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Tark Miller

Brokilon

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Cabello: Rubio ceniza.

Ojos: Verdes.

Estatura: 193 CM.

Peso: 104 Kilogramos.

Procedencia: Náshkel, Amn.

A simple vista: Tark es un hombre joven, han pasado pocas primaveras desde su mayoría de edad. Sus cabellos rubios lucen apagados, tienen un reflejo agrisado que los asemeja al color de la ceniza. Tiene una perfilada barba en la que parece invertir tiempo cuidándola. Sus ojos verdes denotan una mirada limpia y sincera.
Sus vestimentas suelen lucir los colores Amnianos. A su espalda se divisa un espadón que parece algo más que un simple arma para él. En su cinturón usa diversas armas para combinar con un escudo.

Parco en palabras y serio, con una personalidad que puede parecer fría y distante. Su mirada cambia cuando se siente en amenaza, tornándose perfilada y desconfiada. Esto le hace lucir un aspecto intimidatorio.


Gustos: Los Caballos, las armas, el honor, costumbres.
Neutralidad: Extranjeros, guerras, diversidad racial, religiones.
Desconfianza: Magia, aquel que no quiere el oro.
Miedos: No muerte, espacios estrechos.


Prólogo

- ¡Corre, métete dentro! - Exclamaba un hombre, con un tablón levantado del suelo.

“ La mujer entró apresurada. Observó alrededor de la sala, escasa en decoración y comodidades. Se hubieron preocupado algunas semanas atrás de preparar el improvisado escondite, conforme aumentaba la tensión en la Ciudad Inclinada, con mantas, alimentos y agua.
En el interior se encontraban dos familias; Seguramente los vecinos de la granja contigua a la de la familia Miller “.


- ¡Madre! -
Se levantó Tark con premura

- ¡Tark! Estás aquí cielo... - Correspondió a la carrera del joven para fundirse en un abrazoTe estaba buscando fuera, en los campos.

- ¡Fui por mi espada pero no me dio tiempo!

- ¿Y qué vas hacer con una espada muchacho....? Son muchos, ni las fuerzas pueden con ellos

“ Tark refunfuñó a lo bajo cuando escuchó las palabras del señor Grim. Quizá en el fondo era consciente de que no podía hacer nada; Los enemigos no era como arrancar el cereal con la hoz en los campos nevados “

- Eso cambiará... - Dijo en voz baja – Mi espada y yo lo cambiaremos...
 

Brokilon

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“ En aquel frío sótano, el joven se acercó a Claudia. Claudia era la única hija de la familia Grim, vecinos que vivían en la granja contigua a la de los Miller. Se sentó junto a ella y pasó el brazo detrás de su espalda, rodeando a la mujer.
Ella parecía estar murmurando algo, siempre lo mismo. Quizá estuviese rezando una y otra vez el mismo salmo “


- Claudia, no te preocupes.. Todo va a ir bien.

- Los dioses te escuchen Tark..

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....Meses después del ataque....

“ Tark estaba arrodillado. El peso de su cuerpo hundía parte de sus piernas en la nieve blanca. Sus manos reposaban sobre los muslos y mantenía la espalda recta. La respiración no parecía mover ni un ápice el cuerpo del joven. Frente a él, en vertical, se erguía clavado en el pasto un mandoble viejo, oxidado y ancho. El arma, de fabricación pobre, hacía del hierro un simple espadón que ya hubo pasado sus tiempos de aventura y guerra.

El sol saludaba al primogénito de los Miller, con la misma fuerza que a la Ciudad Inclinada. Náshkel recibía la luz de Lazhander después de unas duras semanas de frío intenso. Quizá se había acabado el invierno, para dar paso a la primavera. Quizá había tenido éxito enterrar algunas monedas bajo la nieve.

El amanecer le distrajo y logró disipar su concentración. Suspiró hastiado, y quedó unos segundos en la misma postura con los ojos abiertos, fijos en la espada. Deshizo su intacta apariencia con pesadez. Llevó las palmas al suelo, donde las apoyó para levantarse con poca agilidad. Una vez en pie, tomó el mandoble para llevarlo a su espalda, dónde estaba sujeta por un ajuste “


- ¿No piensas soltar la espada? Es hora de trabajar. Hay que empezar la esquila

- La espada es parte de mi.

- ¡Hans! - Gritó una mujer desde el umbral de la granja¡La yegua... Creo que va a dar a luz!

