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_Miau_The_Return_

El que aplaude en los discursos Zhent
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No soy quién, para reprochar nada a nadie. Ni juzgar.

Solo guío y ayudo a aquellos que deseen ayuda.
Más las ultimas situaciones, hacen que los nervios de la persona más templada se alteren.
Amados amigos, ahora llamados enemigos.
Viendo enemigos en aquellos que, tal vez, no sean mas que víctimas desafortunadas de las circunstancias.
Y en toda esta desunión, nuestros enemigos, aprovechan la situación para realizar el acto más vil de todos; La Muerte.

Creo que una voz, llamando a la serenidad es importante.
Amn se está volviendo frenéticamente loca.

Pues mucho me temo, que algunos de aquellos que deberían guiar a muchas almas, han errado su caminar.
Pues, ¿hay algo que sea mas preciado, que la vida? Y no me refiero a la supervivencia. Ni a la propia vida.
Sino a la vida en general.

Tal vez algún día, sea capaz de comprender y entender los motivos. Más hoy en día soy incapaz.
Intento ser comprensible, ya que si algo nos otorgaron los Dioses, fue el Libre Albedrío.
No obstante, quien ostenta cierto poder, no puede permitirse el lujo de hacer lo que "quiera".
Se le llama Responsabilidad.

Imploro día tras día a mi Diosa, que me ayude a entender.
Sí. Muchos de ellos son ardientes corazones. Y ensalzo y valoro eso, pues yo comulgo con ese sentir.
Pero, algunos, están perdiendo el sentido común.

Pues las nobles almas, no deberían incitar las guerras. Ni comenzarlas.
Nuestras decisiones, no solo nos atañen a nosotros mismos. Uno mismo puede decidir por uno mismo.
Espero, que tras esta locura, el Amor y el Perdón sanen las heridas que inevitablemente se están formando.

Mas ¡Cuidado! Nuestras decisiones, también afectan a aquellos que sufrirán las consecuencias.

Yo de momento, seguiré los dictados de mi propio corazón.
Y si estos dictados me conducen a la muerte, pero consigo que los demás sobrevivan,
Así sea.
 

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Esa maldita lagartija, no se si se ha vuelto loca, desesperada u otra cosa.
No sé si será una de esas cosas o todas.
¿Cómo se le ocurre destruir algo tan sumamente hermoso?

Solamente estuve una vez allí.
El dia que mi hermana Fery se prodigó en alabanzas sobre la Suma Sacerdotisa Selise.

La verdad es que me impactó.
No solo por la belleza prístina del lugar.
Sino por la pasmosa tranquilidad que se respiraba en el lugar.
En pocos sitios me había sentido tan bien. Y ahora... ahora… ¡Destruido!

¿Y para qué? ¿Para enviar un mensaje? ¿Para alzar su voz por encima del mundo?
La furia del trueno, dicen. Las alas de tormenta.
¿Pero quién castiga a los inocentes para vencer a sus enemigos? Lagartija malnacida.
¿Quién destruye un santuario para hablar de justicia? Lagartija cobarde
¿Quién asesina a suplicantes desarmados y lo llama orden? Lagartija asesina

Cada palabra que escucho, me golpea en el pecho.
Cada imagen que me describen, mi corazón arde con furia.

Maldita seas, Iryklathagra.
Te vistes de majestad, pero en tu furia no hay nobleza.
Has ensuciado algo sagrado.
Has profanado no sólo un templo, sino una idea.


Y si querías sumisión, con ese acto. te has equivocado.
 
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Estoy sentada, en la Calavera del Ogro.

La gente procura hacer algo de vida normal, pero la tensión se siente en el ambiente.
Murann está a las Puertas.
El miedo entre la población es palpable.
Me paso la mayoría de las horas, paseando, hablando con los lugareños.
Riendo y jugando con los niños.
Ayudando a los mayores que casi no pueden ni con sus propias almas.
Reconfortando corazones.

