THX1133
Apilador de Muros de Fuego
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La batalla de Ímnescar había terminado y no había sido agradable, la ciudad había sido arrasada y miles de personas esclavizadas. Esclavizadas, eso era lo que más le dolía junto a todos los caídos en batalla, aquellas personas que lo dieron todo y lucharon con valentía, una valentía que ella misma no demostró, o eso creía.
"Si hubiese luchado hasta el final, si hubiese seguido incluso tras ser rodeados..." resonaba en su cabeza cada poco tiempo, incluso días después de todo lo sucedido.
El viaje de vuelta tras la derrota fue duro, no por las heridas físicas sino por esas heridas que no se pueden ver. La tristeza y la impotencia hacían mella en su alma, y así ha permanecido hasta los días presentes; ni el descanso venidero fue suficiente, pues a cada momento vivía todo el pesar acumulado.
Desde Púrskul, no podía más que ofrecer ánimo y esperanza a aquellos valientes y heridos que lucharon, a aquellos refugiados que lograron escapar; ayudar en las pequeñas necesidades, estar presente.
Una pequeña melodía, una melancólica canción, se escuchaba algunas noches en diferentes puntos de reunión de los heridos y refugiados.
Tras unas pocas noches se dejó de escuchar esa misma canción, y también la voz de la elfa oscura que la cantaba.
Allí permanecía ayudando en lo que pudiera, pero su voz había quedado quebrada; cada mirada, cada lamento escuchado hacían mella en su ser; y este, poco a poco fue enmudeciendo hasta quedarse sin voz, la chispa que la caracterizaba ahora sólo era un eco, la incandescencia de unas llamas extinguidas, esperando quizá por ese momento para reavivar; sin embargo, no parecía ser cercano.
Desde entonces no se ha vuelto a ver ni escuchar el cantar de la elfa oscura, incluso se ha podido ver como permanece ausente, sumida en sus propios pensamientos de culpa y penuria mientras se limita a ofrecer la mejor de sus sonrisas, aunque forzada.
Las noches son solitarias pese a pasarlas, en mayor parte, con su compañera sentimental Fery y aunque su calidez siempre trae paz a la elfa oscura, es sólo temporal, pues tras ese rato de calidez y descanso los pensamientos se vuelven a nublar.
Las noches son largas, muchas de ellas las pasa en silencio mientras observa a Fery dormir mientras medita para sus adentros sobre su amada, pues incluso la férrea paladín ha dejado entrever algunas veces una pequeña flaqueza en ese muro de fuerte voluntad la tristeza y la culpabilidad, mas la elfa oscura está ahí para consolarla. Sus consuelos, aunque siempre desde el amor, cada vez resultan más difíciles de ofrecer, pues la chispa de la alegría ha sido casi consumida y sus fuerzas cada vez flaquean más y más.
"Necesita tiempo para sí misma, hay momentos en los que una persona necesita estar a solas y reflexionar" son palabras que Brizaelinth se dice a sí misma, mas sólo es una excusa pues aunque quiera engañarse a sí misma, es ella quien parece necesitar ese momento de soledad.
No se ha vuelto a ver a la bardo cantar en estos días de necesidad, ni si quiera danzar bajo la luz de la luna, como suelen hacer los suyos.
"Si hubiese luchado hasta el final, si hubiese seguido incluso tras ser rodeados..." resonaba en su cabeza cada poco tiempo, incluso días después de todo lo sucedido.
El viaje de vuelta tras la derrota fue duro, no por las heridas físicas sino por esas heridas que no se pueden ver. La tristeza y la impotencia hacían mella en su alma, y así ha permanecido hasta los días presentes; ni el descanso venidero fue suficiente, pues a cada momento vivía todo el pesar acumulado.
Desde Púrskul, no podía más que ofrecer ánimo y esperanza a aquellos valientes y heridos que lucharon, a aquellos refugiados que lograron escapar; ayudar en las pequeñas necesidades, estar presente.
Una pequeña melodía, una melancólica canción, se escuchaba algunas noches en diferentes puntos de reunión de los heridos y refugiados.
El humo se alzó donde danzaba el trigo,
y las torres cayeron como viejos suspiros.
Imnescar duerme bajo sombras ajenas,
pero no la olvidamos… aunque huyamos de ella.
Vi caer a hermanos con fuego en los ojos,
peleando por tiempo, por vida, por otros.
