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Saloma de Plata

ELLOESO

Perro de Dan
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Océanos argénteos

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Mientras el ocaso se cernía sobre los mares del Norte, Liliana dejaba que la fuerte brisa marina golpeara su rostro intentando, de aquella manera, que se llevasen los ecos que resonaban en su cabeza. Las palabras de Arianne y sus advertencias de sus elecciones la acompañaban en el mar, así como el peso de las miradas invisibles de aquellos a los que había dejado atrás. Había huido, superada por la quietud y complacencia de Amn y loas que allí habitaban; eligió no hipotecar su alma ante un esfuerzo que sería opacado o al que intentarían sumarse tras la ardua "batalla".

Con el ocaso, llegaba en parte el silencio; aunque no estaba allí, podía sentirlo cada vez que escuchaba el aleteo de algún ave, la sobra de las alas que cruzaban raudas la superficie de la nave... su recuerdo y las experiencias vividas pugnaban en direcciones contrarias. Por un lado, era la principal razón por la que el hilo que la mantenía ligada a Amn no se había roto; pero por otro lado, sabía que le había fallado, aunque no lo admitiera si algún día volviese, la huida había sido un hecho y vivir con ello en su fuero interno, seguramente le diese igual, tuviese que pagar lo que tuviese que pagar por ese periplo, pero, afrontar las cuentas de aquellos que le importaban, eso sería un peso que la acompañaría siempre, volviese o no a las costas de la Tierra de la Intriga.

Mientras la noche ganaba la pugna ante el día, en su inevitable danza, la oscuridad se ceñía sobre su mente. ¿Quién era ahora? Toda su vida se había aferrado a su ideal, a su elección, a pesar de los pesares. Y en el momento en el que tuvo que dar el paso, vaciló, se tropezó, y en vez de levantarse una vez más, tomó sus cosas y huyó a la mar. ¿Qué quedaba de ella ahora que se había fallado incluso a la mera concepción que tenía de si misma?

Agachó la mirada, apoyada en la baranda del barco, fijando la vista en el oscuro mar. Los murmullos de los marineros comenzaron a llegar a su mente distante; en los últimos días, las nubes habían acompañado la travesía, diluyendo los colores como su ánimo; hoy, sin embargo, algo había cambiado.

Fue algo sutil, casi imperceptible, acompañado por los murmullos de los marineros. Tuvo que parpadear un par de veces para cerciorarse que el mar no era una negrura oleosa, lentamente, se iba "iluminando" como si se tratase de un mar de plata bruñida, viva. Entonces fue cuando alzó la mirada, entendiendo los murmullos de los marineros, que no eran más que rezos, rezos ante el despertar lento y ominoso de una enorme luna llena que, lentamente, iba impregnando absolutamente todo con un resplandor plateado. Se quedó hipnotizada ante el resplandor, su magnificencia, calma e inexorable, la Dama bañaba todo lo que la rodeaba con su luz.

Durante años había pensado en las luchas de la luz y la oscuridad, en las escalas de grises. Como si un golpe le fuese asestado en el estómago, la revelación la dejó sin aliento, la plata era el gris, quizás ahora pudiese entender mejor la vinculación de Erin con el mar, o quizás fuese simplemente una interpretación de su mente, pero las piezas encajaban en su cabeza.

La luz que emitía la Dama cubría todo, pugnando contra la oscuridad acuciante de la noche en alta mar, no era cálida, no era hostil, pero si era contundente e inmutable, permanecía, pugnaba, noche tras noche, aunque las nubes la ocultasen, aunque su ciclo hiciese que cerrase su ojo, siempre permanecía, guiando con sus lágrimas en las noches más oscuras, con promesas de retornar en las noches de tormenta.

