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Relatos de una Portadora del Alba

TortugaVeloz

Pastilla perdida de Lunanegra
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Capitulo primero: Un gesto con sabor a dulces.

Apenas acabaron la segunda lección de recolección que recibió Charlotte por parte de Shiphae. Se encontraban en los alrededores de Púrskul y la cantidad de carga era demasiada como para retornar caminando hacia el valle de Mínsor. Charlotte se ofreció a llevar a ambas a la ciudad mediante los dones divinos que el señor del Alba le concedía y como siempre le ofreció su lanza.
La pálida mujer se negó a ese proceder, pues llevaban varios meses considerándose amigas y el comportamiento de la sacerdotisa era demasiado distante para ese trato, por lo tanto, le ofreció la mano como gesto amistoso.

Charlotte miró la mano con expresión un tanto confusa, su compañera le explicó la situación. La sacerdotisa se mostró dubitativa, al inicio extendió el brazo, pero rápidamente lo recogió llevándose la mano a la altura de la cara. En ese momento se ensimismo durante unos segundos, pero un lejano recuerdo le vino a la mente.

— Charlotte, vamos, he encontrado algo fascinante. — Dijo Uriel mientras levantaba un arbusto del orfanato que daba a un agujero por el que ambos solían salir a hurtadillas. Charlotte hizo lo correspondiente y pasó por el agujero y corrió detrás del joven evitando la mirada de los transeúntes mientras se dirigían al distrito de la esplanada.

Una vez allí la dirigió por detrás de unos tablones, acabando en una casa mas lejana al resto de la ciudad, allí no podían apreciarse los olores tan característicos de esa zona de la ciudad, por lo que Charlotte no se sentía tan incomoda. Ambos entraron a la casa abandonada, Uriel trasteaba los muebles rotos que esta tenía, pero sabía perfectamente donde se dirigía, de detrás de una estantería sacó una sacó un par de escalones con los que se ayudó para saltar a una trampilla que había en el techo, el muchacho era ágil y un poco mas mayor. Charlotte en silencio intentó llegar sin éxito, a lo que Uriel le extendió la mano y le ayudó a subir a la azotea.

Una vez arriba, no podía verse mucho entre la penumbra, pero esta, al contrario que el resto de la casa estaba bastante limpia y de las sombras sacó un saco que no tardó en desatar. El saco estaba relleno de una docena de dulces que devoraron entre ambos en cuestión de minutos.

Esos sabores eran nuevos para ella y se mostró fascinada por el nuevo descubrimiento, lo que la dejó pensando un rato. Entonces Uriel con una sonrisa le extendió la mano a Charlotte.

—Charlotte.— Escuchó la sacerdotisa saliendo de la soledad de sus propios pensamientos y dio la mano a Shiphae con una sonrisa en el rostro.

Offtopic :
Aquí el inicio de los relatos de Charlotte, espero subir mas con el tiempo aunque no tendrán un orden cronológico.
 
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Pastilla perdida de Lunanegra
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Capítulo segundo: Si un gur te da limones...

Era una mañana de invierno cuando Charlotte retiraba uno a uno, de manera minuciosa, todos los pelos que cuchara dejaba sobre la cama. Cuchara era la gata que su momento la caballero Maryam le había otorgado tras encontrarla en Tethyr, una gata negra de cabellos cortos, con mucho carácter y que apenas se dejó querer en un inicio, aunque con el tiempo se cogieron cariño una a la otra.

Mientras acababa de retirar el desastre que solía tomar varios minutos un extraño y molesto olor le llegó a su nariz. Rápidamente se giró extrañada sin entender por qué el aroma provenía de una de las numerosas macetas que decoraban su habitación, dejando realmente poca superficie libre en la habitación que se le había otorgado en el castillo. La gata había hecho una de sus trastadas, había realizado sus deposiciones en la maceta que contenía las lilas que había plantado hará menos de dos dekhanas.

Charlotte miró el tiesto y procedió a retirar las deposiciones del animal y a trasplantar las lilas a otro tiesto para salvar la vida de la flor. Este procedimiento, con el tiempo se volvió habitual pese a que la sacerdotisa intentaba educar a la gata. El tiempo pasaba, por mucho que ella lo intentara, no parecía conseguir educar al animal.