- Joder, no tenía otro día... - Murmuró el padre en voz baja - ¡Ya voy Annie!. Ya has escuchado a tu madre Tark.

- (Debería estar matando trasgos...) - Pensó Tark, desviando la mirada al suelo -

- ¿Ocurre algo? Últimamente estás siempre con esa mirada distraida y pensativa.

- No, estoy bien. Vamos.

“ Tark desvió la mirada, hacia el cielo unos segundos. Movió el cuello a ambos lados para relajarlo. Se encaminó hacia los establos de la granja, detrás de Hans.
Padre empujó con la mano izquierda el portón que cerraba los establos. En el interior aguardaban al menos una veintena de ovejas, un caballo joven y una yegua, ambos del color de la canela. También estaba dentro el señor Grim, parecía estar atendiendo los primeros achaques del parto del animal “


- Buenos días señor – Dijo Tark

- Buenos días Tark y buenos días a ti también Hans. Échadme una mano anda. Necesito toallas. Claudia está en la casa con su madre, ella te las dará.

“ El guerrero asintió con firmeza. Se giró y abrió la misma puerta por la que entró. La casa Grim estaba cerca, sólo le llevó unos minutos alcanzar el humilde hogar. Golpeó la puerta con el hierro ennegrecido que estaba dispuesto para ello y que tenía la forma de una herradura. El portón no estaba cerrado por completo, y con los golpes se abrió un palmo más. Se tomó la confianza de entrar hasta el umbral, asomando la cabeza en primer lugar “

- ¿Hola? Soy Tark... ¿Hay alguien en casa?

- ¡Tark! - Dijo Claudia con efusividad -

“ Claudia salió por detrás de Miller, parece que venía del exterior. Llevaba en sus manos una cesta con toallas y trapos limpios, seguramente acababa de recogerlos de los tenderos.
Tark llevó rápidamente la mano derecha al espadón, sobresaltado “


- ¡Qué alegría veee.... - Se detuvo entrecortada -

- ¡Joder Claudia! No me asaltes así...

- Uh.. Perdón perdón. Estás hecho todo un soldadito ya.

- - Tark miró a Claudia unos segundos, relajando el gesto Me ha mandado tu padre por toallas...

- Vamos. Vamos. Ya las llevo. ¡Recién lavadas!.

“ La pareja cruzó la puerta en dirección hacia los establos. Claudia iba delante de Tark, con paso vivo. Era una mujer que desprendía felicidad en sus acciones. Su forma de hablar, su postura corporal y sus comentarios ingeniosos hacían de la joven alguien que no se podía desprender de una confianza, simpatía y optimismo innato.

Claudia tenía la misma edad que Tark, mes arriba mes abajo. Su cabello era rubio y suave, como dientes de león sobrevolando por los aires primaverales. Los ojos lucían un color azul oscuro que recordaban a los profundos océanos. Delgada y esbelta, su figura yacía oculta bajo capas de ropas anchas y cómodas que usaba para trabajar con sus padres en los cultivos de las granjas “


- ¡Padre! Aquí están las toallas Exclamó Claudia al entrar en los establos con descaro

- Gracias hija. Déjalas ahí. ¿Has visto a Tark?

- ¡Sí! Está ahí fuera.

“ El chico quedó fuera de las caballerizas. Cruzado de brazos y con la mirada fija en el suelo. En ese momento Claudia volvió a salir. Tomo aire con fuerzas, estirándose y se dejó caer junto a Tark, apoyando la espalda en la pared. El guerrero desvió la mirada del césped para observar a su compañera “.

- ¿Estás bien?

- ¡Uff! Un poco cansada. ¿Qué vas a hacer hoy?

- Tengo que esquilar las ovejas. ¿Me ayudas? Mi padre estará ayudando a la yegua..

- Mejor que sea Hans el que ayude a mi padre, sí. ¡Pero no te preocupes, yo te ayudaré a ti!.

- Genial. Después de esquilar iremos a pasear a Alazán. Iremos hasta Náshkel.

- ¡Tengo ganas de ir a Náshkel!. Alazán, la espada, tu y yo. ¿La vas a llevar verdad?

- Claro. ¿Qué pregunta es esa?

- Curiosidad, curiosidad. Hace mucho que no te separas de ella. ¡Seguro que dormís juntos!

- ... ¿Eso importa?


- Oh, no no. Pero.. ¿Dormís juntos?

