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Siete apellidos gnomos

Nazgul

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Bardock Triplecerrojo Escupefuego Eleuterisimo Ausencio Guijarroberroca Runabismo

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Bardock - El primero de los nombres recibido en su Madriguera, como todo hijo de buena madriguera elegido por su amorosa madre Márgara Mejillaspetunia

Triplecerrojo - El segundo de los nombres, impuesto como buen legado de Padre por el suyo, Gervasio Buscagemas Triplecerrojo y compartido con todos sus hermanos y hermanas

Escupefuego - Este tercero fue el apodo por el que cariñosamente su bisabuelo empezó a llamarlo después de 'El Incidente'.
Cuando el bisabuelo descuidándose un momento en la supervisión del joven gnomo para revisar cuánto azúcar habían de llevar las magdalenas según la receta tradicional original legado de diez generaciones gnomas, comprendió al instante que el mocoso había probado su petaca de aguardiente y estornudado de pura impresión hacia la chimenea causando una llamarada.


Eleuterisimo Ausencio - El cuarto y quinto apodos vinieron el mismo día y en distintos lugares, por parte de su cuarta tía abuela por parte de padre con la que había quedado y a la que dió plantón, 'Ausencio', y la plegaria que soltó su primo tercero, otro joven gnomo inventor, cuando escuchó el estruendo del explosivo casero que había preparado Bardock por accidente mientras "limpiaba las ollas" aflojando el mecanismo de vapor que había de cocinar mucho más rápido las espinacas y por poco calcina la cara de cuatro gnomas en la madriguera. ¡Santo Eleuterísimo Hacedor de Prodigios, llévate a mi primo bajo la madriguera antes de que lo encuentre la chancla de su madre! ¡Y que la tierra me trague con él!

Guijarroberroca - Este quinto nombre viene indudablemente de sus discusiones con su hermana 152 segundos mayor sobre la temperatura a la que el fuego de alquimista debería ser rociado para que su duración fuese inferior a un pedo del abuelo. Ella siempre acababa diciendo que no se podía hablar con Bardock, que era terco como un guijarroberroca -seguramente equivocándose con alguna otra palabra-.

Runabismo - El último de los Siete Nombres y Apellidos que todo gnomo que se precie debe tener como mínimo antes de salir de su madriguera a formar familia, considerándose adulto. Y que suele tardar alrededor de cuatro décadas en concederse oficialmente en el núcleo familiar. En este caso era un apellido de un orgulloso clan enano con el que se casó su tía Alubiafina Orejamarmota y que condujo a toda la madriguera a Ulth-Zynath para acabar después confinados por obligación en Kazad Gromdal. Después de aquél fatídico asedio.


Aquel fatídico asedio.

Y es que todavía no había logrado quitarse las pesadillas ni los ecos de Urdlen llamando a gnomos y enanos a la muerte por igual. Hordas de bestias, drows, y asquerosos enanos grises del Clan Darraugh asolaron la fortaleza de Ulth-Zynath sin mostrar un ápice de clemencia ni dignidad. En contra de todas las creencias del Panteón Gnomo y Enano, burlándose de las víctimas con hachas y armas burdas en mano, utilizando la propia pólvora negra de los gnomos para destruir los grandes portones metálicos que clausuraban la fortaleza.

Los túneles, el sudor y lágrimas, la sangre reseca y el dolor, un dolor insufrible en el ánimo que casi convertían el amor de un gnomo bonachón en un odio con plegarias a la temible bestia subterránea, al Hacedor o al Gran Forjador para que cualquiera hiciese estallar por los aires, enterrarse bajo los restos o simplemente desaparecer en un mar de lava a todos aquellos enemigos que habían destruido su nuevo hogar, en el que estaba francamente cómodo aprendiendo de las costumbres de los enanos. Incluso había hecho un amigo con el que a menudo tenía para discutir, alguien más duro que la roca y tan cobarde como él mismo, aquel al que llamaban Tharbek BarbaEspesa. Y el que sería su primer amigo en Kazad Gromdal, tras sobrevivir ambos dos a tan duras semanas de viaje por la Infraoscuridad.

Un nuevo comienzo en la Fortaleza de Kazad Gromdal, donde los Runabismo eran conocidos por el legado -ahora manchado racialmente- de sus ancestros, conocedores de los secretos de la magia rúnica y la artillería e ingeniería de asedio que seguramente los gnomos de orígen lantanés llevarían consigo al Pueblo Robusto, preparándose para una guerra que a todas luces, otros habían comenzado con su cruel asedio.
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Nazgul

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El Libro de los Minosaurios
Por Bardock Triplecerrojo Escupefuego Eleuterisimo Ausencio Guijarroberroca Runabismo,
Gnomo Inventor, Aventurero por accidente y Superviviente por milagro.

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Capítulo I: En el que mis piernas se convierten en gelatina​

Me llamo Bardock, maestro inventor de los petardos torturacerebros y la bengala de luciérnagas que ilumina donde no debe. Y que conste, queridos lectores futuros, que yo NO quería ir a la Fortaleza Cuerno Tronante. Pero cuando el Gremio de Aventureros recibe una petición de un tal Vorpax el Destripador, y tus amigos robustos de Kazad Gromdal insisten en que les deben una paliza a esas bestias piojosas por un ataque pasado a su madriguera, uno no dice “no quiero” sin arriesgarse a acabar convertido en una escudilla ornamental.

La fortaleza, hogar de minotauros, ogros y otras criaturas que yo llamo cariñosamente minosaurios (por aquello de que son enormes y rugen como si la garganta les costara energía), estaba más tensa que una cuerda de ballesta vieja.


Y yo, entre ellos, con el tamaño aproximado de un tentempié.


