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Rumores tras las oscuras homilias

HuesoySangre

Cuenta secreta evidente
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Crónicas de Ransa, el viejo.

17 Sin concesiones, el maestro se plantó ante él y le dijo. 18. Tu vocación te hace fuerte, alumno mío. 19. Eres el más digno de entre nosotros, pues entiendes que la más primordial de las lecciones está en tu interior. 20. Es el significado del poder lo que nos hace comprender todo lo demás.
Palabra de Velsharoon


En los círculos nigrománticos corren rumores de que en apenas unas lunas tendrá lugar una misa en una de las ciudades de los muertos bajo suelo amniano. Se dice que podrán acudir mortales, siempre y cuando sean capaces de contactar con alguien que les introduzca en ella.

Offtopic :
Brujos, caballeros del mal, amigos de los huesos... Estáis invitados a una ceremonia privada que se celebrará en uno de los templos de la Emnékhul el domingo 21 a las 21:15. Los interesados enviad un privado a ésta cuenta o hablad directamente con los jugadores que os puedan dar acceso a la ciudadela. Los que no jueguen con un personaje no-muerto tendrán que aceptar unas reglas sencillas para estar como asistentes.
 

duBal

Shevarasita que habla bajito
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El significado del poder.
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Revistiendo de importancia el acto, los adeptos del culto al dios-liche formaron filas a diferentes alturas del templo e iniciaron los respectivos salmos. De cara a la multitud también permanecían figuras inertes cuyas togas cubrían por completo sus cuerpos. Símbolos garabateados a sus pies. Insomnes pensamientos en la insomne necrópolis de Emnékhul.

Con solemnidad, el clérigo que oficiaba la ceremonia intercambió instrucciones con el guardia negro nombrado superior por la jerarquía clerical. Aquel conocido como el Heraldo. Y no fue hasta que se dio la primera señal que los congregados tuvieron ocasión de escuchar.
Visitantes... Dijo el sacerdote. Sé que muchos de vosotros estáis capacitados para conjurar la ruina y hacer de sus restos una nueva creación. Y eso es precisamente a lo que voy a hacer mención hoy. Y captando las miradas ansiosas logró transmitir su convicción en cuerpo y espíritu. Todos queremos poder, y lo queremos en todas sus acepciones. Continuó diciendo. El poder es el conducto del cambio. La llave de nuestro sino. Queremos ejercer poder sobre todo y sobre todos, y en especial sobre nosotros mismos. Y atravesar los senderos de la muerte es llegar a la cúspide del poder; es alcanzar una de las verdades de la creación; es abrirse paso entre la mansedumbre en pos del conocimiento absoluto.

El Prelado Oscuro, como así se le conocía desde que heredó el título de su antecesor, el maestro de maestros, Amonzer, detuvo sus pasos antes de añadir más. Pero, ¿qué es éste principio sin un dogma que lo sustente? Un conjunto de palabras sin un sentimiento sincero. Y las lecciones que no se persiguen con la fe tienden a resquebrajarse, a carecer de un sentido, a esfumarse como una voluta de humo. Descargando la cuestión sobre los asistentes no tardó, sin embargo, en aportar la conclusión. Creer no es volver las cosas más fáciles, alterándolas con la habilidad de un transmutador. Creer no está en la sencillez, sino en la complejidad de que todo va más allá de ser capaces de expeler un hechizo o de guiar un brazo en el momento oportuno. Y depositando sus manos sobre la fría piedra del altar, declaró finalmente. Creer no es más ni menos que significado.

Algunos de los espectadores variaron en sus reacciones tanto como variadas eran sus procedencias. No solo los habituales fieles habían acudido, sino también miembros de otros cleros e incluso personalidades no adscritas a ninguna corriente. Contemplaron el despliegue que era capaz de realizar la orden oscura del dios-liche en silencio, valorando, quizá, cuán férreos eran sus fundamentos. Ransa. La voz del clérigo se alzó de nuevo. Como cronista de nuestra religión y divulgador de nuestra filosofía, así se lo comunicó a sus aprendices. La creencia y la voluntad, unidas, son lo que nos hace fuertes. Nuestro señor Velsharoon nos empuja a usar ambas y a diferenciarnos de aquellos que, como practicantes de la magia oscura, se inclinan frente a ídolos de tantos pretendiendo obtener beneficios cual mercaderes que se rinden a placeres mundanos. Haciendo descender y elevar su penetrante mirada tomó silencio antes de poner broche final a sus palabras. Puesto que, ¿qué es sino lo que merecen?, más que ser agotados por un instante de éxtasis. ¿Qué es sino lo que defienden?, más que ser una carcasa vacía… de contenido. Asintió, y su gesto fue automáticamente interpretado como una autorización a los centinelas apostados.