Estoy segura que hay muchas personas que desaprueban mis acciones. Mis compañías.
Sin embargo, vivimos tiempos de excepción.
Jamás seré amigo de ninguna persona de índole sombría u oscura.
Ni de arcanos de ropajes rojos y calvos.
Puede que ellos tengan sus intereses ocultos; lo más seguro que sea así.
Pero en este momento, no estamos luchando por el Bien o por el Mal. La Ley o el Caos.
No lucho por ninguna bandera. No lucho por ningún tipo de reconocimiento.
En estos momentos, ni siquiera lucho por los ideales de mi Diosa.
No.

Lucho por la gente.

¿Qué sería de nosotros sin la gente?
Campesinos. Mercaderes. Nobles. Infantes. Guardias.
Son la base de cualquier sociedad.
Sin ellos no hay pueblo. Ciudad. Región.
La zona sería un lugar baldío. Muerto.

Muchos claman por ayuda. Hay gente que pregunta si la supuesta protectora de Amn vendrá.
Mientras el Amor y la Pasión inunde nuestras almas, eso nos dará más que fuerzas.
Por eso estoy aquí. Mi presencia en una confrontación bélica, apenas significa algo.
Pero animaré. Ayudaré. Reconfortaré. Sanaré.
Esa es mi labor aquí. Y así será, aunque mi cuerpo se resquebraje.
Por la gente.


Tiempo ha pasado desde que pisé este lugar. Ahora sin embargo, es mi Tierra. Es mi Pueblo.
 
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Comienzos

El tiempo transcurre. Para todos.
En algunos de manera mas pausada y en otros de manera mas rauda.

Echando la mirada atrás, a veces parece que fue ayer.
El día, que a las Puertas de Athkatla, me encontré con una singular pareja.
Una gran alta y corpulenta semiorca, y su contrapunto, una delicada, bajita y delgada elfa oscura. En ese preciso momento, comenzó mi vida, tal y como la recuerdo.
Jamás pensé, que encontraría a tan singular pareja.

Me abrieron la ciudad; sus calles, sus tiendas, sus edificios, sus barrios.
Todo era nuevo, singular y hermoso.
Finalmente, el Majestuoso Templo, hermoso y rayano en lo hermosamente divino.
Todo era alegría y gozo.

Las dejé con sus quehaceres y yo comencé con los míos.
Las primeras dekhanas, ayudaba con los quehaceres del Templo y cuando mis deberes me daban tiempo, usaba aquel tiempo maravilloso en recorrer la ciudad, en conocer sus gentes.

Así, tuve el placer de empezar a conocer gente.
La alegre y rebelde Calendil. Ágil y escurridiza como una ratoncita singular.
Amiga, muy amiga de sus amigos.

La risueña y divertida Kath. Alegre y sin par. Alguien con quien charlar y confiar.
La hecho muchísimo de menos.

Damaris. La gris. La desamparada. Sin embargo, dentro de su propia negrura interna, veía que su alma, titilaba como ninguna.
Sólo necesitaba que alguien le diese la oportunidad para brillar,

Asqel. El silencioso y misterioso. Un hombre singular, aunque a veces mordaz.

La Dama Madeleine, la cual odia que la llame así. Pero es respeto.
Admiro su sabiduría y su saber.

Astrid. Con su eterno y singular ampuloso sombrero.
Tal vez al principio resultase algo "especial", pero una vez conocida, es una mujer sin par.

Olyssia. Ágil, y al mismo tiempo poderosa. Su mirada es determinante.
Y es alguien muy perspicaz.

Alice Valdor. La incombustible. Es simplemente impresionante, como alguien pueda tener semejante caudal de energía. Tal vez sea su ascendente divino.

Arianne, la Brillante. A pesar de su aspecto y comportamiento distante, ha demostrado ser alguien, que una vez con los pies en el barro, se puede confiar.

Druulxxxx. Es un nombre, que ni siquiera se como escribir. Un ser demasiado lógico y metódico para mi parecer. Sin embargo, con el tiempo, su interior de sangre fría se fué calentando. Me alegré cuando su carácter se atemperó.

