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Selurth

Hirpadem

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2/8/11
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Me llamaba Ragerd, eso antes. Yo era un niño al que no le gustaba la violencia, ni siquiera sabía luchar, siempre con una sonrisa dibujada en el rostro y charlatán. Cuando tenía 8 años, mi madre siempre estaba conmigo, me explicaba muchas cosas de mi abuelo, era un gran guerrero, nunca lo conocí, solo por lo que me contaba mi madre. Ella me contó que nunca quería llevar otra arma que su espadón, mi abuelo siempre iba con un lobo extrañamente manso y noble, mi abuelo murió de viejo a los 64 años, aunque dejo de luchar a los 52.
Mi madre me conto que mi padre escondió el espadón de mi abuelo en un sitio difícil de acceder, en una sala debajo de casa, la cual precisaba llave y restaba oscura y sucia, con ratas repugnantes. Apenas podía uno levantarse allí, obligado a estar agachado. Mientras mis padres estaban durmiendo cogí las llaves de casa donde se encontraba la llave de la sala que yo tanto quería explorar con el ansia de encontrar el espadón. Intenté encontrar el espadón pero había demasiada oscuridad para hallar nada en concreto, en tanto que buscaba me mordió una rata grande, cuando note sus dientes clavados en mi carne grite y le acerqué la lámpara de aceite a sus ojos para cegarla, y por suerte se asusto, si no fuera así restaría hoy sin un dedo. Me fui corriendo, desperté mi madre y la lleve al comedor donde no escuchase mi padre, y le dije que me había mordido una rata mientras cogía la lámpara, no quise decirle la verdad, por miedo a que lo movieran de sitio. Si mi padre supiese que había estado ahí buscando el espadón, apuesto a que me habría dado unos azotes. Aún y así mi madre me dijo que sabía que había intentado encontrar el espadón, y que no debía volver a hacerlo, sabía que no lo contaría a mi padre, porque él me pegaría hasta sangrar.
Al cabo de unas horas me puse enfermo a causa de la infección de la mordedura de la rata, no teníamos dinero para un medico, ni sabíamos preparar medicinas, estaba en manos de los dioses. Mi padre no mostraba preocupación al tener mi vida en peligro, en cambio mi madre siempre estaba a mi lado, había noches que no dormía para vigilarme y darme un poco de agua o pan cuando lo necesitaba. Al cabo de séis días de la mordedura, me recuperé, mi madre le dio gracias a dios y cada día ponía una moneda en la ventana como ofrecimiento a Waukeen.
Tenía ganas de poder ver como era el espadón del que mi madre me hablo tanto, pero no pensaba volver a entrar ahí para que pasara lo mismo.
Cuando cumplí los quince años, mi madre me regalo un cachorro de lobo que solo tenía una semana y media. Siempre jugaba con el cachorro, siempre me seguía, y nunca le faltaba de comer aunque yo le tuviera que dar mi comida. Empezó a llegar mucho dinero a nuestra casa, yo estaba extrañado. ¿Cómo mi padre podía estar ganando tanto, si hace poco apenas podíamos comer dos veces al día? Tampoco pensé mucho en ello, siempre que mi padre volvía a casa de trabajar me daba un abrazo y me pellizcaba la mejilla cariñosamente, había cambiado de repente. Yo no le encontraba normal, así que lo consulte a mi madre, ella me dijo que no me preocupara que solo le estaban pagando más por su gran esfuerzo, no me lo creí y sentí pena por mi madre, ya que no se daba cuenta de que había algo extraño.
