Templo de Shar
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"Yo no soy nada. Soy la habitación vacía. El sueño sin sueños. La sombra de la sombra. No había dolor antes de que mi hermana encendiera el sol en llamas. Ahora existes para sufrir hasta que encuentres el camino de regreso a mi abrazo."

'Al principio la inexistencia reinaba. Un vacío eterno, insondable e infinito, donde ni el tiempo, ni la materia, ni la vida tenían cabida, Un nebuloso reino de sombras que existió mucho antes de que la luz y la oscuridad existieran como un concepto separado. De esa esencia informe nacieron dos deidades gemelas: una de la penumbra primigenia, la Dama de la Pérdida, y otra que más tarde sería conocida como la traicionera Dama de la Luna.
Juntas moldearon los cielos, explorando los poderes que recién despertaban en su ser. Y cuando su danza cósmica hubo trazado el contorno de los mundos, una nueva deidad emergió: la diosa de la Cultivación, encarnada en el mismo cuerpo de Toril. El frio resplandor divino de Selune, y el acogedor abrazo de Shar. Pero aún no existía calor en ese mundo.
Chauntea, ansiosa por hallar su propósito, imploró por un calor que diera vida a su carne de tierra y piedra. Shar vio peligro en ello, pero su hermana desafió su voluntad, y de su enfrentamiento brotaron todas las deidades de la guerra, la muerte, la enfermedad y el asesinato. Desoyendo las advertencias de su gemela, Selûne descendió al Plano del Fuego y robó una llama pura para encender los cuerpos celestiales, otorgando el calor que Chauntea anhelaba.
Shar, traicionada, desató su furia sobre el firmamento, tratando de sofocar cada brizna de luz en el cosmos. Y Selûne, debilitada y desesperada arrancó una parte de sí misma y la arrojó contra su hermana, mutilándola. De la esencia arrancada de las dos hermanas nació Mystril, la diosa primigenia de la magia, quien inclinó la balanza en favor de su primera madre,aquella que se había arrancado voluntariamente un trozo de sí misma.
Servimos a la mutilada. A aquella que injustamente fue ultrajada por su hermana. Seguimos a la desgarrada. A aquella que acoge en su seno nuestro dolor y nos despoja de él. Seguimos al vacío. Esperamos la nada. No somos nada. Somos la habitación vacía. Los sueño sin sueños. Las sombras de la sombras, No había dolor antes de que la luna prendiera fuego al sol. Ahora existimos para sufrir hasta que encontremos el camino de regreso a sus brazos. Tras las emociones solo se esconden mentiras, nuestra mente solo actuará libre despojada de ellas.
Madre de la Noche, oscurece sus pasos mientras caminan entre la luz. Escucha sus plegarias cuando esten perdidos en la tiniebla, guia su senda como a los mineros en las canteras, custodia sus secretos como la más pura de las confidentes, entrega consuelo a sus llantos con tu abrazo.
En tiempos de necesidad es cuanto más necesaria es tu guía, retira las vendas de sus ojos, pues la luz los ha dejado ciegos. Quienes ahora padecéis, no luchéis pues esta batalla es en vano, llorad la perdida, abrazarla, sentid vuestro dolor, gritad hasta que ya no quede más que un profundo vacio en vuestro interior, la más profunda oscuridad. En la luz reflejamos aquello que deseamos que sea visto, la falsedad que nos escuda del juicio ajeno, la que incita al derramamiento de sangre, no lo hagais pues no vale nada, nosotros no somos nada, En la noche es cuando realmente somos nosotros mismos y en el vacío de la misma encontramos nuestra verdad. '
— Shar

LA TRAICIÓN
'Al principio la inexistencia reinaba. Un vacío eterno, insondable e infinito, donde ni el tiempo, ni la materia, ni la vida tenían cabida, Un nebuloso reino de sombras que existió mucho antes de que la luz y la oscuridad existieran como un concepto separado. De esa esencia informe nacieron dos deidades gemelas: una de la penumbra primigenia, la Dama de la Pérdida, y otra que más tarde sería conocida como la traicionera Dama de la Luna.
Juntas moldearon los cielos, explorando los poderes que recién despertaban en su ser. Y cuando su danza cósmica hubo trazado el contorno de los mundos, una nueva deidad emergió: la diosa de la Cultivación, encarnada en el mismo cuerpo de Toril. El frio resplandor divino de Selune, y el acogedor abrazo de Shar. Pero aún no existía calor en ese mundo.
Chauntea, ansiosa por hallar su propósito, imploró por un calor que diera vida a su carne de tierra y piedra. Shar vio peligro en ello, pero su hermana desafió su voluntad, y de su enfrentamiento brotaron todas las deidades de la guerra, la muerte, la enfermedad y el asesinato. Desoyendo las advertencias de su gemela, Selûne descendió al Plano del Fuego y robó una llama pura para encender los cuerpos celestiales, otorgando el calor que Chauntea anhelaba.Shar, traicionada, desató su furia sobre el firmamento, tratando de sofocar cada brizna de luz en el cosmos. Y Selûne, debilitada y desesperada arrancó una parte de sí misma y la arrojó contra su hermana, mutilándola. De la esencia arrancada de las dos hermanas nació Mystril, la diosa primigenia de la magia, quien inclinó la balanza en favor de su primera madre,aquella que se había arrancado voluntariamente un trozo de sí misma.
Servimos a la mutilada. A aquella que injustamente fue ultrajada por su hermana. Seguimos a la desgarrada. A aquella que acoge en su seno nuestro dolor y nos despoja de él. Seguimos al vacío. Esperamos la nada. No somos nada. Somos la habitación vacía. Los sueño sin sueños. Las sombras de la sombras, No había dolor antes de que la luna prendiera fuego al sol. Ahora existimos para sufrir hasta que encontremos el camino de regreso a sus brazos. Tras las emociones solo se esconden mentiras, nuestra mente solo actuará libre despojada de ellas.
Madre de la Noche, oscurece sus pasos mientras caminan entre la luz. Escucha sus plegarias cuando esten perdidos en la tiniebla, guia su senda como a los mineros en las canteras, custodia sus secretos como la más pura de las confidentes, entrega consuelo a sus llantos con tu abrazo.
En tiempos de necesidad es cuanto más necesaria es tu guía, retira las vendas de sus ojos, pues la luz los ha dejado ciegos. Quienes ahora padecéis, no luchéis pues esta batalla es en vano, llorad la perdida, abrazarla, sentid vuestro dolor, gritad hasta que ya no quede más que un profundo vacio en vuestro interior, la más profunda oscuridad. En la luz reflejamos aquello que deseamos que sea visto, la falsedad que nos escuda del juicio ajeno, la que incita al derramamiento de sangre, no lo hagais pues no vale nada, nosotros no somos nada, En la noche es cuando realmente somos nosotros mismos y en el vacío de la misma encontramos nuestra verdad. '
Encontrad a la madre noche.
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