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Sombras y gloria.

Brokilon

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Es fuerte, noble, sensibe, majestuoso y perceptivo. Un Caballo enseña a quién quiere observar.
Alazán, al igual que a su jinete, le domó el tiempo. El tiempo que pasaron juntos.


“ El silbido de una flecha resonó por las cordilleras de los dientecillos. Un virote rozó el hombro de Tark, al que apenas le dió más atención, pues estaba ensemismado en el fragor de la batalla. Sobre Alazán, el Sargento arremetía con su espadón aquellas bestias que estaban cerca.
En un golpe descendente, acompañado por el embite de Alazán, la cabeza de una de las bestias voló varios metros. El caballo giró sobre si mismo, apoyado únicamente en sus patas traseras. Alzando a aquel que lo dirigía en su lomo hacia los enemigos a su espalda.

Sus compañeros, a quienes tenía a su lado, luchaban incesantemente con la horda que se atrevió a emboscar el campamento. Este aviso, marcado por las nubes de las atalayas de vigilancia, les hizo retroceder la posición nuevamente al inicio “


- ¡De dónde han salido! ¿Nos rodean? - Exclamó el jinete conforme atacaba a diestra y siniestra de su montura -

- ¡Directamente desde el campamento sargento! -
Gritaron, y la voz sonó, camuflada entre el choque de los hierros de la contienda.

La escaramuza a las puertas de la asegurada posición de los Amnianos se detuvo. Unos minutos de paz rodearon al grupo en una burbuja ficticia, que les separaba de todos los combates que surgían al mismo tiempo a escasos metros del grueso.
Tark oteó con la mirada. Sus exploradores les indicaron un rastro que se separaba del caos del combate. Estas huellas tenían una dirección clara, y decidieron investigar la osadía.
Llegaron a un extraño y desierto campo, en mitad de toda la contienda habitada. En aquel momento, no resultó extraño la calma de este paraje. Las huellas de la pequeña incursión se adentraban en las montañas, en los riscos, habiendo tomado una ruta insegura y peligrosa para desembocar a las puertas del Campamento Amniano.
El grupo, detenido ante el improvisto sendero de tropas enemigas parecía una bella invitación a las puertas de la gloria.

El Sargento tomó la iniciativa, a lomos de Alazán. El caballo dió un paso seguro a una tierra que parecía firme, pero como por desgracia en Amn, casi nada es lo que parece ser. Las patas delanteras de Alazán comenzaron a hundirse hacia un vacío, un hoyo que mostraba su faceta más ardiente en el interior de este. El animal reaccionó con lentitud, y para entonces ya era consciente de que medio cuerpo estaba dentro de la trampa mortal. En un gesto primitivo, Alazán giró la cabeza buscando los ojos de su jinete.
Podría decirse que por un segundo ambas miradas se hablaron, al cruzarse, despidiéndose. En aquel momento, Alazán hizo uso de sus cuartos traseros. No para intentar recomponerse de la caída, si no para lanzar a Tark lejos de la escena. El empuje del animal lo llevó varios metros atrás. Miller rodó por el suelo tras la caída y aunque buscaba con la mirada sin éxito a su caballo, escuchaba el cruel relincho del sufrimiento del animal.
Sus compañeros observaron la escena atónitos durante unos segundos. Sólo uno de ellos reaccionó. Un gesto que, el Sargento lo comprendió de compasión y benevolencia, gracias a los dioses.
Zarenthil apretó el gatillo de la ballesta, dirigiendo un certero virote presto a acabar con el sufrimiento del animal.
Se hizo el silencio un instante; No se escuchaban las quejas del caballo, no se escuchaba el fragor de la batalla.


- ¡Alazán! - Corrió el sargento hacia su fiel amigo de la infancia - ¡Alazán no! ...

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" Las celebraciones aquella noche se habían detenido. Tark había permanecido la mayor parte del tiempo en silencio y cerca de una pira que había preparado exclusivamente para despedir a Alazán.
Muchos hombres y mujeres estaban trabajando en tareas de limpieza del campo de batalla. Otros tantos preparaban la ciudad de Kalathyr para la pos guerra. A fin de cuentas, sólo unos pocos afortunados podían celebrar el fin de la contienda y el amargo sabor de la victoria recibida.
El sargento recogió los restos de la pira, guardando en un pequeño orbe de porcelana las cenizas que se formaron tras la consumición del cuerpo en las llamas.

Con un gesto cabizbajo y silente, Miller se retiró hacia el norte de la ciudad. Lo hizo en solitario, dejando atrás la villa de Kalathyr. Se dirigió hacia los pies de la estatua representativa de la zona. Se arrodilló ante Imnel Torlath, observándole desde abajo. Con sumo respeto agachó la cabeza.
Usó ambas manos para crear un pequeño hoyo en las cercanías de la impasible escultura "


- Espero que lo cuide mejor de lo que he podido hacer yo, mi señor. - Arrancó en un momento de lucidez - Es mi ofrenda. Os entrego a quién ha sido el testigo de mis pocos éxitos, y mis numerosos errores. Es fiel, bravo, fuerte y leal. No os puedo encomendar a nadie mejor, mi señor.

