nadril
Orco del Desolado
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El Bosque Impío
La tarde era tranquila y apacible cuando recordé la reunión pendiente. La cita: en el Claro de Elurion. El motivo: la crisis del bosque, en concreto la última desatada en el Impío.
Aclarar su relación con la desgracia de Púrskul era obligado, pues no sabría decir que es peor, si un mal extendiéndose o uno nuevo aprovechando la debilidad del bosque.
Con la mayor celeridad posible me dirigí al punto de reunión, llegando justo en los prolegómenos, algo exhausto por la carrera, pero llegando al fin y al cabo.
Thodrel, Ender, Elbrihan, Vashard, Urikko y Zotzs ya aguardaban en el claro, debatiendo con tranquilidad lo acontecido, resumiendo las pesquisas y avances logrados hasta el momento.
Thodrel fue el primero en exponer sus logros. Con ayuda de Ilfana pudo encuadrar las fechas. Al parecer las historias sobre seguidores de Malar acechando el Impío eran más recientes que los sucesos objeto de nuestra investigación, por lo que, a fin de cuentas, era una buena noticia a medias, pues al mismo tiempo que los descartaba de cualquier implicación nos dejaba a su vez con un grupo menor de sospechosos. Sin embargo la clérigo pudo decirle algo más, que nos comunicó a los demás:
“Mas allá de lo que debía haber sido, el bastardo tomó poder y fue su pena y dolor lo que mató el bosque"
Palabras que en ése momento carecían de sentido para cualquiera de los presentes y que ahora, transcurridas bastantes horas de lo que allí aconteció toman un nuevo y revelador significado para mi. Mas no adelantaré por ahora sus secretos y dejaré que sea el hilo de la narración quien os los revele.
También nos reveló que, en su ultimo aliento, Ilfana le encomendó que buscásemos a los Emishais si queríamos arrojar algo más de luz al asunto.
Absorto en mis cavilaciones sobre el escrito tardé un rato en asimilar el ruego, aunque en pocos minutos mi mente consiguió hilvanar un hilo conductor.
Los Emishais...yo ya había leído esa palabra antes...concretamente en el Templo de Oghma donde largas horas pasé buscando... Eh-mis-hy, correctamente pronunciado. Eran, como les relaté a mis compañeros, una antigua tribu de Elfos de los Bosques que habitaban al Norte de Athkatla hace décadas. Cuando fue poseído todo el bosque por el mal que lo transformó en lo que hoy conocemos con el Impío la tribu entera fue barrida en una sola noche...y ninguno de sus miembros, que se sepa, logró escapar al exterminio.
Quizá, como bien apuntó Urikko, Elurion o algún otro elfo o anciano humano podría arrojar más información o conocimiento de dicha tribu.
Sin embargo, la reunión se vio bruscamente interrumpida por la visión de un fogonazo de luz blanca en las inmediaciones del Impío, una fina columna desde el corazón del bosque que lentamente se apagó hasta desvanecerse por completo, llamando poderosamente nuestra atención. Aparentemente el origen parecía hallarse a tan sólo unos 5 kilómetros, siendo veloces llegaríamos al lugar en una media hora, sin embargo el peligro innato era evidente y las opciones pocas.
O permanecer en la seguridad del claro divagando o adentrarse en el bosque plagado de limos y Corellon sabe qué más peligros desconocidos aguardando. Sin una tercera opción tuvimos que tomar la decisión, sin obligar a nadie, de adentrarnos hacia el peligro, rezando por salir de allí con vida y con algo de información.
De acuerdo todos, conscientes del peligro que nos disponíamos a correr, hicimos los preparativos pertinentes. Thodrel repartió algunos pergaminos y yo unos viales, con la esperanza de que no tuviéramos que recurrir a ellos. Pertrechados y listos aguardamos las indicaciones de Urikko. Vashard y ella a la vanguardia, Ender y Thodrel a retaguardia y Zotzs y yo en el centro, velando por el bienestar de todos. Cuando nos disponíamos a partir la presencia de Niennor a la entrada del Claro nos sorprendió, aunque no extrañó, a la par que Lathander en el horizonte nos dejaba mientras Shar dejaba caer su manto, lenta, paulatina, e inexorablemente.