Tal era su preocupación que llevo a consultar con varios compañeros, Maryam era una experta en tratar con gatos, pero no parecía haber tenido ese problema, Carla simplemente no parecía tenerles aprecio a esos seres así que no iba a poder ayudarla, Raylock podría ayudarla, pero su gato era mágico y obediente. No fue hasta que con Carla volvió a comentar el problema delante de Cass, el gur, y este hizo una sugerencia, dijo que a los gatos no le gustaban los limones y que podría probar con ello.

Nada más a llegar al castillo Charlotte se dirigió al mercado de Mínsor para comparar una cesta de limones y comprobar si eso era cierto, así que en cada maceta colocó un limón al lado de las flores para ver si funcionaba. Como era de esperar no surgió efecto. Charlotte se tumbó en la cama, mirando hacia el techo pensativa. Cass dice muchas tonterías que no suelo entender, puede que no fueran limones lo que quería decir?. Una vez hecha la reflexión procedió a aprovechar los limones para hacer zumo para los escuderos que entrenaban arduamente en el patio de armas. Una vez regresó vio las cortezas del limón y tuvo la maravillosa idea de usarlas como abono para darles un provecho.

Aquel día no hubo olores extraños, Cuchara ese día no había envenenado ninguno de sus maceteros. A eso se refería el gur. Pensó la sacerdotisa sorprendida sobre como una solución tan simple evitó ese problema. Desde aquel día la colección de Charlotte no hizo mas que crecer y se dedicaba cada dekhana a dar una visita al mercado para comprar una generosa cantidad de limones con tal de proteger las plantas aromáticas y flores que tanto le tranquilizaba cuidar.
 
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Pastilla perdida de Lunanegra
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Capítulo tercero: Mi propia luz.

Aquella noche Charlotte se tumbó en la cama de sus aposentos dispuesta a dormir, habían sido días duros y por su cabeza pasaban varios pensamientos que le dificultaban el sueño. Por su cabeza aún rondaba la imagen de Ecthelion, el entonces maestre, enfadado con ella y retirándole las armas bajo las palabras “¡Eres peligrosa Charlotte!”.

Razón no le faltaba al maestre, estaba pasando por momentos de flaqueza, su antigua maestra estaba cada vez mas distante en aquel momento, hasta el punto en el que abandonó la organización, las pocas veces que había hablado con ella tras ello, la sentía hostil y cada vez la veía se sentía mal. Además, no sentía estar haciendo una buena labor de Caballero con su escudero, muchas veces le contaba entenderlo y empatizar con él. Para colmo recientemente había sido mordida por un insepulto, maldiciéndola y provocando que una araña terrible la reclamra su alma.

Aún podía recordar los sucesos del último día, estaba viendo una sombra, la de una araña pequeña que le solía hablar, le susurraba maldades y se reía de ella por no hablar del horror que suponía sentir sus patas corriendo por todo su cuerpo. Ella era la única que podía verla, aquel día la sombra se posó sobre Anith y amenazó con asesinarla, justo en el momento que iba a morderle en el cuello Charlotte golpeó a la sacerdotisa de Sehanine con todas sus fuerzas con tal de evitarlo, provocando la ira del maestre y llegando a su situación actual.

Tras una infinidad de vueltas en la cama, consiguió conciliar el sueño. Se despertó en un lugar denso y oscuro, como el mismo vacío. Puede que esto sea cosa de la maldición? Pensó mientras miraba extrañada alrededor, posteriormente se levantó y una vez de pie se miró las manos, pudiendo apreciar que la marca había desaparecido de su mano. Apenas podía ver mas allá de un metro, así que mediante unos rezos iluminó su colgante del Señor del Alba. Lathander sigue dándome su bendición, sigo viva. Pensó con una leve sonrisa en el rostro que no tardó en desvanecerse cuando una araña gigantesca le atravesó el cuerpo como si de un fantasma se tratará, hizo un intento de seguirla con la pero esta, ya estaba demasiado lejos como para verla. Acto seguido un pequeño ejército de pequeñas arañas empezó a aparecer, empezando a subir por las piernas de Charlotte. La sacerdotisa intentó defenderse, aplastándolas con las palmas de su mano, pero había demasiadas y no paraban de avanzar por las piernas de la sacerdotisa.