" En el interior del pequeño agujero, Tark enterró las cenizas de Alazán. Se tomó un tiempo antes de volver a la ciudad de Kalathyr aquella jornada ".

 

Brokilon

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- Quiero el negro. - Tark señaló un caballo del color de la oscuridad en el interior del establo.
- Es un buen caballo. Pero déjeme advertirle que está algo débil. ¿No prefiere mejor uno marrón?
- No. Quiero el negro. Marrón ya tenía uno.
- Bien, el cliente manda. Te traeré a Azabache.


" El guerrero se dispuso a contar las monedas que cubrirían el coste del animal. Contaba los danter de manera calmada y tranquila. La ciudad de Imnescar acogía aquel día al Sargento de la división de la moneda y dos de sus soldados personales; que parecían haber seguido al varón en un asunto oficial hasta la antigua, memorable y orgullosa ciudad que lucía el nombre de Imnel en su esencia. "

- Serán 10.000 monedas de cobre señor.
- Te doy 5.000. Está algo débil.
- No puedo bajar más de 8.500.
- 6.000 es la última oferta.
- El vendedor pensó unos segundos. Terminó por ofrecerle la diestra - ¡Demonios! Está bien. Total, iba a costar venderlo.

" Tark sonrió por un segundo. Entregó la bolsa de monedas al hombre y tomó las riendas de Azabache, acariciando por primera vez la cabeza del animal. Tras el trueque, el comerciante se dispuso a contar el pago, tal y como había hecho el guerrero segundos atrás "

- Te haré fuerte Carboncillo. Y te enseñaré la capital.
- Señor - Diría uno de los soldados a su espalda - Dijo que se llamaba Azabache.
- Ahora se llamará Carboncillo.
- ¡Demonios! - Replicó nuevamente el cuidador - Azabache es un nombre mucho más... Heroico.
- Los nombres no nos hacen héroes.
- ¿Y qué es lo que nos hará héroes señor?
- Las promesas. Y la lealtad. Dígame soldado. ¿Usted tiene promesas?
- Señor. ¿Eh? ¿Sí?
- Yo le prometí a una amiga que cuando tuviese un caballo negro, se llamaría Carboncillo.
- Así que esto es por amor ¿eh?
- La mira del Sargento y del vendedor se cruzaron por unos segundos. El hombre de justicia guardó silencio a la pregunta - Es una promesa - Terminó por confesar evitando la primera cuestión -
- ¿Y cómo se llama la afortuna... promesa, señor?
- Jadzia. Es una buena amiga mía. - Respondería al soldado, terminando de analizar su nueva adquisición - Ensilladlo y preparadlo a primera hora de la mañana. Partiremos al amanecer.
- Pero si es arcana - Los soldados murmuraron por unos segundos, ligeramente extrañados - El sargento no debería fiarse de los arcanos...

" Colocó la vaina de su siempre fiel compañera espada de una forma que le fuese cómoda de transportar al caminar. Se giró sobre sus talones, reanudando la marcha con paso firme y seguro hacia el interior de la ciudad. Aquella noche el varón tomó camino hacia el mercado, conocedor que a esas horas de la noche no encontraría nada especialmente atractivo allí.
No pudo evitar sonreír fugazmente ante los susurros de sus compañeros. Extraño para un humano, el Sargento tenía un oído especialmente fino. "


- La lealtad se presenta de muchas formas. - Diría suficientemente audible hacia sus soldados, sin girarse a ellos. Sumergido en sus pensamientos continuó la senda - ( Se presenta desde las sombras. Se presenta desde la gloria. Desde una espada, desde una pluma... Aquello que es " mal " puede ser tan leal como aquello que es " bien " )

" Una vez llegó al mercado, buscó con la mirada el puesto de marroniquería. Aún encontró a la vendedora recogiendo las pieles y piezas que habían sobrevivido al arduo día de venta. Se acercó al puesto decidido, obviando todos los demás a su alrededor.
Al llegar, dejó unas monedas sobre la madera "


- Busco un tejón pardo de las colinas del comercio. - Detuvo la mirada directamente en la mujer - ¿Tiene algo así para mí?
- La mujer sonrió, aguantándole la mirada al hombre - Me queda uno. Tiene usted suerte guardia. - De las entrañas de las cajas cercanas, extrajo una bolsa de cuero - Lo que busca está dentro.
- Gracias. - El varón tomó el recado, cabeceando cortés - Tenga usted una buena noche.
 
