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Thay - Un Tratado Histórico -Por Obara Alghul

Teiglin

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Este relato, puede estar al alcance de cualquier personaje con rasgo erudito en el servidor, ya que es un relato-tesis de Obara que puede ser público, cualquier duda, me podéis consultar por privado.

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Thay: Un Tratado Histórico - Por Obara Alghul

Introducción


He conocido hombres que hablaban de Thay como si hubiesen descubierto sus secretos después de leer un libro. Los he visto pronunciar el nombre de los Magos Rojos con temor, con desprecio o con esa mezcla particularmente desagradable de ignorancia y suficiencia que caracteriza a quienes jamás han tenido que vivir bajo el peso de un poder verdaderamente grande.

No me interesan sus opiniones. Thay no necesita ser defendida por mí. Thay existe.
Y eso, después de todo lo que ha soportado, es quizá su mayor victoria.

Para comprenderla hay que abandonar primero la idea de que Thay nació como un reino ordinario. No lo hizo. Su historia está ligada desde sus primeros tiempos a la ambición de aquellos que comprendieron que el conocimiento arcano no debía estar sometido a las necesidades de reyes, sacerdotes o comerciantes. Los Mulan que llegaron a aquellas tierras no buscaban únicamente una nueva patria. Buscaban una tierra donde el poder pudiera ser estudiado, acumulado y finalmente utilizado sin pedir permiso a quienes jamás habían sido capaces de comprenderlo.

De aquella voluntad nació la Thay que conocemos. Una tierra dura, aislada y extraordinariamente fértil para quienes poseen el talento suficiente para sobrevivir en ella.

Los Magos Rojos terminaron convirtiéndose en su rostro más reconocible. No porque todos los thayanos fueran magos, ni porque todos ellos vistieran de rojo, sino porque el Rojo terminó representando algo mucho más importante que una vestimenta: la voluntad de elevarse por encima de la mediocridad.

Siempre me ha resultado curiosa la forma en que los extranjeros interpretan esto. Ven un tatuaje y creen que han comprendido Thay. Ven una túnica roja y creen que han comprendido a un Mago Rojo. Ven esclavos, mercaderes, ejércitos y torres arcanas y creen haber encontrado la explicación.

No han entendido absolutamente nada.

Thay siempre ha sido una lucha por el poder. Y, precisamente por ello, también ha sido una lucha por el conocimiento.

Durante generaciones los Magos Rojos perfeccionaron las distintas escuelas de la magia, establecieron jerarquías, levantaron enclaves y extendieron su influencia más allá de las fronteras de Thay. El sistema de los Zulkirs y la división del poder entre las distintas escuelas convirtió la política arcana en una criatura tan peligrosa como cualquier conjuro.

Era inevitable que semejante estructura produjera grandeza. También era inevitable que produjera monstruos.

No pretendo ocultarlo.

Thay ha sido gobernada demasiadas veces por hombres que confundieron la grandeza con la posesión absoluta del poder. La historia de nuestra tierra está llena de rivalidades, traiciones, guerras internas y ambiciones personales disfrazadas de necesidad nacional. Algunos de sus mayores enemigos nacieron dentro de sus propias fronteras.

Pero incluso eso debe ser entendido. Un reino sin ambición puede ser tranquilo. Un reino sin poder puede ser pacífico. Un reino sin grandes hombres puede incluso parecer virtuoso. Pero ninguno de ellos construirá jamás un imperio.
Y Thay nunca tuvo intención de ser pequeña.



Thay: El Poder

He aprendido con los años que existe una diferencia entre servir a Thay y servirse de Thay. Muchos hicieron lo segundo mientras proclamaban lo primero y ese ha sido uno de nuestros males más persistentes.

Los Zulkirs, los grandes magos, los señores militares, los mercaderes y quienes controlaban las distintas estructuras del país podían perseguir intereses completamente distintos mientras utilizaban la misma palabra para justificarlos: Thay.

Y, sin embargo, sería injusto reducir nuestra historia a conspiraciones.

