Acercándose a la caótica población humana de Athkatla, para atender a una reunión, una figura encapuchada de escasa estatura, con gualdos cabellos asomando sin disimulo y ropajes de desgastado cetrino, se detuvo a leer uno de los carteles de “SE BUSCA”.
Reconoció de inmediato la mano de la que provenían esos carteles. Con el ceño fruncido, sus ojos se abrieron como los de una rapaz nocturna, mientras su mandíbula apretó los dientes.
-Te encontraré…- Dejó escapar como si le hablara a alguien, cuando algo le golpeó la mente.

El sentir de innumerables seres por todo el Bosque padeciendo terribles muertes, desesperados, sin comprender qué ni por qué, le estaba arrastrando a la locura. Trastrabillando al perder la perspectiva de la realidad inmediata momentáneamente, apoyó las palmas en la fría piedra del muro de la urbe, donde el cártel de “SE BUSCA” parecía observarle como una burla a sus movimientos, acciones y previsiones.
-También tú eres una pieza más. Una pieza de…- Susurró al tiempo que se llevaba la diestra a la testa, como si tratase de sacarse algo de la mente.
-NOOO… (No quiero recordar ese nombre)-.
El encapuchado trató de calmar su acelerada respiración, conteniendo el maremágnum de dolor y aflicción que se estaba convirtiendo en un suplicio insoportable. No obstante, pese a su esfuerzo, una díscola lágrima golpeó la tierra a los pies de la muralla, mientras otra se rebelaba contra él, surcando la mejilla contraria.
-Te encontraré… Y no te mataré. (Demasiado dolor rasga mi alma para tan breve momento de retribución)-. Arrancó el cartel y lo arrugó con la escasa fuerza que tenía, más fruto de la rabia que de su capacidad física, perdiéndose acto seguido entre las gentes civilizadas como una sombra apesadumbrada.