burbujas de mi jarra, sintiendo el calor del lugar filtrarse en mis ropas aún húmedas. Por un segundo, la tentación de encogerme de hombros y apartarme estuvo ahí. Pero al levantar la vista, me topé con los ojos de Lyra. Me miraba de una forma muy pura, sin dobles intenciones ni curiosidad impertinente; era una mirada profunda, cargada de una preocupación tan limpia e inocente que me conmovió el pecho.

—Brindo —dije, esbozando una sonrisa auténtica por primera vez en semanas, mientras chocaba mi jarra con las suyas—. Por la mala compañía... y por los que hacen que la soledad sea un poco más llevadera.

Las horas se diluyeron entre el murmullo de la taberna. A lo largo de la noche, esa presencia mansa a mi lado fue mi único refugio. Lyra hablaba poco, pero su forma de escuchar, su risa contenida ante los chistes de Valen y la manera en que se encogía de hombros cuando la miraban, transmitían una paz que yo había olvidado que existía.

Cuando la taberna comenzó a vaciarse y el fuego de la chimenea se redujo a brasas moribundas, nos retiramos a las habitaciones, pero esa noche no fui solo a la cama, no me gustaba dormir solo, casi como un niño que teme a la oscuridad.

Un par de horas después, el fuego de la pasión se había apagado, dejando paso a una calma densa y compartida en la penumbra del cuarto. Sucedió entonces, en ese limbo de sábanas revueltas y respiraciones cruzadas.

Lyra estaba recostada a mi lado, hecha un ovillo, con la cabeza apoyada suavemente en mi pecho desnudo. Sentía el ritmo de su respiración, tan pausada y tranquila, como si el mundo exterior no pudiera hacerle daño. El silencio no era incómodo, pero de pronto la sentí removerse. Levantó la cabeza de mi pecho y me miró en la semioscuridad. Sus ojos grandes y sinceros sostenían esa misma mirada profunda del piso de abajo.

Acarició mi pecho con una timidez casi infantil, con la punta de los dedos, justo donde mi corazón latía con fuerza desbocada.


—Alaric... —murmuró con una vocecita suave, casi un ruego—. Tu corazón va muy rápido. Tiemblas un poco, como si tuvieras frío, pero la habitación está caliente.

Me quedé rígido por un instante. La pregunta no tenía malicia; era pura y genuina preocupación. Sentí el impulso casi físico de inventar una excusa, de levantar el muro de siempre, de protegerme detrás del cinismo. Mis secretos me quemaban la garganta, pero el peso de compartirlos era un abismo que aún no estaba listo para cruzar.

La miré, tragándome las palabras. No dije nada. No revelé el origen de mi tormento, ni el objetivo que me empujaba a seguir caminando, ni los fantasmas que me desvelaban noche tras noche. Mi mandíbula se apretó y aparté la vista, temiendo que mi silencio la alejara.

Pero Lyra, con esa inocencia que me desarmaba, leyó mi negativa sin un ápice de rencor. Vio el destello de pánico en mis ojos y, en lugar de insistir o de sentirse rechazada, se limitó a abrazarme con más fuerza. Escondió el rostro en mi cuello y entrelazó sus dedos pequeños con los míos.


—No pasa nada —susurró, con una dulzura tan honesta que me escoció en los ojos—. No tienes que decir nada si te hace daño. Solo... descansa. Yo me quedo aquí contigo para que no tengas miedo.

Aquel gesto de pura bondad, sin exigir nada a cambio, me conmovió hasta lo más hondo. Su calor corporal y la ternura de su abrazo funcionaron como un escudo absoluto contra el exterior. Por primera vez en meses, el ruido y los monstruos en mi cabeza empezaron a perder fuerza, ahogados por la maravillosa paz que ella desprendía. Cerré los ojos, sintiendo que, aunque la carga seguía siendo mía, ya no tenía que sostenerla completamente solo en la oscuridad.
Esa noche, atrapado en su abrazo inocente, dormí bien por primera vez en mucho tiempo.



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Aeron

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Las tierras de la intriga

Una vez... alguien me dijo algo que en su momento no creí : Estas tierras devoran a las buenas personas, Alaric.

Me sentía invencible, imparable, único, cuando solo era un niño mimado que salió de casa con delirios de grandeza,, tenía un objetivo muy importante, pero... ¿Eso que le importa a la vida?

Mis primeros días aquí fueron movidos, me acostumbre a matar como el pan de cada día, a apenas salir vivo de lugares peligrosos, a enfrentarme a enemigos que no tenían piedad alguna sobre la vida humana, a beber para olvidar, y confiar en la gente... grave error.