Entonces unas risas acompañadas de voz femenina resonaron en aquel inmenso vacío:

- Yo estoy saciada, estoy completa… pero a vosotras aún os queda más por delante, pequeñas. Alimentaos de su miedo, su sombra y creced para toda la eternidad.

- ¡Eso no era lo que acordamos! -Dijo la sacerdotisa alzando la voz en un grito.

- La protección de mis crías, ellas perdurar. Déjalas crecer y harán mucho más de lo que yo lo haría con este cuerpo. – Le replicó la araña riéndose nuevamente de ella.

Charlotte frunció el ceño y le replicó tras conjurar una tormenta de fuego acabando así con todas las arañas en cuestión de segundos.

- Si esas son tus intenciones, acabaré con ellas. Al principio ví a una madre que solo quería defender a sus crías. ¡Ahora no eres más que una sádica!

De golpe la lathanderita escuchó una nueva voz, esta era diferente, ya no era esa voz femenina y maliciosa, si una voz grave y sosegadora que retumbaba en su mente y que a medida que hablaba iba iluminando el lugar con cada palabra.

- Una madre sádica que hará lo que pueda y cuanto quiera para salirse con la suya y proteger a los suyos. Es débil de cuerpo, seres marchitos y eternos condenados a vagar como parásitos. Una madre que haría cualquier cosa por evitar que sus crías siguiesen semejante destino a otro que implica el más radiante Sol. Mortal, la paz se quiebra en cuanto te maldicen tu más preciada intimidad que es la mente. Sus corazones están podridos por mucha palabrería que resuenen.

Pronto, una luz se originó delante de Charlotte y sin mucho tiempo para reaccionar, le mostró como la enorme araña yacía muerta y devorada por sus miles de crías y posteriormente como estas invadían lentamente los bosques, alimentados de humanos y campesinos.

La sacerdotisa observaba la escena con una cara que dejaba claro el horror que sentía en aquel momento, cuando la voz sosegada volvió a sonar en su cabeza.

- Seres desesperados que toman medidas desesperadas, Charlotte.

Tras estas palabras el suelo se tornó un foso de color verdoso que le cubría hasta las rodillas y algún obstáculo la hacía prisionera impidiéndole moverse.
- Pero ella, podría haber encontrado otra solución. La esperanza es lo último que debemos perder. No debemos causar a los demás aquello que intentamos evitar. – Dijo con su habitual tono poco expresivo mientras intentaba liberarse de lo que fuera que había ahí abajo.

En ese momento, del fluido se alzaron cinco cuerpos completamente podridos, estaban vestidos con el tabardo de la Orden del Radiante corazón. Charlotte los miró con cierta desesperación, alzando la mano al frente intentando alcanzarlos, aunque aún estaban bastante lejos.
- ¿Qué ha hecho? ¿Ellos están bien? ¿Quién es ella? – Preguntó con voz nerviosa.

- Ella fue como tú, una mujer bella que un día brillo como nadie, pero su esperanza se resecó en su pecho. – hizo una breve pausa – Medidas desesperadas para una mujer desesperada, sus intenciones no eran crueles, ni mucho menos, pero a su paso todo aquello que la rodeaba la envenenó. Por el amor y anhelo, hasta los mas inocentes son tentados a cometer atrocidades, Charlotte. Renuncio a tanto que ni ella misma fue capaz de verse a sui misma nunca más, ni la sombra que le perseguía. Desesperación y amor, una protección y una salvación. Una leve decisión puede desembocar en catástrofes inimaginables.

En el momento que el discurso acabó las figuras se hundieron de nuevo en lodazal verdoso, pudiendo así reconocer a Tada, su escudero, Raylock, su compañero y el Maestre Ecthelion. Acto seguido buscó al ente de luz con la mirada.


- Pero ahí es donde reside nuestra voluntad y fe, todo puede mejorar sin necesidad de causar daño. Yo misma me he visto tildada de ladrona y marginada. No tuve a nadie con quien hablar o una casa donde dormir. Si tan solo… -Bajo un momento la mirada y se recompuso firme- hubiera resistido hasta que alguien le enseñara el camino de la luz. – Dijo la sacerdotisa con firmeza en sus palabras.

- Los caminos de luz pueden ser tentado y engañosos sacerdotisa. – Insistió la voz profunda- Un ser impuro como esa mujer marcaba tu carne solo para atormentarte y lograr arrancarte la esperanza con los años. La usurpadora la llamaban.

