AlieneilA
Stalker de Pornorroles
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Un espejo de plata y zanahorias. Y una piedrecita. Las prácticas del drow para los hechiceros siempre eran cuanto menos....originales. Pero esta tenia aspecto de pasar la línea de lo absurdo.
Aikanasar iba sumido en tales pensamientos mientras iba al encuentro de sus compañeros y del 'Gran Hechicero'.
Serafinna, Epimetrius, Delom y la encapuchada, Lorelei. Y unos cuantos familiares, a los que el medio-elfo no hizo el más mínimo caso.
Tuvieron que esperar a que les consiguiesen los materiales, tanto a Serafinna como al mago, Epimetrius. Pobre, acostumbrado a leer entre libros, y con aspecto de no ser precisamente joven...no sabia lo que le esperaba.
Pronto comenzaron la caminata hacia lo alto de los Picos de las Nubes, al llegar a la ladera, el profesor de los hechiceros dió el alto, y comenzó a hacer una gran bola de nieve, instando a los alumnos a seguir su ejemplo.
Aikanasar fué rápidamente a por su túnica contra el frio...ya odiaba bastante ese elemento como para encima, ponerse a hacer bolas de nieve sin más.
Al poco, Nizz y los tres alumnos habían hecho tres bolas de nieve, de tamaño descendente, habían colocado una bola sobre otra, y las adornaron con piedras, palos y las zanahorias, a modo de botones y ojos, brazos y una nariz.
Una soberana pérdida de tiempo, pensó el pelirrojo, y esto, sumado al odio por la nieve, se acumuló en un enfado nada desdeñable.
Los cuatro muñecos estaban de pie, expectantes. Los alumnos, que los habían creado con más o menos trabajo -Exceptuando el mago, que demostró visión de futuro e inteligencia creando las bolas a base de arrojar piedras por una colina...aunque perdió cualquier respeto ganado al convocar a un celestial para que las pusiese en su lugar- miraban sus obras, con más o menos ilusión.
En ese momento, Zabrin, repartió unos pergaminos, papeles y tinta, para escribir en ellos los nombres de aquellos que irritaban a sus creadores sobremanera. A los que los irritaban por lo general, no el día de hoy.
Así, pronto los muñecos pasaron a llamarse Silmëwen, Lizholda, Siril -tras haber tachado el nombre del profesor-, y Orco
La elfa sin duda sacaba de quicio a Nizz, como poco. La enana, era una pesada en palabras del mago. Siril sacaba siempre de quicio al hechicero, aunque, es probable que no fuese culpa de él, si no de su sangre...al menos en parte. La dulce Serafinna, por su parte, era incapaz de encontrar a nadie que le cayese mal (Ni el propio Aik lo consiguió tras lanzarle dos bolas de nieve a la cara)
Todo estaba listo para comenzar con la práctica. Ascendieron a lo alto de la montaña, junto a la caseta en la que vivía cierto mago gnomo -o mediano, a saber-, noqueando a golpes, magia y piedras a todo goblin viviente. Lo aguantaron estoicamente, pues, pronto les llegaría su gran momento, en el que aprendiesen una avanzada táctica de guerra.
Entraron en la caseta, el mago mediano (o gnomo, sigue dandonos lo mismo) había preparado cuatro pergaminos, que, adheridos a la parte posterior de los espejos, permitia ejecutar un hechizco de adivinación a corto alcance. O explotar, debido a lo temblorosa de las runas inscritas en él. Era imposible el hacer una práctica de la Archanum sin un mínimo de peligro, claro...o al menos, poco instructivo.
Junto a ellas, cuatro piedrecitas, que, lanzadas ladera abajo, acumularían nieve a gran velocidad, debido a su magia, permitiendo realizar el concurso de : "¡CAZA AL GOBLIN!"
Uno a uno las lanzaron. Rodaron colina abajo, atrapando a los goblins en ellas, acumulando tamaño y perdiendolo por los golpes con árboles y rocas. Y aquí estaba la dificultad mágica de la prueba: Los contendientes debían concentrarse en los conjuros inscritos y manejar la bola tan bien como pudiesen. Zabrin volvió a hablar: -Romped el lacre de los pergaminos, mirad lo que hay en su interior y leedlo, ¡os ayudará!
Todos siguieron las instrucciones, lanzando conjuros creados por Bigby, manos, que debían guiar las bolas para hacerlas chocar contra los muñecos. Todos menos el propio profesor, que, debido a un exceso -o falta- de concentración, destrozó su propia bola.
Eliminado de la competición el maestro, los alumnos se concentraron aún más. Tanto Serafinna como Epimetrius destrozaron sus objetivos. El orco y Lizholda pasaron a mejor vida, mientras, Silmëwen y Siril se erguian aún, desafiantes.