Independientemente de si habéis venido a parar aquí por la búsqueda o la curiosidad, de si presenciáis como fieles, aliados u opositores, sabed que este templo permanecerá abierto para que valoréis los extremos de vuestra sed. La proclama del prelado dio inicio a la parte ritual de la ceremonia. Mientras permaneció sumido en meditaciones, el resto de adeptos se unió en un coro de voces para terminar elevando sus propios salmos. Los incensarios comenzaron a prepararse. Y el clérigo rompió su murmullo.

Cuando sea anunciado el latido moribundo,

Cuando llegue el primer bostezo del ocaso,

Me inclinaré, y juraré ante el soberano.


Cuando las llamas de la magia brillen sobre el hexágono negro,

Cuando mi aliento sea mi último,

Renaceré, y abriré la Séptima Puerta.


Cuando tome el embrión de mi razón,

Cuando beba de los pozos de la sabiduría,

Me hallaré en la inmensidad,

Y miraré a las dos caras del todo.


¡Syety seiay ss iy suthsets!
*

Exclamó, subiendo el tono al articular palabras de un idioma antiguo, propias de la tradición velsharoonita. En ese momento los incensarios, cuyas cabezas estaban atadas por largas cadenas, fueron balanceados a lo largo y ancho del templo por sus portadores. Una bruma se formó alrededor conforme la energía negativa saturaba el ambiente. Y los rezos del clérigo se escucharon una última vez.

Y es en noches sin estrellas que mi mente puede ver,

Pues con mi orgullo invado horizontes,

Y a través de los umbrales pronuncio tu nombre.

Mana mi credo de las fauces de las sombras,

De las raíces de los tiempos,

De los campos de los muertos.

Abraza mis oraciones, Señor de la Cripta,

Pues soy tu guardián y mensajero.


Por emanación divina los olvidados, aquellos que cubiertos por sus togas habían pasado desapercibidos durante el transcurso de la ceremonia, se levantaron con llamas en sus cuencas y marcharon hacia unas puertas que se abrían para permitirles el paso. Clamaban a su dios, Velsharoon, partiendo hacia el interior de la necrópolis como en un desfile mortuorio. Durante las horas que restaban hasta el amanecer los incensarios no dejaron ni por un instante de ser movidos de un lado para otro, así como tampoco hubo momento para que los pregoneros inmortales pasasen inadvertidos.


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* Para los que tengan suficiente saber en religión o en su defecto sepan traducir directamente del antiguo imaskari, Syety seiay ss iy suthsets quiere decir Larga vida en la muerte en la tradición velsharoonita.​
 

duBal

Shevarasita que habla bajito
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La Séptima Puerta. La Séptima Verdad. Al contrario de lo que se pueda sospechar por las informaciones que, bien por difusión o robo, se han ido expandiendo a lo largo de los años, los caminos de las verdades no desembocan únicamente en la obtención de la inmortalidad. Si bien pueden ser una vía para ello, buena parte del grueso de los seguidores de la fe goza de ése estado antes y durante el proceso de profundización en las enseñanzas de la religión. O, al menos, los que así se autodefinan, puesto que para sus incondicionales ser inmortal es más que una simple categoría, y no resulta extraño que hagan distinciones entre unas clases y otras de retornados o muertos vivientes, especialmente con los que no forman parte de su culto. En conclusión, las verdades se pueden definir como un oscuro viaje espiritual e intelectual que lleva a los fieles hacia una serie de descubrimientos. Tal es así, que también es habitual que entre sus clérigos, arcanos y guardias destacados, la transformación se produzca en condiciones especiales o sea más tardía de lo que podría serlo en otros individuos.

Por tanto, como dicta su tradición, la Séptima Puerta, o el paso tras las Siete Verdades de Velsharoon, es la entrada a una Gran Revelación concedida por el dios-liche. Hay quien especula acerca de una invitación divina a la Cripta Olvidada. Otros, en cambio, hablan de una visión. Sea como fuere, es sabido que sus apóstoles recibieron tal privilegio, y el silencio guardado al respecto no ha hecho sino engordar la leyenda que muchos persiguen como si se tratase de la más importante de las reliquias o el secreto mejor custodiado.



