Las noticias vuelan por la Capital Amniana y los viajeros se encargaban de esparcirlas por las principales ciudades gracias a la ayuda de las carreteras y el comercio de la nación, un numeroso grupo de esclavos había llegado a la capital.
Hacía poco que se había visto llegar por el Camino del Río de Amn un contingente de Caballeros de Selûne, la Orden del Guantelete junto a mercenarios y aventureros que portaban consigo dos carretas, las cuales eran tiradas por los propios caballeros, repletas de heridos así como otros tantos humanos que se veían de diferentes estados de ánimo y físicos.
Los habitantes y viajeros presentes veían que no había sido fácil, algunos caballeros presentaban heridas y sus armaduras relucientes estaban ahora oscurecidas con sangre y lodo. Las figuras que encabezaban la comitiva no pasaban desapercibidas, las Altas Sacerdotisas de Selûne Sariel y Gwenaelle Shade, la Capitana de los Caballeros Mernalyn, la Caballero del Guantelete Ronny Niam, los aventureros de las Cuerdas del Destino Sevél y Alexander y los miembros del Gremio de Aventureros de Athkatla Evelyn y Zyon. Un rumor menor indicaba que un lobo blanco les había seguido pero no se había acercado del todo a la ciudad y habría marchado a los bosques.
Una vez en la ciudad los carromatos y la gente que les seguían avanzaron hasta adentrarse en Los Salones de la Luna y en el propio Castillo del Guantelete, donde por el momento no se sabe más de que sucede con ellos tras los muros, solo que están siendo tratados por los sacerdotes y sus ayudantes.
Tras un par de lunas, la propia sacerdotisa Bañada por la Luna, Sariel Shade, saldría a leer pública y personalmente en el distrito de los templos la siguiente proclama con un aspecto mucho más rejuvenecido:
Proclamación pública de la Iglesia de Nuestra Señora de Plata
Escrita y sellada por la llamada por muchos: Luna Sangrienta de Selûne.
A la atención del pueblo de Amn, del Consejo de los Seis, de la Justicia Superior y de todos aquellos que aún depositan su fe bajo el amparo de la Luna; y también de aquellos que, habiéndola perdido, quizá vuelvan hoy a recordar su luz.
La Iglesia de Nuestra Señora de Plata se alza ante vosotros con orgullo, solemnidad y esperanza para anunciar que, tras esfuerzos titánicos y jornadas marcadas por el sacrificio, hemos acudido al auxilio de dos centenares de almas arrancadas de la dignidad, sometidas al tormento, tratadas como ganado y encadenadas a horrores para los que las palabras apenas alcanzan justicia.
Mas allí donde otros hallaron oscuridad, la Dama de Plata hizo brillar su fulgor.
Aquellos que fueron quebrados han sido rescatados. Aquellos que fueron silenciados volverán a pronunciar sus nombres.
Gracias a los registros recuperados, ninguna de esas almas permanecerá olvidada. Los nombres de los desaparecidos han sido preservados, y, una vez sanados en cuerpo y espíritu, regresarán junto a sus familias aquellos que aún las tengan aguardando entre lágrimas y esperanza. A quienes no les quede hogar al que volver, la Iglesia extenderá su mano como ha hecho durante siglos: se les otorgará sustento, techo, trabajo digno y el amparo necesario hasta que puedan, por voluntad propia, retomar el sendero de sus vidas.
No caminarán solos.
Recibirán también acompañamiento espiritual y consuelo frente a las aberraciones sufridas, pues desde tiempos inmemoriales la Iglesia de Nuestra Señora de Plata ha jurado permanecer allí donde el dolor amenaza con devorar la esperanza.
Deseamos asimismo rendir público honor y gratitud a quienes caminaron a nuestro lado en esta empresa, pues ninguna llama resiste sola a la tempestad.
A la Orden del Guantelete, cuyo acero jamás vaciló.
Al Enclave Esmeralda, guardián de la vida y del equilibrio.
Al Baluarte Ígneo, cuya fuerza desafió la desesperación.
Y a las Cuerdas del Destino, cuyos pasos y voluntad ayudaron a tejer un desenlace distinto al de la tragedia.
Sin ellos, esta labor habría sido más ardua, más lenta y, quizá, más cruel para aquellos que aguardaban salvación.
Que este mensaje alcance cada calle de Amn, cada hogar, cada puerto, cada muralla y cada corazón temeroso:
No estáis solos. Nunca lo habéis estado. Nunca lo estaréis.
Da igual cuántas sombras se alcen. Da igual cuántos monstruos pretendan ocultarse entre los hombres o devorar la esperanza desde las tinieblas. Mientras la Luna permanezca en lo alto, habrá quienes alcen el escudo ante el inocente, quienes extiendan la mano hacia el caído y quienes escuchen plegarias allí donde otros solo oyen silencio.
Siempre habrá un escudo férreo velando por vosotros.
Siempre la Luna iluminará el sendero de quienes aún avanzan en la oscuridad.
Siempre habrá un oído dispuesto a escuchar vuestro dolor y unas manos dispuestas a responder a vuestra llamada.
Por una Amn unida. Por una Amn fuerte.
Hydcont no olvida.
Y la Luna tampoco, este es el comienzo para recuperar lo que es nuestro.
