
Algunos miembros de la compañía habían ido a aquel viaje con la intención de salvar las riquezas de la ciudad, sus razones tenían, es el oro lo que movía la economía incluso en las épocas de crisis como la actual, la Obispa Brillalba bien lo predicaba y quizás estuviera en lo cierto, pero no era el mi motivo para acudir en asistencia del Teniente Ewan.
Quedó reflejado en la reunión que tuvimos con los representantes del gobierno local, los nobles Tarkas y Vhalestra, mis razones para viajar, salvar a cuantos pudiera antes de la llegada del enemigo que venía del Este y contra el que no tenían opción de defenderse.
Incluso con mis habilidades diplomáticas que he ido perfilando reunión tras reunión con los diversos representantes de cada organización que he ido conociendo, fue difícil un acercamiento de posturas con ambos nobles de Kezculla, su avaricia les conducía a la muerte y estaban a gusto con ello, pero debían marchar de la ciudad e instar a los demás a hacerlo, como los dirigentes, debían dar ejemplo para que otros tomasen el mismo camino y de esa forma también evitar que soldados de la División del Escudo que quedaban, fueran asesinados en el enfrentamiento. Al menos en Crimmor habría más posibilidades.
Marché de aquella sala esperando obtener de ellos una respuesta, espero sinceramente haberles convencido con mis consejos, sus riquezas estarán a salvo con la ayuda del Clero de Waukeen que la Obispa les prometió, y los edificios podrán reconstruirse nuevamente al finalizar el conflicto en caso de que sufran algún daño.
Ahora me encuentro patrullando las calles de aquella ciudad, es sorprendente como cada ciudad Amniana se diferencia de otras, imagino es por sus núcleos económicos, pese a tener los mismos sistemas de gobierno, la organización y costumbres parecen cambiar. Llevará un tiempo aprender de ello, tiempo que no disponemos pero estoy segura haremos lo posible, tanto por salvar a los habitantes de la ciudad como sus riquezas.
Hay pequeños disturbios en las calles, nada que no pueda controlarse en las patrullas que realizo, mendigos enfrentándose a nobles por sus lujos o a ciudadanos por su comida en los puntos que se han montado, el orden se mantiene en la ciudad y velamos que así sea al interceder en las disputas para que no vayan a mayores, instando a la unidad y a buscar refugio marchando a otra ciudad en las caravanas que van partiendo hacia el Oeste Amniano.
Esto último es lo que más promuevo por la ciudad ya que nuestro enemigo consta de no-muertos, por lo que cabe esperar que suceda como en Imnescar y que aquellos que caigan en batalla sean alzados para sumar más números en sus filas, por lo que el poner a salvo a todos los posibles fuera de Kezculla es la mejor estrategia que podamos encontrar por el momento.
Tocará seguir esforzándose hasta el momento de regresar a Crimmor.