Pese a todas las advertencias y ruegos, la elfa tozuda dejó nublar su juicio una vez más escudándose en su “es asunto del círculo”. No era una buena idea. En su estado, siendo parte del foco de atracción de las criaturas, siendo parte del alimento que engrosa su poder, imán atractor del mal, habiendo sufrido ya los estragos de la oscuridad en el interior de su ser, su presencia supondría ya no un poderoso foco de atención sobre la expedición sino una exposición innecesaria a un peligro incierto de una de los últimos bastiones del poder del bosque, pero todo eso era inexistente a ojos de la “sabia”. No era una buena idea.
Si hubiera compartido sus conocimientos sobre el interior del bosque en lugar de guardarlos para si, como bien apuntó Zotzs, la situación de Vashard como conocedor también de la espesura no habría sido tan delicada. Pero ningún argumento fue aceptado e ignorando cualquier atisbo de cordura nos acompañó, con el riesgo añadido que ello supondría.
En un primer momento el bosque parecía como siempre, sin ningún cambio aparente. Los nervios jugaron una mala pasada a Thodrel, pero poco más que reseñar sobre los primeros compases en el interior del bosque. Al poco tiempo un suave martilleo comenzamos a sentir en el suelo bajo nuestros pies. Repartimos algunas consignas más como mantener la formación y proteger a la Guardiana y proseguimos nuestro avance hacia las profundidades del bosque.
Allí nos aguardaba una espesa niebla, sugerente y esponjosa, invitándonos a adentrarnos en ella. Sin embargo una extraña sensación nos rodeó a todos, un sentimiento de pena que nos trasladaba a un lugar bien distante de aquel. Envueltos en ese halo de misterio una especie de sonrisa se perfiló en el aire, a lo lejos, una boca oscura susurrándonos palabras de bienvenida.
...Puedo verte... Senescala...
...Puedo sentirte... ¿has traído a tus pequeños amigos...? ¿A mi antiguo hogar...?
Ante un nuevo ruego a la Guardiana para marcharse y su negativa correspondiente procedimos a rodearla, protegiéndola de un eventual y probable ataque.
La boca se abrió, mostrando una dentadura de afilados puñales de marfil, desde la que se derramaba un limo negro, haciendo que la voz fuera un gorgoteo desagradable.
¿Te marchas, Hija de Jenayre..?
...Y yo que quería que conocieras, a alguno de mis amigos...
...Te tengo reservado... un lugar...
...Junto a mi lecho...
...Como mi padre hiciera con tu maestra....
...Ah... pero no son recuerdos, agradables... no al menos... para tu maestra... sino...No estaríamos aquí hoy
...Vosotros, que no sois más, que una simple chispa de vida... que puedo apagar entre mis dedos
...tan orgullosos de su propio ser, que denegáis, como vuestros mayores, aquello que tenéis al lado
...Pero tal vez, también haya un lugar para vosotros
...Un lugar, dónde dejar atrás las preocupaciones, las disputas... un lugar, que he tardado mucho en imaginar... y que pronto, muy pronto, conoceréis
...Os he dado más respuestas, que aquellas que habríais sido capaces de digerir en vuestras tristes y cortas vidas...
...mestizos... que pasareis por este mundo, sin pena, ni gloria
...Te propongo un trato, Senescala
...Encuentra el nodo, y... te diré quien soy
...Me llevas mucho más dentro, de lo que crees...