Esto enfureció aún más a Aikanasar, por suerte, el enfado se tornó en descontrolada risa: Había errado su muñeco, pero, su bola de nieve, la más grande de todas, seguía su curso, imparable, hasta estrellarse contra las murallas del fuerte de la Legión, los soldados de Amn, haciendo llover sobre ellos nieve y una cuarentena de trasgos atontados junto a su cabecilla.
Los soldados, probablemente recuerden este dia como uno de los más extraños de su vida, pero, aún se cuenta entre los goblins -los pocos que sobrevivieron a la matanza de en el fuerte y a la posterior, por los propios alumnos- aquel glorioso dia en el cual, aprendieron una muy efectiva táctica de asalto: ¡La bola de nieve gigante!
Aquí se pueden ver trasgos disfrazados poniendo en práctica la táctica
Volviendo al concurso, este había acabado, y, aunque el medio-elfo de pelo rojo que no dejaba de reir quería lanzar su segundo intento (ventajas de ir a más prácticas) no se lo permitió el profesor, pasando rápidamente a las puntuaciones, para, seguramente, evitar las patrullas que pronto enviarían.
- ¡Serafinna!: 20 trasgos derribados y has acertado el muñeco: 25 puntos
- ¡Epimetrius!: 17 trasgos derribados y has acertado el muñeco: 21 puntos
- Yo...he destrozado la bola...0 puntos *suspira resignado*
- Aik: Has derribado 44 trasgos, junto a uno de sus cabecillas, pero no acertaste el muñeco: 44 puntos
- Y a varios soldados- Dijo el medio elfo
- Esos no cuentan, el concurso era de capturar al goblin.
- Bien, pasemos al recuento, - Volvío a hablar Nizz tras susurrar con Aikanasar - como además, técnicamente, has enviado tropas goblins contra la legión, lanzando una lluvia de atacantes sobre ellos, te quito 20 puntos Aik.
- Pero solo he enviado a los menos entrenados, y además, iban mareados - Sus protestas cayeron en saco roto.
Ganadora Serafinna, fueron entregados los premios a cada participante, y ahora, en palabras del propio profesor antes de marcharse con un conjuro, les tocaba la parte más compleja, volver, a través de una montaña helada llena de mareados y enfadados goblins.
- Tranquilo, contendré a mis tropas - Respondió el General Goblin, riendose aún...
Y así, queridos amigos, acaba este cuento navideño sobre destrucción, tácticas de guerra y otras hermosas moralejas. Si, es verano, pero, como siempre, los cuentos navideños, peliculas similares y capítulos de series sobre la Navidad, se ponen en esta época.
//Dicho esto; xDDDDDDDDDDDDDD Me reí un monton, el relato no le hace justicia, pero se ha hecho lo posible xDDDDD
Aikanasar iba sumido en tales pensamientos mientras iba al encuentro de sus compañeros y del 'Gran Hechicero'.
Serafinna, Epimetrius, Delom y la encapuchada, Lorelei. Y unos cuantos familiares, a los que el medio-elfo no hizo el más mínimo caso.
Tuvieron que esperar a que les consiguiesen los materiales, tanto a Serafinna como al mago, Epimetrius. Pobre, acostumbrado a leer entre libros, y con aspecto de no ser precisamente joven...no sabia lo que le esperaba.
Pronto comenzaron la caminata hacia lo alto de los Picos de las Nubes, al llegar a la ladera, el profesor de los hechiceros dió el alto, y comenzó a hacer una gran bola de nieve, instando a los alumnos a seguir su ejemplo.
Aikanasar fué rápidamente a por su túnica contra el frio...ya odiaba bastante ese elemento como para encima, ponerse a hacer bolas de nieve sin más.
Al poco, Nizz y los tres alumnos habían hecho tres bolas de nieve, de tamaño descendente, habían colocado una bola sobre otra, y las adornaron con piedras, palos y las zanahorias, a modo de botones y ojos, brazos y una nariz.
Una soberana pérdida de tiempo, pensó el pelirrojo, y esto, sumado al odio por la nieve, se acumuló en un enfado nada desdeñable.
Los cuatro muñecos estaban de pie, expectantes. Los alumnos, que los habían creado con más o menos trabajo -Exceptuando el mago, que demostró visión de futuro e inteligencia creando las bolas a base de arrojar piedras por una colina...aunque perdió cualquier respeto ganado al convocar a un celestial para que las pusiese en su lugar- miraban sus obras, con más o menos ilusión.
En ese momento, Zabrin, repartió unos pergaminos, papeles y tinta, para escribir en ellos los nombres de aquellos que irritaban a sus creadores sobremanera. A los que los irritaban por lo general, no el día de hoy.