Tras un tiempo que sería incapaz de medir o cuantificar, tragó saliva, el resquemor hacia Amn se había convertido en una balsa surcada por olas que luchaban por quebrantar la uniformidad plateada, sabía que no podría volver a mirar a Amn de la misma manera, igual que ni Amn ni sus allegados, ni él, podrían mirarla nunca igual... pero el viento soplaba del Norte esa noche, arrastrando las nubes, mostrando la Luna, empujándola de vuelta al Sur.

Offtopic :
Reeeelato que llevaba un tiempo postergando sobre la huida y regreso de Liliana y lo acontecido en dicho periplo
 

ELLOESO

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La tormenta que sigue a la tormenta
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Liliana Piesizquierdos podría ser un título que atesorar y hondear con orgullo desde que su travesía marítima la llevase de vuelta a las costas Amnianas. Quizás fuese otra prueba hacia su cordura o determinación, errática cuando puso pie a tierra, o quizás una venganza del equilibrio en si o de la Dama ante su camino errático.

Mientras avanzaba, aferrada de manera pesada a la silla de su fiel Ventisca, sentía aún la debilidad consecuencia del golpe brutal que recibió en las laderas de Cumbrelanza, pero el dolor fue mayor ante la desesperación de ver como todo se desmoronaba y se escapaba de su control nuevamente, una y otra vez, amoldándose a los pareceres de los demás, plegándose... y aunque en parte esa locura había salido de su cabeza, eso no hacía más que estrujar su maltrecho corazón en una agonía que no hacía más que sumar latidos disonantes que resultaban como tañidos lúgubres y acusatorios a su psique.

Se rascó de manera inconsciente su brazo izquierdo torciendo el gesto al darse cuenta del gesto, la marca de sus uñas sobre su piel blanquecina permanecían visibles ante la compulsión que se repetía desde que recuperase el brazo; sabía que era suyo, pero si mente aún recordaba el inenarrable dolor que sobrevino cuando Nico salvó su vida de ser borrada de la existencia en la candente lava. Se mareó ante el recuerdo, teniendo que aferrar con fuerza las riendas para no caerse de la silla; jadeo unos segundos, mientras recuperaba el latido normal de su corazón y una respiración lenta y tranquila.

Quizás Faerun le estaba dando hostias de realidad en la cara; tras su vuelta había intentado mantenerse aparte, observando con cierta ironía como sus sospechas se hacían realidad y como Amn derivaba en aquello que pudo entrever. Tanto tiempo, tantos años de defender unos ideales y una posición eran castigados por la realidad con advertencias hacia su creciente cinismo.

Polarizaciones, extremismos, como la realidad se iba quitando lentamente la careta, pasando factura a Amn y sus territorios aledaños. Retornó con una comprensión distinta de su propia realidad, pero sin la fuerza o entereza para hacerle frente, una vez más, plegándose y conformándose con seguir la corriente que la arrastraba, como una espectadora consciente de su deriva personal y voluntaria, pues si eres capaz de verla y no luchas en su contra, eres cómplice de donde te lleve la misma; podrás acabar en el mismo lugar, pero si no luchas contra ello ¿en qué lugar te coloca?

Maldito elfo alado... no puedo evitar sonreír ante la última conversación que tuvieron sobre montañas. Su comprensión de lo que la ataba a Vys había cambiado, aceptando cuan importante era para su propia persona, piedra de toque y cordura, pero no menos suicida que ella misma. No, suicida no, resuelto y decidido; había recordado, poco a poco, que ella antes era así también, poco a poco, tras la crisis de las lágrimas y, ahora, con el despertar de los dragones y las lecciones aprendidas en el norte, los golpes le habían devuelto cierta entereza y recuerdo de quien fue en su día. ¿Acaso era la misma persona que había sido en su día? No lo creía así, al menos, si no había aprendido nada de todas las vivencias, quizás si que se mereciese las hostias que le estaba dando la realidad cada dos pasos.