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Reservado para los que cuenten con un alto conocimiento de la religión velsharoonita o lo hayan averiguado por medio de conversaciones teológicas con sus miembros.​
 

duBal

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El círculo lucía como estampado, con un rojo tan intenso que parecía poseer entidad propia. Cada uno de sus trazados había sido reforzado con una suerte de barniz mágico para describir una red de caminos que confluían en su mismo centro, el lugar donde permanecía depositado un cráneo humanoide repleto de runas y gemas. Dispuestas por manos expertas en el ámbito de la hechicería las velas, negras como el más negro de los tizones infernales, desprendían su aroma a la vez que podía olerse el miedo en los dos varones que esperaban para ser sacrificados. No sin motivo. Su destino había quedado sellado al osar enfrentarse a los asistentes; pero incluso aunque no lo hubiesen hecho, eran necesarios para pagar el precio. Y así, después de haber sido rociados los aceites fantasmales y esparcido el polvo de hueso, el temible hombre conocido por el título de Prelado Oscuro rondó sus corazones. Mientras la espada que portaba segaba sus vidas cortando cada cuello suavemente, la sangre quedaba desparramada por los bordes del dibujo. Las runas fueron leídas antes de iluminarse. El sacerdote deambuló alrededor pronunciando su propia salmodia.

Contempla desde el silencio intemporal,

Los designios de los Primeros Elegidos.

Contempla los altares de la evocación,

Y los signos del que traspasa el reino de los sueños.

El Señor de los Liches te reclama,

No hay sima que te aparte de su seno,

Ni arcano presidio más fuerte que su pacto.

Contempla el poder que nada detiene,

La eterna unión que todo lo vence.


Retornando a su posición original el Prelado Oscuro invocó poderes más viejos que el tiempo. La extensión de sus brazos se produjo a la vez que el tejido de la realidad se resquebrajaba cual cristal golpeado, y el círculo ritual irradió una luz tal que sus formas llegaron a confundirse con las de un rubí de talla brillante.

¡… SIGUE LA GUÍA Y EMERGE! ¡YO TE LO ORDENO!


La habitación pareció estremecerse con el desafío. Puros latigazos de energía castigaron los cuerpos de los mortales que presenciaban el ritual y el sacerdote sucumbió a un empuje que escapaba al control de su carne. El estallido de luces que vino a continuación sólo fue el comienzo de un torbellino. Algo había sido sacado de su letargo. Nadie sabe para qué, pero los rumores corrieron por los círculos nigrománticos más afines desde el sur de las Tierras Occidentales hasta el norte de Tethyr, pasando por las islas más próximas del Mar de las Espadas. Únicamente los que se mostrasen abiertamente a los promotores de lo sucedido tendrían alguna oportunidad de ser partícipes de la épica historia que estaba cercana a escribirse.


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duBal

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En algún lugar de Amn...

¡Levantaos, dueños de lo perdido! El Eco de la Cripta remueve vuestros túmulos,

Y vuestras viejas ataduras se quiebran como vuestros huesos.

Extended el manto mortecino de lo que una vez fue,

La victoria que acarrea el castigo,

Lo perpetuo del oscuro sino.

Retornad para mostrar vuestra implacable cólera,

Vuestra interminable venganza,

Vuestra insaciable avidez.

¡Levantaos! Y sed la no-vida y la no-muerte.




Como tantas otras veces antes, cerca de altares y capillas privados aparece la huella del paso de los poderosos nigromantes. Y como tantas otras veces antes, todo apunta a que los símbolos con calaveras son un indicador de que tratar de buscar su favor puede resultar tan complicado como peligroso. Al menos para aquellos que provoquen con sus actos una reacción adversa.

La imagen corresponde al retrato de Alric.
 

duBal

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Proclamas de Karus'thul.

29 Ya sea en mares de agua o de lava, en montes malditos o en cielos sin nombre, nuestro destino va sujeto a nuestra visión. 30 Ésta representa el viaje más largo. 31 Todo cuanto podemos y debemos alcanzar está determinado por lo lejos que lleguen las líneas de nuestro pensamiento.
Palabra de Velsharoon


Se dice que pronto tendrá lugar en las calles de Esmeltaran una ceremonia velsharoonita. Varios iniciados ya desfilan por las inmediaciones de la plaza del mercado.

Offtopic :
Viernes 28 a las 21:00 para los interesados. Abierto al público.
 

Chitriel Drachenblut

Guerrero puro pero feliz
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El las Criptas se escuchan susurros, se permiten deslizarse entre los recovecos de las piedras arañadas por el tiempo, reptando entre el polvo y los cadáveres que todavía aceptan que parte de la carne pútrida les vaya lamiendo mientras los insectos se van aprovechando de su festín mortuorio. Cada cierto tiempo son expelidos y los que caminan entre ellas como parte de la propia Muerte, en una comunión dulce y tácita los escuchan... y algunos, responden a ellos.

