Niennor
Pornorroleador en sequía
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La Noche era tranquila en el interior de la morada de los Rompecraneos… tan solo los centinelas y algunos hermanos algo trasnochadores hacían un leve ruido que era incapaz de despertar a los durmientes. En cada hogar… una familia enana habitaba, y a esta hora… la mayoría estaban durmiendo placidamente, algunos se resistían al sueño, bien por trabajo, por quehaceres amorosos con la pareja… o en muy pocos casos… por miedo.
El jovencísimo enano… un niño aun, que apenas podía correr sin caerse, cerraba los ojos intentando dormir… pero los volvía a abrir asustado… intentándolo de nuevo al poco. Nada parecía funcionar… según la oscuridad le inundaba su miedo crecía y le obligaba a abrirles de nuevo y respirar agitadamente.
Luchando una batalla que el solo no podía vencer… recurrió a quien siempre le escuchaba todos sus problemas… se levanto de su cama y se acerco moviéndose sigilosamente a la de su hermana.
- Martha… Martha… - Decía el pequeño con voz bajita mientras zarandeaba a la jovencísima enana – No puedo mimir… tengo miedo…
La jovencísima voz cargada de pena e impotencia consiguió despertar a la pequeña… que bostezo y se froto los ojitos con las manitas… apenas era un pie mas alta que el pequeño enano.
- Grobar… que te pasa?... no puedes dormir? – Pregunto la joven mientras se desperezaba
- No… No puedo tata… tengo miedo… - respondió su hermano mirando a todos lados con semblante temeroso
Martha suspiro… frunciendo el ceño mientras pensaba una posible solución… quería lo mejor para su hermanito si… pero también ella quería volver a dormir de nuevo. Así que… decidió buscar la solución mas sencilla y rápida… recurrir a las altas esferas.
Se acerco a la habitación de sus padres… seguida de su hermano que había conseguido agarrarse como una lapa a una de sus piernas y apenas la dejaba caminar. Una vez allí… vio como dormían profundamente… El obeso centinela de los túneles tenía muy mal humor… y siempre quería que sus hijos fueran fuertes y valientes… no seria la mejor opción sin duda…
La Madre… era un mejor plan… comprendería a Grobar… y no pasaría nada… pero estaba demasiado cansada… los entrenamientos como Dama de Plata habían sido extremadamente duros últimamente… y apenas había podido moverse después de ellos… tenia heridas… magulladuras… y estaba tremendamente agotada… si la despertaban… seguramente hubiera una riña.
La jovencita suspiro tirando de su hermanito fuera… explicándole porque sus padres no debían ser despertados… intento buscar algo de comer… quizás con el estomago lleno el pequeño pudiera olvidarse de sus miedos… pero al parecer Grobar no quería probar bocado… cerrando los labios con fuerza en señal de desaprobación.
Martha ya no sabia que hacer… se recostó sobre la mesa y empezó a cerrar los ojos agotada por ser privada de su sueño… escucho al pequeño enano corretear a una habitación… y volver de nuevo correteando. Sentándose a su lado… y moviéndose como si estuviera jugando con algo.
La enana miro lo que creaba tal agitación… su hermano jugaba con lo que parecía una muñeca grande… representaba burdamente una enana con un moño de pelo blanco… 2 botones como ojos… una gran sonrisa… y unas ropas tejidas por ella misma que imitaban mas o menos… el uniforme de las damas de plata…
- Eso es! – exclamo de pronto girándose al pequeño – Sabes que Liz ha vuelto a la morada? Quieres que vayamos a verla?
- SIIIIII!!!! – grito el pequeño con fervor… rápidamente acallado por la mano de su hermana que evitaba el desastre de despertar a sus progenitores
- Cállate! – susurro a su oído – es tarde… y como Madre o Padre nos descubran… nos quedaremos sin ir… rápido… vístete con algo… y vámonos… pero en silencio
El pequeño asintió llevándose un dedo a la boca… y rápidamente copio algo más de ropa… pues los túneles eran realmente fríos por la noche.