Lentamente las piezas se iban posicionando nuevamente sobre el tablero; ante sus ojos se cruzaban la desesperanza de ciertas derivas y la esperanza de las posiciones firmes, todo ello combinándose en la lejanía, desatando el ruido lejano de los truenos, prometiendo una tormenta perfecta que distaba mucho de atreverse a vaticinar un resultado cierto; pero pagarían el precio de la misma si no lo estaban pagando ya, nada volvería a ser igual y las convicciones de cada uno serían puestas a prueba.

Y ahora bien, ¿Dónde se posicionaría Liliana ante lo que estaba por venir? ¿Acaso todo el sacrificio hecho y por hacer tendría recompensa? No una recompensa egoísta y personal, no, pero ¿valdría de algo luchar o simplemente sería una lápida más en el devenir de los siglos?

Un soplo de aire venido del mar le arremolinó el cabello, la tormenta ganaba fuerza.
 

ELLOESO

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El cansancio de las horas del viaje, la tensión de las conversaciones trascendentales desde que llegó al Umbral; su corazón y su cuerpo se quejaban de manera silenciosa, recordándole el precio pagado por cada paso desde que bajó malherida del Norte.

Avanzó cubierta por la fina bata, tras hablar pedirle permiso a la dorada. Algunas miradas curiosas la observaban en su lento camino hacia ese extraño remanso del que caía el agua desde un origen incierto, como incierto era su propio camino.

Se retiró la fina bata, descubriendo su débil y malogrado cuerpo, ignorando pudor alguno en aquel momento. No sin dificultad, se encaramó al saliente y se adentró en las aguas, lentamente, torciendo el gesto ante el extraño contraste del líquido sobre sus piernas, hasta llegar a su vientres. Tomó aire y se escurrió lentamente en las mismas, cubriendo su desnudez en las aguas que pasaron a abrazar su fina y blanca piel, cerrando los ojos.

Su corazón y su musculatura parecieron quejarse, asaltados por una extraña mezcla de sensaciones; quizás en este extraño momento, su cuerpo y su mente se encontrasen en sintonía, ante la incapacidad de encajar lo que acontecía, ante la incapacidad de unir quien era ella misma: su pasado y su presente, el futuro incierto. Antaño, sus convicciones idealistas era férreas, si sendero claro; ahora, sin embargo, las heridas en el alma, acumuladas por el tiempo, hacían que todas esas decisiones, esas certezas, se asemejaran más a un mar crispado por el golpe de una tormenta.

Pero algo había cambiado en ella. Esa huida, esa desesperación le llevó a la iluminación bañada en plata de la dama.

Según su cuerpo flotaba en el líquido, meciéndola, arrastrando la pesadez, el malestar... su mente parecía ser arrastrada también por esa sensación, abriendo los grisáceos ojos al techo de la gruta. Quizás no fuese la misma, peor nada era inmutable. Anduvo perdida en las sombras durante mucho tiempo, ahora el resplandor plateado había sustituido su manera de ver el mundo en esa escala de cambiantes grises.

No, no era hora de volver a ser quien fue, pero si de afrontar de nuevo el camino, con esa nueva conciencia y esa nueva realidad. Casi sin darse cuenta, el pesar de su corazón y el sobresfuerzo que aguantaba, retornó a ser esa antigua compañera, permanente, inexorable, pero estable, conocida.

El dolor de sus músculos se fue atenuando, como se fueron disipando sus dudas, así como el fuego fue prendiendo nuevamente en la determinación de su mirada. El suspiro que dejo escapar de los labios no fue un suspiro cansado, si no el suspiro de aquella que deja atrás la pesada carga de las dudas por el peso de las decisiones por afrontar. Decisión, prevalencia...

Tras un tiempo absorta, flotando en el líquido elemento, se incorporó, dejando que se deslizara por su piel toda duda que pudiese albergar hasta el momento. Estiró el brazo, asiendo con firmeza la bata, para cubrirse con ella. Su mirada resuelta, saliendo de la poza; dejando atrás la ponzoña, abrazando de nuevo la senda.
 