- Claudia... - Tark rodó los ojos -

- Oh vamos. Algún día me lo dirás. ¡O yo lo sabré!.
 

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“ Hans removía con una cuchara de palo unas gachas en una improvisada y tenue lumbre. Ambas familias miraban el hacer del varón, a fin de cuentas no había mucho más entretenimiento ahí abajo. Hacía frío y humedad, las familias estaban a la altura del suelo nevado y los tablones de madera que los separaban tenían la misma temperatura que el exterior. Algunas mantas, algunas pocas horas de sol y un poco de fuego camuflado, era lo único con lo que se calentaban aquellos días... “

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Meses después del ataque

- Claudia, por favor. Suelta un poco que vas a sacarme las tripas.


“ La joven pareja llegó a lomos de Alazán a la Ciudad Inclinada. Era fácil seguir su rastro, pues las herraduras del caballo estaban tatuadas en la nieve a unos siete u ocho centímetros de profundidad.
Claudia estaba abrazada a Tark por la cintura, muy pegada a él. Tanto que tenía la mejilla derecha pegada en su espalda “


- ¡Ay!. Se mueve mucho. Si me suelto me caigo. ¡Y será culpa tuya!

- Que no te caes...

“ El guerrero llevó a Alazán hasta los establos, dónde ambos bajaron. Dejó a la montura amarrada a un poste y a cubierto de las inclemencias del tiempo. Lo primero que hizo al bajar fue recoger su espadón de un soporte propio que tenían las alforjas para tal cometido. Tark miró el filo del mandoble, sus ojos parecían obsesionados con él. Tras un par de segundos, lo envainó a su espalda “

- Desata también esa alforja. Nos va a dar tiempo a entregar la lana hoy. - Dijo Tark a Claudia

- ¿Nos quedaremos a dormir aquí?

- Lo dudo. Pero a cenar al menos.

- La noche es peligrosa Tark.

- Estamos a menos de una hora de la granja...


“ Tark detuvo la mirada en Claudia. Quizá detuvo también sus pensamientos en la posibilidad de dormir con ella aquella noche. Seguramente la idea le sedujo. Terminó por mirar al suelo unos segundos “

- ¡Eh! ¿Qué tienes que decir? Siempre que tienes algo interesante miras al suelo

- ¿Hm? ¿Yo?

- ¡Sí tú!

- … Desata esa alforja... A cenar al menos.

- ¡orrrfgh! - Se quejó Claudia – Este chico... ¡Siempre igual!

“ Ambos se dirigieron al interior de la ciudad de las nieves. Sobre las 17, apróximadamente, llegaron. Un tímido reloj de sol proyectaba la sombra en esa dirección, aunque no con mucha fuerza, pues la claridad del día traspasaba a duras penas las espesas capas de nubes que reinaban el cielo.

Se encaminaron hacia el mercado. Cada uno cargaba una de las alforjas que Alazán transportaba a sendos lados de su lomo, llenas de lana. Tark marchó expresamente hacia uno de los tenderos de la plaza “


- ¡Hombre! ¡La familia Miller! - Dijo el mercader No os había visto desde el ataque. ¿Cómo os ha ido?

- Más o menos bien. Estamos todos a salvo.

- Me alegra oir eso chico. ¿Y vuestro ganado? ¿Se salvó también?

- Perdimos algunas ovejas. Y los cultivos... Tardaremos unos meses en traer la cebada, hemos tenido que volver a empezar.

- Nada que no se pueda recuperar. ¿Qué traes entonces? ¿Lana?

- Lana Tark asintió con seguridadRecién esquilada. Dos alforjas llenas.

“ El hombre comenzó a coger la lana, observándola con detenimiento. Luego la iba colocando en una balanza. Claudia observaba el intercambio entre los hombres. La chica había salido menos aún que Tark de la granja, quizá fuese su tercera o cuarta vez en la capital del norte. “

- No hay mucha eh. ¿Medio kilo quizá?

- Mucho me parecería.

- 360 gramos. Bueno, algo es algo... Desde el ataque está todo jodido chico. No puedo darte más de 50 piezas.

- Ese peso deberían ser 75...

- Si pero después de la guerra, ya sabes... Son momentos difíciles.

- Momento difícil es aguantar a Hans si le llevo sólo 50 piezas... ¿70?

- já. Tu padre, es cabezota sí. Le tengo aprecio, por eso subo a 60.

- 68. Ultima oferta. No sé si te traerán mucha más lana hoy.

