Hell696
Bug oculto de Darth
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A los 75 años dio el paso hacia un estudio más riguroso, dedicando sus días a la magia y al conocimiento de la misma. Su alma encontró una afinidad natural con la escuela de transmutación, atraída por la idea del cambio, de la transformación y la libertad que había en esa rama; le recordaban un poco a su principal dios, Erevan. Aquella pasión no era solo disciplina; era también juego, curiosidad y un deseo profundo de comprender. Aunque dedicaba sus días al estudio, encontraba paz en sus paseos por la ciudad, sobre todo en los pasillos que cruzaban el Árbol de la Vida.
Entre los 75 y los 110 años, la desgracia alcanzó a Suldanessellar. Sofira tuvo que ocultarse junto a su madre, mientras su padre luchaba para defender el lugar. Aquellos años la marcaron profundamente: aprendió a confiar en que incluso en la oscuridad podía sobrevivir.
Al cumplir 110 años ya dominaba lo básico de la magia y empezaba a pensar en su futuro. Quería conocer el mundo más allá de su ciudad, aprender de otras razas y costumbres, y descubrir lo que sus libros no podían enseñarle. Esa curiosidad se convirtió en un impulso imposible de detener.
Descubrió lo efímera y apasionada que era la vida humana, la dureza de las ciudades y la belleza de los paisajes más sencillos. Aprendió con cada paso, enfrentando peligros y disfrutando de amistades. Con el tiempo, todas esas vivencias le dieron claridad sobre quién era y hacia dónde quería ir.
Con el paso de los años, Sofira llevó su pasión por la transmutación más allá del estudio común. No se conformaba con lo poco que tenía, deseaba comprender cómo podía el cambio afectar también a la propia esencia; su curiosidad se volvió experimentación...
Ese empeño la llevó a descubrir un "don", la capacidad de alterar su propia forma. Al principio eran transformaciones torpes, pequeños cambios que apenas duraban unos instantes. Pero con cada intento comprendía mejor que no solo era magia, sino también voluntad de su alma.
Así, poco a poco, aprendió el camino de la maestría de múltiples formas, convencida de que cada transformación la acercaba más al espíritu cambiante y libre de Erevan. Para ella, tomar nuevas apariencias no era solo poder, sino un reflejo del propio caos creativo del dios al que veneraba; incluso pensaba que este la ayudó a conseguir lo que anhelaba.
Ahora, con 240 años, Sofira no es la joven que partió a tierras humanas. Ha cambiado, ha aprendido y ha vivido lo suficiente para saber que la vida es un cambio constante. Sin embargo, lleva consigo una herida: lo sucedido en el weldath y Suldanessellar. Aun así, tiene esperanza en que algún día pueda volver allí con los suyos, y mientras haya esperanza, todo se puede. Con esa determinación, emprende un camino de descubrimiento y más aventuras...
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