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Los hijos de la Muerte responderán a la llamada de aquella que los ha amparado bajo su manto,
porque suya es la consciencia de que es el impulso el que guía sus corazones, que marcha por sus venas...
porque saben que está escrito, que al final los gritos agónicos de los condenados se alzarán al aire...
.....y nosotros bailaremos con ellos.

Escisión​








Offtopic :
Clase de Nigromancia el Jueves por la tarde/noche. Sobre las 9 aproximadamente
 

duBal

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La Exégesis.

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…Y así, como el carmín de la mujer acaudalada que deja su rastro en el borde de la copa, la delgada línea roja de la puesta de sol orlaba la abertura del lago Esmel. Quedaba menos para el evento que los fieles del dios-liche organizaban en la ciudad que reina solitaria en sus orillas, y varios curiosos acudían a la cita, encuadrados por las últimas luces. A un lado de las murallas esperaba el conocido como Lord Alric, oficiante de la ceremonia. El mismo que, dispuestos los preparativos, se dirigió hacia la concurrencia.

Hoy, en la noche de la Exégesis, nuestra iglesia abre sus puertas para que partidarios y curiosos tengan oportunidad de abrazar la Fe y recibir la bendición de nuestro señor. Empezó diciendo. A su juicio cualquiera es bienvenido, pues es la marca interior la que muestra el camino, y no la condición. Un camino repleto de certezas amargas, pero que no por ello dejan de ser certezas. La gente se movía frente a él con un ánimo poco frecuente, sorbiendo del discurso la fluidez y la entereza del hombre, pero también el misterio de lo que es oscuro y complejo. Un camino por el que resulta complicado transitar, pero tras el que esperan recompensas que trascienden a lo material. Un camino de aspiraciones y descubrimientos, por el que no es posible avanzar sin antes haberse despojado del peso de los convencionalismos y haber roto con el enredo de la necedad. Un camino que conduce a Velsharoon, el Señor de la Cripta Olvidada.

El clérigo realizó una pausa breve y abrió su puño, invitando a la reflexión. ¿Por qué cruzarlo?, o mejor aún, ¿por qué buscarlo? Formuló. Las voces discordantes siempre aducen que han de temerse las artes oscuras y el estudio de lo oculto por su naturaleza peligrosa y hostil, ¿y qué decir, cuando se asevera tal cosa? Echó un vistazo desde la distancia estrechando los párpados, cual ave que sobrevuela el terreno divisando movimiento. Que así es. Dijo, con rotundidad. Deben temerse, si con ello entendemos que han de respetarse. Levantó su barbilla entonces. En raíces profundas descansan conocimientos que pretendemos arrancar, que nos trasladan hacia cotas más altas de desarrollo y supremacía. Secretos que nos permiten transformar aquello que nos hemos visto obligados a ver desde nuestro nacimiento. Y queriendo ahondar más en la cuestión, adelantó su rostro antes de continuar. Todos estos secretos y elementos os son negados por los que no comprenderán ni aceptarán y es vuestra decisión romper con las imposiciones para tomar lo que yace enterrado. Aquello que os espera ahí fuera.

Mientras se giraba para encaminar sus pasos hacia el altar, no desaprovechó la oportunidad para depositar deliberadamente un nuevo razonamiento en los ciudadanos que le observaban. Echad la vista atrás y recordad acontecimientos pasados, ¿qué hubiese cambiado de estar bajo nuestra protección, de venerar, por tanto, a nuestro dios? ¿Qué habría pasado si no se hubiese tolerado la instigación por parte de aquellos que os prometen la timorata “paz”? Soltó, con especial énfasis, casi como una reacción desdeñosa. Pensad en vuestras equivocaciones pues son, las decisiones, las que alteran el curso de las cosas.

Alguna ráfaga de aire fresco se internaba en el claro. Ya era medianoche, y se hallaban a la intemperie. Los fuegos permanecían encendidos pero oscilaban en varias direcciones movidos como por un ritmo ritual; danzantes, representaban los faroles que enfocaban la vista en mitad de las sombras. Bajo ellos las calaveras de bronce de los soportes adquirían un brillo cautivador y los acólitos recorrían las proximidades del altar aumentando la expectación. Después de dar paso a las salmodias, los situados en el centro comenzaron a derramar su propia sangre dentro del único cáliz habilitado para ello. Y lanzando varios sortilegios sobre la que fuera su importante reliquia, el clérigo puso voz al acto.


