Mingalonga
Lican gato mamadísimo
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Hallábase que se hallaba Rintswain sin hacer nada, como era habitual, cuando oyó una algarabía de risas, aplausos y vítores varios cerca del brasero. Sacó su jarra de donaciones y se acercó a paso ligero. Había mucha gente, Rints no pudo evitar emocionarse un poco pensando en las futuras limosnas. Se peinó el bigote, hizo estiramientos con la lengua para evitar que se engarrotase (lo necesitaba para convencer a los reacios), y se aproximó a la multitud.
Cuatro cosas molestaron a Rintswain cuando estuvo lo suficientemente cerca para ver lo que pasaba:
1º.- Había una mediana, de nombre Calabaza, cantando a la que estaban bañando en monedas de oro. Le estaba robando SUS monedas.
2º.- Estaban dándole a la mediana SUS monedas. Eso era suficientemente malo como para ocupar el primer y el segundo punto, pero lo peor es que ella hacía ALGO para conseguirlo. Eso complicaba las limosnas. La gente podría empezar a esperar que Rintswain también hiciese algo para conseguirlas.
3º.- ¡Él era el protagonista de la canción! No es que no le gustase el protagonismo, al contrario, pero que le robasen SUS monedas, usándolo a él era demasiado.
4º.- SUS putas monedas ¡Joder!.
Cuatro cosas eran bastantes cosas para Rints, así que se sintió bastante molesto. Digamos molesto elevado a la cuarta potencia.
Así decía la cancioncilla de marras:
Por fin una batalla que Rintswain podria afrontar sin llorar o mearse encima. Una batalla verbal y no física. Aunque observando el pequeño tamaño de Calabaza se pensó, sólo durante un instante, que quizás prefería una batalla no verbal. Había comprobado que podía perfectamente contra 3 o 4 niños de 8 años y la pequeña Calabaza no abultaba mucho más... En fin, descartó rápidamente esa idea y se decantó por la verborrea. Iba a verborrear como nadie habría verborreado jamás. Se quedaría con todas las monedas y aprovecharía para limpiar su nombre. ¡Venganza!.
Diez minutos más tarde ya se le habían pasado las ganas de venganza, se fumaría un cigarrillo y pelillos a la mar. Puede que lo hiciera mañana, o pasado. Además, era demasiado buena. Nunca estaría a su altura.
Por motivos que aun no alcanzaba a comprender, se sorprendió agarrado a una pluma y con un trozo de papel en las manos. Por supuesto, ambos robados. ¡Venganza!.
Érase la mentira a una verdura pegada.
Érase medio metro de anaranjado cabello.
Érase un embuste anudado a su cuello.
Érase una calabaza, que calumniaba.
¡Calabacín embustero!,
¡Se requiere más esmero!,
pues ni pájaro, ni dragón.
¡Es un mendigo guapetón!.
Violador me llamó la señora,
sin darse cuenta, en realidad,
que por faltar a la verdad,
Ella es la violadora.
Violadora de verdades,
con el nombre de verdura,
su cante produce ardores,
En verdad, ¡Qué caradura!.
Contaré la verdad, si es preciso,
pues yo no quise meterme en este guiso,
fue espontáneo,no improviso.
Ella se abrió de piernas: Tymora así lo quiso.
Aaaaviso, quiero ser conciso,
la tomé dulcemente con mi pene circunciso,
no hice nada malo, nadie buscaba compromiso,
no hay pecado en mí, pues... pedí permiso.
Mi inocencia está probada,
del uno al otro confín,
tengo un alma que es honrada,
te lo asegura Rintswín.
Cuatro cosas molestaron a Rintswain cuando estuvo lo suficientemente cerca para ver lo que pasaba:
1º.- Había una mediana, de nombre Calabaza, cantando a la que estaban bañando en monedas de oro. Le estaba robando SUS monedas.