- ¿Entonces?... – Hizo una pausa ladeando la cabeza
– Me estas diciendo que aquello en lo que creo no es real? Si es así estas muy equivocado. -Dijo perdiendo su postura cohibida.

La voz que retumbaba en la cabeza de Charlotte se mostró confusa.
- ¿Qué nos quieres decir con que nos equivocamos? Te escuchamos.

¿Os escuchamos? ¿Son más de uno? Pensó la sacerdotisa antes de alzar la voz con decisión.

- El camino de la luz representa el bien y la esperanza. Precisamente no es un camino tentador, es un camino duro de seguir y lleno de exigencias. Las tentaciones son las que te hacen salir de ese mismo camino. Pero no esperaba que tuviera esas intenciones.

- Las palabras de ese ser aludían a la tentación, pues para nada eran buenas y esperanzadoras. Ella trató de enseñarte una luz, una única luz propia en la que ella creía. La mas radiante luz borraría semejante aberración. – La sacerdotisa bajó la mirada mostrándose reflexiva ante las palabras del ente. – Crees en la luz, pero creíste en su propia “luz”, sin estar atenta a las consecuencias que podría desatar dicha luz. Valorar bien vuestros pasos, creed fervientemente en vuestra causa, sopesando quienes te rodean y las posibles consecuencias. Un mal preocupante ha sido erradicado, ahora estas a tiempo de endurecer tu voluntad. Muestre el mas radiante atisbo de luz allá donde vayas y no dejéis que unas manos cubran vuestros ojos.

La lathanderita alzó la mirada y mirando al ente de luz, aunque cegada recitó las siguientes palabras:
- Entonces portaré mi propia luz a todos a partir de ahora. Pues mi luz es aquella que trae el amanecer. Aunque no caeré en la soberbia. La mota se sacudió de un lado a otro, dejando motas luminosas que se esparcieron por el lugar iluminando por completo la estancia.

Entonces Charlotte despertó, levantándose de golpe y mirando a su alrededor de forma confusa.

Offtopic :
Es de una escena de hace bastantes meses, pero algún día tenía que subirla.
 
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Capítulo cuarto: La pequeña Blanca. (Parte 1)

Ha pasado ya una dekhana desde que se adentraron en aquella tétrica cripta bajo el suelo del cementerio de Athkatla. Los aventureros habían conseguido derrotar a Peter, aquel vampiro con forma de niño que engañaba a los pequeños que se acercaban al cementerio para jugar con ellos.



Charlotte aún recordaba las montañas de cuerpos y los bizarros muebles de madera manchados en sangre que había en aquel lugar donde jugaba con los niños. Y aún peor, recordaba que aquel vampiro había alzado a sus padres, solo para hacerlos sufrir y comandaba a los pequeños persuadiéndolos con juegos o empleando la magia.

Un estornudo interrumpió los pensamientos de la sacerdotisa que, sentada sobre una silla de madera observaba unos lirios que plantó el día anterior, giró su cabeza para dirigirle la mirada a una niña de tez morena y cabellos negros como la misma noche, que se rizaban hasta llegar a sus hombros. La niña había estado cautiva bajo los encantos de Peter, llevaba dekhanas sin salir de esas criptas, y se había puesto enferma por las humedades y podredumbre del lugar. La niña le observaba fijamente con sus ojos oscuros entre la manta de estampado floral que la cubría.

Charlotte se levantó y, con pasos cortos, se dirigió a la pequeña que reposaba sobre la cama. Se sentó a su lado, hundiendo ligeramente el colchón.



—¿Quieres beber algo? —preguntó.

La niña asintió. Aún no había articulado ninguna sola palabra desde que llegó. Se la escuchaba respirar con cierto ahogamiento, un sonido que había ido disminuyendo durante los últimos días.

Charlotte se levantó y le preparó una infusión caliente. Se la ofreció, dejándola sobre una pequeña mesa de madera al lado de la cama. La pequeña aún no confiaba lo suficiente en Charlotte como para aceptarla directamente de sus manos.

—Está bien —dijo Charlotte—, tómala cuando estés lista.