Primer chasco

Por confiar ciegamente en cualquiera, el ogro hechicero, Sondakur (traído por mí), se inflitró en un grupo de aventureros con destino a las criptas, encuentro que culminó en una gran lucha, mientras yo solo podía escapar como cobarde, a causa de mi escaso poder mágico o físico.

Segundo chasco

Una persona que consideraba un amigo, cercano, me mintió... hizo algo malo, y no fue capaz de decírmelo a la cara, el dolor que sentí cuando me enteré por otra persona me consumió, pero que más da, ya no importa, tal vez el simplemente no me consideraba su amigo.


Tercer chasco

Por prestar ayuda desinteresada a varias causas, me encuentro acosado por grupos peligrosos, más de uno, No soy débil, pero tampoco soy estúpido, se que mucho no puedo hacer, solo esperar a que ellos hagan su movimiento, y reaccionar a la defensiva, por ayudar... es lo que obtengo


Punto de inflexión

Venía del banco, a caballo, suspirando y pensando que hacer con mi vida, cuando me encontré con cierto caballero, y luego de una larga charla, me dijo mis verdades, era demasiado bueno e idealista, la ciudad nunca va a cambiar, solo buscaré que me maten siguiendo este camino de caballero cruzado y tiene toda la razón, tal vez solo queda... pensar un poco en mí
 

Aeron

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Un refugio que ya no es seguro

La noche caía una vez más, y como un día cualquiera, me disponía a marchar al cementerio, el camposanto, en su infinita paz y silencio, perturbada por los sonidos guturales de los zombies y el crujir de los huesos en algunos reanimados, se había convertido en mi refugio, en mis primeros días por estos lares, lo había convertido en mi campo de entrenamiento personal, enemigos lentos y que arden bien con una bola de fuego, no se encuentran en cualquier lugar después de todo.

Pero esa noche, tenía un objetivo distinto, luego de esenciar lobos hasta el cansancio, mi habilidad no quería progresar, por lo que me vi obligado a intentarlo con otro tipos de enemigos ¿Y que mejor que unos muertos, lentos y fáciles de esquivar?

A la llegada, me coloque rápidamente mi armadura, tome la varita entre manos y comencé el proceso, confiado en mi agilidad, me deje rodear, pero luego de extraer un par de esencias y con más de 10 insepultos encima, me vi obligado a desenvainar mi estoque, y borrarlos lo más rápido posible, antes de que comenzaran a penetrar mi defensa. Un par de minutos después, me encontraba respirando sobresaltado, con algunas heridas y una docena de cadáveres alrededor, en ese momento, le ví...

-Debes tener más cuidado, dejarte rodear es peligroso- Dijo mientras aplaudía, intenté discernir su expresión, oculta por la capucha

-Solo estaba jugando, nunca estuve en problemas- Le respondí, comenzando a distinguir su figura mejor, era una chica, sentada en el banco, con las piernas cruzadas

-Si tu lo dices...-

-¿Que se supone que haces aquí? Os dije a ti y a tu pareja que no me interesabais- No era la primera vez que la veía no... esta era la tercera, y ya estaba un poco cansado

-Oh... ¿En serio?- Pregunto, con un tono de voz sarcástico

Poco a poco mis heridas se regeneraban, gracias a mi armadura, intentaba ganar tiempo hablando, mientras preparaba un conjuro de puerta dimensional, listo para huir ante el mínimo signo de hostilidad

-Si, y mira que no me gusta rechazar a una chica tan duramente, ¿Pero una vampira?,
no gracias, me gusta estar vivo
-

-Algo he escuchado sobre tu historial de ligues-

-Mentiras seguramente, yo soy un caballero exclusivo- Respondí, con mis heridas recuperadas y conjuro listo

-¿Exclusivo? ¿A que te refieres?- Antes de hacer o responder cualquier cosa, nos percatamos de una luz que se acercaba, a paso firme, a nosotros

(Espero que sea alguien fuerte, si algún novato llega, me veré obligado a recurrir al enfrentamiento directo)

En unos instantes, la figura de una elfa de pelo azul hizo acto de presencia, la sacerdotisa Deladra, se acercaba con su típica actitud hostil hacia mí

-¿Amiga vuestra? caballero Alaric-

-No exactamente, sacerdotisa Deladra- Respondí, aliviado por la presencia de alguien que no significaría una carga para mí

-Toda una reunión- Expresó la vampira, mientras se disponía a tocar un instrumento musical