Los jóvenes enanos… se movían por los túneles rápidamente… escondiéndose de los centinelas. Afortunadamente… la seguridad en esa zona era mucho menor… y podían corretear sin ser vistos por los escasos guardias que refunfuñaban más que vigilar.
Llegaron a la puerta de la habitación de la sacerdotisa… y llamaron bajito… no hubo respuesta
Volvieron a llamar apoyando la oreja para intentar escuchar algo… pero nada ocurría… nadie parecía haber dentro. La joven se sentó mientras su hermanito seguía aporreando la fuerza gritando “Liz! Liz! Liz!” pero seguía sin recibir respuesta.
- quizás… este en el templo.. antes escuche algunos ruidos… pero hay muchos guardias allí… y será peligroso – Murmuro mirando a su hermano
- Quero ver a Liz! – respondió el muchacho con decisión
La joven no pudo mas que reír… también deseaba ver a la sacerdotisa… siempre era amable con ellos… cuando estaban enfermos, o no podían dormir... Siempre estaba de buen humor. Y era la única que les defendía de los adultos enanos malhumorados… y estos… la tenían el suficiente miedo como para no provocarla. Era una segunda Madre… para ellos y para todos los pequeños enanos mas jóvenes de la morada.
La joven siempre había querido ser como ella… fuerte… amable… sabia… quería ser respetada y que su nombre fuera famoso como el de la Matriarca de plata… algún día… seria iniciada… luego sacerdotisa… luego… una de las Guardianas de ella misma… y quizás algún día… cuando Lizoldha fuera demasiado mayor… quizás ocupara su lugar… y siempre estaría de buen humor, siempre defendería a los niños y ls cuidaría… les contaría cuentos, cantaría canciones o les haría reír.
La joven suspiraba mientras recorría los túneles… esquivando hábilmente a los centinelas… se metían por recovecos… huecos… y pequeños respiradores donde nadie podría imaginarse que algo se escondiera… al final llegaron al templo… y escucharon algunos ruidos en el… podría ser ella… o podría ser otra persona.
Abrieron la puerta silenciosamente… y escucharon a la Sacerdotisa entrenándose duramente en la casi oscuridad total… alumbrada por unos braseros levemente.
Fantástico!, pensó la joven enana… al lado de Lizoldha no importaría si el mismísimo Thane o la guardia personal… o sus padres les encontraban… nada podían hacer mientras la aguerrida enana estuviera a su lado. No permitiría que los pequeños sufrieran ningún mal.
Entraron en el templo… La joven miraba la inmensidad del lugar que tanto orgullo creaba en ella… mientras el muchachito… corría con la muñeca en una mano hacia la sacerdotisa mientras gritaba… “Liz! Liz! Soy yo! Soy Grobar!... no podía mimir… hemos venido a verte!”
Pero de pronto… el silencio… Martha se alarmo y miro a su hermano… que estaba quieto mirando a la figura de la enana. Rápidamente se acerco a el agachándose a su lado… mientras le hablaba dándole ánimos.
- que te pasa? Es Liz… ella te contara un cuento para que no tengas miedo… verdad que si Liz? – alzando la mirada para ver a la sacerdotisa
Mas no encontró a Liz en ese lugar…
La sacerdotisa era ella… reconocería sus ojos y su mirada en cualquier lado… pero su cuidado peinado ya no estaba allí… su moño había sido cortado… y su pelo estaba alborotado y despeinado. Cuando la vista de la joven enana se acostumbro a la oscuridad… contuvo un grito de horror…
La veterana enana estaba vestida con unos trapos de entrenamiento… cubrían sus pechos y sus partes nobles… dejando la piel al descubierto… o lo que quedaba de ella.
Cubierta con enormes cicatrices… al parecer algunas se habían abierto… y goteaba algo de sangre. La sacerdotisa empuñaba dos martillos de rojo color mientras miraba a los jóvenes con el ceño fruncido. Otra larga cicatriz recorría su ojo izquierdo… casi impidiéndoselo abrir. Además de eso… la enana tenia muchas llagas abiertas… y una corona metálica de clavos en la frente que se clavaba mas y mas en esta… haciendo que su rostro estuviera literalmente lleno del rojo liquido vital.
