nukenin81
Adorador reciente de Talona
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Despuntaba el alba cuando Raxx despertó a Talígaro de una patada.
-¡Es la hora, pequeñajo! ¡Nos vamos de caza!
Talígaro dió un respingo y se frotó los ojos al tiempo que bostezaba sonoramente. Apenas unos instantes después logró despejar su cabeza y, en cuanto se dió cuenta de que había llegado el día que tanto había esperado, se levantó de un salto presa del entusiasmo.
-¡Por fin! ¡Nos vamos de caza, Raxx!
-Es lo que te acabo de decir, vamos, no hagas esperar a Padre ni a Tío.
No se podía decir que Talígaro fuera precisamente enclenque, pues no había más que ver su gran embergadura para intuir cuán fuerte podía llegar a ser, pero comparado con Raxx -su hermano mayor-, ciertamente se notaba mucho más pequeño.
Ambos se pertrecharon con sus precarias armaduras primitivas y agarraron sus hachas al tiempo que salían de la cueva. Dormir dentro de esa cueva suponía un privilegio que el resto de la tribu no tenía. Ambos hermanos habían demostrado una valía sin igual hasta ahora: habían aprendido a leer. Ante este hecho inaudito -e inesperado- Immor, chamán de la tribu y consejero espiritual, había exortado a Orrom, el jefe de la banda, a que asignaran a Raxx y a Talígaro bajo su tutela personal. Y estar bajo la tutela del chamán tenía ciertas ventajas: ya no dormías bajo el raso y nadie intentaba robarte tu ración de comida diaria; pero como inconveniente, se te prohibía entrar en combate salvo consentimiento expreso del tutor en cuestión. Días atrás, viendo que los jóvenes habían aprendido cuanto él tenía que enseñarles en cuanto a su cultura y tradiciones, Immor dió su permiso para Raxx y Talígaro volviesen con el resto de sus hermanos para participar en las labores de rastreo, caza y defensa.
Cuando los jóvenes llegaron al Claro de la Roca, los guerreros de la tribu ya estaban reunidos en torno al jefe de la banda. Orrom permanecía de pie sobre una gran piedra, escudriñando con la mirada a todos sus hijos. Immor a su lado, cantaba una ligera letanía gutural, invocando a su dios padre y protector, para que infundiera valor y coraje a todos los guerreros. Una vez acabada la salmodia, Orrom levantó su arco y dio la señal de avance. Talígaro emitió un grito de júbilo, por fín corría junto el resto de sus hermanos hacia la batalla.
La banda de Orrom la componía una docena de guerreros y otra media docena de exploradores y rastreadores. Todos permanecían en silencio y agazapados tras una colina mientras oteaban las murallas de la ciudad que tapaba el horizonte frente a ellos.
-¡A qué estamos esperando! -Susurraba Talígaro presa del ansia-, ¡ataquemos ya!
-No atacamos ciudades -le respondió Orrom-. Habéis aprendido de Immor la cosa esa de los libros, pero ahora vais a aprender de mí. La supervivencia de la tribu es lo más importante. Nosotros somos pocos y ellos -señalando a la ciudad- son muchos. No atacamos murallas, no atacamos a objetivos mejores armados que nosotros, y sobre todo, no nos dejamos ver.
-¿Por qué? -preguntó Talígaro.
-Piensa un poco zoquete -le respondió Raxx-. Si esa gente nos echa el ojo, darán la alarma y saldrán a cazarnos ellos a nosotros. ¿No es verdad padre?
Orrom asintió satisfecho y, en ese momento, uno de sus exploradores emitió un silvido. Era la señal. Orrom alzó la vista y vió cómo una caravana de suministros salía de la seguridad de las murallas y se internaba por el camino del bosque. El jefe dio una orden muda y toda la banda se puso en movimiento.
Talígaro agarraba su hacha con ambas manos y con los músculos en tensión. La sed de la batalla le ahogaba la garganta y apenas sí podía contener la emoción. Los exploradores habían colocado las trampas en el camino y la caravana se acercaba a ellos.
-Cuando de la orden, cargaremos todos al unísono -dijo Orrom-. Usad el acero, usad vuestra furia. Ellos nos temen y esa es otra arma a nuestro favor. No les deis cuartel, no dejéis que escape ninguno. ¿Entendido?
Todos asintieron y así sucedió. Las estacas del camino hirieron a los caballos y los arqueros salieron de sus escondites para disparar a los guardias. Inmediatamente, el jefe de la banda emitió su grito de querra y Talígaro, junto a sus hermanos, cargó hacia la batalla.
Las escenas que acontecieron a continuación fueron las esperadas. Aceros golpeandose, gritos, sangre, miedo y furia desenfrenada. Todo a la vez, por todas partes. Y luego, cuando la lucha hubo acabado, los vencedores celebraron su victoria; comieron, bebieron y tomaron sus trofeos. Quizás se sustituían las armas melladas por el uso por otras de más calidad o el que carecía de armadura se pertrechaba de alguna que se ajustara bien a su musculosa anatomía. Los caídos ya no las iban a necesitar.
Talígaro caminaba hacia los demás, trayendo una bolsa llena de oro.
-Mirad, cosas que brillan -dijo.
-Dejála -contestó su padre-, nosotros no nos llevamos eso.
-¿Por qué? -preguntó el joven, con el ceño arrugado.
-No tomamos más de lo que necesitamos. Solo acarreamos aquello que podemos llevar con nosotros y que nos sirva para cazar. Recuerda esto siempre Talígaro: no somos un pueblo avaricioso, nuestra forma de vida se basa en la supervivencia de la tribu y en honrar al Padre de Todos.
Nada más volver al campamento base, Orrom dio la orden de recoger y cambiar de lugar. La vida nómada era la piedra angular sobre la que se sustentaba la supervivencia de la tribu. Si llamaban demasiado la atención en una zona concreta, corrian el riesgo de ser descubiertos, por eso nunca podían establecerse en ningún lugar concreto.
Mientras caminaban bajo la luz de las estrellas, atravesando las colinas hacia el este, Talígaro caminaba junto a Raxx.
-Me hubiera gustado ver la ciudad.
-No podemos entrar a las ciudades, ya has oído a padre.
-Pero eso es sólo porque no nos conocen. ¡Yo pienso hacerme famoso! ¡Igual que los protagonistas de los libros que tío Immor nos daba a leer! ¡Ya lo verás!
-¡Ja! ¿Pero cómo vas a ser famoso? Nadie va a escribir sobre ti. Somos un pueblo de nómadas bárbaros. Literalmente, sólo tres de nosotros sabe leer y escribir.
-¡Ya lo verás! Llegaré hasta donde nadie de nuestro pueblo ha llegado nunca. ¡Me convertiré en un héroe algún día!
-Talígaro, todo el mundo nos odia. Hasta los orcos nos evitan.
-...Y venceré a cualquier oponente, seré el más fuerte de todos...
-Eres un gnoll. Te comes a tus víctimas.
-Ah, ¿pero es que no hacen eso todos los guerreros?