Nobody
Aventurero novato y vago
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Apenas había luz en la plaza del mercado y tan solo unos pocos mercaderes venidos de otros lugares comenzaban a montar las tiendas para vender sus mercancías. El sereno debía haber pasado no hace mucho pues las farolas estaban apagadas.
Acurrucado entre varios sacos, un joven de unos 12 años, trataba de dormir tras el ajetreo del viaje.
-Despierta, vago- dijo de repente un hombre de aspecto robusto mientras empujaba con suavidad al joven.
-Aún no ha amanecido- balbuceó el joven.
-Por eso mismo, Thail, hay que darse prisa.
El joven se desperezó y saltó del interior de la caravana. El frío era notable, una suave brisa cruzaba las calles vacías.
-Jo… no es justo- dijo casi para sí el joven acercándose a la parte trasera de la caravana.
-Tenemos que tener todo listo para cuando la gente venga a comprar.
El joven Thail se sentó junto a una rueda cogiendo varias piedras de suelo.
-¿Cómo ha ido el viaje?- dijo la voz de alguien mayor al otro lado de la caravana.
-Tranquilo- respondió el hombre amablemente.
Mientras ambos conversaban, Thail jugaba con las piedras arrojándolas contra otra más grande.
-Bueno días- saludó de repente una niña de unos 10 años asomando la cabeza con una sonrisa cálida.
Thail alzó la cabeza mirándola.
-Buenos días- respondió sonriente.
-¿Qué haces?- preguntó Hanny extrañada.
-Aburrirme…- dijo el joven lanzando una pequeña piedra contra otra más grande.
-¿Quieres jugar?
El joven se levantó casi de un salto.
-No os vayáis muy lejos- advirtió el hombre interviniendo.
Los niños miraron a ambos adultos unos segundos y decididos comenzaron a caminar.
-Yo soy Hanny- se presentó la niña mientras recogía un palo del suelo.
-Yo Thail- dijo el niño.
Los niños se adentraron en el bosque cercano mientras charlaban. El bosque apenas era muy grande, y los árboles siquiera eran capaces de hacerse sombra los unos a los otros de lo distantes que estaban. Así, entre juegos y charlas fue pasando el tiempo.
-Aquí hay un riachuelo- comentó Hanny.
-¿Hay peces?- preguntó Thail.
Hanny se quedó pensativa.
-No- respondió de forma lacónica- un día un hombre pescó una bota.
-¿Una bota?
-Si, pero creo que era la suya.
Hanny se acercó al riachuelo algo sedienta.
-Yo de mayor quiero ser rey- comentó Thail sentado en una gran piedra que bien pudiera parecer un trono.
Hanny se levantó y lo miró.
-Yo de mayor…- dijo Hanny pensativa- Yo de mayor seré soldado.
Hanny zarandeó el palo varias veces en el aire como si atacara bruscamente a algo asiéndolo con ambas manos.
-¿Soldado?- preguntó extrañado Thail.
-Si, y protegeré al pueblo.
-Ahm… pero eres una chica.
-Entonces seré soldada.
Thail se levantó de su trono y agarró otro palo del suelo boscoso.
-¿Y si vienen orcos?- dijo el joven blandiendo el palo como si fuera una espada.
-Se las verán conmigo- respondió Hanny atacando a Thail.
Al alba ya había despuntado y el sol bañaba el claro donde los niños jugaban combatiendo entre sí cuando la figura sombría del hombre de la caravana se acercó a ellos a paso lento.
-Tai… - llamó su padre.
Los niños detuvieron el juego mirando al hombre. No habría pasado nada de no ser por la expresión del hombre, fría y angustiada.
-¿Qué pasa?- se apresuró a preguntar Thail alzando una ceja.
-Acercaros, por favor.
Los niños se acercaron.
-Hanny, ¿verdad?
-Si, señor- respondió Hanny asintiendo.
El hombre se arrodilló frente a la niña y posó sus manos agrietadas y ásperas de trabajar en los hombros de ella.
-Hanny, lo siento mucho… ha ocurrido algo.
Hanny miró al hombre y abrió los ojos como si algo en su interior se lo hubiera temido.
-Lo siento- repitió el hombre.
Hanny se despegó del hombre y corrió en dirección a la aldea desapareciendo entre los árboles. Thail hizo el ademán de salir tras ella pero su padre lo detuvo.
-No Tai, déjala.