La niña miró la infusión durante unos segundos, y luego extendió la mano lentamente y la tomó. Se bebió el contenido de la taza lentamente a sorbos pequeños. Entonces una voz ahogada salió de la garganta de la pequeña.

—Gracias.

Charlotte sonrió perdiendo su mirada. —De nada —dijo mirando al frente.

La niña volvió a acostarse y Charlotte se sentó a su lado a una distancia prudencial. La niña cerró los ojos. Charlotte se quedó sentada con ella durante un rato, hasta que cayó en un profundo sueño.

Charlotte colocó su mano sobre la frente de la pequeña para comprobar si había reminiscencias de fiebre, sonrío al comprobarlo. La sacerdotisa se levantó y salió de la habitación cerrando la puerta tras de sí y exhalando un suspiro de alivio.

Se volvió a sentar en la silla del salón mientras observaba de nuevo los lirios. La niña aún estaba aprendiendo a confiar en Charlotte. Sabía que la niña necesitaría tiempo para curarse de sus heridas emocionales. Pero Charlotte estaba decidida a darle a la niña el hogar y el amor que necesitaba.



Offtopic :
Gracias a Ragna por esta minitrama que permite desarrollar un poco mas al pj!
 
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Capítulo quinto: Un ramo de lirios para la posteridad.

Había transcurrido apenas un día desde que se desencadenó el incidente en el Valle de Mínsor. El nigromante autodenominado "el Maestro" había desatado el terror en esas tierras, amenazando con aniquilar a sus habitantes mediante su distorsionada concepción de la justicia justo la noche antes de partir al sepelio del que fue el primer maestro de Charlotte.

Brendan, conocido como el hombre del corazón de oro, era el dueño de aquel jardín en el cual, en tiempos pasados, la pequeña Charlotte se adentró. Lentamente, dekhana tras dekhana, fue apareciendo cada vez con mayor frecuencia para presenciar sus enseñanzas y aprender un poco más sobre la fe y la naturaleza que le rodeaba en su glorioso jardín. Pese a su condición como sacerdote, no era un hombre de grandes logros y batallas. Siempre se había dedicado puramente a su jardín y guiar a la juventud con sus enseñanzas, sabiduría y experiencias del pasado.



La ceremonia se llevaba a cabo en el claro de un diminuto bosque al norte de Aguas Profundas. En el centro de este espacio resaltaba un círculo de piedras, dentro del cual reposaba un ataúd de roble reluciente, rodeado por un lecho de ramas secas cuidadosamente dispuestas.

Cuando llegaron al lugar, varios de los asistentes se sorprendieron al contemplar a aquella niña solitaria y silenciosa que habían conocido años atrás. Había crecido, transformándose en una mujer segura y elegante, que sosteniendo un ramo de lirios en su mano caminaba acompañada de un elfo de cabellos azules y del descendiente de una noble familia de menor rango, proveniente de la Ciudad de los Esplendores.

Saludos hermanos y hermanas de la Luz. – Dijo Charlotte al acercarse a la reunión. Se inclinó en señal de respeto a los presentes.

Inmediatamente se percató de que había capturado la atención de numerosas miradas. La mayoría de los presentes la habían conocido desde su infancia, y para muchos, era la primera vez que escuchaban su distintivo modo de expresarse.

En la ceremonia todos portaban ropajes blancos, la mayoría con adornos dorados que capturaban y reflejaban los últimos destellos del sol que se filtraban a través de las arboledas. El sacerdote encargado de dirigir la ceremonia dio un paso adelante mientras el resto formaban un extenso circulo alrededor de la hoguera. El sacerdote era un hombre alto y robusto de cabellos castaños y cortos que se unían a una poblada y arreglada barba que complementaba una mirada llena de determinación. Dirigió su vista al centro del círculo y comenzó a orar con su profunda voz.

“En este instante en que nuestras sombras se alargan y nuestro amado sol cede su lugar a la luminosa compañera, la luna, elevamos nuestras plegarias en nombre de nuestro hermano”.

El sacerdote de su izquierda dio un paso hacia delante colocándose al lado. Este aparentaba una edad más avanzada, se veía más escueto y con un cabello más escaso y su barba, un poco más larga mostraba designios de vejez. El hombre se aclaró la voz.