En ríos de olvido,

Alejada por tentáculos de oscuridad.

Allá, donde la luz ya no ilumina,

Donde el dolor condena,

Y el silencio envuelve.


Allá, en la soledad de un abismo,

Tras la estela de las eras.

Allá, donde nada la incredulidad,

Donde la duda ahoga,

Y el temor oprime.


Allá, donde la voluntad y el deseo se encuentran,

Donde germina el propósito,

Donde brota la Fe.

¡Allá, tendida por tu mano, aguarda la Verdad!

¡Como las tres falanges del dedo que señala,

Magia, Muerte y Eternidad!


Las palabras de poder del clérigo retumbaron más allá de lo que los asistentes podrían llegar a dilucidar. La sensación de estar ante algo solemne creció entre ellos, y una vez finalizadas las invocaciones del rito los acólitos procedieron a acercarse al cáliz. Entre tanto el sacerdote, dejando obrar a sus iguales, tomó uno de los cráneos enjoyados que reposaban junto a un fondo que hacías las veces de retablo y deambuló por las inmediaciones al tiempo que se dirigía a la multitud.

Nuestro dios es el Dios del cambio. Les dijo, mirando por un instante las cuencas vacías. No es un concepto vacuo de la muerte viviente lo que alimenta nuestra Fe, sino algo más vasto y elevado. Como exploradores de la muerte nos abrimos paso a través de puertas que permanecen cerradas para el común de los mortales; puertas que abre el saber; puertas que conducen a destinos donde convergen las fuerzas y energías que arrollan el mundo. Apretó los dedos sobre la calavera y se adelantó un poco más. Vamos más allá de lo que podría ir cualquier otro usuario de la magia porque nosotros no tememos manipularlas. No tememos al odio, pues hemos nacido de él. Emergiendo de la convicción, en nuestra mano cobran un sentido, como la hebra para el tejedor, como la arcilla para el alfarero. Un sentido supremo. El del dominio sobre todas las capas de la existencia.

Girando, se volvió hacia el altar y aun habiendo dado la espalda continuó hablando. Somos la mano que retirará el velo de lo oculto. La que traerá una nueva Verdad. Que los mundos de lo vivo y de lo muerto han de aprender a coexistir. Que los pilares de la falsa moral deben ser derruidos para que pueda triunfar el progreso. Que en la muerte hay conocimiento, y que los vientos traerán consigo un nuevo Juez. Y volviéndose otra vez, de cara a los asistentes, concluyó, estirando un brazo a cada lado, como atado por dos extremos. Para los que persiguen respuestas o sabiduría. Para los que ambicionan poder o perpetuidad. Para los que en la guerra encuentran la paz. Para los que huyen. ¡Para los que ansían venganza! Para los que no tienen nada. Para todos aquellos que buscan algo. Para todos ellos sin excepción… Velsharoon estará esperando.

Por miedo o respeto, muchos de los congregados aceptaron ser bendecidos en esa noche por la iglesia del dios-liche. La sangre del cáliz quedó grabada en su frente con un leve trazo, y el rumor recorrió las calles de Esmeltaran en los días venideros.



 

duBal

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Hechos de Sir Morgan Yasper.

6 Sus enemigos, exultantes, cuestionaron el alcance de sus acciones, y él les respondió. 7 ¿Qué consideráis que se siente al encarnar algo que está por encima de las naciones, por encima de sus huestes, por encima de quien gana o de quien pierde?
Palabra de Velsharoon


Esmeltaran vuelve a ser lugar para otra cita de los fieles de Velsharoon. Sin embargo, parece que ésta vez el evento tiene un carácter más marcial. A pesar de que faltan unas lunas, ya se comienza a hablar de la llegada de una rama de guardianes de élite a la ciudad.

Offtopic :
Viernes 25 a las 21:00 horas.
 

duBal

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El Despertar.

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¡Ey suei, sssyswy! ¡Ey suei, ssyreiai!

Dispuestos en orden los guardas clamaron. De izquierda a derecha su grito se levantó con el mismo ímpetu de un golpe de viento. No llevaban armaduras. A decir verdad, apenas unos retales cubrían sus cuerpos cincelados con dureza. Aunque su desnudez respondía, posiblemente, a alguna necesidad propia del rito que habían aceptado asumir, lo llamativo de su apariencia radicaba en el contraste de su orgullo con la reacción de asombro de una parte del público. Como si se hallasen reverenciando a una figura icónica, clavaron las rodillas y bajaron la vista. Delante de ellos un hombre interrumpió sus propios pasos. Vestía protecciones con piezas de una aleación negra con curiosas prominencias: De arriba abajo todas ellas tenían algún decorado de origen religioso; referencias de su pertenencia a una orden clerical.