Sí, la verdad es que he ido tratando y conociendo a más personas. Sin embargo, mencionar a todo el mundo, me daría para muchas horas de vigilia.


 
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Las peligrosas sombras de Amn
Así pasaron las dekhanas.

Alternando mis labores, como Novicia en el Templo de la Dama de Igneos Cabellos, con el poco tiempo que tenía, en conocer la ciudad.
Habitualmente, permanecí en lugares cómodos, conocidos. El Distrito de los Templos, el Distrito del Puente, y principalmente los Llanos.
Mi interés era conocer a la gente que allí se movía; mercaderes, habitantes de Athkatla, aventureros, habitantes de las zonas aledañas a Athkatla; pero mi tiempo transcurría principalmente cerca del Templo de San Annur.
Las hermanas son muy conocidas, no solo por sus maravillosos dulces (¡los cuales son muy ricos!) sino por auxiliar a toda persona que necesite ayuda, sanación o simplemente charlar. Así pasé muchas jornadas; colaborando si las hermanas lo necesitaban.

Sin embargo, mi curiosidad me corroía por dentro. Mi hermana Fery, ya me había advertido, que evitase entrar en la Zona Pobre de la ciudad.


-Allí permanecen, Sombras. Personas que no desean nuestra presencia-
Aquellas palabras permanecieron en mi psique, procurando mantener todo el cuidado posible.

No obstante...
El corazón de las personas es apasionado, voluble. Y más aun el corazón de una Sunita.

Allí me encontraba, charlando con el silencioso Asqel. Había escuchado de sus labios, como siendo un respetable Guardia de Amn, había sido prácticamente menospreciado. Y como tomó su decisión de dejar el servicio activo.
No obstante, la charla de aquella noche, iba por distintos derroteros. Me contaba como fueron sus inicios en la Guardia.
Entre otras viles pruebas, como las Peligrosas Sombras, lo habían secuestrado, como lo habían torturado, mientras el soportaba aquella prueba, sufriendo un agónico dolor.

El corazón me palpitó.
Escuchar cada una de sus dolorosas palabras, eran una afrenta.
Aquellas Sombras, habían infligido un dolor inaudito a un amigo.
Ni lo pensé, salí corriendo de allí.

Por una experiencia previa, sabía a donde ir, sin incurrir en un "asalto a su territorio". Fui al Cementerio y allí, en un arco concreto, tras escribir con rapidez. coloqué una nota.

"A una buena alma, no se le puede arrebatar su alegría. Enfrentaos a mi si queréis. La Luz de mi Corazón, la Ardiente Pasión de mi Diosa, hará que entréis en razón. Aquí. Mañana. Nos veremos"

Tras aquello, y sin haber pensado en ningún momento las consecuencias, satisfecha por mis acciones, volví. Y en el camino de vuelta, ví a un preocupado Asqel, buscándome.


-Calistia. ¿Donde os habiais metido?-
Me preguntó, con su habitual tono neutro, pero noté por su tono, una nota de preocupación.

-Nada- Respondí. -Solo advertir a unas malas personas-


-¿Pero que has hecho, Calistia?-
Me preguntó. Era evidente, que había hecho algo, que el sabía que desaprobaría.

Ni siquiera tuve tiempo para decir nada, pues una silueta corpulenta y risueña se acercó a nosotros.


-Fery- La llamó Asqel. - Habla con ella, ya que a mi no me quiere decir nada-

Mi Hermana, con su habitual sonrisa amable, me miró y me preguntó:
-¿Que habéis hecho, querida Hermana?-

Les conté, todo. Con pelos y señales. A cada palabra que salía de mis labios, la expresión de mi querida Hermana, demudó la expresión. Su faz se tornó extrañamente seria; muy seria. Al verla así, mi corazón dio un vuelco, al ver que de manera inconsciente, había hecho un acto muy peligroso.