- Deberías ir a la capital chico. Se te da bien regatear eh... 65 y cerramos trato.

- 65
Tark Asentiría con firmeza, tendiéndole la diestraTrato.


“ Estrecharon su mano y dieron por cerrado el trueque. Tark le entregó toda la lana que tenía en las alforjas, a la vez que recogía una bolsita de cuero en la que el tendero introdujo las monedas una a una.

La pareja miró al cielo. Este estaba comenzando a tornarse apagado, rojizo. El color carmesí brotaba al oeste, desde las montañas, como si la dentadura de la sierra hubiese mordido el sol y este se derramase verticalmente sobre ellas. “


- Si salimos ahora nos verá Selûne – Dijo Claudia, volviendo la mirada al joven.

- Si volvemos a galope quizá no... - Pensó Tark en voz alta.

- ¡Tengo una idea! ¿Lo echamos a suertes?. Una moneda... - Alzó el índice divertida – Si sale cara, nos quedamos a dormir en la capital. Si sale cruz volvemos a galope.

- Claudia.... - Tark desvió la mirada al sueloEs mejor que....

- ¡Ya tengo la moneda!
- Le interrumpió -

“ Sonriendo, la chica lanzó la moneda al aire. Se dice que no es necesario esperar a ver el resultado, pues cuando la moneda está en el aire, la cabeza ya ha elegido la opción que quiere ver.


La moneda se posó sobre la nieve, mostrando.... “
 

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Claudia abrazaba con sus manos un amuleto. Parecía rezar en un susurro perpetuo, con el sello muy cercano a sus labios. Su cabeza se mecía en un eterno vaivén hacia delante y hacia atrás. Se intuía en ese movimiento casi involuntario, los nervios que recorrían el cuerpo de la joven “

- ¿Estás bien Claudia? - Dijo Tark acercándose a ella unos pasos

- Auril nos protege. Estoy.. Estamos bien Tark. Auril nos protege...

El joven guerrero volvió a centrar la mirada en la mujer. No parecía muy conforme con la religión de la Doncella de Hielo. Bueno, realmente Tark no estaba conforme con ninguna religión... “

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Meses después del ataque




La moneda quedó semioculta por la nieve. Claudia se agachó para retirar con la palma de la mano la capa que imposibilitaba ver la cruz que el destino había decidido.
Tark sonrió con levedad. Claudia no cambió su gesto facial “


- Parece que la nieve de Auril hoy no te sonríe.

- No blasfemes. No queremos problemas a la vuelta – Dijo la joven con un tono de voz parco y frío

- ¡Eh! Chaval. - Un guardia de la ciudad de Náshkel elevó la voz acercándose a la pareja – Perdona que os moleste. Estamos reclutando gente joven para una pequeña milicia. Para que nos ayude a paliar los efectos de los asaltos... He visto ese espadón que llevas a la espalda. ¿Te interesa?

- ¿Hay paga?

- La hay. 20 monedas a la semana.


- Me interesa – Tark asentiría apretando la mandíbula. Se sentía más imponente haciendo ese gesto - ¿Cuando empiezo?

- Te mandarán una carta explicándotelo. ¿Dónde vives?

- En las afueras, en las granjas. La Granja de la familia Miller. No está muy lejos de aquí.

- Perfecto – El guardia tomó un carboncillo para anotar en una lista - ¿Y cómo te llamas?

- Tark Miller.


El varón uniformado se retiró por la ciudad. Tark quedó mirándole unos minutos, durante su trayecto se detuvo a hablar con otros jóvenes. Seguramente les preguntase lo mismo. Luego desvió la mirada nuevamente hacia Claudia “

- ¿Porqué a mi no me ha dicho nada?


- No tienes mucha pinta de guerrero.

- ¡Ah! El señorito tiene una espada y ya es guerrero. ¿No?

- Claudia...

- Toma tu moneda. ¡Oh! Ahora tienes una moneda. Quizá te confundan con burgués.

- Claudia....

- Está anocheciendo, deberíamos volver. Aunque qué problema claro. Me protege un “ guerrero “.

- Será mejor que nos vayamos si.


La pareja se retiró hacia los establos de las afueras, en busca de Alazán. Claudia caminaba con enfado, en silencio. No dijo nada al respecto durante el corto paseo hacia las afueras, pero Tark podía notar su fastidio.