Y aunque nuestros pasos hoy tiemblen de espanto,
el miedo no arranca lo que amamos tanto.
Cuando callen las campanas de Imnescar,
aún quedarán voces que la quieran cantar.
No fuimos vencidos… solo echados al viento,
como hojas que esperan volver con el tiempo.
Sé que duele mirar el camino sin casa,
y que el alma se quiebra por todo lo que arrasa.
Pero estamos aquí, respirando el presente,
y si hay vida, hay fuego… aunque arda silente.
Mis cuerdas no ríen, pero aún pueden hablar,
de promesas sembradas en tierra por salvar.
De abrazos ausentes, de historias truncadas,
y del valor de quien vive con heridas abiertas.
Cuando callen las campanas de Imnescar,
que escuchen los dioses que vamos a regresar.
Quizá no mañana… quizás con otra piel,
pero la esperanza no muere con él.
Imnescar…
no eres solo piedra y fuego.
Eres quienes te recuerdan.
Y aún estamos aquí.
y las torres cayeron como viejos suspiros.
Imnescar duerme bajo sombras ajenas,
pero no la olvidamos… aunque huyamos de ella.
Vi caer a hermanos con fuego en los ojos,
peleando por tiempo, por vida, por otros.
Y aunque nuestros pasos hoy tiemblen de espanto,
el miedo no arranca lo que amamos tanto.
Cuando callen las campanas de Imnescar,
aún quedarán voces que la quieran cantar.
No fuimos vencidos… solo echados al viento,
como hojas que esperan volver con el tiempo.
Sé que duele mirar el camino sin casa,
y que el alma se quiebra por todo lo que arrasa.
Pero estamos aquí, respirando el presente,
y si hay vida, hay fuego… aunque arda silente.
Mis cuerdas no ríen, pero aún pueden hablar,
de promesas sembradas en tierra por salvar.
De abrazos ausentes, de historias truncadas,
y del valor de quien vive con heridas abiertas.
Cuando callen las campanas de Imnescar,
que escuchen los dioses que vamos a regresar.
Quizá no mañana… quizás con otra piel,
pero la esperanza no muere con él.
Imnescar…
no eres solo piedra y fuego.
Eres quienes te recuerdan.
Y aún estamos aquí.
Tras unas pocas noches se dejó de escuchar esa misma canción, y también la voz de la elfa oscura que la cantaba.
Allí permanecía ayudando en lo que pudiera, pero su voz había quedado quebrada; cada mirada, cada lamento escuchado hacían mella en su ser; y este, poco a poco fue enmudeciendo hasta quedarse sin voz, la chispa que la caracterizaba ahora sólo era un eco, la incandescencia de unas llamas extinguidas, esperando quizá por ese momento para reavivar; sin embargo, no parecía ser cercano.
Desde entonces no se ha vuelto a ver ni escuchar el cantar de la elfa oscura, incluso se ha podido ver como permanece ausente, sumida en sus propios pensamientos de culpa y penuria mientras se limita a ofrecer la mejor de sus sonrisas, aunque forzada.
Las noches son solitarias pese a pasarlas, en mayor parte, con su compañera sentimental Fery y aunque su calidez siempre trae paz a la elfa oscura, es sólo temporal, pues tras ese rato de calidez y descanso los pensamientos se vuelven a nublar.
Las noches son largas, muchas de ellas las pasa en silencio mientras observa a Fery dormir mientras medita para sus adentros sobre su amada, pues incluso la férrea paladín ha dejado entrever algunas veces una pequeña flaqueza en ese muro de fuerte voluntad la tristeza y la culpabilidad, mas la elfa oscura está ahí para consolarla. Sus consuelos, aunque siempre desde el amor, cada vez resultan más difíciles de ofrecer, pues la chispa de la alegría ha sido casi consumida y sus fuerzas cada vez flaquean más y más.
"Necesita tiempo para sí misma, hay momentos en los que una persona necesita estar a solas y reflexionar" son palabras que Brizaelinth se dice a sí misma, mas sólo es una excusa pues aunque quiera engañarse a sí misma, es ella quien parece necesitar ese momento de soledad.
No se ha vuelto a ver a la bardo cantar en estos días de necesidad, ni si quiera danzar bajo la luz de la luna, como suelen hacer los suyos.
Sin voz, sin chispa y sin ánimos,
ya sólo queda buscar ese brillo que una vez existió.
ya sólo queda buscar ese brillo que una vez existió.