Pero era ella… lo sabia… la reconocería en cualquier lado! La Matriarca de las Damas de plata estaba frente a ella… pero estaba cambiada… ni una sonrisa… ni una palabra… apretaba los martillos con fuerza mientras miraba a los jóvenes enanos con semblante feroz
En un primer instante… la joven enana sintió pena… pero poco a poco la pena se torno en miedo… y el miedo en terror. No había sido una buena idea… nada buena… la peor del mundo.
El joven enano… menos perspicaz… alzo la voz hablando a la sacerdotisa
- que ta pasao Liz?... quien te hizo eso… quien fue el malo que te hizo eso?! – chillaba con furia al ver en tal estado a quien tanto había apreciado en el pasado
La enana ni se movió… mustio unas palabras mientras miraba a los dos jóvenes
- Iros a la cama… ya
- pero… Liz… no puedo mimir… tengo miedo… y… - intentaba excusarse el pequeño
La enana alzo ambos martillos y golpeo con fuerza el suelo… casi haciéndole temblar… el joven enano camino hacia atrás cayendo de espaldas… arrastrándose intentando alejarse de la enana... mientras la joven dio un respingo y empezó a temblar.
- MARCHARO AHORA MISMO!!! DEJARME EN PAZ!!! – Grito la enana potentemente
La joven reacciono rápidamente… se levanto y tomo a su hermano en brazos…. El pequeño temblaba fuertemente… y no podía contener las lagrimas… la joven se giro un momento para volver a mirar a la sacerdotisa… esta no se movía… y seguía teniendo su feroz semblante.
Martha corrió… corrió corrió corrió… todo lo que pudo… nada la importaba encontrar o no guardias en su camino… tenia que llegar a casa… nada podía ser peor que lo que había visto.
Mientras tanto… la sacerdotisa se acerco a un brasero… colocando ambos martillos en su interior… con el mango sobresaliendo. Miro a su alrededor para ver si todo estaba tranquilo… y descubrió un bulto… un pequeño bulto en el suelo.
Se acerco con paso decidido y vio la regordeta muñeca… con sus ropajes y su moño de pelo blanco… esbozo una sonrisa acariciando el pelo de la mini-sacerdotisa… y la tristeza inundo su corazón…
Habían sido tan buenos recuerdos… tantos años… de duro trabajo para alcanzar un sueño… y ahora… todo había desaparecido. Todo se lo habían arrebatado… no tenia ningún objetivo mas en la vida… salvo pelear… y con suerte… morir algún día en batalla.
Golpeada anímicamente en su orgullo… la enana cayo de rodillas aun contemplando la muñeca… su vista se nublaba mientras las lagrimas aparecían… cayendo sobre el juguete que tantos buenos recuerdos ahora perdidos para siempre la inspiraban.
Apretó el objeto… intentando desesperadamente despertarse de un horrible pesadilla que nunca tenia fin… secándose las lagrimas con un brazo la enana se levanto con firmeza… y se acerco al brasero
- Todo a cambiado… Todo debe ser distinto ahora… - Murmuraba mientras arrojaba la muñeca a las llamas y observaba como se consumía poco a poco
- Me lo han arrebatado todo… nada me queda en este mundo mas que luchar y luchar…- siguió con sus divagaciones en un potente chorro de voz – Luchare… una y otra vez… hasta que me llegue la muerte
Observo como termino de consumirse el juguete… como su vientre estallaba en llamas al tener más algodón en su interior. La enana apretó los dientes y agarro los mangos de sus martillos que estaban al rojo vivo y sisearon en contacto con su piel.
Les alzo al aire mientras contenía el dolor… utilizándolo para hacer mas potente su grito como en un alarido desafiante
- OS ENCONTRARE!... OS ENCONTRARE Y ME LAS PAGAREIS!
El grito recorrió toda la morada… incluso… llego a una puerta… de una casa… donde dentro, habitaba una familia de enanos… donde un pequeño no podía conciliar el sueño hace unos instantes.
Ahora… el pequeño temblaba de terror… abrazado a su hermana… que lloraba silenciosamente al ver en lo que se habían convertido sus sueños.
