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[Rumor] Comida y medicina en los Barrios Bajos

Rokhen

Gerardo de Amn
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El clérigo Zashir, siervo de la dama Sharess, ha sido visto guiando un buey cargado de cajas marcadas con unos labios femeninos, atravesando la puerta este e ingresando en los barrios bajos donde parecían esperarlo. Él, junto a varios encapuchados oriundos de los barrios bajos, comenzó a repartir alimentos, agua limpia y algunas medicinas por las calles de los barrios, yendo escoltado por estas personas en persona para tratar a los enfermos, e incluso entreteniéndose en alimentar a aquel que estuviese tan débil que no pudiese comer por si mismo.

[Autoguiada realizada en compañía de: Rata Coronada, Secreto, Encapuchado A, Encapuchado B, Uxvrek Conde Ruiseñor]

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Rumor avalado por DM Jamón y varios personajes de nivel 16
 
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KapilloGremlin

Enano sin acento ruso
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En los sombríos suburbios, donde la oscuridad es amiga de las almas perdidas, se ha avistado una comitiva inusual.

Figuras de aspecto siniestro, rostros envueltos en máscaras, escoltan al clérigo de Sharess, la divinidad de los placeres y la pasión desenfrenada.

Dos nombres conocidos y notorios en los bajos fondos,
Rata Coronada y el Ruiseñor, se aseguran de custodiar al clérigo con varios sicarios después de llegar a un acuerdo con el heraldo de Sharess.

Su misión: proteger al clérigo de las garras de la violencia por parte de las bandas callejeras y cofradías locales mientras el alimento y las medicinas llegan a las familias más humildes.

Comienzan su travesía en la
calle del Orfebre, donde la gente humilde teje sueños con hilos de artesanía. Pintores callejeros, artesanos y escultores emergen de las sombras para recibir el sustento que el clérigo ofrece con benevolencia.

Pero el camino se torna más oscuro al adentrarse en
el callejón de la Rata las calles más peligrosas de los bajos fondos de la capital, donde las almas perdidas y enajenadas por el loto negro se reúnen enloquecidas por su adicción, esa droga que las cofradías trafican sin piedad, enriqueciéndose a costa de la salud de los demás. En un trágico desenlace, la violencia irrumpe tratando de hacerse con el alimento de Zashir, cuellos son quebrados y corazones apuñalados a todo aquel que se acercase con malas intenciones a la caravana, terminando en un baile macabro por tal de custodiar al sacerdote y su alimento.

Pero incluso entre la desesperación y la locura, la luz de la compasión brilla. Se reparte alimento y medicina entre aquellos cuyo juicio ha sido marchitado por las drogas, cuyos cuerpos y mentes han sido mutilados por el veneno que consumen, desesperados por sus dosis diarias.

Y así, finalmente la comitiva llega a la Esquina del Beso, donde las pasiones prohibidas y los deseos más oscuros se entrelazan en un baile de pecado y redención. Las meretrices, marcadas por el sufrimiento de sus vidas, acompañadas a veces por sus chiquillos de inocencia marchitada por la penuria de sus vidas por no tener con quien dejarlos, testigos de lo que sus madres hacen por tal de sobrevivir, ofreciendo sus servicios a los hombres casados que buscan consuelo en la noche para satisfacer sus fetiches más oscuros.


Por último tal y como se acordó, los ladrones que escoltan al clérigo repartieron porciones de comida entre los desfavorecidos, entre rufianes desfigurados y mutilados, alimentando a sus oyentes e informantes, a los ojos y oídos de Rata Coronada y el Ruiseñor.

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