Tras lo cual pudimos escuchar como reía, en su tono grave, con cierta satisfacción. Después..el silencio que prelude a la tormenta. Pronto, de los árboles cercanos, comenzaron a brotar esas masas de limo que ya conocíamos. No sin pasar algún que otro apuro nos zafamos de ellos hasta conseguir reducirlos, estallando y evaporándose.
...tranquilidad... tan solo el sentimiento de alimentarse... lejos de las penas de los mortales... ¿acaso no son hermosos?
Con suma prudencia proseguimos nuestro avance hacia el nodo, conscientes del foco que sobre nosotros se cernía. Sin mayor inconveniente dejamos atrás la niebla, llegando al ojo de la “tormenta”: el nodo. Allí nos aguardaba una inesperada comitiva: dos figuras, con los ojos cerrados, se hallaban sentadas a su alrededor, las cuales, al percatarse de nuestra presencia comenzaron a hablarnos con una voz carente de sentimiento alguno.
Padre dijo que vendríais...
ah... hermano Nadril
... Tiempo ha, que nos os veía...
¿habéis venido a unirte a nosotros?
Sin duda alguna se trataban de los centinelas absorbidos por el capullo putrefacto de la Alta Arboleda.
Vuestra música, vuestros relatos, podrían hacer amenas nuestras reuniones...
Bajo la armadura de los antiguos guardianes centinelas, algo, de color negro, se agitaba. Un puñado de gusanos caían al suelo de la manga del guardián que nos hablaba.
No sabes la paz, que da... alejarse de esas pasiones... que tanta mella hacen en el alma
Uniros a nosotros... os aseguro que esta sensación, no tiene... parangón...
Con total claridad pudimos vislumbrar como una marabunta de gusanos negros los cubría, por completo, mientras tensaban los arcos y comenzaban a dispararnos sus flechas mientras, por la espalda, más de esos limos salían desde la oscuridad dispuestos a cubrirnos. Durante unos minutos que se nos antojaron eternos la contienda se mantuvo muy igualada, aunque al final, y con gran esfuerzo, conseguimos decantarla hacia nuestro lado gracias, en gran parte, a las tácticas de Vashard y al mantenimiento de la formación por parte de los demás. Cuando hubimos afianzado la posición la risa volvió a irrumpir en el entorno.
...Todo vuestro... yo tengo mucho que hacer... y después de tanto tiempo en ese bosque... ya no me interesa....
...Disfrutad de vuestra pequeña victoria... volveremos a vernos...
Niennor - dijiste que dirías quien eras!
Claro... solo tienes que dar unos cuantos pasos más... y verlo por ti misma
Niennor - estas en Kaira...y te encontrare allí... en lo que el bosque conoce y sabe... allí estarás
Mientras la Guardiana hablaba las sombras retrocedieron hasta perderse, dejando al nodo relumbrar de nuevo. Por momentos la tierra volvió a abrirse, con un fulgor verdoso. Sobre la frente de Niennor, una gema, incrustada en la carne, comenzó a brillar y a perfilarse, hacia delante.
Niennor - Kaira... Gema de la sabiduría... muéstranos lo que el bosque conoce para no cometer pasados errores
Mientras tanto Zotzs se arrodilló sobre las rocas, posando sus manos en ellas. Cuando todo parecía en vano, el druida arqueó la espalda, poseído por una poderosa visión:
Vio una sombra, pequeña, hambrienta, nacer entre gritos, una sombra antinatural, un recuerdo de la no muerte de una vida desdichada. La sombra vaga, hambrienta, y encuentra un pequeño campamento de elfos, con facciones que recuerdan a los esquivos forestales. Mata al primer elfo, tomando su esencia vital. La primera sombra crece, y del cadáver del muerto nace una segunda sombra. Pronto, en una vorágine desatada, todos los elfos yacen muertos, y una docena de sombras, buscan el siguiente campamento. Una noche, entera, y al amanecer, tantas eran, que habían cubierto la bóveda La primera de ellas, enardecida de poder, las absorbió, tragándoselas dentro del ensueño de rencor que es el ciclón de oscuridad del que esta hecho.