Adjunto a este mensaje, habría una lista con los aparentes nombres de los afectados por esta situación:
Tras cruzar los pesados portones del Castillo del Guantelete, el eco de los lamentos y el arrastrar de pies cansados inundó el patio de armas. El lodo de los caminos y la sangre de la batalla aún manchaban las armaduras, pero no había tiempo para el descanso. Bajo la mirada compasiva y firme del Obispo de Ilmater y Caballero Centinela Dick Cars que les estaba esperando, la Orden del Guantelete se puso a trabajar de inmediato para transformar el dolor en esperanza.
Las acciones se coordinaron con la precisión de un ejército y la piedad de los dioses.
Los sótanos y capillas del castillo se convirtieron en hospitales de campaña improvisados. Los sanadores, guiados por el ejemplo de su Obispo, lavaron las heridas físicas de los libertados, mientras que los Caballeros aseguraban un entorno seguro donde, por primera vez en años, estas almas no tuvieran que mirar por encima del hombro con temor.
En perfecta sintonía con las Altas Sacerdotisas de los Salones de la Luna, se ofreció a los refugiados una vía de escape hacia el norte, en Nashkel. Allí, bajo el amparo de la Iglesia de la Dama de Plata, se les garantizaría vivienda digna y tierras para labrar un nuevo futuro.
Se hace público el pergamino sellado de la Orden del Guantelete , dictado y firmado por el Caballero Centinela Dick Cars, para que resuene en los salones de Athkatla y más allá:
DECRETO DE HONOR Y RECONOCIMIENTO
Por la presente, yo, Dick Cars, Obispo de Ilmater y Caballero Centinela de la Orden del Guantelete, hago constar ante la vista de los hombres y el juicio de los cielos el valor incalculable demostrado en la reciente y peligrosa misión de rescate en las tierras de Murann.
Que las crónicas de nuestra Orden registren los siguientes nombres para la posteridad:
En primer lugar, se otorga una Mención Honorífica y de Máximo Reconocimiento a la Dama Caballero Ronny Niam. Su acero no flaqueó, su fe no menguó y su presencia infundió valor a los desamparados, manteniéndose firme en la vanguardia desde el primer golpe hasta el mismísimo final de esta cruenta expedición. El Castillo del Guantelete se enorgullece de contar con su brazo y su corazón.
En segundo lugar, se otorga una Mención Honorífica al Caballero Centinela Talkir Holl, quien con presteza y temple participó en la peligrosísima primera incursión de dicha misión. Su valentía al abrir el camino a través del territorio enemigo fue el pilar fundamental sobre el cual se cimentó el éxito posterior de este rescate.
El lodo borrará los caminos y el tiempo oxidará el hierro, pero el sacrificio de quienes defienden a los inocentes quedará grabado en las piedras de este bastión.
Firmado: Caballero Centinela Dick Cars
Obispo de la Iglesia de Ilmater
En los días posteriores al regreso del contingente, quienes vieron a la Oráculo en los Salones de la Luna describieron a una mujer más silenciosa que de costumbre; una que no parecía tener nada que celebrar. No cejó en sus labores, atendiendo a los recién llegados con dedicación y esmero, pero todos sus actos dejaban entrevenir una tristeza contenida en la mirada.
No parecía celebrar una victoria, sino cargar con su precio. Para ella, cada esclavo salvado era una bendición; cada ausente, una deuda imposible de ignorar.
Algunos fieles aseguran haberla visto preparando el altar con lirios blancos, paños azules, incienso y cirios de difuntos. Desde entonces corren rumores de que pronto tendrá lugar una misa solemne en los Salones de la Luna. Será entonces cuando se pronuncie, y no antes.
Se dice que en dicho acto, se honrará no solo a quienes fueron liberados, sino a los valerosos héroes que formaron parte de tal empresa.
Offtopic :
Este rol tendrá lugar el próximo jueves 04/06/2026 a las 22:00.
Cuando la misiva de Sariel llegó, rezaba: «Vuestra presencia no solo es deseable, sino necesaria. Cada día que pasa sin actuar juega en contra de aquellos a quienes juramos proteger».
Evelyn aún no comprendía las implicaciones de aquellas palabras, ni el operativo que se llevaba entre manos, pero acudió.
En “La Casa de los Lobos” encontró un campo de concentración donde se retenía a parte de los esclavos de Imnescar, así como una sala de torturas en la que los supervivientes eran sometidos a horrores inimaginables.
Se cuenta que, durante el operativo, asistió a uno de los grupos de infiltración y que, una vez dentro, entró en cada estancia junto al clero, ayudando a levantarse a hombres y mujeres que aún podían caminar, escoltándolos ella misma hasta un lugar seguro.
—Vamos, sálvate. —les decía—. La ayuda ha llegado. Ahora debes correr junto a los caballeros.
La misiva de la Luna Sangrienta Sariel había llegado con un pedido claro, las Cuerdas nos habíamos reunido y sabíamos que de una forma u otra teníamos que actuar ante esto, y esa implicación no fue poca, desde fachadas a paripes, desde rastreo y sanación, a la escolta final, lograr al menos salvar a tantos como se pudiera era nuestro mayor deseo conjunto. Siendo más fuerte este al momento del tramo final, no vernos como un rejunte de grupos, sino como uno unificado en una misma meta.
Y aunque las batallas marquen al ser, hay cosas que cargaremos en el fondo de la memoria aunque no lo digamos abiertamente, imágenes que dejan ver lo cruel del mundo… y por lo que luchar para que no se repita. Sanando heridos, aliviando dolores como mejor se podía y ayudando a agrupar a todos cuando podíamos, aun con el estómago revuelto, pero solo una frase que no dejaria de repetirles a ellos “Esta pesadilla ya acabo…”.