konstantin
Sexta identidad de ladrón cofrade
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Miedo y asco.
Arrepentimiento y angustia.
Eso es lo que sentía cada vez que me despertaba, tras una noche de luna llena. Pero no todo era así, y la Bestia lo sabe. Ella te hace sentir poderoso y vivo. Cazas, luego existes. Tus sentidos multiplicados, los olores más intensos, las sensaciones más fuertes y los sabores, oh, los sabores...Sobre todo uno, que te hace ansiar y desear volver a repetir.
El sabor de la carne humana.
Y la sensación de poder cuando acabas con la vida de un semejante, cuando cazas de noche al que es cazador de día. La magnífica satisfacción después...Sí, la Bestia sabe muy bien cómo tentarte.
Puedes resistirte, claro, pero la Bestia aguarda, acecha a tu conciencia y cada vez que baja la guardia la tienta, la seduce poco a poco. ¿Bebiste demasiado quizá? ¿Miraste a la luna llena absorto durante un rato? ¿Perdiste la calma en una pelea consumido por el odio o la tensión? ¿Te distrajiste al pensar en esa mujer que hace que tu corazón lata más rápido? Lo siguiente que recuerdas es despertarte manchado por una sangre que no es tuya en un lugar al que no recuerdas como haber llegado. Y el círculo comienza de nuevo: Miedo y asco. Arrepentimiento y angustia...
No puede durar, y eso lo sabes. Sabes que tus hermanos un día decidirán que es suficiente, que eres peligroso y no debes ser tolerado. Que atarte con cadenas de plata cada luna llena no es seguro. Así que un día, decides tú también que es suficiente y te acercas a tu mejor amigo, la persona que es todo aquello que tú algún día querrías ser y le pides que te mate, sin más. Que los amigos perdidos te están esperando en el Salón del Padre Uthgard, bebiendo de cuernos sin fondo por la noche y combatiendo en batallas sin fin por la mañana. Que lo harías tú mismo, pero el Padre no deja entrar en su Salón a los suicidas, sólo a los guerreros que mueren combatiendo. Y que todos sabemos que eso es lo mejor para todos.
Pero él no es así, no sería lo que es si lo hiciera. Se niega a hacerlo, aunque también sabe que el problema ha de ser solucionado. Así que busca ayuda. Ayuda de duendes, de hermanos del clan y de quién haga falta. Remueve cielo y tierra para ayudar a un hermano. Por eso es un líder. Por eso los jóvenes cachorros imitan sus gestos y sus palabras. Por eso los enemigos temen el rugido del Viejo Oso.
Y así es cómo llegamos al ritual. Tres días seguidos, en noches de luna llena. Sin dormir, dentro del círculo que Aneirin ha preparado con las hogueras de diferentes árboles e hierbas. Una hoguera para cada punto cardinal. Solamente ella, Delom que hace de su ayudante y yo podemos estar dentro del circulo. Solamente ellos pueden salir.
No es divertido, es doloroso...mucho. Lo primero que hacen es aplastar un fruto de belladona contra tu pecho. Eso te quema. Hace que tu mente visualice tu cuerpo ardiendo y consumiéndose poco a poco mientras tú sigues consciente. Imaginas el agujero en tu pecho agrandándose y ennegreciéndose. Casi puedes oler tu propia carne quemada, chisporroteando y retorciéndose bajo el ácido jugo de la planta. Cuando esto acaba y retiran el fruto, tienes que hacer un horrible esfuerzo de voluntad para mirar, porque no quieres ver cómo te han dejado, no te atreves a mirar cómo te han deformado. Pero cuando lo haces, ves que no hay nada, apenas un pequeño enrojecimiento en dónde te pusieron el fruto...
Después viene el brebaje, maloliente, caliente y nauseabundo. Pero te lo bebes. Eso no le gusta a Ella. La Bestia se queja apenas el brebaje toca tu estómago. Y entonces despierta y comienza a cambiarte. Tus ojos se ennegrecen, tus miembros se dislocan y deforman con un sonido de huesos rotos que hace que a algunos de los guerreros más duros del clan que observan el ritual les tiemblen las piernas. Tus dientes se afilan y tu piel se cubre de un pelo negro y espeso.
Aquí es donde comienza la lucha. Aquí es donde tu mente debe sobreponerse a la Bestia.
Y es una dura lucha. Mientras te retuerces de dolor en el suelo, con tu cuerpo deformado y a medias de cambiar en un híbrido horrible, tu mente y la de la Bestia luchan. Pensamientos de uno y otro lado te cruzan la mente. Unos te dicen que luches y te resistas. Otros te inducen a arrancar la cabeza de la figura que tienes delante y que te hace tanto daño. A veces dudas sobre cuáles son los tuyos y cuáles los de la Bestia. Quizá todos sean de Ella. Quizás todos sean tuyos. Quizá seas tú el monstruo y la Bestia sólo una excusa o una manifestación de la oscuridad en tu corazón. En el fondo, has de reconocer que el ritual de la caza te gustaba y que aquella vez que asesinaste y devoraste a una joven granjera y a su hijo pequeño disfrutaste mucho, muchísimo.