Así que fue eso lo que mató a los Emisheis...no pude evitar sonreírme a la reacción de la Guardiana a mi comentario, al menos los demás sí me entendieron. Cuando Zotzs salió del trance su rostro reflejaba el terror de lo sucedido, como si lo hubiera vivido él mismo. Fue entonces cuando contemplamos plenamente la gema que lucía Niennor. Una Kiara, una gema ancestral, una enciclopedia viviente, que pasa de generación, en generación, de una rama de sangre, de una familia, atesorando todos los recuerdos de los anteriores portadores. Sin lugar a dudas uno de los artefactos élficos más poderosos que existen. Y la elfa lo había estado exponiendo al peligro sin mayor miramiento, inconsciente de todo cuanto podía verse perdido por el absurdo capricho de participar en la expedición. La elfa buscó entre los recuerdos de la anterior portadora de la gema, Jenayre, viendo en su memoria:
Por un momento, se ve, feliz, entre las gentes de este bosque. Una noche, una figura oscura, la asalta en el camino, tomando su cuerpo, impoluto hasta entonces. De tan incesta unión, nace un vástago, repudiado, abandonado en el propio corazón del bosque. Recogido a su vez, y criado por su padre, bajo la mirada de la mujer. Los ojos del niño miran a Jenayre, que sin sentimiento alguno, se marcha, olvidandole.
Una terrible información, esclarecedora, pero terrible.
..Ahora, ya sabes quien soy... "hermanita"...
La voz resonó una ultima vez, apagándose para siempre. Sin duda era el momento de marchar nosotros también, pues pese a la aparente marcha de la sombra, el hijo bastardo de Jenayre, el lugar seguía sin ser seguro del todo, y las palabras que habrían de contarse sobre lo ocurrido era mejor guardarlas en una ubicación más propicia.
Quizá el Claro de Elurion sería ahora nuestro último refugio...
La tarde era tranquila y apacible cuando recordé la reunión pendiente. La cita: en el Claro de Elurion. El motivo: la crisis del bosque, en concreto la última desatada en el Impío.
Aclarar su relación con la desgracia de Púrskul era obligado, pues no sabría decir que es peor, si un mal extendiéndose o uno nuevo aprovechando la debilidad del bosque.
Con la mayor celeridad posible me dirigí al punto de reunión, llegando justo en los prolegómenos, algo exhausto por la carrera, pero llegando al fin y al cabo.
Thodrel, Ender, Elbrihan, Vashard, Urikko y Zotzs ya aguardaban en el claro, debatiendo con tranquilidad lo acontecido, resumiendo las pesquisas y avances logrados hasta el momento.
Thodrel fue el primero en exponer sus logros. Con ayuda de Ilfana pudo encuadrar las fechas. Al parecer las historias sobre seguidores de Malar acechando el Impío eran más recientes que los sucesos objeto de nuestra investigación, por lo que, a fin de cuentas, era una buena noticia a medias, pues al mismo tiempo que los descartaba de cualquier implicación nos dejaba a su vez con un grupo menor de sospechosos. Sin embargo la clérigo pudo decirle algo más, que nos comunicó a los demás:
“Mas allá de lo que debía haber sido, el bastardo tomó poder y fue su pena y dolor lo que mató el bosque"
Palabras que en ése momento carecían de sentido para cualquiera de los presentes y que ahora, transcurridas bastantes horas de lo que allí aconteció toman un nuevo y revelador significado para mi. Mas no adelantaré por ahora sus secretos y dejaré que sea el hilo de la narración quien os los revele.
También nos reveló que, en su ultimo aliento, Ilfana le encomendó que buscásemos a los Emishais si queríamos arrojar algo más de luz al asunto.
Absorto en mis cavilaciones sobre el escrito tardé un rato en asimilar el ruego, aunque en pocos minutos mi mente consiguió hilvanar un hilo conductor.