No hay lugar para nada más… La Sacerdotisa se había convertido en fuego y acero… nada la mantenía con vida… nada había en este mundo querido por ella… solo la mantenía en pie una cosa.
Las ansias de Venganza
El jovencísimo enano… un niño aun, que apenas podía correr sin caerse, cerraba los ojos intentando dormir… pero los volvía a abrir asustado… intentándolo de nuevo al poco. Nada parecía funcionar… según la oscuridad le inundaba su miedo crecía y le obligaba a abrirles de nuevo y respirar agitadamente.
Luchando una batalla que el solo no podía vencer… recurrió a quien siempre le escuchaba todos sus problemas… se levanto de su cama y se acerco moviéndose sigilosamente a la de su hermana.
- Martha… Martha… - Decía el pequeño con voz bajita mientras zarandeaba a la jovencísima enana – No puedo mimir… tengo miedo…
La jovencísima voz cargada de pena e impotencia consiguió despertar a la pequeña… que bostezo y se froto los ojitos con las manitas… apenas era un pie mas alta que el pequeño enano.
- Grobar… que te pasa?... no puedes dormir? – Pregunto la joven mientras se desperezaba
- No… No puedo tata… tengo miedo… - respondió su hermano mirando a todos lados con semblante temeroso
Martha suspiro… frunciendo el ceño mientras pensaba una posible solución… quería lo mejor para su hermanito si… pero también ella quería volver a dormir de nuevo. Así que… decidió buscar la solución mas sencilla y rápida… recurrir a las altas esferas.
Se acerco a la habitación de sus padres… seguida de su hermano que había conseguido agarrarse como una lapa a una de sus piernas y apenas la dejaba caminar. Una vez allí… vio como dormían profundamente… El obeso centinela de los túneles tenía muy mal humor… y siempre quería que sus hijos fueran fuertes y valientes… no seria la mejor opción sin duda…
La Madre… era un mejor plan… comprendería a Grobar… y no pasaría nada… pero estaba demasiado cansada… los entrenamientos como Dama de Plata habían sido extremadamente duros últimamente… y apenas había podido moverse después de ellos… tenia heridas… magulladuras… y estaba tremendamente agotada… si la despertaban… seguramente hubiera una riña.
La jovencita suspiro tirando de su hermanito fuera… explicándole porque sus padres no debían ser despertados… intento buscar algo de comer… quizás con el estomago lleno el pequeño pudiera olvidarse de sus miedos… pero al parecer Grobar no quería probar bocado… cerrando los labios con fuerza en señal de desaprobación.
Martha ya no sabia que hacer… se recostó sobre la mesa y empezó a cerrar los ojos agotada por ser privada de su sueño… escucho al pequeño enano corretear a una habitación… y volver de nuevo correteando. Sentándose a su lado… y moviéndose como si estuviera jugando con algo.
La enana miro lo que creaba tal agitación… su hermano jugaba con lo que parecía una muñeca grande… representaba burdamente una enana con un moño de pelo blanco… 2 botones como ojos… una gran sonrisa… y unas ropas tejidas por ella misma que imitaban mas o menos… el uniforme de las damas de plata…
- Eso es! – exclamo de pronto girándose al pequeño – Sabes que Liz ha vuelto a la morada? Quieres que vayamos a verla?
- SIIIIII!!!! – grito el pequeño con fervor… rápidamente acallado por la mano de su hermana que evitaba el desastre de despertar a sus progenitores
- Cállate! – susurro a su oído – es tarde… y como Madre o Padre nos descubran… nos quedaremos sin ir… rápido… vístete con algo… y vámonos… pero en silencio
El pequeño asintió llevándose un dedo a la boca… y rápidamente copio algo más de ropa… pues los túneles eran realmente fríos por la noche.
Los jóvenes enanos… se movían por los túneles rápidamente… escondiéndose de los centinelas. Afortunadamente… la seguridad en esa zona era mucho menor… y podían corretear sin ser vistos por los escasos guardias que refunfuñaban más que vigilar.