¿O no fuiste tú el que lo hizo y eso son recuerdos de otro?
Quizá nunca lo sepas, aunque las imágenes que tienes en la cabeza son tan vívidas que dudas de que sea un truco de la Bestia para confundirte. Pero te niegas a admitirlo, luchas con Ella y la apartas de tu mente. Tratas de olvidar el deseo de la sangre, de reprimirlo, de ahogarlo. Quizá pensando en ella, la mujer que hace que no duermas por las noches desde hace tanto tiempo porque en cuanto cierras los ojos es su imagen la que ves y eso te hace sentir tan sólo...O quizá pensando en tus hermanos y la lealtad que los debes...O quizá pensando en que aún no es la hora de reunirte con los amigos perdidos en el Salón del Padre...
Al final el ritual termina. Los tres días pasan en el círculo. Durante tres días has bebido ese brebaje y has luchado con la Bestia. Durante tres días tu mente ha luchado hasta agotarse durante la noche y ha tratado de recomponer sus pedazos durante el día, mientras tus hermanos se turnan para estar contigo y rezan por ti al Padre Uthgard. Armados con lanzas de plata, claro. Nunca se sabe con la Bestia.
Y el ritual funciona, la Bestia te abandona. Lo sientes dentro de ti. Para asegurarte, te cortas con un arma de plata y compruebas que no hay nada más que un corte limpio. Te frotas con belladona, incrédulo, comprobando que tu mente y tu cuerpo ya no arden. Y entonces estallas de alegría y corres y bebes y ríes y bromeas con tus hermanos.
Pero tienes que admitirlo, después de un tiempo.
La echas de menos.
Cada vez que miras a la luna llena y no sientes su llamada. Cada vez que hueles el bosque y no hueles nada. Cada vez que comes y el sabor no es el que recordabas.
Y entonces te preguntas si podrás ser feliz sin la Bestia.
Porque, ¿qué hombre sería feliz siendo un simple mortal sabiendo que durante un tiempo fue parte de la misma esencia de un Dios?
//Espero que os guste, gracias a los jugadores que lo hicieron posible!!
Arrepentimiento y angustia.
Eso es lo que sentía cada vez que me despertaba, tras una noche de luna llena. Pero no todo era así, y la Bestia lo sabe. Ella te hace sentir poderoso y vivo. Cazas, luego existes. Tus sentidos multiplicados, los olores más intensos, las sensaciones más fuertes y los sabores, oh, los sabores...Sobre todo uno, que te hace ansiar y desear volver a repetir.
El sabor de la carne humana.
Y la sensación de poder cuando acabas con la vida de un semejante, cuando cazas de noche al que es cazador de día. La magnífica satisfacción después...Sí, la Bestia sabe muy bien cómo tentarte.
Puedes resistirte, claro, pero la Bestia aguarda, acecha a tu conciencia y cada vez que baja la guardia la tienta, la seduce poco a poco. ¿Bebiste demasiado quizá? ¿Miraste a la luna llena absorto durante un rato? ¿Perdiste la calma en una pelea consumido por el odio o la tensión? ¿Te distrajiste al pensar en esa mujer que hace que tu corazón lata más rápido? Lo siguiente que recuerdas es despertarte manchado por una sangre que no es tuya en un lugar al que no recuerdas como haber llegado. Y el círculo comienza de nuevo: Miedo y asco. Arrepentimiento y angustia...
No puede durar, y eso lo sabes. Sabes que tus hermanos un día decidirán que es suficiente, que eres peligroso y no debes ser tolerado. Que atarte con cadenas de plata cada luna llena no es seguro. Así que un día, decides tú también que es suficiente y te acercas a tu mejor amigo, la persona que es todo aquello que tú algún día querrías ser y le pides que te mate, sin más. Que los amigos perdidos te están esperando en el Salón del Padre Uthgard, bebiendo de cuernos sin fondo por la noche y combatiendo en batallas sin fin por la mañana. Que lo harías tú mismo, pero el Padre no deja entrar en su Salón a los suicidas, sólo a los guerreros que mueren combatiendo. Y que todos sabemos que eso es lo mejor para todos.
Pero él no es así, no sería lo que es si lo hiciera. Se niega a hacerlo, aunque también sabe que el problema ha de ser solucionado. Así que busca ayuda. Ayuda de duendes, de hermanos del clan y de quién haga falta. Remueve cielo y tierra para ayudar a un hermano. Por eso es un líder. Por eso los jóvenes cachorros imitan sus gestos y sus palabras. Por eso los enemigos temen el rugido del Viejo Oso.