ELLOESO

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Kiki, la magia de las estrellas
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La pequeña Kender observaba al trío con una sonrisa abierta, amplia y curiosa. Vys, Madeleine y Liliana hablaban de como dirigir el estudio gargantuesco que llevaría estudiar lo atesorado por la dorada en el Umbral. La pequeña preguntó con curiosidad sobre la magia de la música de Madeleine y ésta les habló de la magia de las estrellas, de como estas podían iluminar y guiar a aquellos que sabían leerlas.

Con genuina curiosidad, el trío se quedó prendado de las palabras de la Kender, así como de su sonrisa y su energía.

Cuando Madeleine señaló la ausencia de estrellas, fue la pequeña Kiki la que les indicó que las estrellas y el propio sol bañaban el estanque de la dragona, a través de las fisuras de la propia gruta, no es que no lo hubisen visto, es que había que saber mirar con atención.

La Kender les sonrió y les indicó que la siguieran, que les enseñaría las estrellas en aquel estanque, donde la propia Iluskana había sentido la energía actuar sobre su cuerpo, lo cual la despertaba una mayor curiosidad.

El trío avanzó tras la enérgica y vigorizante Kender, mientras iban arrastrando en su camino a quienes se iban encontrando.

Al llegar al estanque, la Kender indicó las grietas a través de las cuales se filtraba la luz, evidentes ahora que eran señaladas.

Preguntó quien quería ver las estrellas, antes de poder darse cuenta, Liliana ya adelantó un pie sonriendo, curiosa e hipnotizada por la energía de la Kender, así como por las reminiscencias que las aguas habían hecho en su propio ser.

La kender cogió uno de los dedos de la fina mano de Liliana y, tras sus indicaciones, esta se acuclilló y puso la otra mano sobre la minúscula de Kiki, que sostenía una extraña varita, coronada por una gema, que al orientarse con las estrellas y ante el cántico de la misma, estalló en mil pedazos, formando una constelación estrellada que esperaba la pregunta y la inquietud de la joven iluskana.

La pregunta fue formulada, la varita se alzó, danzó y reveló; lo que vieron los presentes, los presentes lo saben, pero la visión fue contundente; ofrecía respuestas, planteaba preguntas; aportaba sobras rasgadas de luz y ocultaba la luz en pesadas sombras. Pero, siempre amanece; la esperanza seguía latiendo.

Lo que le murmuró la Kender, exhausta, mientras Liliana sujetaba su pequeño y frágil cuerpo, ella lo sabe; pero a través del velo de inquietud y dudas, una sonrisa cálida afloró a los labios de la Iluskana.


- Gracias...
 

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Humo, cadáveres y un regreso (I)

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Avanzaba junto a Vys, al frente de la comitiva que se adentraba en la espesura del bosque, donde el miasma y el humo danzaban haciendo el ambiente irrespirable. El bosque, para aquellos que lo conocían, era un animal herido, sufriendo, agonizando... para aquellos que vivían en él... la iluskana no podía verbalizar ni imaginar lo que podría despertar en el interior de Vys, de Sylwen; sus expresiones vacías eran máscaras de la batalla interna que la ira estrujaba en su corazón.

El suelo, antes lleno de vida, se encontraba tumefacto, afectado por la miasma, convirtiendo el lugar en un cenagal donde las trampas se movían vivas, habitadas por cienos hambrientos que atacaban todo rastro de vida, sin distinción; pura destrucción y devastación.

Los fuegos se extendían, incuantificables, unos comenzaban, otros se extinguían; así como en el latido del bosque se entremezclaba ahora el sonido de la batalla, batalla constante, sin cuartel. Gritos de agonía de aquellos que cada segundo daban la vida en su defensa ante las fuerzas de la Reina de los Pantanos.

Cadáveres sembraban todo el paisaje, escenificando la crueldad inherente del conflicto de maneras inenarrables. Cuerpos mutilados, trolls carbonizados, elfos caídos sobre una montaña de hombres lagarto y rescoldos humeantes. Cada paso por aquel infierno abría una herida dentro de aquellos que se adentraban más y más en aquel lugar profanado.