2º.- Estaban dándole a la mediana SUS monedas. Eso era suficientemente malo como para ocupar el primer y el segundo punto, pero lo peor es que ella hacía ALGO para conseguirlo. Eso complicaba las limosnas. La gente podría empezar a esperar que Rintswain también hiciese algo para conseguirlas.
3º.- ¡Él era el protagonista de la canción! No es que no le gustase el protagonismo, al contrario, pero que le robasen SUS monedas, usándolo a él era demasiado.
4º.- SUS putas monedas ¡Joder!.
Cuatro cosas eran bastantes cosas para Rints, así que se sintió bastante molesto. Digamos molesto elevado a la cuarta potencia.
Así decía la cancioncilla de marras:
EL MENDIGO VIOLADOR
¡Atentos todos! ¡Violador a la vista!
¿Es un pájaro? ¿es un dragón? ¡No!
¡Es Rintswain, un gorrino violador!
Un hombre sin sentido que varias piernas abrió.
Las madres ya esconden a las niñas en sus casas.
Pues aparece a la vista…
¡Rintswain! ¡Que hembras caza!
¡Y abre unas piernas! ¡Después abre otras!
Cuando las madres se enteran.
¡Toma que toma! ¡Toma dos tortas!
Pues es Rintswain, que no es un pájaro.
Que tampoco es un dragón.
Pero una ensalada de tortas se ha comido
Por mamón.
¡Y no os lo perdáis! ¡No perdáis detalle ciudadanía!
Que además de violarlas,
¡Él también las asesina!
Y es que no es un mendigo cualquiera, ni tampoco un violador.
Él es un reputado, ¡asesino muy cabrón!
Bigote tiene por arma, las embauca y las engaña.
Y cuando están seducidas, ¡zas!
¡Las viola y después las mata!
Que alguien le corte el bigote,
Que alguien le arranque las barbas…
Porque no se trata de un pájaro,
Ni tampoco es un dragón.
¡Es Rintswain! ¡Bigotudo violador!
Por fin una batalla que Rintswain podria afrontar sin llorar o mearse encima. Una batalla verbal y no física. Aunque observando el pequeño tamaño de Calabaza se pensó, sólo durante un instante, que quizás prefería una batalla no verbal. Había comprobado que podía perfectamente contra 3 o 4 niños de 8 años y la pequeña Calabaza no abultaba mucho más... En fin, descartó rápidamente esa idea y se decantó por la verborrea. Iba a verborrear como nadie habría verborreado jamás. Se quedaría con todas las monedas y aprovecharía para limpiar su nombre. ¡Venganza!.
Diez minutos más tarde ya se le habían pasado las ganas de venganza, se fumaría un cigarrillo y pelillos a la mar. Puede que lo hiciera mañana, o pasado. Además, era demasiado buena. Nunca estaría a su altura.
Por motivos que aun no alcanzaba a comprender, se sorprendió agarrado a una pluma y con un trozo de papel en las manos. Por supuesto, ambos robados. ¡Venganza!.
Érase la mentira a una verdura pegada.
Érase medio metro de anaranjado cabello.
Érase un embuste anudado a su cuello.
Érase una calabaza, que calumniaba.
¡Calabacín embustero!,
¡Se requiere más esmero!,
pues ni pájaro, ni dragón.
¡Es un mendigo guapetón!.
Violador me llamó la señora,
sin darse cuenta, en realidad,
que por faltar a la verdad,
Ella es la violadora.
Violadora de verdades,
con el nombre de verdura,
su cante produce ardores,
En verdad, ¡Qué caradura!.
Contaré la verdad, si es preciso,
pues yo no quise meterme en este guiso,
fue espontáneo,no improviso.
Ella se abrió de piernas: Tymora así lo quiso.
Aaaaviso, quiero ser conciso,
la tomé dulcemente con mi pene circunciso,
no hice nada malo, nadie buscaba compromiso,
no hay pecado en mí, pues... pedí permiso.
Mi inocencia está probada,
del uno al otro confín,
tengo un alma que es honrada,
te lo asegura Rintswín.