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[Rumor] Sangre en la espuma y flores en la arena.

ET Faker

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Dicen que los lobos salvajes aullaron toda la noche, inquietos por algo que los humanos no podían ver. Los pescadores que salieron antes del alba hablaron de una bruma densa que se enroscaba en los acantilados como dedos huesudos y de un olor a hierro en el aire, como si el mar hubiera escupido algo profano.

Fue un joven arriero, que descansaba en su camino al estibador, quien hizo el hallazgo. Bajó por las rocas resbaladizas hacia la cala de la Costa Sur y allí, en un saliente de los acantilados, vio el altar. No debería haber estado allí. Un montículo de huesos ennegrecidos, dispuestos en una estructura imposible, como si el tiempo los hubiera soldado juntos. Sobre la piedra, sangre aún fresca, deslizándose lenta por los surcos como si el propio acantilado estuviera herido de muerte. No había más figuras con vida que la suya propia, pero el eco de pasos lejanos aún parecía flotar en el aire, como si los responsables acabaran de marcharse.

Lo que sí había era un cuerpo, dispuesto con un cuidado y respeto que no se trasladaba a las heridas que desgarraban su carne. La mujer, una novicia iniciada en la fe de Selûne a juzgar por sus ropajes y símbolos, aún conservaba un rictus de terror.

Habiendo mandado a su mozo a dar aviso a las patrullas de las Fuerzas Armadas, dejó la escena tal y como estaba para no entorpecer a la autoridad. Extraña era la naturaleza de las laceraciones, pero más extraña aún la marca a fuego en su frente, representando un cráneo rodeado de lágrimas.

La firma fue una flor, que encontraron dispuesta a modo de despedida fúnebre: un lirio blanco, intacto por la magia que lo conserva, posado sobre un charco carmesí como una burla o un desafío, pues son las mismas flores que escogió la Alta Sacerdotisa de su fe, Sariel Shade, en su ceremonia de ascenso.
Dicen, además, que llevaba un mensaje: ‘Así florece la noche tras la muerte de la luz’.

Así se ha hablado en los caminos de la Costa y en los Dedos de Delosar.
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Offtopic :
Petición de escena personal de jugadores validada, conducida y supervisada.
Gracias a Yuzu por la ayuda con la imagen. ✨
 

Juan

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*El capitán del Ejército Amniano atajó al mozo en uno de sus muchos trayectos por la Costa Sur, personándose en el lugar prontamente junto con un par de soldados que patrullaban las murallas.

Tras observar la cuidada escena, así como las marcas y procedencia de la víctima con la pasividad y frialdad que su veteranía le había otorgado, ordenó a sus soldados que llevarán a la chica a la abadía de Imnescar, para que le dieran los ritos funerarios de su deidad, así como que desmontarán ese improvisado altar con ayuda de los capellanes, protegiendo su cuerpo y s alma contra posibles perjuicios.

Mientras supervisa a las acciones se le pudo escuchar decir para sí*


- "Les advertí que su caótica e impulsiva conducta tendría consecuencias y no me escucharon. Está pobre chica las ha pagado pero, ¿será la última? Espero que sí, aunque pienso lo contrario.
 

Sariel

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No tardó en hacerse esperar. Un grupo de cruzados, envueltos en capas de color azul medianoche que ocultaban casi la totalidad de su armadura, llegó al lugar. Entre ellos, al frente como ya era habitual, marchaba su Capitán, el enorme rubio de dos metros de las Moonshaes, Eothain. Su presencia, normalmente templada por la amabilidad, distaba en aquel momento de cualquier gesto apacible. Su expresión era la de la ira contenida, la fiereza de quien no tendrá piedad con los culpables. Sus pasos resonaban con fuerza, y cada uno de ellos parecía hacer tronar el suelo bajo sus botas, como si la tierra misma sintiera el peso de su convicción.

En el corazón del grupo, contrastando con la imponente presencia del cruzado, caminaba una mujer envuelta en blanco puro de pies a cabeza. Sus ropas vaporosas conferían a su andar un aire casi etéreo, como si no caminara, sino que se deslizara sobre el suelo. Una capucha cubría su rostro, dejando visibles apenas sus labios impasibles, aunque la ligera inclinación de su postura denotaba algo más que simple solemnidad.
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Al llegar al lugar, los cruzados se abrieron paso entre la multitud de forma firme pero educada. Incluso apartaron con cuidado a los guardias que custodiaban la escena, con el actuar silencioso de quienes sabían que su presencia era incuestionable. Un par de ellos tomaron el cuerpo de la joven con reverencia y lo acercaron a la mujer vestida de blanco.

La oradora observó en silencio a la fallecida, sus labios apenas visibles bajo la capucha. Luego, con la suavidad de un susurro, pasó su mano por los ojos de la joven, cerrándolos con delicadeza. La plegaria que elevó resonó en el aire como un eco sagrado, un flujo de palabras en un idioma que pocos de los presentes podrían reconocer. Sin embargo, aquellos que lo entendieran sabrían que era celestial, una lengua de luz y esperanza.

Cuando terminó el breve salmo, su mano refulgió en tonos azulados. Las heridas del cuerpo, aunque la vida ya lo había abandonado, se cerraron hasta dejar su piel inmaculada. Un murmullo contenido se esparció entre los testigos. La muerte no podía ser deshecha, pero la dignidad del alma podía ser preservada.

Con la delicadeza de una madre cubriendo a su hijo dormido, la oradora tomó una fina tela opaca y blanca, colocandola sobre la joven. Luego, en una procesión silenciosa, los cruzados comenzaron a marchar hacia el templo de la ciudad, su formación perfecta, sus pasos acompasados, la silueta de la oradora destacando entre ellos con la gravedad de un juicio divino.

Al poco tiempo, la iglesia o al menos parte de ella emitió un aviso oficial: se celebraría una ceremonia en honor a la joven, considerándola un mártir de la fe. Su familia sería hospedada y cuidada por la iglesia hasta que así lo desearan, como símbolo de la gratitud que la Dama de Plata tenía por su sacrificio. Pero no solo eso. Una estatua de mármol blanco sería encargada en su honor, para ser colocada en la sacristía del templo. Su efigie la representaría tal como fue en vida, sujetando un ramo de rosas plateadas, con los ojos levantados hacia el cielo y una tenue sonrisa en los labios, la expresión de alguien que nunca perdió la esperanza, ni siquiera en el último instante.
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Offtopic :
¡Holi! Se celebrará una misa mañana día 22 a las 22 horas HPE en el templo de la capital
 
Última edición:

Juan

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*Los soldados de las Fuerzas Armadas, disciplinados y obedientes, aguardaron la orden de su capitán para dejar pasar a la comitiva selunita y permitir llevar el cuerpo de su fiel fallecida, mas continuarían con sus labores de desarme del lugar y manteniendo el orden*

- "Ese viaje que nos ahorramos"

*Comentaba aliviado alguno de los soldados que iba a tener que transportar el cadáver*
 

Orador

Copia de fichas de Kronos
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La joven Zarah, acólita y seguidora de la fe de Selune acude al lugar de los hechos junto Sariel y la comitiva De la Iglesia. Allí donde se encontró el cuerpo la Selunita olfateó y buscó “respuestas”. Un escena dantesca, atroz, sobrecoge su corazón puro y lo deja henchido de venganza.

Su ser queda encogido, sus rezos se dedican al alma de quien ha perdido la vida en un acto deplorable.
 
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