Así, pronto los muñecos pasaron a llamarse Silmëwen, Lizholda, Siril -tras haber tachado el nombre del profesor-, y Orco
La elfa sin duda sacaba de quicio a Nizz, como poco. La enana, era una pesada en palabras del mago. Siril sacaba siempre de quicio al hechicero, aunque, es probable que no fuese culpa de él, si no de su sangre...al menos en parte. La dulce Serafinna, por su parte, era incapaz de encontrar a nadie que le cayese mal (Ni el propio Aik lo consiguió tras lanzarle dos bolas de nieve a la cara)
Todo estaba listo para comenzar con la práctica. Ascendieron a lo alto de la montaña, junto a la caseta en la que vivía cierto mago gnomo -o mediano, a saber-, noqueando a golpes, magia y piedras a todo goblin viviente. Lo aguantaron estoicamente, pues, pronto les llegaría su gran momento, en el que aprendiesen una avanzada táctica de guerra.
Entraron en la caseta, el mago mediano (o gnomo, sigue dandonos lo mismo) había preparado cuatro pergaminos, que, adheridos a la parte posterior de los espejos, permitia ejecutar un hechizco de adivinación a corto alcance. O explotar, debido a lo temblorosa de las runas inscritas en él. Era imposible el hacer una práctica de la Archanum sin un mínimo de peligro, claro...o al menos, poco instructivo.
Junto a ellas, cuatro piedrecitas, que, lanzadas ladera abajo, acumularían nieve a gran velocidad, debido a su magia, permitiendo realizar el concurso de : "¡CAZA AL GOBLIN!"
Uno a uno las lanzaron. Rodaron colina abajo, atrapando a los goblins en ellas, acumulando tamaño y perdiendolo por los golpes con árboles y rocas. Y aquí estaba la dificultad mágica de la prueba: Los contendientes debían concentrarse en los conjuros inscritos y manejar la bola tan bien como pudiesen. Zabrin volvió a hablar: -Romped el lacre de los pergaminos, mirad lo que hay en su interior y leedlo, ¡os ayudará!
Todos siguieron las instrucciones, lanzando conjuros creados por Bigby, manos, que debían guiar las bolas para hacerlas chocar contra los muñecos. Todos menos el propio profesor, que, debido a un exceso -o falta- de concentración, destrozó su propia bola.
Eliminado de la competición el maestro, los alumnos se concentraron aún más. Tanto Serafinna como Epimetrius destrozaron sus objetivos. El orco y Lizholda pasaron a mejor vida, mientras, Silmëwen y Siril se erguian aún, desafiantes.
Esto enfureció aún más a Aikanasar, por suerte, el enfado se tornó en descontrolada risa: Había errado su muñeco, pero, su bola de nieve, la más grande de todas, seguía su curso, imparable, hasta estrellarse contra las murallas del fuerte de la Legión, los soldados de Amn, haciendo llover sobre ellos nieve y una cuarentena de trasgos atontados junto a su cabecilla.
Los soldados, probablemente recuerden este dia como uno de los más extraños de su vida, pero, aún se cuenta entre los goblins -los pocos que sobrevivieron a la matanza de en el fuerte y a la posterior, por los propios alumnos- aquel glorioso dia en el cual, aprendieron una muy efectiva táctica de asalto: ¡La bola de nieve gigante!
Aquí se pueden ver trasgos disfrazados poniendo en práctica la táctica
Volviendo al concurso, este había acabado, y, aunque el medio-elfo de pelo rojo que no dejaba de reir quería lanzar su segundo intento (ventajas de ir a más prácticas) no se lo permitió el profesor, pasando rápidamente a las puntuaciones, para, seguramente, evitar las patrullas que pronto enviarían.
- ¡Serafinna!: 20 trasgos derribados y has acertado el muñeco: 25 puntos
- ¡Epimetrius!: 17 trasgos derribados y has acertado el muñeco: 21 puntos
- Yo...he destrozado la bola...0 puntos *suspira resignado*
- Aik: Has derribado 44 trasgos, junto a uno de sus cabecillas, pero no acertaste el muñeco: 44 puntos
- Y a varios soldados- Dijo el medio elfo
- Esos no cuentan, el concurso era de capturar al goblin.
- Bien, pasemos al recuento, - Volvío a hablar Nizz tras susurrar con Aikanasar - como además, técnicamente, has enviado tropas goblins contra la legión, lanzando una lluvia de atacantes sobre ellos, te quito 20 puntos Aik.
- Pero solo he enviado a los menos entrenados, y además, iban mareados - Sus protestas cayeron en saco roto.
Ganadora Serafinna, fueron entregados los premios a cada participante, y ahora, en palabras del propio profesor antes de marcharse con un conjuro, les tocaba la parte más compleja, volver, a través de una montaña helada llena de mareados y enfadados goblins.
- Tranquilo, contendré a mis tropas - Respondió el General Goblin, riendose aún...
Y así, queridos amigos, acaba este cuento navideño sobre destrucción, tácticas de guerra y otras hermosas moralejas. Si, es verano, pero, como siempre, los cuentos navideños, peliculas similares y capítulos de series sobre la Navidad, se ponen en esta época.
//Dicho esto; xDDDDDDDDDDDDDD Me reí un monton, el relato no le hace justicia, pero se ha hecho lo posible xDDDDD