-Llevadnos allí-
Me dijo mi Hermana en tono muy serio.

Les llevé allí, les enseñe el lugar exacto donde dejé la nota. Fery la cogió con sus enormes manos y me la tendió.


-Escuchadme bien, querida Hermana. Esto que habéis hecho es muy peligroso y malo. ¡Jamás! deberéis hacer algo así, ¿Entendido? Ahora sed buena, rompedlo, y prometedme que jamás haréis tamaña locura de nuevo. -

Verla en ese estado, que nunca jamás la había visto, atenazó mi pobre corazón.
Rompí la nota y salimos, de allí, al mismo tiempo que sobre los compases de mi corazón, la tristeza y las sombras, lo embargaba.
 
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La guerra… ¿cómo describirla sin escupir cada palabra como si fuese veneno?

No hay belleza en la guerra. No hay amor. No hay canto, ni perfume, ni caricia que resista el hedor de la sangre. La guerra lo consume todo.
Arranca la cordura, la compasión, incluso la fe, si una no se aferra con uñas y alma.

Yo la detesto. Me repugna. Me hiela por dentro.
No hay gloria en un campo sembrado de cadáveres, ni virtud en la espada que siega una vida, por justificada que digan que esté. Quien canta alabanzas a la guerra jamás ha visto llorar a un niño con la túnica de su madre ensangrentada entre los dedos. Jamás ha sentido el vacío de un templo silenciado por el miedo.

Y sin embargo, no soy ingenua.
No siempre se puede huir. A veces, incluso el amor debe alzarse. No por orgullo. No por venganza. Sino para proteger aquello que es más frágil, más puro… los inocentes.
Yo, Calistia, nunca alzaré la mano para atacar. Pero si la vida de un niño, el corazón de un anciano, o la bondad de alguien que no puede defenderse, se hallan en peligro ... Entonces seré escudo. Seré luz. Seré bálsamo y llama. Porque a veces, defender también es amar.


***********************************************************************

La primera. El Culto de la Salvación. Aquel nombre, tan irónicamente elegido, ocultaba una verdad vil. No ofrecían salvación alguna, sino servidumbre disfrazada de redención. Se adueñaron de las mentes … y algo peor: manipularon los sentimientos.
Torcieron el amor, lo que debía sanar, en una cadena que los ataba a su voluntad.

¿Quise luchar? No. No lo deseaba.
El conflicto me repugna, y sin embargo, ¿como permanecer quieta cuando el engaño cubría toda una ciudad? Aquello no era una batalla de espadas, sino de verdades ocultas. Había que desenmascararlos.

Nos adentramos en las alcantarillas, aquel oscuro vientre de Crimmor, donde lo bello no tiene cabida y la esperanza se diluye entre el moho y el silencio.
No encontramos ciudadanos… encontramos sombras de ellos. Fanáticos. Espíritus ya quebrados, arrancados de toda elección, convertidos en instrumentos sin alma. Nos atacaron con furia ciega. No era su culpa. Pero ya no quedaba palabra capaz de alcanzarlos.

Las lágrimas resbalaban por mis mejillas mientras mis compañeros combatían. Yo… curaba, imploraba, temblaba. La neblina lo cubría todo. No solo la vista. Cubría el alma. Confundía la voluntad, susurraba a los pensamientos. Sentí que mi fe tambaleaba con cada paso hacia el fondo.

Y entonces lo vimos. Aquella escultura.
No, no era una escultura. Era un altar viviente a la corrupción. Un rostro grotesco deforme, cincelado con odio, tallado con locura. No necesitaba voz… pero habló. Su sola presencia desgarraba los pensamientos.
Palabras imposibles me invadieron, sin lengua que las pronunciara.

Caí. Caí de rodillas, y luego al suelo, como si la tierra buscara engullirme para protegerme. Me sangraban los oídos, y sin embargo, seguía oyéndolas. Golpe tras golpe. Como cuchillas en mi mente. Mi consciencia se apagó, pero la pesadilla no cesó.