En Náshkel había construida una pequeña calzada, formada por adoquines de tamaño mediano. A sendos lados del empedrado, extensas y esponjosas capas de nieve, prácticamente en cualquier día del año. A veces llegaba el sol a la ciudad inclinada, pero no era suficiente para derretir la espesa capa blanquecina de sus parajes. Aún así, fuertes árboles y algunas flores nacían en aquella región. Probablemente las más fuertes, debían serlo para sobrevivir allí, como sus habitantes “


- El caballo de color canela. - Tark señaló un caballo en especial del establo Ese es el nuestro.

- Como tiene un caballo quizá sea caballero – Murmuró entredientes Claudia detrás de Miller

- ¿Has dicho algo? No te he escuchado Se giró Tark hacia su amiga -

- Oh no no. Que tengo algo de nieve en las botas.

- Ya... - Comenzó a ensillar al caballo - ¿Estás lista? - Cuando terminó, se subió con pesadez sobre Alazán. Tendió la mano a su acompañante para ayudarla a subir -

- Puedo hacerlo sola aunque no lo creas.

- Dioses... - Se pinzó el puente de la nariz -
 

Brokilon

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" La puerta de la granja se abrió por un golpe seco. Las familias que estaban en los subsuelos enmudecieron. Hans apagó rápido la llama de una pequeña vela que alumbraba con menos fuerza que un diente de león propagado por el viento.

Unas botas marrón, con nieve y barro en las suelas pisoteaban con poca delicadeza la parte superior. Al menos habían ocho o diez pies. Se erguían sobre estos ajados zapatos unas piernas esqueleticas, mostrando todos los huesos del cuerpo humano hasta el cráneo ".


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Meses después del ataque


- ¡Hiá! - Tark azotó suavemente con las riendas a Alazán y esta respondió echándose al galope -


" Claudia se aferró con fuerza a las caderas de Tark. Las patas del caballo removían la nieve y dejaban tras de él un rastro fácil de seguir, pero en una decena de minutos ya volvían a estar ocultas bajo esponjosos copos de nieve recién nacidos.
Alazán subía y descendía pequeños riscos y cotas por la tierra de las nieves. La Ciudad Inclinada se alzaba en un pequeño valle formado entre una extensa cadena montañosa.

Las granjas solían estar alejadas de la ciudad, aprovechando las faldas de los Picos de las Nubes, dónde ya la nieve no solía ser tan habitual en ciertas estaciones. El regreso a casa era más corto, pues se tardaba menos en el descenso. Esta zona de Náshkel se conoce como “ Los Campos Verdes “.

La pareja logró divisar a lo lejo sus hogares. Unas tenues luces tintineaban en las puertas de sus casas. La noche había comenzado a caer, y seguramente la oscuridad terminaría de cubrir el cielo encapotado por nubes claras antes de llegar a casa. La nieve que caía en la Náshkel había mermado conforme avanzaban, dejando pequeñas ventanas al cielo entre el celaje.

Tonalidades más naturales comenzaban a divisarse por el valle. Con un suave brillo blanquecino por la escarcha que aún se negaba a ser derretida por completo. Tark miró a la distancia, poniendo el foco de atención en unos setos. Segundos más tarde, dos virotes nacieron de los arbustos. Uno de ellos silbó, rozando a la pareja y continuando su trayectoria hacia el infinito.
El segundo impactó en la grupa izquierda de Alazán. Este bramó aquejido, perdiendo la estabilidad un instante, pero sin derribar al animal. Metros detrás de los ballesteros, dos trasgos custodiaban el camino con armas improvisadas. Su piel era azulada, visible por la escasez de vestimentas que usaban. Más llamativos eran los múltiples abalorios, colgantes y anillos que lucían. Buscaban hacer juego con unas extrañas pinturas, negras y ocres, dibujando formas de guerra y desafiantes por su carne.
Ambos echaron a correr hacia el jinete, Tark desenvainó la espada.

- ¡Agárrate! - Imperó el joven

Uno de ellos fue embestido con fuerzas por Alazán. El placaje lo desplazó varios metros del camino. No había muerto, pues aún se movía en el suelo, haciendo esfuerzos por reincorporarse.
Tark bajó el mandoble casi rozando el suelo. Cerca de su oponente, barrió el arma en un movimiento ascendente. El brazo derecho del trasgo se separó del resto de su cuerpo a causa del golpe. La parte que quedó intacta dió varios pasos atrás por el embite antes de desplomarse sobre la hierba. La maniobra, torpe pero efectiva por parte de Miller, hizo desestabilizarse a la pareja, teniendo que usar los estribos sobre el vientre de su caballo para permanecer sentado en la silla de monta.
Otros dos virotes volaron cerca de la pareja, desde la retaguardia, perdiéndose nuevamente en la lejanía.