Thay sobrevivió porque, por encima de sus intrigas, siempre existió una convicción común: el poder debía pertenecer a quienes fueran capaces de obtenerlo y conservarlo. Esa idea, tan desagradable para muchos extranjeros, ha producido algunos de los mayores avances arcanos de nuestra historia.

También produjo experimentos que jamás deberían haber sido realizados.

Criaturas que jamás deberían haber sido creadas. Muertos que jamás deberían haber vuelto a caminar. Y conocimientos que quizá hubieran sido más prudente dejar enterrados. No escribiré aquí sus nombres. No porque los haya olvidado. Precisamente por lo contrario.

Hay conocimientos que un erudito debe preservar y otros que debe saber cuándo no entregar a un lector. Sobretodo un lector mal entendido, un lector que desee perjudicar a Thay usará este texto para atacar nuestra cultura, pero, ignorará que todos los reinos, todos los imperios, todas las fés, sin excepción, se han envuelto en sangre y muerte en algún momento, todos han cometido pecados, errores, han creado héroes y monstruos que luego han sacudido los cimientos de la creación, nadie es tan puro como para afirmar, sin paliativos, que camina en un sendero exento de víctimas, de fracasos, de errores y de sangre.

Escribo estas páginas no para glorificar Thay. Los propagandistas ya han hecho suficiente de eso. Tampoco para condenarla. Eso se lo han dejado siempre a los sacerdotes extranjeros, que parecen necesitar enemigos para explicar sus propias virtudes.

Las escribo porque después de tantos años considero que ha llegado el momento de distinguir Thay de sus gobernantes, los Magos Rojos de sus ambiciones y la magia de aquellos que pretenden poseerla.

Thay ha cometido errores. Ha producido tiranos. Ha criado monstruos. Ha levantado hombres extraordinarios. Ha destruido ciudades. Ha construido conocimiento que ningún otro pueblo habría tenido el valor de perseguir.

Y continuará haciéndolo.

Porque esa es su naturaleza. Más allá del bien o del mal, Thay, es poderosa. Y el poder, como la magia, jamás ha tenido moral propia.

La moral pertenece a quien sostiene el báculo.
 
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Teiglin

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Información extraída y traducida de los manuales: Dreams of the Red Wizards y Thay: Land of the Red Wizards, en este post cultural concreto me he ayudado de chatgpt para extraer la información relevante y organizarla, eliminando partes secretas de Thay, añadiendo mis toques personales como si fuese un estudio del propio Obara Alghul

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EL PUEBLO DE THAY -TRADICIONES - SOCIEDAD


Los thayanos pertenecen principalmente a dos grandes grupos humanos: los Mulani y los Rashemi.

Los primeros han ocupado tradicionalmente los estratos superiores de la sociedad: aristocracia, burocracia, administración y, sobre todo, las posiciones vinculadas al poder arcano. Los segundos constituyen en gran medida el corazón trabajador de Thay: comerciantes, artesanos, trabajadores especializados y encargados de buena parte de las tareas que mantienen funcionando el país.

Los Mulani suelen ser más altos y delgados, de piel amarillenta a parda y con escaso vello corporal. Tradicionalmente lo mantienen cuidadosamente afeitado. Los Rashemi son, por contraste, más bajos, robustos y de constitución poderosa.

Existe aquí una costumbre que dice mucho más sobre nuestra sociedad de lo que podría parecer.

Los Rashemi de Thay también se afeitan la cabeza.

No porque hayan dejado de ser Rashemi. Lo hacen porque han adoptado, al menos en parte, la apariencia asociada al pueblo que ocupa las posiciones superiores. El extranjero puede interpretarlo como sumisión. Yo lo considero más interesante.

Es una forma de apropiación cultural, pero también una declaración: somos Thay.

Los Rashemi thayanos no se consideran simples trabajadores al servicio de los Mulani. Mantienen un profundo orgullo entre ellos por ser quienes realmente alimentan, construyen y mantienen en funcionamiento el país.


UNA SOCIEDAD ORDENADA POR EL PODER


La estructura social de Thay ha cambiado con los siglos.

