Yaeko
El que aplaude en los discursos Zhent
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[area]Aunque este pequeño texto pueda venir un poco tarde, ya sea por la circunstancia que sea, no quería dejarlo sin publicar por varias razones. En primer lugar, como recordartorio de los buenos ratos pasados con un personaje que toca fin. Ha sido rol directo y muy agradable durante muchas noches mucho tiempo. También es mi agradecimiento personal al jugador de la forma que creo que sería el deseo de cualquiera; con una última despedida, un recuerdo grabado y unas consecuencias.
Este es un punto de inflexión por varios motivos y que cierra puertas y abre otras nuevas. Espero que aunque escueto pueda gustaros.[/area]
La noche era tormentosa, oscura, fría y sepulcralmente silenciosa. No había nadie más en la sala que solo veía turbado el habitual silencio que la envolvía por el estruendo de sonoros truenos amplificados por la magnitud de la nave. Allí se hallaba una solitaria figura arrodillada, sus labios sellados en mueca seria. Quizás fueran minutos, quizás fueran horas pero el tiempo había dejado de tener sentido en un momento como aquel. En su mano, un pequeño objeto era acariciado por unos dedos recios y curtidos de empuñar el mango de una espada en más batallas de las que habría podido recordar.
Despegó por fin sus labios incoscientemente, previa inspiración sonora y profunda. Era el momento de hacerlo, romper así un silencio autoimpuesto desde el mismo momento en que conocía la noticia. Un periodo de reflexión, dolor, recuerdos y meditación que encontraba su fin. La aceptación que los caballeros del Señor de la Muerte llevan grabada en sus corazones con cotidiana regularida. Su aceptación. Su última oración.
Siempre he basado mi propio discurrir por esta senda transitoria con la certeza de que no hay vida sin muerte ni muerte que no sea consecuencia de la propia vida. He concedido digna y honorable sepultura a más compañeros de los que jamás nadie hubiera deseado sobrevivir. Y después de los primeros que nos dejaron, tras velar en su honorable sepulcro y presentar así mis humildes respetos, llegué a la conclusión de que no había nada más digno y elevado que morir defendiendo aquello que amas. Y sin embargo, aún a pesar de saber de la certeza de este momento y su significado, que no resultará el fin sino un mero tránsito hasta que seamos acogidos por toda la eternidad en aquel lugar al que fuimos destinados y sentenciados por nuestros actos en vida, sentimos pena, dolor y angustia por aquellos que se marcharon. Quizás más por saber que parten a su salvación mientras esperamos aquí la batalla en la cual seremos reclamados y licenciados por nuestro servicio en la hora de la Última Verdad.
“Conocíamos” nuestro sino, conscientes de que este día llegaría y en el cual uno de los dos partiría. Estas fueron mis condiciones y mi fortaleza al aceptar aquella noche de luna radiante sobre el puente que hace honor a Selûne. Ese fue mi sentimiento, fuerza y consuelo para seguir adelante en un camino que veríamos truncado con todos los obstáculos contra los que alguien decidió que debiamos estrellarnos para cumplir con aquello que es justo.
Hoy rendimos aquí homenaje a un hombre leal, digno y ejemplo de todos aquellos a los que rodeaste y regalaste tu sabiduría, tu presencia y tu cariño. Hoy parte tú ánima con la parte de mi corazón que tan solo tú tenías reservada, más allá de la causa, más allá del resto. Es triste aún a pesar de ser certero, pero no puedo sentir más que orgullo y amor eterno hacia la persona que me preparó para este momento, la que me hizo conocerme para hallar la fuerza de uno. Tu acto de sincero sacrificio será el ejemplo de generaciones venideras de los nuestros, otorgando un honor especial a alguien que apreciábamos más allá de los límites de la amistad. Otorgándole el regalo más preciado y sincero que jamás nadie podría entregar, la vida.