Al cabo de dos semanas de aquél cambio, justo a media noche, con luna llena de un color rojizo, mientras estaba en la habitación jugando en silencio con mi cachorro todavía sin nombre, escuche como rompían la madera de una ventana de un impacto, me asuste mucho, fui corriendo al armario y me escondí con mi lobo, en mi casa no habían puertas, abrí lo suficiente el armario para ver con un ojo el comedor, de donde procedia el impacto, no escuche nada, mis padres no escucharon el golpe, pues estaban dormidos, después de unos segundos escuche como los zapatos de cuero del intruso impactaban contra la madera a cada paso que hacía y producían un crujido a la madera, quién cada vez estaba más cerca de mi habitación, llevaba una espada larga en una mano, y una túnica negra con capucha que no me dejaba ver su rostro, lo único que le pude ver es la mano que sostenía la espada, blanca y tersa como el alabastro, con los huesos marcados, en general el hombre parecía alto y corpulento, entro a la habitación de mis padres, y ahí no podía ver nada, quería gritar pero entonces sería descubierto. Se escucharon ruidos que no podía saber como se producían, pero escuche un grito de mi madre, entonces lo comprendí, cuando el hombre volvió a pasar por delante la habitación para irse, vi que su espada estaba llena de sangre, no pude siquiera ponerme a llorar.
Estuve unos minutos escondido para asegurarme de que se había ido, cuando pasaron, salí del armario, fui corriendo hacia la habitación de mis padres, y vi a mi padres muertos de sendos cortes, hondos y poderosos, pero cuando los vi, no lloré, solo sentí ira, ira para matar a quién había hecho eso, venganza.
Cogí las llaves de casa y fui corriendo a la sala donde se encontraba el espadón para buscarlo de nuevo, con la lámpara ilumine el camino, me alerte al ver que una rata corría hacia mí para atacarme, pero esta vez no iba a ser como la de antes, agarre la lámpara con todas mis fuerzas y la rompí contra la cabeza de la rata, quedo totalmente muerta, entonces comprendí que debía cambiar completamente, me quede sin luz, pero me guie por el tacto, al cabo de unos minutos mis ojos se adaptaron a la oscuridad y veía un poco, entonces vi una caja de cuero negro duro, y con delicadeza la abrí, era el espadón, estaba seguro. El arma con el que mi abuelo había matado criaturas y enemigos de la nación.
Me fui tan rápido como pude, arrastrándola como podía. Entré en mi casa, encendí dos velas, y vi la espada con claridad, tenía la empuñadura de un color rojizo debido al cuero, la hoja no estaba demasiado afilada, pero ese no era problema, eso se podía arreglar con un herrero, el acero de la hoja era azulado, en la hoja quedaba grabado ¨Colmillo de Lobo¨, sabía que con disciplina y entrenamiento, sería mi arma ideal. La deje en el suelo y me puse las manos sobre la cabeza, sabía que ya no iba a ser un niño al que no le gustaba la violencia, que no sabía luchar, siempre con una sonrisa dibujada en el rostro y charlatán, ahora iba a ser un hombre que disfrutaba con la violencia, que sabría luchar perfectamente, siempre con una seriedad en el rostro y de pocas palabras, sabía lo que quería, era venganza, entonces mientras observaba la espada, vi escrito en la empuñadura: Selurth, entonces pensé que ya no quería ser Ragerd, quería ser Selurth, igual que mi abuelo. Entonces cogí el espadón, y lo lleve arrastrando por medio de la ciudad hasta un herrero, cuando llegue le dije al herrero que me afilara el espadón con ingenuidad infantil pero con determinación, él soltó una carcajada, entonces le puse una moneda de oro en la mesa, ya no rio tanto y se puso a trabajar como un loco.
Cuando termino la espada quedo perfecta, solo faltaba con quien entrenar y donde alojarme, entonces me acorde del maestro de armas retirado de la villa, le fui a visitar y nos reunimos en la mesa del comedor, les explique todo lo sucedido, primero les costo de creer, pero al final me dijeron que podía vivir en su casa, y que me enseñaría.
Me entrene durante 3 años, a los 18 termine, sabia luchar lo básico, lo que se tiene que saber para sobrevivir en un entorno hostil.
Y aquí me encuentro, yo Selurth, con mi lobo y mi espadón ¨Colmillo de Lobo¨ todavía buscando al bastardo que mato a mis padres.
 
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