En el pasado Thay era una sociedad dividida esencialmente en tres grandes clases: nobleza, clase libre inferior y esclavos. La nobleza comprendía a los Tharchions y Tharchionesses, Magos Rojos, burócratas y Autharcas

La Thay más moderna resulta considerablemente más compleja.

En la cúspide continúan los Magos Rojos, con los Zulkirs y sus estructuras de poder en lo más alto. Por debajo de ellos se sitúan los grandes nobles Mulani, Tharchions, burócratas, sabios, sacerdotes y familias mercantiles poderosas. A continuación están los comandantes y veteranos militares, seguidos por comerciantes, ingenieros, propietarios de forjas y almacenes, artesanos y comerciantes prósperos.

Más abajo encontramos aprendices, trabajadores cualificados y artesanos menores; después, trabajadores no cualificados, cargadores, conductores, guardias y otros oficios humildes. Y bajo todos ellos, históricamente, los esclavos.

No obstante, sería un error interpretar esta jerarquía como absolutamente rígida.

Thay respeta el éxito.

La riqueza importa como en Amn. La habilidad importa. La utilidad importa. Y, sobre todo, el poder importa.

Un hombre que comienza siendo nadie puede elevarse si demuestra poseer algo que un Mago Rojo, un noble o un comerciante necesite. Quizá no sea libre de todas las limitaciones. Pero puede dejar de ser insignificante. Y ésa es una diferencia fundamental.


EL VALOR DE SER ÚTIL


Ésta es, quizá, una de las características culturales más importantes de Thay.

La compasión no es una virtud especialmente admirada. La utilidad sí. El individuo debe procurar mejorar su posición, aumentar sus recursos, perfeccionar sus habilidades y conseguir aquello que desea.

Los thayanos aspiran al poder y a la riqueza, sí, pero también existe una búsqueda de realización personal mediante las habilidades y aficiones dominadas por cada individuo. Pintura, escultura y joyería son consideradas actividades prestigiosas incluso entre nobles y pueden constituir tanto expresión personal como fuente de riqueza.

Esto resulta importante. Porque significa que la cultura thayana no es simplemente militarista ni exclusivamente arcana.

Un escultor extraordinario puede adquirir prestigio. Un joyero excepcional puede enriquecerse. Un cocinero célebre puede convertirse en propietario de un establecimiento próspero. Un comerciante hábil puede construir una fortuna. Un artesano puede convertirse en alguien respetado.

En Thay no basta con existir. Ni los únicos que prosperan son Magos Rojos en un océano de muertos vivientes como imaginan que es nuestra sociedad los extranjeros.


LA FAMILIA Y LA EDUCACIÓN


La familia constituye una de las pocas estructuras capaces de competir con la ambición individual. Los padres esperan que sus hijos sobrevivan, prosperen y asciendan.

En las familias capaces de producir talento arcano, la cuestión adquiere otra dimensión.

Un niño con aptitudes para la Urdimbre puede convertirse en aprendiz. Y un aprendiz puede convertirse en Mago Rojo.

Los Thayanos consideramos el dominio de la magia una de las grandes vías para hacer más poderosa a Thay, y que existe una tradición de enviar a los hijos con aptitudes a formarse bajo Magos Rojos veteranos.

Esto explica algo que los extranjeros rara vez comprenden; la ambición de un joven Mago Rojo no es necesariamente únicamente suya. Puede ser la ambición de toda una familia.
Un hijo que asciende puede elevar a sus padres.Un aprendiz que consigue el favor de un gran mago puede alterar el destino de varias generaciones. Y un hijo que fracasa puede arrastrar consigo el prestigio de una casa.


LOS TATUAJES Y LA HERENCIA MULAN


Los tatuajes ocupan un lugar particularmente interesante en la cultura thayana. No son simples adornos. Pueden reflejar objetivos, logros y prestigio personal.

Los Magos Rojos llevan los diseños más elaborados, asociados a su dominio y trayectoria, pero la costumbre no está limitada a ellos. Los tatuajes detallados dejaron de ser una práctica reservada casi exclusivamente a los hombres hace ya décadas, ahora, en la Thay contemporánea, pueden emplearse como expresión de logros tanto por hombres como por mujeres.