Y así es cómo llegamos al ritual. Tres días seguidos, en noches de luna llena. Sin dormir, dentro del círculo que Aneirin ha preparado con las hogueras de diferentes árboles e hierbas. Una hoguera para cada punto cardinal. Solamente ella, Delom que hace de su ayudante y yo podemos estar dentro del circulo. Solamente ellos pueden salir.
No es divertido, es doloroso...mucho. Lo primero que hacen es aplastar un fruto de belladona contra tu pecho. Eso te quema. Hace que tu mente visualice tu cuerpo ardiendo y consumiéndose poco a poco mientras tú sigues consciente. Imaginas el agujero en tu pecho agrandándose y ennegreciéndose. Casi puedes oler tu propia carne quemada, chisporroteando y retorciéndose bajo el ácido jugo de la planta. Cuando esto acaba y retiran el fruto, tienes que hacer un horrible esfuerzo de voluntad para mirar, porque no quieres ver cómo te han dejado, no te atreves a mirar cómo te han deformado. Pero cuando lo haces, ves que no hay nada, apenas un pequeño enrojecimiento en dónde te pusieron el fruto...
Después viene el brebaje, maloliente, caliente y nauseabundo. Pero te lo bebes. Eso no le gusta a Ella. La Bestia se queja apenas el brebaje toca tu estómago. Y entonces despierta y comienza a cambiarte. Tus ojos se ennegrecen, tus miembros se dislocan y deforman con un sonido de huesos rotos que hace que a algunos de los guerreros más duros del clan que observan el ritual les tiemblen las piernas. Tus dientes se afilan y tu piel se cubre de un pelo negro y espeso.
Aquí es donde comienza la lucha. Aquí es donde tu mente debe sobreponerse a la Bestia.
Y es una dura lucha. Mientras te retuerces de dolor en el suelo, con tu cuerpo deformado y a medias de cambiar en un híbrido horrible, tu mente y la de la Bestia luchan. Pensamientos de uno y otro lado te cruzan la mente. Unos te dicen que luches y te resistas. Otros te inducen a arrancar la cabeza de la figura que tienes delante y que te hace tanto daño. A veces dudas sobre cuáles son los tuyos y cuáles los de la Bestia. Quizá todos sean de Ella. Quizás todos sean tuyos. Quizá seas tú el monstruo y la Bestia sólo una excusa o una manifestación de la oscuridad en tu corazón. En el fondo, has de reconocer que el ritual de la caza te gustaba y que aquella vez que asesinaste y devoraste a una joven granjera y a su hijo pequeño disfrutaste mucho, muchísimo.
¿O no fuiste tú el que lo hizo y eso son recuerdos de otro?
Quizá nunca lo sepas, aunque las imágenes que tienes en la cabeza son tan vívidas que dudas de que sea un truco de la Bestia para confundirte. Pero te niegas a admitirlo, luchas con Ella y la apartas de tu mente. Tratas de olvidar el deseo de la sangre, de reprimirlo, de ahogarlo. Quizá pensando en ella, la mujer que hace que no duermas por las noches desde hace tanto tiempo porque en cuanto cierras los ojos es su imagen la que ves y eso te hace sentir tan sólo...O quizá pensando en tus hermanos y la lealtad que los debes...O quizá pensando en que aún no es la hora de reunirte con los amigos perdidos en el Salón del Padre...
Al final el ritual termina. Los tres días pasan en el círculo. Durante tres días has bebido ese brebaje y has luchado con la Bestia. Durante tres días tu mente ha luchado hasta agotarse durante la noche y ha tratado de recomponer sus pedazos durante el día, mientras tus hermanos se turnan para estar contigo y rezan por ti al Padre Uthgard. Armados con lanzas de plata, claro. Nunca se sabe con la Bestia.
Y el ritual funciona, la Bestia te abandona. Lo sientes dentro de ti. Para asegurarte, te cortas con un arma de plata y compruebas que no hay nada más que un corte limpio. Te frotas con belladona, incrédulo, comprobando que tu mente y tu cuerpo ya no arden. Y entonces estallas de alegría y corres y bebes y ríes y bromeas con tus hermanos.
Pero tienes que admitirlo, después de un tiempo.
La echas de menos.
Cada vez que miras a la luna llena y no sientes su llamada. Cada vez que hueles el bosque y no hueles nada. Cada vez que comes y el sabor no es el que recordabas.
Y entonces te preguntas si podrás ser feliz sin la Bestia.
Porque, ¿qué hombre sería feliz siendo un simple mortal sabiendo que durante un tiempo fue parte de la misma esencia de un Dios?
//Espero que os guste, gracias a los jugadores que lo hicieron posible!!