El Juez te otorgue un leve tránsito y que su balanza de la Justicia te situé allí donde mereces. Recordaré la promesa grabada en el sencillo metal, entonada por dos amantes sinceros y convencidos. Espérame más allá del Palacio de mi Señor porque la eternidad nos aguarda para no volver a separarnos jamás.
Descansa en paz Segador. Descansa en paz, mi buen Koa.
Este es un punto de inflexión por varios motivos y que cierra puertas y abre otras nuevas. Espero que aunque escueto pueda gustaros.[/area]
La noche era tormentosa, oscura, fría y sepulcralmente silenciosa. No había nadie más en la sala que solo veía turbado el habitual silencio que la envolvía por el estruendo de sonoros truenos amplificados por la magnitud de la nave. Allí se hallaba una solitaria figura arrodillada, sus labios sellados en mueca seria. Quizás fueran minutos, quizás fueran horas pero el tiempo había dejado de tener sentido en un momento como aquel. En su mano, un pequeño objeto era acariciado por unos dedos recios y curtidos de empuñar el mango de una espada en más batallas de las que habría podido recordar.
Despegó por fin sus labios incoscientemente, previa inspiración sonora y profunda. Era el momento de hacerlo, romper así un silencio autoimpuesto desde el mismo momento en que conocía la noticia. Un periodo de reflexión, dolor, recuerdos y meditación que encontraba su fin. La aceptación que los caballeros del Señor de la Muerte llevan grabada en sus corazones con cotidiana regularida. Su aceptación. Su última oración.
Siempre he basado mi propio discurrir por esta senda transitoria con la certeza de que no hay vida sin muerte ni muerte que no sea consecuencia de la propia vida. He concedido digna y honorable sepultura a más compañeros de los que jamás nadie hubiera deseado sobrevivir. Y después de los primeros que nos dejaron, tras velar en su honorable sepulcro y presentar así mis humildes respetos, llegué a la conclusión de que no había nada más digno y elevado que morir defendiendo aquello que amas. Y sin embargo, aún a pesar de saber de la certeza de este momento y su significado, que no resultará el fin sino un mero tránsito hasta que seamos acogidos por toda la eternidad en aquel lugar al que fuimos destinados y sentenciados por nuestros actos en vida, sentimos pena, dolor y angustia por aquellos que se marcharon. Quizás más por saber que parten a su salvación mientras esperamos aquí la batalla en la cual seremos reclamados y licenciados por nuestro servicio en la hora de la Última Verdad.
“Conocíamos” nuestro sino, conscientes de que este día llegaría y en el cual uno de los dos partiría. Estas fueron mis condiciones y mi fortaleza al aceptar aquella noche de luna radiante sobre el puente que hace honor a Selûne. Ese fue mi sentimiento, fuerza y consuelo para seguir adelante en un camino que veríamos truncado con todos los obstáculos contra los que alguien decidió que debiamos estrellarnos para cumplir con aquello que es justo.
Hoy rendimos aquí homenaje a un hombre leal, digno y ejemplo de todos aquellos a los que rodeaste y regalaste tu sabiduría, tu presencia y tu cariño. Hoy parte tú ánima con la parte de mi corazón que tan solo tú tenías reservada, más allá de la causa, más allá del resto. Es triste aún a pesar de ser certero, pero no puedo sentir más que orgullo y amor eterno hacia la persona que me preparó para este momento, la que me hizo conocerme para hallar la fuerza de uno. Tu acto de sincero sacrificio será el ejemplo de generaciones venideras de los nuestros, otorgando un honor especial a alguien que apreciábamos más allá de los límites de la amistad. Otorgándole el regalo más preciado y sincero que jamás nadie podría entregar, la vida.
El Juez te otorgue un leve tránsito y que su balanza de la Justicia te situé allí donde mereces. Recordaré la promesa grabada en el sencillo metal, entonada por dos amantes sinceros y convencidos. Espérame más allá del Palacio de mi Señor porque la eternidad nos aguarda para no volver a separarnos jamás.
Descansa en paz Segador. Descansa en paz, mi buen Koa.