Los Emishais...yo ya había leído esa palabra antes...concretamente en el Templo de Oghma donde largas horas pasé buscando... Eh-mis-hy, correctamente pronunciado. Eran, como les relaté a mis compañeros, una antigua tribu de Elfos de los Bosques que habitaban al Norte de Athkatla hace décadas. Cuando fue poseído todo el bosque por el mal que lo transformó en lo que hoy conocemos con el Impío la tribu entera fue barrida en una sola noche...y ninguno de sus miembros, que se sepa, logró escapar al exterminio.
Quizá, como bien apuntó Urikko, Elurion o algún otro elfo o anciano humano podría arrojar más información o conocimiento de dicha tribu.
Sin embargo, la reunión se vio bruscamente interrumpida por la visión de un fogonazo de luz blanca en las inmediaciones del Impío, una fina columna desde el corazón del bosque que lentamente se apagó hasta desvanecerse por completo, llamando poderosamente nuestra atención. Aparentemente el origen parecía hallarse a tan sólo unos 5 kilómetros, siendo veloces llegaríamos al lugar en una media hora, sin embargo el peligro innato era evidente y las opciones pocas.
O permanecer en la seguridad del claro divagando o adentrarse en el bosque plagado de limos y Corellon sabe qué más peligros desconocidos aguardando. Sin una tercera opción tuvimos que tomar la decisión, sin obligar a nadie, de adentrarnos hacia el peligro, rezando por salir de allí con vida y con algo de información.
De acuerdo todos, conscientes del peligro que nos disponíamos a correr, hicimos los preparativos pertinentes. Thodrel repartió algunos pergaminos y yo unos viales, con la esperanza de que no tuviéramos que recurrir a ellos. Pertrechados y listos aguardamos las indicaciones de Urikko. Vashard y ella a la vanguardia, Ender y Thodrel a retaguardia y Zotzs y yo en el centro, velando por el bienestar de todos. Cuando nos disponíamos a partir la presencia de Niennor a la entrada del Claro nos sorprendió, aunque no extrañó, a la par que Lathander en el horizonte nos dejaba mientras Shar dejaba caer su manto, lenta, paulatina, e inexorablemente.
Pese a todas las advertencias y ruegos, la elfa tozuda dejó nublar su juicio una vez más escudándose en su “es asunto del círculo”. No era una buena idea. En su estado, siendo parte del foco de atracción de las criaturas, siendo parte del alimento que engrosa su poder, imán atractor del mal, habiendo sufrido ya los estragos de la oscuridad en el interior de su ser, su presencia supondría ya no un poderoso foco de atención sobre la expedición sino una exposición innecesaria a un peligro incierto de una de los últimos bastiones del poder del bosque, pero todo eso era inexistente a ojos de la “sabia”. No era una buena idea.
Si hubiera compartido sus conocimientos sobre el interior del bosque en lugar de guardarlos para si, como bien apuntó Zotzs, la situación de Vashard como conocedor también de la espesura no habría sido tan delicada. Pero ningún argumento fue aceptado e ignorando cualquier atisbo de cordura nos acompañó, con el riesgo añadido que ello supondría.
En un primer momento el bosque parecía como siempre, sin ningún cambio aparente. Los nervios jugaron una mala pasada a Thodrel, pero poco más que reseñar sobre los primeros compases en el interior del bosque. Al poco tiempo un suave martilleo comenzamos a sentir en el suelo bajo nuestros pies. Repartimos algunas consignas más como mantener la formación y proteger a la Guardiana y proseguimos nuestro avance hacia las profundidades del bosque.
Allí nos aguardaba una espesa niebla, sugerente y esponjosa, invitándonos a adentrarnos en ella. Sin embargo una extraña sensación nos rodeó a todos, un sentimiento de pena que nos trasladaba a un lugar bien distante de aquel. Envueltos en ese halo de misterio una especie de sonrisa se perfiló en el aire, a lo lejos, una boca oscura susurrándonos palabras de bienvenida.