Llegaron a la puerta de la habitación de la sacerdotisa… y llamaron bajito… no hubo respuesta
Volvieron a llamar apoyando la oreja para intentar escuchar algo… pero nada ocurría… nadie parecía haber dentro. La joven se sentó mientras su hermanito seguía aporreando la fuerza gritando “Liz! Liz! Liz!” pero seguía sin recibir respuesta.
- quizás… este en el templo.. antes escuche algunos ruidos… pero hay muchos guardias allí… y será peligroso – Murmuro mirando a su hermano
- Quero ver a Liz! – respondió el muchacho con decisión
La joven no pudo mas que reír… también deseaba ver a la sacerdotisa… siempre era amable con ellos… cuando estaban enfermos, o no podían dormir... Siempre estaba de buen humor. Y era la única que les defendía de los adultos enanos malhumorados… y estos… la tenían el suficiente miedo como para no provocarla. Era una segunda Madre… para ellos y para todos los pequeños enanos mas jóvenes de la morada.
La joven siempre había querido ser como ella… fuerte… amable… sabia… quería ser respetada y que su nombre fuera famoso como el de la Matriarca de plata… algún día… seria iniciada… luego sacerdotisa… luego… una de las Guardianas de ella misma… y quizás algún día… cuando Lizoldha fuera demasiado mayor… quizás ocupara su lugar… y siempre estaría de buen humor, siempre defendería a los niños y ls cuidaría… les contaría cuentos, cantaría canciones o les haría reír.
La joven suspiraba mientras recorría los túneles… esquivando hábilmente a los centinelas… se metían por recovecos… huecos… y pequeños respiradores donde nadie podría imaginarse que algo se escondiera… al final llegaron al templo… y escucharon algunos ruidos en el… podría ser ella… o podría ser otra persona.
Abrieron la puerta silenciosamente… y escucharon a la Sacerdotisa entrenándose duramente en la casi oscuridad total… alumbrada por unos braseros levemente.
Fantástico!, pensó la joven enana… al lado de Lizoldha no importaría si el mismísimo Thane o la guardia personal… o sus padres les encontraban… nada podían hacer mientras la aguerrida enana estuviera a su lado. No permitiría que los pequeños sufrieran ningún mal.
Entraron en el templo… La joven miraba la inmensidad del lugar que tanto orgullo creaba en ella… mientras el muchachito… corría con la muñeca en una mano hacia la sacerdotisa mientras gritaba… “Liz! Liz! Soy yo! Soy Grobar!... no podía mimir… hemos venido a verte!”
Pero de pronto… el silencio… Martha se alarmo y miro a su hermano… que estaba quieto mirando a la figura de la enana. Rápidamente se acerco a el agachándose a su lado… mientras le hablaba dándole ánimos.
- que te pasa? Es Liz… ella te contara un cuento para que no tengas miedo… verdad que si Liz? – alzando la mirada para ver a la sacerdotisa
Mas no encontró a Liz en ese lugar…
La sacerdotisa era ella… reconocería sus ojos y su mirada en cualquier lado… pero su cuidado peinado ya no estaba allí… su moño había sido cortado… y su pelo estaba alborotado y despeinado. Cuando la vista de la joven enana se acostumbro a la oscuridad… contuvo un grito de horror…
La veterana enana estaba vestida con unos trapos de entrenamiento… cubrían sus pechos y sus partes nobles… dejando la piel al descubierto… o lo que quedaba de ella.
Cubierta con enormes cicatrices… al parecer algunas se habían abierto… y goteaba algo de sangre. La sacerdotisa empuñaba dos martillos de rojo color mientras miraba a los jóvenes con el ceño fruncido. Otra larga cicatriz recorría su ojo izquierdo… casi impidiéndoselo abrir. Además de eso… la enana tenia muchas llagas abiertas… y una corona metálica de clavos en la frente que se clavaba mas y mas en esta… haciendo que su rostro estuviera literalmente lleno del rojo liquido vital.