Apenas entramos, todos los minosaurios me miraron con la misma expresión:
“Ese gnomo cabe entero en un bocado.”

Yo juraría que uno incluso se limpió un hilillo de babas. Pero claro… Murann pasa hambrunas tremendas, así que los pobrecitos minosaurios comen lo que pueden: raíces, setas, carroña, e incluso cadáveres del frente amniano. ¡Qué sutileza gastronómica!

—Tranquilo, Bardock —me dije— piensa que solo eres un aperitivo si haces algo mal.

Capítulo II: La misión que huele a bicho gigante​


Vorpax, que tenía brazos del grosor de un roble y un menú compuesto solo por “carne” y “más carne”, nos explicó que algo estaba cazando soldados por los alrededores.

¡A minotauros!
¡Que pesan como tres carros!
¡Que podrían usarme de mondadientes!

Así que allá fuimos, siguiendo rastros:
  • Una pluma enorme negra y brillante, del tamaño de mi antebrazo.
  • Huellas de león, pero gigantescas, como si un león se hubiese comido a otro león para crecer.
  • Pelo de cabra abundante. ¿No eran los de corazón robusto los únicos que las montaban?
  • Y luego… las heces. ¡Por todos los engranajes del mundo! Un montón de excrementos tan grande como YO, que soy el más alto de mis dieciocho primos por dos milímetros de puro cerebro alargando mi cráneo.
Lo anoté en mi cuaderno como “Montaña Marrón 3.0”.
Mis compañeros insistieron en que no anotara el olor. No hizo falta: lo recordaré hasta el día de mi muerte.

El suelo temblaba como cuando te duele el estómago por haber ingerido unas setas venenosas a pesar de los seis trozos de pastel y las dos bolsas de castañas que tu madre ha preparado con todo su amor. En mitad del campo de batalla, amnianos y muranníes yacían en el suelo... pude ver cómo una nube de estirges succionaba su sangre. Pronto intentaron cazar la nuestra (y si no llega a ser por una avanzadilla minosauria, lo habrían logrado. Menudo picotazo en el sobaco).
Allí un explorador de una altura aproximada de gólem de piedra y medio, encontró el rastro de la criatura.


Capítulo III: La caverna de los cráneos​


El rastro nos llevó a una caverna que olía a muerte, miedo y… bueno… muerte otra vez. Allí encontramos:
  • Cráneos de minotauro, ogro y alguna que otra cabra.
  • Huesos, alrededor de 200 por cráneo, docena arriba docena abajo.
  • Y un silencio que hacía que mis dientes castañearan como maracas.

De no haber pasado tantos días escondido en la despensa de Ulth-Zynath en mi niñez huyendo de la Chancla de Madre, habría vomitado tres o cuatro veces en las pocas horas que aguardamos.

¿Que si los muranníes intentaron atarme y usarme de cebo para atraer a la bestia? Es cierto. Pero el valiente explorador alto como un pino y lerdo como un pepino se ofreció a sustituirme, y salió en solitario.

La quimera.

—Tranquilo, Bardock —me dije— piensa que solo eres un aperitivo si haces algo mal.

Tres cabezas, mala leche multiplicada por tres, y hambre del tamaño de Murann entero.

La cabeza de león rugió.
La de cabra hizo un sonido que no sabría describir sin faltarle el respeto a todas las cabras existentes.
La de dragón soltó fuego.
O intentó soltarlo, porque solo salieron chispitas.

La criatura era tan fuerte y poderosa que embistió llevándose por delante a tres minosaurios, incluso cuando logré pegar sus alas con mi pegamento tecnomágico de tela de araña.

Tomé nota para mis inventos: fogonazo fallido = riesgo inflamable bajo.

Mientras mis piernas temblaban tanto que casi me iba rebotando sola hacia la salida, mis compañeros avanzaron valientemente y yo rocié mi lanzallamas hasta vaciar todo el cargador. (Creo que le chamusqué el pelo del trasero a un minosaurio, pero se había quedado inconsciente y achacaría la culpa a la quimera).

Capítulo IV: Epílogo de un gnomo vivo de milagro​


Volvimos a la fortaleza con la noticia.

Los minotauros me palmeaban la espalda como si fuera uno de ellos, lo cual casi me mató más que la quimera. Era más

Vorpax prometió que, si alguna vez necesitaba protección, podía acudir a ellos.

Yo sonreí, agradecí…

Y en cuanto mis piernas respondieron otra vez, corrí hasta el Gremio de Aventureros con los tesoros que Vorpax 'Minosaurio Jefe' me entregó. ¡Tuercas y repámpanos, creo que superé mi récord de velocidad punta!

Conclusión de mi estudio académico-serio-profesional​

  • Los minosaurios (minotauros + ogros = minosaurios, por comodidad científica) se ponen tristes cuando su comida desaparece.
  • Se ponen más tristes todavía cuando la comida son ellos mismos.
  • Las quimeras comen minotauros como si fueran tartaletas de carne.
  • Las heces de quimera pueden ser usadas como armas biológicas naturales.
  • Yo debo dejar de aceptar misiones donde la probabilidad de ser devorado es “más que segura”.
  • El dicho "Si no me muevo no me ven" es un mito.
  • Los minosaurios saben reconocer un gnomo, para sorpresa de todos.
  • Cuando tienes tanto miedo no logras recordar los detalles de vulnerabilidad en una fortaleza hostil. Lo siento amigos de Kazad Gromdal.
Y así nace mi obra maestra:

El Libro de los Minosaurios​

Una guía completa para sobrevivir a criaturas que te ven como aperitivo.
Offtopic :
Aventura patrocinada por El Gremio de Aventureros y Vorpax el Destripador, gracias a todos los PJs muranníes que no me mataron y a DM Kapillo por el hacer de la escena.


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