-¿Qué ha pasado, padre?- preguntó extrañado.
-Su abuelo era muy mayor, ha fallecido.
//To be continued…
Acurrucado entre varios sacos, un joven de unos 12 años, trataba de dormir tras el ajetreo del viaje.
-Despierta, vago- dijo de repente un hombre de aspecto robusto mientras empujaba con suavidad al joven.
-Aún no ha amanecido- balbuceó el joven.
-Por eso mismo, Thail, hay que darse prisa.
El joven se desperezó y saltó del interior de la caravana. El frío era notable, una suave brisa cruzaba las calles vacías.
-Jo… no es justo- dijo casi para sí el joven acercándose a la parte trasera de la caravana.
-Tenemos que tener todo listo para cuando la gente venga a comprar.
El joven Thail se sentó junto a una rueda cogiendo varias piedras de suelo.
-¿Cómo ha ido el viaje?- dijo la voz de alguien mayor al otro lado de la caravana.
-Tranquilo- respondió el hombre amablemente.
Mientras ambos conversaban, Thail jugaba con las piedras arrojándolas contra otra más grande.
-Bueno días- saludó de repente una niña de unos 10 años asomando la cabeza con una sonrisa cálida.
Thail alzó la cabeza mirándola.
-Buenos días- respondió sonriente.
-¿Qué haces?- preguntó Hanny extrañada.
-Aburrirme…- dijo el joven lanzando una pequeña piedra contra otra más grande.
-¿Quieres jugar?
El joven se levantó casi de un salto.
-No os vayáis muy lejos- advirtió el hombre interviniendo.
Los niños miraron a ambos adultos unos segundos y decididos comenzaron a caminar.
-Yo soy Hanny- se presentó la niña mientras recogía un palo del suelo.
-Yo Thail- dijo el niño.
Los niños se adentraron en el bosque cercano mientras charlaban. El bosque apenas era muy grande, y los árboles siquiera eran capaces de hacerse sombra los unos a los otros de lo distantes que estaban. Así, entre juegos y charlas fue pasando el tiempo.
-Aquí hay un riachuelo- comentó Hanny.
-¿Hay peces?- preguntó Thail.
Hanny se quedó pensativa.
-No- respondió de forma lacónica- un día un hombre pescó una bota.
-¿Una bota?
-Si, pero creo que era la suya.
Hanny se acercó al riachuelo algo sedienta.
-Yo de mayor quiero ser rey- comentó Thail sentado en una gran piedra que bien pudiera parecer un trono.
Hanny se levantó y lo miró.
-Yo de mayor…- dijo Hanny pensativa- Yo de mayor seré soldado.
Hanny zarandeó el palo varias veces en el aire como si atacara bruscamente a algo asiéndolo con ambas manos.
-¿Soldado?- preguntó extrañado Thail.
-Si, y protegeré al pueblo.
-Ahm… pero eres una chica.
-Entonces seré soldada.
Thail se levantó de su trono y agarró otro palo del suelo boscoso.
-¿Y si vienen orcos?- dijo el joven blandiendo el palo como si fuera una espada.
-Se las verán conmigo- respondió Hanny atacando a Thail.
Al alba ya había despuntado y el sol bañaba el claro donde los niños jugaban combatiendo entre sí cuando la figura sombría del hombre de la caravana se acercó a ellos a paso lento.
-Tai… - llamó su padre.
Los niños detuvieron el juego mirando al hombre. No habría pasado nada de no ser por la expresión del hombre, fría y angustiada.
-¿Qué pasa?- se apresuró a preguntar Thail alzando una ceja.
-Acercaros, por favor.
Los niños se acercaron.
-Hanny, ¿verdad?
-Si, señor- respondió Hanny asintiendo.
El hombre se arrodilló frente a la niña y posó sus manos agrietadas y ásperas de trabajar en los hombros de ella.
-Hanny, lo siento mucho… ha ocurrido algo.
Hanny miró al hombre y abrió los ojos como si algo en su interior se lo hubiera temido.
-Lo siento- repitió el hombre.
Hanny se despegó del hombre y corrió en dirección a la aldea desapareciendo entre los árboles. Thail hizo el ademán de salir tras ella pero su padre lo detuvo.
-No Tai, déjala.
-¿Qué ha pasado, padre?- preguntó extrañado.
-Su abuelo era muy mayor, ha fallecido.
//To be continued…