Rokhen
Gerardo de Amn
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Relatos del siervo de la Dama Danzante
-Somos responsables de vivir la vida lo mejor posible y de ayudar a quien lo necesita -
Primera entrada:
| Dia X, mes X, Año X He decidido escribir este pequeño diario con el fin de poder dejar registrado todo aquello que veo por las tierras de la intriga, más en concreto todo lo que pueda suceder o en lo que haya sido participe en la zona conocida como Amn, donde parece que el oro y la plata son la autentica devoción de estas gentes. Al llegar estuve perdido durante unos días, conociendo a distintas personas que deambulaban por los llanos e incluso yendo de aventuras con otros, poco a poco conociendo a gentes de lo más variopinta. Muchos de ellos eran curiosos como poco, pero otros eran algo más... ¿Únicos? ¿Especiales? Digamos mejor peculiares pues, suena más respetuoso para estas extrañas gentes realmente. Si bien muchos son amables, hay otros que más tarde me han acabado decepcionando profundamente al descubrir sus autenticas facetas y hasta que punto están dispuestos a sacrificar su propia identidad por el mero hecho de tener un trabajo más fácil o, simplemente, para obtener unas manos más que pudiesen sacrificar para sus objetivos. Tratare de usar estas paginas para despejar mi mente, repasar los hechos sucedidos y aprender de las situaciones vividas para que lo ocurrido no se repita o pueda saber como abordarlo de una manera más eficiente a futuro, por el bien de mi señora y la reputación que lucho por limpiar de esta. Con la actual crisis de Amn, tengo la sensación de que tal crisis revelara más todavía las intenciones del resto de los viajeros que caminan por los caminos de Athkatla, tanto los aventureros como aquellos que pertenecen a las distintas organizaciones de la ciudad de la moneda y, de corazón, espero que no repitan la sanguinaria actitud que demostraron al inicio de esta crisis en los caminos hacia Caravassar, con los pobres que se lanzaron a los caminos en busca de algo que comer. Temo por aquellos que lo hagan, sobretodo cuando no pueda asistir a curar sus heridas antes de entregarlos a las guarniciones correspondientes como ya hice en su momento, pero más temo por la consciencia de aquellos que deban soportar las ordenes y ansias de sangre de sus compañeros, sin parar a mirar que aquellos campesinos no son bandidos por avaricia, si no por una imperiosa necesidad nacida del hambre y el desespero de los mortales en este mundo. |
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