Acoged las palabras de quienes han abandonado el adormecimiento inducido de una mentira. El hombre subió un tono para que su discurso llegase a la abigarrada concurrencia. Sin embargo, su atención retornaba con prontitud a sus semejantes, resultando evidente la distinción que hacía entre unos y otros. Ésa… con la que muchos aceptan quedar arropados, al abrigo de su falsa calidez, apartando la vista por miedo a ver y experimentar cambios en su percepción. Dijo, realizando una pausa mientras variaba una vez más en sus observaciones.

Acoged las palabras de quienes han abandonado la somnolencia. Repitió. Esa en la que otros caen desnudos, sin albergar causa, creencia o ánimo de servir y trascender, tan faltos de obra e intensidad que ni siquiera llaman el apetito de los gusanos del tiempo. Retomó los pasos y avanzó durante un momento en el que la expectación pareció quedar suspendida. Algunas caras comenzaron a arrugarse con la suavidad del papel, plegándose a la intencionalidad y a los deseos del clérigo. Acogedlas, pues, para difundirlas entre los que todavía continúen consolándose con su insulsa realidad. No esperéis que sean admitidas, pero sí escuchadas, ya sea con el sonido de la voz o con el del acero.

Haced que los tan carentes de una dirección sepan que existe un guía que puede conducirles hacia su revelación, uno que sustituya su desgana por interés y devoción, que transforme su ignorancia en conocimiento, y su débil hálito… en un vendaval de ira. Apuntó, dotando a la palabra de un enérgico significado. Uno que encauce sus emociones y pensamientos. Que les proporcione un cometido. Que los despierte y otorgue renovada fuerza.

Un instante después el temor y la fascinación formaron parte de un entretejido que servía convenientemente a los propósitos por los que fue convocada la marcha. Los que iban y venían terminaron por detenerse. Y los párpados del clérigo se entornaron. Solo al dejar atrás dicha vacuidad, la nada puede dar paso a algo más grande. No ha de haber inconveniente en desechar lo que habéis sido hasta ahora, en mudar, como la piel de la serpiente, la confusa noción de lo que os rodea.

Los hombres y mujeres que aquí se inclinan ante mí. Dijo, abarcando el lugar ocupado por estos con un movimiento ampliado de su brazo. Recuerdan que su lugar era el suelo de una barcaza esclavista o el de una celda húmeda, las escaleras de un cadalso o las cuerdas de una horca. Hoy blanden sus armas en nombre de su dios, Velsharoon. Ya no poseen el estigma de su anterior vida: Lo han utilizado para propiciar la chispa de un cambio. El comienzo de su nuevo ser. No precisan de más oportunidades. Ya no se preocupan por experiencias vulgares. Tampoco les importa fallecer si es transportando una llama que no ha de extinguirse. Actúan entendiendo que sus pasiones son más profundas que todo eso. Obran creyendo que su fin es ser hijos de la muerte. Y eso, creer, es su fortaleza.

Tomad su ejemplo. Tras el último mandamiento se apartó. Situándose cerca del altar subió su puño cerrado y exclamó. ¡Palabra de Velsharoon! Los hombres y mujeres a los que aludió se incorporaron con la cabeza alta y el pecho henchido y sus rostros quedaron como el reflejo de un compromiso desprovisto de toda duda. Entonces el clérigo adoptó una postura casi desafiante, orando en dirección a la bóveda celeste.


Por las llanuras de polvo púrpura de Imaskar,

Por los destellos imperecederos de los viejos sabios,

Y los altos muros de basalto de la Ciudad Negra.

Que los espectros de la vigilia conquisten las memorias del presente y del pasado,

Que el hueso y la sangre cimienten el puente invisible entre los mundos,

Que el tañido de las campanas rompa con el letargo,

Y lleve al Despertar,

A los hijos, de los hijos.


Los guardas respondieron al unísono.


No importa quién pude haber sido.

No importa el sacrificio.

¡Velsharoon es mi inspiración y mi guía!



El aire comenzó a revolverse, y lo siguiente en escucharse fue el siseo de un arma abandonando su funda. Primero, el clérigo sostuvo la espada a modo de ofrenda. Después la asió por la empuñadura y adelantó el brazo. Los más próximos creyeron oír cómo el filo cantaba, emitiendo una especie de resonancia. La curiosidad creció a la par que las oraciones volvieron a tomar forma.