Pero era ella… lo sabia… la reconocería en cualquier lado! La Matriarca de las Damas de plata estaba frente a ella… pero estaba cambiada… ni una sonrisa… ni una palabra… apretaba los martillos con fuerza mientras miraba a los jóvenes enanos con semblante feroz
En un primer instante… la joven enana sintió pena… pero poco a poco la pena se torno en miedo… y el miedo en terror. No había sido una buena idea… nada buena… la peor del mundo.
El joven enano… menos perspicaz… alzo la voz hablando a la sacerdotisa
- que ta pasao Liz?... quien te hizo eso… quien fue el malo que te hizo eso?! – chillaba con furia al ver en tal estado a quien tanto había apreciado en el pasado
La enana ni se movió… mustio unas palabras mientras miraba a los dos jóvenes
- Iros a la cama… ya
- pero… Liz… no puedo mimir… tengo miedo… y… - intentaba excusarse el pequeño
La enana alzo ambos martillos y golpeo con fuerza el suelo… casi haciéndole temblar… el joven enano camino hacia atrás cayendo de espaldas… arrastrándose intentando alejarse de la enana... mientras la joven dio un respingo y empezó a temblar.
- MARCHARO AHORA MISMO!!! DEJARME EN PAZ!!! – Grito la enana potentemente
La joven reacciono rápidamente… se levanto y tomo a su hermano en brazos…. El pequeño temblaba fuertemente… y no podía contener las lagrimas… la joven se giro un momento para volver a mirar a la sacerdotisa… esta no se movía… y seguía teniendo su feroz semblante.
Martha corrió… corrió corrió corrió… todo lo que pudo… nada la importaba encontrar o no guardias en su camino… tenia que llegar a casa… nada podía ser peor que lo que había visto.
Mientras tanto… la sacerdotisa se acerco a un brasero… colocando ambos martillos en su interior… con el mango sobresaliendo. Miro a su alrededor para ver si todo estaba tranquilo… y descubrió un bulto… un pequeño bulto en el suelo.
Se acerco con paso decidido y vio la regordeta muñeca… con sus ropajes y su moño de pelo blanco… esbozo una sonrisa acariciando el pelo de la mini-sacerdotisa… y la tristeza inundo su corazón…
Habían sido tan buenos recuerdos… tantos años… de duro trabajo para alcanzar un sueño… y ahora… todo había desaparecido. Todo se lo habían arrebatado… no tenia ningún objetivo mas en la vida… salvo pelear… y con suerte… morir algún día en batalla.
Golpeada anímicamente en su orgullo… la enana cayo de rodillas aun contemplando la muñeca… su vista se nublaba mientras las lagrimas aparecían… cayendo sobre el juguete que tantos buenos recuerdos ahora perdidos para siempre la inspiraban.
Apretó el objeto… intentando desesperadamente despertarse de un horrible pesadilla que nunca tenia fin… secándose las lagrimas con un brazo la enana se levanto con firmeza… y se acerco al brasero
- Todo a cambiado… Todo debe ser distinto ahora… - Murmuraba mientras arrojaba la muñeca a las llamas y observaba como se consumía poco a poco
- Me lo han arrebatado todo… nada me queda en este mundo mas que luchar y luchar…- siguió con sus divagaciones en un potente chorro de voz – Luchare… una y otra vez… hasta que me llegue la muerte
Observo como termino de consumirse el juguete… como su vientre estallaba en llamas al tener más algodón en su interior. La enana apretó los dientes y agarro los mangos de sus martillos que estaban al rojo vivo y sisearon en contacto con su piel.
Les alzo al aire mientras contenía el dolor… utilizándolo para hacer mas potente su grito como en un alarido desafiante
- OS ENCONTRARE!... OS ENCONTRARE Y ME LAS PAGAREIS!
El grito recorrió toda la morada… incluso… llego a una puerta… de una casa… donde dentro, habitaba una familia de enanos… donde un pequeño no podía conciliar el sueño hace unos instantes.
Ahora… el pequeño temblaba de terror… abrazado a su hermana… que lloraba silenciosamente al ver en lo que se habían convertido sus sueños.
No hay lugar para nada más… La Sacerdotisa se había convertido en fuego y acero… nada la mantenía con vida… nada había en este mundo querido por ella… solo la mantenía en pie una cosa.
Las ansias de Venganza