Sariel
Enano sin acento ruso
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Fue un día como tantos otros cuando la sacerdotisa se unió al grupo, sin propósito distinto al de velar por su bienestar y apartar de ellos cualquier mal augurio. A lo largo de la jornada, se sucedieron emboscadas traicioneras, en las que la devota sacerdotisa se limitó a proteger a la joven señorita Eileen, doncella de tierna edad y escasa destreza en las artes del combate.Poco más hizo la sacerdotisa que invocar la luz divina para cegar a los trasgos que les acometían, manteniéndose firme en la retaguardia, cual guardiana silente. Mas, cuando la refriega hubo concluido y los ecos de la lucha se disiparon en el viento, acudió a los misterios del más allá. A ruego de sus compañeros, alzó su plegaria y llamó a los saberes de un caído, para que su voz, aun desde la tumba, revelase lo que en vida ocultara.
Así ofreció su ayuda, serena, con la promesa de prestar socorro si el destino lo demandase, mas sin ánimo de entrometerse más allá de lo justo, como corresponde a quien sirve a los designios de la luna con humildad y prudencia.