Gran Nigromante,

Tu vista se posa sobre mí,

Siento la tormenta sobre mis hombros recios,

Y atronar en mi pecho el aullido de los condenados,

Si aún mi fin está cerca,

Que reine en mi seña la decisión,

Que mi suspiro conjure las nieblas,

Y espire sobre mi espada… el aliento del dragón.


Justo en el momento de la finalización pasó la mano sobre la superficie de metal. De la nada surgieron llamas mágicas acompañando el movimiento. La hoja al completo ardía, y su fulgor eclipsaba el semblante del hombre. Este, a continuación, guio el arma hacia cada uno de los guardas, dejando en un lateral de sus cuellos el recuerdo de su reciente vivencia. Guardianes de la Cripta, id. Que las gentes os reconozcan. Con el olor a carne quemada todavía flotando en el ambiente, el clérigo volvió a aproximarse a los asistentes.

Esta tierra sabrá que ahora los defensores están dispuestos a cumplir su misión. Respetad al Señor de la Cripta Olvidada, y obtendréis su favor. Negad su presencia y caeréis en el mismo error que provocó la toma de Shoon.





* Del antiguo imaskari: ¡A mí, venganza! ¡A mí, castigo!.​
 

duBal

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Los Hijos de la Muerte. Se rumorea que llegaron procedentes de algún lugar en el este, de tierras que antaño sirvieron de reposo para los dragones rojos. Hay quienes, por la dirección de su ruta, los sitúan algo más hacia el norte, sobre las ruinas de algún antiguo reino en las que aún perdura la huella de sus últimos y violentos coletazos. Otros, en cambio, optan por no atreverse a concretar su origen, volcando la fuente de su creciente fama en el sentido contrario: El espiritual. Su oscura matriz es la fe, y su frenesí, el denominador común que los hace fácilmente reconocibles allá donde ponen un pie. Como guardianes de élite de la iglesia de Velsharoon, el Señor de la Cripta Olvidada, cumplen sus misiones con el fervor y la brutalidad de los que han sido apartados, como es su caso, de la ejecución o la esclavitud para luchar por causas superiores. En su mayoría han sido seleccionados, y después instruidos y educados en rigurosas academias donde entierran las miserias de su anterior vida y pasan a interiorizar fuertes creencias, grabadas en su psique con el poder del fuego. Guiados y disciplinados por clérigos, guerreros y arcanos, desfilan para vigilar o aniquilar sin condiciones, según las órdenes que reciban en cada momento.

Recientemente han sido vistos por la ciudad de Esmeltaran. Poco más se conoce acerca de su presencia, salvo que están siendo comandados por un extraño caudillo denominado el Heraldo de la Muerte.




 

duBal

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Proclamas de Amonzer, el Sangrador, el Dos Veces Renacido.

20 Y entonces el Prelado Oscuro decidió corregirle. 21 En nuestra Fe nada es fruto de la casualidad. 22 Cada paso que hemos dado ha sido un desafío. 23 Y en el abandono de cualquiera de las suertes, es donde encontramos que no hay distancia insalvable para el astuto, ni tampoco muro irrompible para el constante.
Palabra de Velsharoon


Esmeltaran vuelve a ser el lugar elegido para una nueva ceremonia velsharoonita. Se rumorea que en ésta ocasión se conmemorará un momento importante de la religión.

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Viernes 7 de abril a las 21:00 (aproximadamente). Abierto al público.
 

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La Ascensión.
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A ojos de los temerosos, representamos una pesadilla que atormenta a los que creen dormir el sueño de los justos. Y lo somos. El clérigo se movió, de pie frente a las sagradas escrituras. Nuestra posición suscita muchos interrogantes y, entre ellos, hay un extenso campo para cultivar el miedo. Y tras el suave siseo de su respiración, contagió con sus palabras un súbito escalofrío. Sin lugar a dudas, su mera presencia era como una fuerza vertebradora que determinaba el impacto del sermón. El miedo es capaz de aquietar los corazones, y usado por buenas mentes, incluso puede llegar a incendiarlos, llevando a provocar las reacciones impetuosas de la turba.

Cuando escucháis hablar de esperanza a los autoproclamados buenos predicadores en realidad os están tratando de inocular una forma de miedo. Pero no de uno real, sino de uno insincero. Juegan con vuestra desconfianza y cantan a vuestros oídos palabras tiernas para que no abandonéis su tutela. Vuestro sentimiento de culpa les da poder sobre vosotros. Alargó, despacio, uno de sus dedos, presto a señalar a los oyentes. Sus llamadas a la esperanza y a la correcta moralidad no son más que el anzuelo del pescador.