...Puedo verte... Senescala...
...Puedo sentirte... ¿has traído a tus pequeños amigos...? ¿A mi antiguo hogar...?
Ante un nuevo ruego a la Guardiana para marcharse y su negativa correspondiente procedimos a rodearla, protegiéndola de un eventual y probable ataque.
La boca se abrió, mostrando una dentadura de afilados puñales de marfil, desde la que se derramaba un limo negro, haciendo que la voz fuera un gorgoteo desagradable.
¿Te marchas, Hija de Jenayre..?
...Y yo que quería que conocieras, a alguno de mis amigos...
...Te tengo reservado... un lugar...
...Junto a mi lecho...
...Como mi padre hiciera con tu maestra....
...Ah... pero no son recuerdos, agradables... no al menos... para tu maestra... sino...No estaríamos aquí hoy
...Vosotros, que no sois más, que una simple chispa de vida... que puedo apagar entre mis dedos
...tan orgullosos de su propio ser, que denegáis, como vuestros mayores, aquello que tenéis al lado
...Pero tal vez, también haya un lugar para vosotros
...Un lugar, dónde dejar atrás las preocupaciones, las disputas... un lugar, que he tardado mucho en imaginar... y que pronto, muy pronto, conoceréis
...Os he dado más respuestas, que aquellas que habríais sido capaces de digerir en vuestras tristes y cortas vidas...
...mestizos... que pasareis por este mundo, sin pena, ni gloria
...Te propongo un trato, Senescala
...Encuentra el nodo, y... te diré quien soy
...Me llevas mucho más dentro, de lo que crees...
Tras lo cual pudimos escuchar como reía, en su tono grave, con cierta satisfacción. Después..el silencio que prelude a la tormenta. Pronto, de los árboles cercanos, comenzaron a brotar esas masas de limo que ya conocíamos. No sin pasar algún que otro apuro nos zafamos de ellos hasta conseguir reducirlos, estallando y evaporándose.
...tranquilidad... tan solo el sentimiento de alimentarse... lejos de las penas de los mortales... ¿acaso no son hermosos?
Con suma prudencia proseguimos nuestro avance hacia el nodo, conscientes del foco que sobre nosotros se cernía. Sin mayor inconveniente dejamos atrás la niebla, llegando al ojo de la “tormenta”: el nodo. Allí nos aguardaba una inesperada comitiva: dos figuras, con los ojos cerrados, se hallaban sentadas a su alrededor, las cuales, al percatarse de nuestra presencia comenzaron a hablarnos con una voz carente de sentimiento alguno.
Padre dijo que vendríais...
ah... hermano Nadril
... Tiempo ha, que nos os veía...
¿habéis venido a unirte a nosotros?
Sin duda alguna se trataban de los centinelas absorbidos por el capullo putrefacto de la Alta Arboleda.
Vuestra música, vuestros relatos, podrían hacer amenas nuestras reuniones...
Bajo la armadura de los antiguos guardianes centinelas, algo, de color negro, se agitaba. Un puñado de gusanos caían al suelo de la manga del guardián que nos hablaba.
No sabes la paz, que da... alejarse de esas pasiones... que tanta mella hacen en el alma
Uniros a nosotros... os aseguro que esta sensación, no tiene... parangón...
Con total claridad pudimos vislumbrar como una marabunta de gusanos negros los cubría, por completo, mientras tensaban los arcos y comenzaban a dispararnos sus flechas mientras, por la espalda, más de esos limos salían desde la oscuridad dispuestos a cubrirnos. Durante unos minutos que se nos antojaron eternos la contienda se mantuvo muy igualada, aunque al final, y con gran esfuerzo, conseguimos decantarla hacia nuestro lado gracias, en gran parte, a las tácticas de Vashard y al mantenimiento de la formación por parte de los demás. Cuando hubimos afianzado la posición la risa volvió a irrumpir en el entorno.