-Digamos que la chica aquí presente, es una no muerta- expresé mirando a la peliazul

Los siguientes segundos fueron tortuosos, Deladra me lanzaba sus dagas usuales, mientras la vampira tocaba una melodía.. he de admitir que fue sublime, es una bardo del más alto nivel

-Veo que tenéis problemas, que divertido- Dijo la vampira mientras descorchaba una botella de vino.. o sangre tal vez

-Vos si que tendréis problemas si no salís de aquí- expresó la clériga

-Sacerdotisa... esta mujer es fuerte, y tampoco podremos acabarla permanentemente sin preparación, os ruego que nos retiremos- La verdad este era mi tercer encuentro con la dama encapuchada, en el primero me tomó de la muñeca, y su fuerza era demasiada... la mayor que he sentido nunca

-No me importa, no le temo a una abominación, huya usted, yo ganaré tiempo-

Desenvaine mi estoque y me coloqué entre ambas chicas, mientras, la vampira se mantenía serena, no daba signos de hostilidad

-No os dejaré sola, o nos vamos ambos, o no se va ninguno- expresé, preocupado por la situación, pero no iba a abandonar a la chica

-Está bien, nos retiraremos caballero Alaric, por esta vez- Espetó la elfa

-Nos vemos...- Dijo calmadamente la vampira, sin levantarse de su banco

La vuelta fue silenciosa, marcada por la tensa relación que tenía con la sacerdotisa, pero esa noche... mi refugio dejó de ser seguro, este no sería mi último encuentro con esos seres...
 

Aeron

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La paz perdida

El hedor a sangre, el humo de la amenaza elemental y el frío de las piedras de la ciudad desaparecieron de golpe. Durante un segundo, el peso insoportable de mi coraza de hierro se desvaneció de mis hombros. No hubo avatares sedientos de sangre, ni colmillos acechando en las esquinas oscuras. Solo hubo paz. Fue una paz tan intensa que me laceró el pecho, porque mi propio instinto me gritó que aquello era una mentira.

Ella estaba allí, de espaldas a mí, bajo el arco de piedra donde solíamos escondernos del mundo. Su cabello atrapó la luz dorada de un atardecer que parecía eterno. Sentí un impulso desesperado por correr hacia ella, por caer de rodillas, enterrar el rostro en su regazo y confesarle que estaba cansado; que ya no podía sostener el peso del mundo yo solo.

—Has tardado —dijo. Su voz, suave como la más dulce de las caricias, resonó en mi mente con la fuerza de mil hombres.

Tenía que salvarlos... —intenté responder, pero las palabras se me atascaron en la garganta como arena seca. Intenté dar un paso, pero mis botas se hundieron en el suelo. Al bajar la mirada, vi que el jardín idílico empezaba a distorsionarse. La hierba se marchitó y se tiñó de un negro elemental; las flores se pudrieron en segundos bajo mis pies.
Al levantar la vista, ella ya no estaba a mi alcance. La distancia entre los dos empezó a estirarse de forma antinatural, como si el espacio mismo se rompiera ante mis ojos. Alcé la mano derecha, desesperado, intentando canalizar un destello de mi magia, un lazo de fuerza, cualquier truco arcano que sirviera para retenerla. Pero de mis dedos entumecidos solo brotaron chispas débiles y erráticas que se apagaron en el acto. Mi magia me falló. Mi intelecto no sirvió de nada allí.

Elegiste el acero antes que a mí —su susurro me llegó desde la lejanía mientras la distancia la devoraba. La luz dorada murió; una niebla fría y espesa, con ese olor metálico a muerte que tanto reconocía de las calles de la ciudad, empezó a cubrirle las piernas—. Me dejaste en la oscuridad por jugar a ser el salvador de otros. Y ahora, ¿quién te salva a ti?

¡Espera! —grité, recuperando la voz demasiado tarde.

Pero su rostro se desvaneció en la bruma. En su lugar, el cielo del sueño se rasgó con el color purulento del Caos Elemental, y un rugido ensordecedor y bestial —el eco maldito de Vaprak que aún me estremecía los huesos— hizo temblar la tierra. Lo último que alcancé a ver antes de que el suelo desapareciera bajo mis pies fueron unas manos pálidas, con uñas como garras, que tiraron de ella hacia el fondo de un abismo. Un abismo del que no sabía si seguía viva para ser rescatada.

Abrí los ojos de golpe, con el corazón golpeándome las costillas como un animal enjaulado. Estaba empapado en sudor frío, con la mano derecha extendida hacia el techo de mi oscura y silenciosa habitación, apretando el aire vacío.