Los aquí reunidos estáis para lograr percibirlo. Hoy conmemoramos el momento de la Ascensión. En este rito celebramos el ascenso de nuestro Alto Señor, el dios-liche, y glorificamos su carrera hacia el lugar que le corresponde y que ya fuera ocupado por el antiguo Myrkul: el de dios de los muertos. Desde su peregrinación por los rincones del multiverso, y su caminar por las arenas de la faz de Toril, ha sostenido entre sus manos cada uno de los secretos de la vida y de la muerte. Pero antes de las lecciones sobre dominación, nos transmitió el ejemplo de hasta dónde conduce la pasión. El odio y la sed de un espíritu vengativo. Al acercarse a los bancos su voz sonó más cercana. Desplegó la palma de su diestra, casi tendiendo una invitación a los devotos. Entretanto su mirada trataba de perforar de manera inquietante el subconsciente de los que le observaban, buscando anudar cada uno de sus pensamientos.

Sobreponiéndose a todas las dificultades, Velsharoon nos ha indicado que no detenerse ante nada ni ante nadie lleva a obtener éxito donde otros solo hallan fracaso. Nuestras emociones oscuras no solo nos ayudan a descifrar nuestro alrededor, sino también a ser más fuertes y francos con nosotros mismos. Renunciando a ellas impulsáis vuestra inseguridad, y conseguís caer bajo la luz que tantas veces os ha cegado y engañado ofreciéndoos una ficticia esperanza.

En nuestro credo se dice que no tiene el que recibe, sino el que busca. Estudiad su obra y descubrid estas lecciones con el ejemplo de su ascensión. Y, finalmente, asintió al resto de cultistas antes de dirigirse a ellos. Disponed de los preparativos.

Mientras retiraba las placas de armadura y embadurnaba su cuerpo desnudo con una sustancia acerosa, los cultistas ordenaban los componentes litúrgicos del rito. Aunque seguían un patrón desconocido, algunos de los presentes fueron capaces de reconocer piedras pulverizadas y raíces de mandrágora como elementos potenciadores de una invocación sacrílega. Además, se podían encontrar dibujos con caracteres mágicos repartidos por la zona próxima al altar, siguiendo un criterio específico. Del mismo modo, eran colocados recipientes transparentes en los extremos, en cuyo interior se arremolinaban trazas de alguna clase de esencia. Fijándose a las paredes de cristal parecían querer liberarse. Y no tardaron en hacerlo.

Los recipientes estallaron en varios fragmentos cuando el clérigo dirigió bolas de energía oscura concentrada hacia ellos. Durante un instante, éste se vio envuelto por un susurro semejante al de almas en pena. Después, algo acaparó la atención de los observadores. La sangre del clérigo comenzaba a discurrir por una red de canales descritos en los dibujos: había abierto sus propias venas con cortes de una daga ceremonial en un puro acto de fe.

Y mirando a lo alto, pronunció.



¡Dios oscuro de la mente!

Tú, morador del polvo, fuego de Thay,

Arquitecto de senderos ocultos,

Maestro de los lamentos.

Tú, que del destierro pudiste resurgir,

Y que al rencor supiste alimentar.


¡Dios oscuro de la magia!

Tú, escritor de conciencias,

Artífice de mil proezas,

Magus de Soonenar.

Tú, que los límites osaste traspasar,

Y a los rumbos doblegar.


¡Dios oscuro de la muerte!

Tú, Señor del Trono Olvidado,

Mecenas de los despreciados,

Padre Inmortal.

Tú, que observas desde tu cripta de los secretos,

Abre la puerta una vez más.


Obedeciendo su petición, los cielos parecieron abrirse a las afueras de la ciudad de Esmeltaran, y con un temblor incipiente algunos de los símbolos de protección comenzaron a disiparse. Ante la atónita mirada de quienes se hallaban cerca surgió una densa y sobrecogedora oscuridad. Algo se agitaba dentro. Embargaba de poder a todo y a todos y paralelamente deformaba la realidad hasta generar una noción confusa. Pocos de los que experimentaron aquel instante supieron explicar con palabras lo que habían sentido. “Un milagro divino”, repetían. Lo único cierto es que hasta el alba una gigantesca nube ennegrecida, con forma de calavera, cubrió el firmamento y se mantuvo vigilante sobre la ciudad del Gran Lago.

“La Verdad despejará vuestras dudas”, dijeron los cultistas antes de marchar y dejar tras de sí lo que podría considerarse, al menos momentáneamente, un lugar de peregrinaje.


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