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Reflexiones sobre un fondo negro

Haladring

Llanero del brasero
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La gastada calzada de la puerta Este de la ciudad de anuncia la presencia de una solitaria figura. Coreando el dolido suelo cada paso que da con las puntas de acero de sus botas, y chocando su cota de mallas contra el negro peto de la armadura reforzada, Zheydn hijo de Virgilio camina por la ciudad de la moneda, en el invierno de sus 17 años. Aunque su semblante se mantiene ausente, tranquilo y enigmáticamente indiferente, la mente del Novicio, ahora Cruzado, se mantiene sumida en extrañas reflexiones.

-(...¿Qué impulsaría al Señor del Fin de Todas las Cosas a descender de su cargo como Juez...? ¿Qué puede llevar a que un dios termine cansado de su posición, y lo lleve a caer en la absoluta oscuridad?...)


¿El desgaste?, piensa para sí, y al caer en esto, le sobrevienen las palabras del Maestre de la orden que le vio crecer y enseñó todo lo que sabe.


"Conocer el verdadero poder de la Muerte es conocer el absurdo de la propia existencia, y obtener la conciencia de que el hombre y sus creaciones son como nubes en un breve día de verano, termina por resultar una maldición... "


Alza la mirada hacia las estrellas, deteniendo su marcha por un momento, y desde donde está, tan pequeño e insignificante comparado con la vasta y abismal negrura que es el cielo de la noche, no puede sino sentirse débil, minúsculo.

Es en aquella oscuridad que sus castaños ojos se pierden, pensando en lo tremendamente duro que resulta caer en el conocimiento de que su existencia es efímera, pasajera...
...Que todo conduce a un final, a una gran oscuridad que todo lo devora y en la que hasta los dioses se sumergen, ciertamente ¿No hizo esto el propio Yergal, del que ahora es un Cruzado?


Pero, ah, he ahí que no solo está la negra noche. Un pequeño gesto inconsciente de su mano, un acto reflejo, le hace volver a tomar conciencia de sí.

Ahí está, existe, es una presencia que, pasajera y efímera, o no, ahora mismo existe. Ya morirá, ya se unirá al oscuro mar que es la muerte y que ahora ve encarnado en la noche.

- (...Porque al fin y al cabo ¿Qué es una noche sin estrellas?...)

Débiles puntos cándidos que brillan con fuerza entre un fondo de ébano, que también morirán.....pero que aun así pueden brillar profundamente y ser un foco y guía para los que clavan su vista en ellos, desamparados. Y con estos pensamientos, no puede evitar que una de sus olvidadas sonrisas aparezca en su rostro. Entorna los ojos, hasta cerrarlos lentamente, y se permite regalarse esos instantes de paz.

...Una respiración honda, un deseo de vivir, de crecer como solo los titanes pueden, de reír con tal fuerza que estremezca al mundo....

Y cuando vuelve a abrir los ojos, la sonrisa disminuye, para volver a su neutra expresión de seriedad. Solo en su fuero interno, bastión inexpugnable, mantiene esa sonrisa esperanzada.

Con el pesado caminar que le fuerza la negra armadura completa, retoma la marcha, volviendo a sus asuntos mundanos y dejando sus reflexiones.
 
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