El grupo se abrió paso entre hordas de trolls, "matando" las trampas que fagocitaban todo a su paso, alcanzando un grupo de elfos que defendían una pequeña península sobre el lago, ese lago donde Liliana, no hacía tanto, había acudido a reposar las heridas sufridas en el Norte; la situación de la zona la desgarraba por dentro, sin poder evitar vigilar con mirada preocupada a los miembros del Pueblo, conocedora de la ira fría que puede desatar ese profundo dolor.

El contingente del Pueblo pudo retirarse gracias a la ayuda del grupo, las filos selunitas, las plegarias, la sangre y el sudor derramados por cada palmo de terreno; no sin antes indicar que perdieron contacto con sus aliados del bosque, más al Este. Antes de Aerilaya diese con el rastro mentado, Sylwen dio la voz de alarma, lo que provocó que se cargara en esa dirección.

Dos Ents, mancillados y amputados, resistían los envites de las bestias de la Negra. De los dos, sólo unos se mantuvo en pie en el momento en el que el ruido del combate cesó. Los cuerpos calcinados y desmembrados de los protectores de la naturaleza y de numerosos ents yacían inertes en el suelo. El pesar caía sobre las espaldas del grupo al tiempo que la miasma se pegaba en su cuerpo y hacía cada paso más difícil. El Ent sobreviviente... consiguió incorporarse, observando la destrucción a su alrededor en silencio, sus hermanos caídos... sin añadir nada, siguió su camino a la profundidad del bosque.

La situación estaba afectando claramente a Vys y Sylwen, la rabia latía en ellos, en aquellos que otrora se mantenían reflexivos y serenos, y cuando eso sucede, el caos puede devenir de las peores manera.

Mientras el grupo de selunitas y aventureros, discutían el siguiente paso a tomar, Sylwen y Vys se encontraban apartados, observaban algo. Antes de que Liliana pudiese advertirles que no se separaran, una enorme masa de lodo se alzó sobre ellos; la joven Iluskana corrió antes incluso de poder advertir en voz. Esa criatura se alzaba hambrienta; atrapó los pies de la espadachina e intentó ahogarla tragándola; por unos instantes, la visión se tornó negra, acogedora y fría, rota la cadencia al vomitar la cantidad de cieno que había tragado cuando la atrocidad intentó ahogarla.

Otros no tuvieron tanta suerte. Miembros del Pueblo, guardianes del equilibrio, medio digeridos. Miembros sueltos y medio disueltos, la desolación, el dolor... quizás esperásemos crudeza, pero la miasma y la situación hacía que las mentes no pensasen con calma, los gentiles se encontraban claramente sobrepasados, lo cual inquietaba hondamente a Liliana al ver a Vys en semejante estado.

Era mejor volver al refugio, habría tiempo de volver a por los cuerpos; había que actuar, luchar, acabar con esto, pero lo único que lograrían en este momento sería morir.

El camino de regreso se hizo más pesado, la luz brillaba un poco menos.
 

ELLOESO

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Humo, cadáveres y un regreso (II)
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Mientras acariciaba el cuello de Vestisca, mimándola, susurrándola, tan poco acostumbrada como estaba a hacer de tiro, apoyó su frente en la cabeza de la yegua, cerrando los ojos un momento. Aún estaba cubierta de cieno y sangre, su armadura medio disuelta, pero no había tiempo de descanso, había que recoger los cadáveres. No había tiempo de descanso, no había tiempo para pensar, pensar...

¿En qué momento habían sido absorbidos por la vorágine de las danzas de las alas de las dragonas? Ahora se encontraban encadenados al Norte, estaba claro. Abandonar de cualquier manera el Bosque, las cumbres, Nashkel; sería su perdición, volverían sobre unas ruinas humeantes, sobre muerte y ceniza, y seguramente, desde sus tronos de oro y esqueletos, ambas dragonas reían al ver como discurrían los actos de su obra.