...Todo vuestro... yo tengo mucho que hacer... y después de tanto tiempo en ese bosque... ya no me interesa....
...Disfrutad de vuestra pequeña victoria... volveremos a vernos...
Niennor - dijiste que dirías quien eras!
Claro... solo tienes que dar unos cuantos pasos más... y verlo por ti misma
Niennor - estas en Kaira...y te encontrare allí... en lo que el bosque conoce y sabe... allí estarás
Mientras la Guardiana hablaba las sombras retrocedieron hasta perderse, dejando al nodo relumbrar de nuevo. Por momentos la tierra volvió a abrirse, con un fulgor verdoso. Sobre la frente de Niennor, una gema, incrustada en la carne, comenzó a brillar y a perfilarse, hacia delante.
Niennor - Kaira... Gema de la sabiduría... muéstranos lo que el bosque conoce para no cometer pasados errores
Mientras tanto Zotzs se arrodilló sobre las rocas, posando sus manos en ellas. Cuando todo parecía en vano, el druida arqueó la espalda, poseído por una poderosa visión:
Vio una sombra, pequeña, hambrienta, nacer entre gritos, una sombra antinatural, un recuerdo de la no muerte de una vida desdichada. La sombra vaga, hambrienta, y encuentra un pequeño campamento de elfos, con facciones que recuerdan a los esquivos forestales. Mata al primer elfo, tomando su esencia vital. La primera sombra crece, y del cadáver del muerto nace una segunda sombra. Pronto, en una vorágine desatada, todos los elfos yacen muertos, y una docena de sombras, buscan el siguiente campamento. Una noche, entera, y al amanecer, tantas eran, que habían cubierto la bóveda La primera de ellas, enardecida de poder, las absorbió, tragándoselas dentro del ensueño de rencor que es el ciclón de oscuridad del que esta hecho.
Así que fue eso lo que mató a los Emisheis...no pude evitar sonreírme a la reacción de la Guardiana a mi comentario, al menos los demás sí me entendieron. Cuando Zotzs salió del trance su rostro reflejaba el terror de lo sucedido, como si lo hubiera vivido él mismo. Fue entonces cuando contemplamos plenamente la gema que lucía Niennor. Una Kiara, una gema ancestral, una enciclopedia viviente, que pasa de generación, en generación, de una rama de sangre, de una familia, atesorando todos los recuerdos de los anteriores portadores. Sin lugar a dudas uno de los artefactos élficos más poderosos que existen. Y la elfa lo había estado exponiendo al peligro sin mayor miramiento, inconsciente de todo cuanto podía verse perdido por el absurdo capricho de participar en la expedición. La elfa buscó entre los recuerdos de la anterior portadora de la gema, Jenayre, viendo en su memoria:
Por un momento, se ve, feliz, entre las gentes de este bosque. Una noche, una figura oscura, la asalta en el camino, tomando su cuerpo, impoluto hasta entonces. De tan incesta unión, nace un vástago, repudiado, abandonado en el propio corazón del bosque. Recogido a su vez, y criado por su padre, bajo la mirada de la mujer. Los ojos del niño miran a Jenayre, que sin sentimiento alguno, se marcha, olvidandole.
Una terrible información, esclarecedora, pero terrible.
..Ahora, ya sabes quien soy... "hermanita"...
La voz resonó una ultima vez, apagándose para siempre. Sin duda era el momento de marchar nosotros también, pues pese a la aparente marcha de la sombra, el hijo bastardo de Jenayre, el lugar seguía sin ser seguro del todo, y las palabras que habrían de contarse sobre lo ocurrido era mejor guardarlas en una ubicación más propicia.
Quizá el Claro de Elurion sería ahora nuestro último refugio...