“Brendan Corazón de Oro, hoy celebramos el camino de luz que habéis recorrido durante vuestra vida para que el día de hoy puedas iniciar un nuevo camino sobre el regazo del Señor que porta la luz cada mañana”. Pronunció mientras extendía la mano señalando al centro, guiando así toda la atención de los presentes al centro del círculo.

Una mujer de cabello rubio y ojos azules con una mirada brillante dio un paso al centro mientras el último rayo de sol se reflejaba en su medallón dorado.

“Estamos reunidos aquí hoy para conmemorar todos los actos que han hecho que nuestro hermano de fe haya llegado a ganarse nuestro favor así como el del Dios de Rosa y Dorado”. Proclamó con su voz melodiosa. “Su cariño, bondad y compasión nos han acompañado a muchos y continuarán haciéndolo, aunque ahora desde los brazos de Lathander, el fuego de esta hoguera quemará sus restos mortales en designio de la renovación y sus cenizas, llevadas por el tiempo se esparcirán por la naturaleza que él tanto amaba.”. La sacerdotisa extendió la mano con un medallón dorado que tenía un amanecer dibujado a partir de múltiples gemas preciosas.

Acto seguido, se encendió el fuego bajo las ramas, que lentamente comenzaron a consumirse, avivando el fuego progresivamente. Varios de los sacerdotes hablaron de su experiencia en vida, siguiendo el orden de las agujas del reloj. Eventualmente, las llamas empezaron a cubrir el ataúd de madera hasta que llegó el turno de Charlotte. Ella perdió su mirada en el fuego justo antes de empezar a hablar.

“Recuerdo el día que conocí a Brendan. Estaba desorientada, no sabía cómo regresar a mi hogar. Él, en lugar de enfadarse y liberar su ira sobre mí, me habló de su jardín y me mostró la belleza de la naturaleza. A través de su guía, poco a poco aprendí que con nuestras acciones podemos cambiar la perspectiva de otros y ayudarles a apreciar la maravilla de este mundo. Provocando un deseo en mí de iniciar mi camino en la fe lathanderita.”. Charlotte se aclaró la voz, alzó la mirada y captó, por un instante, a una mujer de cabellos castaños claros que se ocultaba entre los árboles, observándoles. Se quedó perpleja durante unos segundos, sumida en sus pensamientos. ¿Eso es todo lo que tienes que decir? El pensamiento recorrió fugazmente su mente, parecía familiar, pero no lograba identificar la voz que escuchaba.



“Fue él que animó a iniciar mi viaje, me dijo que hallaría las respuestas que realmente buscaba. En un inicio pensé que se refería a que podría completar mi búsqueda”. Hizo una pausa ligera y encogió los hombros, con la mirada perdida y sosteniendo el ramo de lirios entre sus manos. “No creo que encontrar y regresar con mi madre hubiera sido el camino correcto para mí. Necesitaba encontrar a aquellos con los que pudiera crecer y mejorar en día a día, formándome a mí misma”. Volvió a alzar la mirada, buscando a sus dos acompañantes. Raylock sonreía de lado, como era habitual en él, mientras que el gentil a su derecha simplemente le dedicaba una sincera sonrisa y el sujetaba la mano libre. Finalmente, volvió a buscar a aquella mujer, pero ya no estaba. “Aunque he tardado en comprenderlo, su sabiduría me ha guiado día a día y espero que bajo el camino de la fe pueda honrarle como merece, siguiendo sus pasos hasta el último de mis días”.

Elevó la mirada una última vez, observando sus a aquellos que le rodeaban. Nadie dio un paso al frente, era la última en hablar. Por lo tanto al finalizar las oraciones en su recordatorio aquellos que portaban sus ofrendas lanzaron sus flores blancas a la hoguera, un conjunto de margaritas, lirios, tulipanes y rosas volaron hacia el centro ardiendo junto el cuerpo del seguidor de Lathander. El fuego iluminaba la noche, con un gran resplandor capaz de disipar toda oscuridad presente. Algunos bailaron y cantaron otros bebieron, hubo quien recitó varios poemas en su honor mientras otros se limitaron a observar y disfrutar de la celebración. Eventualmente fueron abandonando el lugar a medida que la intensidad del fuego disminuía, Charlotte quedó en el lugar, observó pensativa el fuego hasta que solo quedaron cenizas. Marchando finalmente mientras el viento del este arrastraba las cenizas hacia el bosque.​
 

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