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Sayonara

nukenin81

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Onimaru se arrancó la cara y la tiró al fuego.

La trayectoria del ninja al servicio del Murkul había acabado.

La brisa noctura le traía el olor a salitre del mar, allí, al pie del acantilado donde el usuario anteriormente como Onimaru disfrutaba de la puesta de sol. Cerró los ojos y dejó que el viento acariciara su auténtico rostro. Qué sensación tan extraña. ¿Cuál era su verdadera identidad? Cuando uno pasa tanto tiempo usando la cara de otra persona, al final te conviertes en esa persona. ¿Quién era él ahora?

Sus pensamientos se arremolinaban como un torbellino.

Todos somos responsables de nuestras decisiones. Eso era verdad. Él no podía recriminarle a nadie las consecuencias de las decisiones que había tomado. Pero no era menos cierto que las decisiones que los demás habían tomado con respecto a él tambíen tenian consecuencias.

Pocos súbditos del Murkul podían jactarse de una trayectoria como la de Onimaru. Su renombre había alcanzado las cotas más altas en la sociedad muranita. Y sin embargo los burócratas se habían vuelto contra él. En el momento en que a Onimaru se le acusa por el simple ejercicio de sus fuciones, Murann se apuñaló a sí misma. En vez de velar por la fuerza y la unidad del Imperio, unos pocos decidieron hacer uso de su parcela de poder para cortarle una mano al Imperio. Desde ese momento la identidad de Onimaru ya no tenía sentido, pues de nada valía trabajar para un puñado de ineptos que no eran capaces de mirar más allá de sus narices.

Todas las autoridades conocían los detalles de los casos por los que se le acusaba por él mismo. Él en persona había informado a sus superiores de sus investigaciones, así de su manera de proceder; es más, se había entrevistado personalmente con quien, hasta entonces, consideraba amigos suyos. Y sin embargo, le acusan de manera formal, desligitimando su autoridad y la de la institución a la que representaba.

Y aun así, en un ejercicio de autocontrol -y magnificencia-, decidió darles una segunda oportunidad. ¿Por qué no darles la opción de pararlo todo? ¿De hacer lo correcto? ¿De sanar la herida que ellos mismos habían causado?

Claro que habría un juicio, pero era Onimaru el juez que decidiría si los demás merecían su respeto y sus servicios.

Lamentablemente habían fallado.

El usuario anteriormente como El Ninja Demoníaco paseaba ahora entre las calles de Murann. Se cruzaba con las mismas caras que él conocía pero nadie le reconocía a él. Qué fácil sería vengarse de ellos. Qué fácil sería usar sus habilidades para infligirles daño... de la índole que fuera. ¿Qué debía hacer ahora? ¿Una lista de culpables y asesinarlos uno a uno? ¿O quizás solamente mutilarlos, humillarlos publicamente? Cuánto poder tenía él ahora y no sabía como usarlo.

Y es que no era una cuestión baladí.

Si el Consejo de Murann había errado en el uso de su poder, él no podía caer en el mismo error. Murann en su totalidad ahora era su enemigo, cierto, pero era su responsabilidad evaluar bien el alcance del castigo que merecían. ¿Cómo usar todos los secretos que él conocía? Murann no estaba exenta de enemigos. ¿Debía venderselos a ellos? ¿Qué opción era mejor, mancharse él las manos o dejar que otros le hicieran el trabajo sucio?

Tantas opciones.

Un ogro colgaba el cartel de se busca y captura con la cara de Onimaru. Él se le acercó y le dijo:

-Perdone, señor, ¿el puerto?

El ogro se le volvió y, casi sin mirarlo, señaló hacia el sur emitiendo un gruñido visiblemente molesto por la interrupción.

-Domo... -respondió él en voz queda y bajando la cabeza.

Nadie en Amn sabía de sus actividades en Murann asi como nadie en Murann sabía de sus actividades en Amn. Es más. Ni siquiera nadie en Amn sabía de sus actividades en Amn. ¡Ja! Estos pensamientos parecían un trabalenguas.

Los culpables sufrirían su vengaza. De eso estaba seguro. Pero cómo y cuando aun era un misterio para él.

Se subió al barco y dedicó una última mirada a esas costas. Para un extranjero como él no significaba nada abandonar un país fallido como aquél. Solo se llevaba una espinita clavada en su orgullo y la desazón de haber perdido a quienes consideraba camaradas.

Se volvió a la proa del barco. ¿A donde ir ahora? Pensó. La brisa marina volvió a acariciarle el rostro y él cerró los ojos. Qué más da donde ir, resolvió, era maravilloso la inmensidad de estas redes...


Offtopic :
Relato de despedida del pj cuya doble identidad era Onimaru.

Guardamos al ninja en un cajón, que él necesita vacacioens de mí y yo de él.

Algún día volvera, supongo. Hasta entonces, gracias a todos los usuarios que han pasado su tiempo roleando con él, y conmigo.
 

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