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Los soldados se encontraban en el salón principal de la posada de Imnescar. En la mesa había
algunas jarras vacías, otras llenas de cerveza. En el centro del banquete, una gran bandeja plateada y sobre ella, restos de un cochino asado que había sido despiezado y devorado por los tres hombres que yacían torno a él. Tark miró en un gesto incosciente a las escaleras del fondo de la estancia. Aquella que da paso a las habitaciones del establecimiento.
Sonrió por un segundo. Una mujer de piel pálida y de cabellos más blancos aún, cruzó la mirada con él, semiescondida y abrazada tras una viga de madera. Le devolvió la sonrisa con sutileza, agachando la mirada un segundo.


¡ Sargento ! - Uno de los soldados siguió la mirada de Miller hacia las escaleras - ¡Qué mira
usted! ¡Está en las nubes oiga!
- Carcajeó brindando su jarra al aire con la de su compañero -

Devolvió la vista al soldado, y acto seguido volvió a mirar hacia la mujer. La columna de pino se
encontraba en solitario esta vez.


No, nada Daría un último trago a su jarra, dejándola con notoriedad sobre la mesa Sólo
estoy algo cansado, señores.
- Tark se levantó, recogiendo a División que permanecía erguida y apoyada junto a él Mañana partiremos temprano. No beban mucho y descansen
algo.

¡A sus órdenes! - Dirían ambos soldados, entre risas aún y con sendas jarras en sus manos.

Tark cabeceó con cortesía y esbozó una ligera sonrisa a los soldados. Acto seguido se encaminó
hacia las escaleras. Aprovechó para pasar la mano derecha por el listón dónde aquella mujer estaba agarrada. Dobló una esquina, a paso lento. Aprovechaba para dar suaves toquecitos en la pared con sus puños metálicos, como si fuese algún tipo de alarma o señal.
Una de las puertas se abrió con timidez. La atención del guardia se viró en la dirección a esta.
Se acercó con un paso algo más apresurado y al llegar al umbral, empujó con levedad la cancela.

Joven, lozana, elegante y con una blancura inverosímil, evocante de inocencia. Las mejillas
sonrosadas por el leve palpitar de sus sentimientos, enlazaba a la perfección con una mirada
cristalina acentuada por lo luminoso. Sus cejas ennegrecidas acompañaban a sus pestañas
estilizadas. Labios delicados y suficientemente carnosos para incitar a la lujuria y el deseo, de un color más puro que sus mejillas, que delataban toda la sangre que robaban al resto de su piel. La mujer sonrió nuevamente, dejando ver los dientes, cual pequeñas muestras de cuarzo intacto. Un cabello suave y alambrino que caía por sus hombres con dulzura.

¿Su cuerpo? ¿Qué decir de él..?

Misteriosa providencia aquella que aguardaba en cada palmo de su cuerpo. Toda su persona tenía un aire impregnado de pulcridad, limpieza e ingenuidad. Se deshizo de una bata azulada con adornos lunares. Acicalada y presumida, un fino ajuar de seda casi transparente insinuaban unas curvas bien acentuadas en sus caderas. La ropa se pegaba a ella de la misma forma que Tark quería que sus palmas lo hicieran.
¿Y las suyas? ¿Qué hay de sus manos? De una forma perfecta.



Tark.. Te he echado de menos.

El varón se quedó en silencio. Podría decirse que el guerrero quedó impresionado en la entrada del habitación. La mujer avanzó con paso sutil y sinuoso, apoyando únicamente las puntas de sus pies para desplazarse. Se dejó caer sobre el pecho del hombre, en un gesto delicado, aguardando el abrazo del varón.
Miller correspondió. Y junto al abrazo, dejó un beso en la frente de la mujer.

[….]
Lazhander llegó como lo hace todos los días nuevos. Tark despegó los párpados con esfuerzo, la claridad del dios solar entraba por la ventana.
Se frotó los ojos y observó la apertura. Cortinas se mecían con suavidad ante el embite del aire
mañanero. Se levantó del camastro, desnudo, con la intención de cerrar el ventanal. Entrecerró la mirada hacia algo que le llamó la atención en el suelo. Se agachó para recoger una pequeña pluma blanquecina en un extremo, y con tonalidades marrones por el otro.

Dedicó unos segundos a recorrer la habitación por la estancia y descubrió que estaba casi en
soledad. División. Su espada estaba en una esquina apoyada, cerca de dónde dormía. Como
siempre, pues sus espadas son las únicas que no le habían abandonado.
Sin saberlo, aquella fue la última vez hasta el día conocido que el sargento se cruzó con Melnibonia.


“ Supongo que, fue mejor así … “ - Pensó el sargento meses después

Con paso firme bajó de nuevo las escaleras, cruzó los salones y salió de la posada. En la puerta, los dos soldados aguardaban en sus caballos. Bravura, ensillada y preparada para partir, esperaba al sargento.


Me alegra ver que han madrugado señores. En marcha. - Tark se adelantó tras subir a
Bravura con soltura.

Madrugar dice... - Susurraron entre los soldadosSi ni si quiera nos hemos acostado.
 
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