El relato caía del lado de la tiranía, enmudecida la resistencia por las proclamas y la tormenta que se alzaba en el Sur, opacada por el frente abierto en el Norte, denostados aquellos que se alzaron tantas veces en defensa de lo necesario, señalados como incendiarios por las llamas prendidas en el camino, señalados por traidores por rehuir una ayuda imposible de prestar al haber caído en el laberinto de espinas en el que, de momento, se encontraban encerrados.

La amenaza real pendía en el Sur, pero la desolación se servía en bandeja de plata en el Norte, silenciando la Alianza, invisibles a lo que realmente estaba sucediendo tras sus límites. ¿Habría castigo para tanta muerte y desolación? ¿Habían perdido la batalla antes incluso de comenzarla? El futuro era incierto y oscuro, y sería de aquel que manejase el discurso, discurso que se les estaba escapando de los dedos; dedos...

Los dedos de su mano se replegaron sobre el puño, el puño se cerró con fuerza mientras la impotencia hacían presa de la joven, pero respiró, dejo escapar el aire lentamente entre los labios y guio a la yegua hacia donde esperaba el resto de la comitiva; elfos, humanos; selunitas, protectores del equilibrio, gentes del Pueblo; todos reunidos en la funesta tarea de recoger a aquellos que sucumben a las embestidas de las fuerzas de la Reina del Pantano.

El tiempo pasa, la tensión es palpable y casi se puede paladear como la miasma que lo envuelve todo. Adentrarse en un bosque abiertamente hostil y en guerra para dar descanso a aquellos que fallecieron en esta sin razón no sería una tarea sencilla, y no lo fue. Pasar desapercibidos resultó imposible, hordas de trolls y hombres lagarto atacaron a la comitiva.

Las tensiones se hacen evidentes, las heridas se van abriendo fruto del desgaste y el machaque del día a día, las llamas se prenden avivadas por continuo aporte de combustible, y la situación explota, La iluskana asiste atónita a lo que acontece, mientras ahora es su ira fría y silenciosa la que crece en el pecho; si así era como se iba a enfrentar la muerte alada, más valía que fuesen poniendo nombre a las lápidas para tenerlas preparadas de antemano.

Siguió adelante con el grupo menguante, presa de las tensiones internas, conflictos e insultos, siguió adelante con la determinación de llevar a cabo el cometido indicado. Quizás cuando ella muriese no hubiese quien la recogiese del fango, quizás cuando ella muriese no habría nadie que ahogase el dolor que vio tras los gestos de Vys al ver a sus hermanos caídos, pero, en esa noche, los muertos encontrarían reposo.

Avanzaron sólo para encontrar más desolación, anunciada con la caída de numerosos rayos desde el cielo más adelante. Al llegar con el carromato, escuchó una voz conocida que no esperaba volver a escuchar más que en sus recuerdos, cuando acudiese a su sabiduría. Durante medio segundo sonrió al ver a Kharmin, medio latido que tardó en ver a los numerosos elfos muertos y... más discusiones. Ojalá se acabase ese maldito día de una puñetera vez.

Malhumorada, derrotada, cabreada e iracunda, defendía el carromato, con la ayuda de Bran, mientras lo iban cargando con los cadáveres de aquellos caídos en la defensa del Bosque. El camino de vuelto se realizó en un tenso silencio por su parte. Al retornar al origen, dejó descansar a su yegua tras darle unos merecidos mimos. Al volver del establo se dirigió directamente a Kharmin y le abrazó.


- ¿Eh? ¡Mira que ahora soy una persona casada!


- Eso no te lo crees ni tu.

Quizás el mundo hubiese recuperado algo de su luz entre tanto caos o, al menos, la fuerza del enano había vuelto para asistir esta época de desesperación.
 
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