- ¡Hiá, hiá! - Tark azuzó a Alazán. El animal respondió acelerando.

Las granjas se divisaban cerca. La pareja continuó el trayecto, alejándose del escenario de combate. Claudia aprovechó para mirar atrás unos segundos. Observó como recogían el cuerpo inerte del desmembrado "

- Quizá no sean tan bestias como parecen... - Pensó la mujer en silencio
 

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" Comenzaban a despuntar algunos rayos de sol. Estos se colaban por las humedecidas maderas de la casa. Algunos llegaban hasta el improvisado refugio que tras meses de asedio, los protegían, mateniéndolos con vida.

Hacía ya algunos días que los diferentes ruidos de la guerra cesaban gradualmente. Ya no sonaban tambores a las mismas horas. Ya no se escuchaban los caballos cargando contra la infantería.

Tark estaba adormecido, con la cabeza acomodada en una almohada casera fabricada por restos de ropa sucia y usada. Claudia, recostada sobre el joven, tenía una postura aparentemente más desahogada "


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Meses después del ataque

" Claudia había preparado una serie de ungüentos y brebajes que distribuía a horas controladas sobre el animal. En esta última ocasión, había recogido un poco de nieve. Depositándolas desde sus palmas directamente en el agujero del virote en Alazán. Apoyó el dorso de la izquierda y con la derecha gesticuló mientras susurraba. Un pequeño haz de luz blanquecina emergió de los dedos delgados de la joven, traspasando la energía al caballo "



- Y con esto ya estará Alazán como nuevo - Dijo Claudia, separando las manos de la herida del animal.

- Estás avanzando en lo tuyo. ¿Favor de Auril?

- Así es. No es tan mala como dicen. ¿Verdad?

- Bueno, eso díselo a los granjeros que deja sin cosechas cuando se enfada. Tormetas, nevadas, granizadas...


- Habladurías. Sólo hay que saber mantenerla contenta.

- Me alegra ser tu amigo. ¿Estoy a salvo?

- A salvo. Sólo de Auril. Tienes otros peligros. Porque... - Claudia se acercó lentamente hacia Tark - ¿Y si la amenaza soy yo...?

- Claudia... - Tark detuvo la mirada en la mujer. Guardando un tenso silencio tras pronunciar su nombre.

" Ella avanzó hasta colocarse cerca del joven. Aquel día tenía los cabellos recogidos. Desprendía una mirada cristalina, gracias a la claridad que le brindaba el azul de sus ojos. Sonreía con poco disimulo y estiró sus manos para acariciar las mejillas de Tark, terminando la trayectoria al rodear su cuello. Vestía una armadura ligera de cuero, con un color marrón ennegrecido por el tiempo. Las ropas que cubría la protección, eran blancas y estrechas, dibujando el contorno perfecto de una mujer recién entrada en la adultez. El guerrero no pudo evitar desviar la mirada a las caderas de su " amenaza " inminente.
Se hizo un poco más grande, estirando sus pies hasta ponerse de puntillas. Depositó en los labios de su compañero un fugaz beso. Se separó un par de segundos, lo suficiente para girar con levedad el mentón para atacar dulcemente en una segunda ocasión.
Miller reaccionó por primera vez. Llevó sus manos cerca de la mujer, haciendo viajar sus dedos por las caderas. Aprovechó el apoyo para acercarla a él[...]

La pareja se despertó con pocos restos de ropa. En las cuadras de ambas familias, entre paja, mantas gruesas y la atenta compañía de Alazán. Claudia tenía una de sus mejillas apoyada en el pecho de Tark. Sin embargo él, tenía las manos tras su cabeza, usándo de almohada. Miller la miró, susurrando en voz baja "

- Claudia, eres perfecta.


- ¡¿Claudia!? - Se escuchó fuera de la caballeriza

- Joder, tu padre. - Dijo Tark. Ambos se reincorporaron como un resorte

- ¡¿Tark!? - Otra voz bramó

- Joder, ¡Y el tuyo!. - Respondería - Corre, aquí atrás. - La chica se preocupó en coger a Tark y empujarle tras las balas de paja - Shhst. Cállate.