Aquel día supe que hay guerras que no se libran con espadas.

Y también aprendí … que no siempre basta con amar.


********************************************************************

Y entonces, cuando las cenizas del Culto de la Salvación aún danzaban en mis recuerdos, la guerra volvió a mostrarme otro rostro.

Fue en Purskul, la ciudad del grano, donde la tierra fértil se convirtió en páramo de huesos y de carroña ambulante. Ellos llegaron bajo la luna velada, empujando sus cuerpos sin vida contra nuestras murallas, y tras ellos, sombras envueltas en túnicas negras que conjuraban blasfemias contra todo lo que yo considero sagrado. Cada defensa, se volvía grieta por la que se colaba la putrefacción de su magia corrupta.

Con la voz quebrada y las manos temblorosas, sostuve la esperanza como si fuera la última vela en mitad de la tormenta. Pero cuando los brujos cayeron y los no muertos se deshicieron en polvo, la paz volvió a burlarse de nosotros.

Porque allí llegaron ellos …
Draconianos, engendros nacidos de huevos traicionados, con alas reptilianas y corazones de piedra. Vinieron a devorar lo poco que quedaba intacto, arrasando cosechas, quemando hogares y grabando en la mente de todos que la guerra nunca tiene un solo rostro.
Yo me planté firme, no para herir, sino para vendar, para susurrar palabras de amor a quienes se creían perdidos.

Que nadie me diga jamás que fui a la guerra por gusto: si empuñé mi báculo, fue por aquellos que nada tenían con qué defenderse.

Y mientras quede una chispa de belleza, la protegeré con toda mi fe.


***********************************************************************

Y así, la guerra decidió vestirse una vez más con el manto del espanto en Imnescar. Fui allí no para blandir acero ni alzar estandartes, sino para ofrecer mi voz, mis manos, mi compasión a aquellos que no empuñarían jamás una espada.

Sabía que Murann avanzaba como una marea oscura, que sus tambores de guerra retumbaban ya más allá del Portón Sur.
Y cuando ese portón cayó, con un crujido que sentí en mis propios huesos, comprendí que la tragedia ya no se podía contener.

Los campos junto a la abadía de Hydcont ardían como antorchas. El fuego lamía la piedra sagrada mientras los gritos de los campesinos y peregrinos se mezclaban con el fragor de los aceros. Por el este, las columnas de soldados de Murann se abrían paso como víboras, estrangulando calle tras calle hasta asfixiar la esperanza de los defensores.

Y en medio de todo, yo, Calistia, temblé cuando escuché el pregón de su Lord Brujo:


‘Los habitantes serán encadenados, conducidos como bestias, sus destinos peor que la muerte.’

Hubo un instante, un único instante, en que sentí la ira bullir como lava en mis venas. ¿Cómo se puede amenazar así a inocentes, a ancianos, a niños, a madres que nada conocen de estandartes ni conspiraciones?

Pero no vine a destruir, vine a sostener. Mi báculo no es para quebrar huesos, sino para sostener cuerpos. Mi voz no es para arengar a la guerra, sino para susurrar consuelo entre los gritos.

Si Imnescar debía caer, que la esperanza no muriese con sus muros. Si Murann nos arrebataba la libertad, no dejaría que arrebatase también la dignidad.

Que la diosa me dé fuerzas para seguir creyendo en la belleza de los vivos, aun cuando la guerra hace todo por devorarla.

Pues en la vida, hay esperanza.


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La vuelta desde Imnescar, ha sido dura para todos nosotros.
Al contrario de lo que muchas personas puedan creer, no es por la derrota.

No.

Sino por la pérdida de tantos personas. Amigos, conocidos y desconocidos.
Por la pérdida de tantos miles inocentes.

No soy ninguna experta ni en estrategias ni tácticas.
Para ello, confío en quien sabe de tales menesteres.
Se que cada uno de nosotros hicimos todo lo que estaba en nuestras manos.
Sin embargo, siempre hay cosas que escapan a nuestro control.
Siempre hay una parte de Caos y de hechos inesperados.