Ahora que no tengo paz ni siquiera en sueños... ¿Que me queda?
 

Aeron

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El rayo de esperanza

Había sido una batalla dura. No tanto como aquella en el norte, cuando partí siendo apenas un novato, sin preparación y con la ingenua idea de ayudar a un amigo. Aquella vez terminé herido, confundido y sintiéndome más un estorbo que un verdadero compañero. Esta vez... fue diferente.

Han pasado casi dos meses desde la incursión a los Dientecillos. A veces me cuesta creer que todo comenzara con la muerte de un simple ogro. Nadie podía imaginar que de aquel cadáver nacería una aberración bendecida por Vaprak, una criatura que parecía alimentarse del miedo y la desesperación que dejaba tras de sí.

El asunto les pareció trivial al principio, una expedición de 8 les parecía suficiente para acabar con tal ser, yo sabía que no, pero aún así decidí acudir, esperando que fuera suficiente. Solo hubo silencio. Y el peso de seis cuerpos que tuve que ayudar a llevar de regreso.

Desde entonces, cada noche, al cerrar los ojos, volvía a verla. Nunca llegó a alcanzarme en aquellos sueños, pero tampoco necesitaba hacerlo. Bastaba con verla avanzar lentamente para despertar sobresaltado. No era solo miedo... era culpa. La culpa de haber sobrevivido cuando otros no pudieron hacerlo. La culpa de preguntarme, una y otra vez, si podría haber hecho algo más.

Hoy, por fin, esa pesadilla ha terminado.

Después de semanas de preparación, de discusiones, de incertidumbre y de planeación, conseguimos acabar con ella. No fue una victoria sencilla. Primero una expedición clandestina. Después una cacería que terminó en una carnicería. Finalmente, una operación tan difícil como necesaria. Solo la determinación de todos hizo posible que aquel monstruo cayera.

Y cuando todo terminó... respiré. Pude ver a Lotrek, Veyron y... a Deladra, sanos y salvos, recuperados de las heridas y la influencia de aquel ser. Mi mente podía descansar, y mi culpa del superviviente desaparecer.

Ya no me siento tan solo como antes, amigos que me apoyan, compañeros de batalla que no abandonan, y... a alguien especial que intenta ver más allá de mi máscara de espadachín divertido.

Tal vez todo puede mejorar, tal vez y solo tal vez, pueda encontrar lo que llevo buscando casi 2 años.

...

No.

Es mejor no dejarse llevar.

Esta paz es solo temporal y lo sabes muy bien.

Disfrútala mientras dure, Alaric.

Porque, tarde o temprano...

volverá la tormenta.
 

Aeron

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Un pequeño paso para el hombre, un gran paso para el arcano

Luego de año en Amn, al fin lo había conseguido, se sentía algo extraño, a decir verdad. No pasó mucho para aprender el sistema es rangos sociales en Amn, estaba demasiado bien definido, principalmente para los arcanos, "Sedimento" palabra que adquirió otro significado aquí, lo peor de la sociedad, no éramos perseguidos, pero éramos basura humana, o no tan humana en algunos casos.

Los usuarios de la magia, partimos desde el estrato mencionado anteriormente, por el simple hecho de practicar el Arte, pero por suerte, tenemos un mecanismo para ascender y ser respetados, la Arcanum Schola. Como alumno graduado, asciendes un estrato social, y se te empieza a ver como un arcano "confiable" al estar tu conocimiento respaldado por una institución de renombre.

Luego de unos cuantos meses, pude graduarme de dicha institución, y me dirigí hacia el distrito gubernamental, buscando, sin mucho éxito, la oficina concreta. Luego de pedirle indicaciones a la Decana Jadzia, pude dirigirme al lugar, el funcionario me dio la charla común, comprobó mi documentación, y luego de pagar la tasa correspondiente, se me hizo entrega de la ciudadanía.

Al recibir el papel y salir a las calles de la capital, sentí algo de nostalgia, había completado el primer paso, ya estaba graduado, era un arcano hecho y derecho, no el mejor, pero uno "confiable", me había granjeado cierto renombre, los ciudadanos no me miraban con tanto recelo como al inicio, Alaric, el joven mago que había llegado hacía un año ya, ya era un caballero arcano consolidado.

Para cualquiera podría parecer algo banal, muchos llegan y adquieren la ciudadanía al primer día, con solo pagar unas cuantas monedas, pero... Para mí no fue tan fácil, fue un pequeño paso para Alaric, pero uno grande para el caballero arcano de Aguasprofundas.
 
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