" Los hombres entraron en el establo. Lanzaron una rápida mirada alrededor. No estuvieron más de un minuto en el interior de la choza "

- Qué raro. Se ha dejado la espada ahí. No puede andar muy lejos, parece su novia últimamente.

" Tal y como entraron, salieron nuevamente. La pareja se miró unos segundos, rompiendo a reir a la vez. Agacharon la mirada en un gesto de desahogo "
 

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" Los llanos exteriores de la ciudad de la moneda saludaron a Miller por primera vez. Se quedó impresionado durante varios segundos observando la altitud y amplitud de las murallas de la capital. Su asombro duró hasta que fue capaz de recordar el motivo que le hizo llegar ahí, de modo que, sacudió la cabeza dos veces y regresó a su frágil calma y seguridad.




Se dirigió a los establos para dejar allí a Alazán. Poco oro le quedaba ya de lo que habían podido ahorrar los Miller hasta entonces, aunque no le preocupaba en demasía si lo que había escuchado de Athkatla era cierto; comercio, oro y oportunidades.

No hacía buen día. Estaba nublado y el ambiente estaba cargado por una humedad que podía confundirse con una ligera lluvia. Aunque para el joven era un tiempo cálido comparado con Náshkel. Volvió al sendero que llevaban hasta las puertas este de Athkatla. Caminaba apartado, pues el camino estaba siempre transitado por caravanas, comerciantes y otros animales que no parecían tener mucha intención de frenar su ritmo al paso del joven.
Paseaba la mirada alrededor, aventureros de todo tipo. Razas dispares. Borrachos y gente divertida en las puertas de una posada que pronto conocería muy bien.

Llegó a las puertas. Altas y de madera maciza, adornada por tornas y grilletes metálicos. Púas y clavas terminaban de adecentar una de las principales puertas a la capital. Estaban abiertas, era buen síntoma. Dos guardias se quedaron fijamente mirando a Tark, al igual que a muchos otros que penetraban el umbral de la capital. Miller observó sus uniformes, por primera vez, tan diferentes a los soldados de la División de la Nube - Pensó -.

Se acercó a uno de ellos, con paso decidido. El soldado hizo el gesto de abrazar la empuñadura de su lanza, la cual reposaba tranquilamente caída sobre su hombro derecho ".


- Quiero alistarme - Dijo Tark directamente, con un notable acento norteño.

- Y yo quiero una rubia, con las tetas muy grandes, chaval.

Tark entrecerró los ojos, extrañado por la respuesta del centinela. Al menos había dejado de apretar la empuñadura de la pica.

- ¿Qué?

- No le digas eso al muchacho, que a lo mejor puede ser tu compañero.

- Bah.. Llaman compañero a cualquier cosa. Es un crío con una espada más grande de la cuenta a la espalda.

- ¿Cómo te llamas?

- Tark, Tark Miller.

- Bien Tark Millar - El soldado se giró apuntando con una lanza un edificio - Aquellos son los cuarteles. Tienes que ir ahí y hablar con el soldado que esté de turno... Creo que estará Jamgon.

- Vale... Gracias.

- ¡Pero piénsatelo dos veces chaval! No vale la pena la milicia...

Con paso calmado pero decidido, Tark emprendió la marcha hacia los cuarteles de Athkatla. Subió las escaleras de piedra que separaban de altura la plaza de las ejecuciones, con la entrada a los cuarteles. Cruzó unas puertas ennegrecidas por la humedad y ajadas por la misma razón.
En el interior de la sala, varios soldados desviaron claramente la mirada hacia Tark. En el centro de la estancia, tras un escritorio sencillo y desnudo, permanecía sentado un varón de piel oscura, con los ojos cerrados, las palmas de las manos abiertas y una quietud impropia de la vitalidad.

Aún no sabría explicar porqué razón se dirigió a él, de todos los soldados que había en la sala.


- ¿Es usted Jamgon...?

El hombre abrió los ojos para observar a Tark; Y sus párpados fue lo único que movió del cuerpo. Con un gesto calmado y profundamente analítico, el hombre terminó por asentir.

- Lo soy... ¿Qué necesitas?

- He venido a alistarme.

Jamgon llevaría la mano derecha hasta un cajón, del cual extraería un papel. En la mesa habrían dispuestos elementos de escritura.

- Bien... ¿Tu nombre completo...?
 

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