Sin embargo, dar vueltas a lo acontecido, no nos va a devolver a las personas caídas.

Pasar página, como mas de uno diría.
O perdonar y aprender, que prefiero pensar. Pero no olvidar.


La culpa y el dolor hace mella en cada uno de nosotros. Y cada uno lo lleva a su manera.
Yo tengo una suerte inconmensurable; parte de la esperanza de Imnescar, duerme de manera plácida en mis brazos. Imnescaria.

Sacudo mi cabeza, ya que no podemos hacer gran cosa, ante lo acontecido.
Salvo rendir pleitesía y honrar a aquellos que ya no están.

Me reuní con mi hermana Fery. Ambas estábamos extenuadas.
Sin embargo este cansancio iba mas allá de lo simplemente físico.
Nuestros espíritus estaban dañados y eso se reflejaba en nuestros cuerpos.
Sin embargo, tras hablar durante horas, pensamos que podríamos hacer algo, para honrar a aquellas almas, pudieran descansar en paz. Así pues, decidimos realizar;

El Rosal de los Héroes y Heroínas de Imnescar

La alegría fue amplia, no solo de ver rostros amigos, sino también de ver gente desconocida, que sin embargo, querían rendir pleitesía a aquellos héroes anónimos. Gente que hasta hace poco estaban enfrentados, reunidos en un acto solemne. Por los Caídos.

No queríamos un acto, que acabase aburriendo a los asistente, sino persona que quisera, pudiera aportar su propia semilla. Entregamos a cada asistente, un esqueje, los cuales habíamos preparado con esmero. Cada asistente, usando sus propias manos, abrió surcos en la tierra, para plantar los esquejes.
Personas ataviadas con colores pardos, colores rojos, colores azules, colores oscuros, todos y cada uno de ellos, aparte de plantar su propia parte del Rosal, formaba parte de un colorido jardín de personas.
No pude evitar estar feliz, por aquello.


EPP.jpg

A partir de ahora, nuestras heridas internas podrán sanar, en la medida de que los rencores, no afloren.




 

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Hace tiempo, que no hago eco de mis pensamientos, de mis recuerdos.
Tal vez sea momento de volver a hacerlos.
Pues no hay mayor sanación, que reflexionar, aprender y afrontar.

Desde los terribles acontecimientos de Imnescar, mi corazón ha estado volcado en Athkatla y en mi Rosa de esperanza.
Esos momentos de relativa paz, ha sido perturbado dos veces.


La primera.
En el Distrito de los Templos. Dos conocidas y respetadas figuras, charlaban. Me acerqué. Pidieron expresar sus sentimientos, las razones de ciertos actos. Empezó bien la conversación, pero tras simplemente emitir una frase, en la cual dije mi más sincera opinión, sin querer ofender a nadie, comenzaron los reproches. Mi persona solo recibía golpes acerados. Mi corazón y mi mente se sintieron atacados. Dos contra uno. Estaba en desventaja. Sólo gracias a la Rosa que sujetaba entre mis brazos, pude hacer frente a aquel vendaval.


La segunda.
Hospicio de San Annur. Me levanté totalmente aturdida, la cabeza me dolía como hacia años que no me ocurría. Sólo recordaba haber sanado a uno de ellos, antes de caer al suelo. Allí estaban ellos dos. Pregunté que había acontecido, pues la neblina de mi mente, hacía que mis recuerdos estuviesen aletargados. Empezaron a hablar. Yo no recordaba gran cosa. Sin embargo, oí de manera nítida, aquellas palabras.


" Dáselas a ella, aunque últimamente, en vez de progresar, veo que mengua".


¿Hice lo correcto?

Se que estoy convencida de ello, digan lo que digan.
¿Debo simplemente replantearme mi vida eclesiástica?
Puede que esta pregunta, sea más complicada de responder.


Sí, las palabras duelen, y son mas dolorosas que la mayoría de las armas.
 
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