Esto me parece particularmente apropiado. Un thayano puede llevar su historia sobre la piel.
Un aprendiz puede mostrar aquello que ha conseguido. Un artesano puede exhibir su maestría. Un Mago Rojo puede convertir su propio cuerpo en un registro de su ascenso.

En este Tratado no es posible continuar hablando de ellos sin incurrir en una transgresión a la patria, por tanto, lo dejaremos aquí.

Los ideales estéticos tradicionales de Thay están profundamente relacionados con la herencia Mulani.

La ausencia de vello se considera deseable, en ocasiones, obligatoria, entre las élites, y las costumbres de aseo incluyen el uso de aceites perfumados y el cuidado minucioso del cuerpo. Las prendas tradicionales como el qadamra, una pieza de tela sujeta mediante una faja que puede incorporar pequeños compartimentos para objetos personales, pociones o incluso venenos.

No me sorprende.

Una sociedad que vive rodeada de magos termina desarrollando la costumbre de asumir que cualquier objeto puede esconder un propósito. Incluso la ropa.


LA MESA THAYANA


La cocina thayana merece mucho más espacio del que los historiadores suelen concederle.

La alimentación del país se apoya en productos relativamente abundantes: cebada, centeno, cebollas, puerros, limones, aceitunas, miel y quth, una legumbre semejante a las habas. También se utilizan ajo, nuez moscada y clavo. En el norte aparecen con frecuencia morren, arrath, caquis y membrillos, mientras que el arroz salvaje tiene mayor presencia en las costas meridionales.

El pan cotidiano suele ser plano y cocido sobre piedras calientes.El pan más elaborado puede llevar frutos secos y miel. El destinado a trabajadores y viajeros es más tosco y puede incorporar puerros, cebollas o ajo.

Pero si existe algo que distingue realmente la cocina thayana es el picante.

La salsa más característica es el rarthaek, una preparación de tamarindo agria y ardiente que cada familia cocina a su manera. También existe el ulvurr, una salsa basada en limón y vino espesada durante la cocción.

El pescado y las aves pueden marinarse en vinos especiados.

Las comidas se preparan con frecuencia utilizando recipientes llamados phalou, cubiertas cónicas que conservan la humedad y concentran los sabores.

Y para acompañar la comida, incluso los thayanos acostumbrados al picante suelen beber agua fría, agua con limón o menta, cerveza fría, vino o licores.

El brandy de rubí es especialmente apreciado.


LA ESCLAVITUD


No escribiré sobre esto con eufemismos.

La esclavitud ha sido una parte fundamental de la estructura histórica de Thay; la agricultura depende de grandes plantaciones esclavistas y la proporción de esclavos respecto a los libres es presentada como extraordinariamente elevada.

En la actualidad, sin embargo, una transformación significativa.

Los esclavos continúan existiendo y el sistema sigue siendo reconocido dentro de las estructuras aristocráticas, pero comienza a resultar menos atractivo incluso para determinados thayanos. El coste de mantener esclavos vivos y el aumento del uso de servidores no muertos están modificando la economía. ¿Hacia donde? Es pronto para saberlo.


LOS DIOSES Y LA FÉ EN THAY


La antigua tradición religiosa thayana era extraordinariamente diversa.

Entre las deidades con presencia documentada aparecen Azuth, Bane, Beshaba, Bhaal, Gond, Kossuth, Leira, Loviatar, Malar, Myrkul, Mystra, Shar, Talona y Waukeen, además de la persistencia de cultos relacionados con los antiguos dioses de Mulhorand.

Pero no todas reciben el mismo tratamiento.

Kossuth y Myrkul destacan especialmente en la Thay antigua.

Kossuth está vinculado a la magia de fuego y posee templos por todo el país, con su gran centro religioso en Tyraturos. Myrkul está estrechamente asociado a la necromancia, con templos en las ciudades y santuarios vinculados a granjas esclavistas y puestos de impuestos; su principal centro se encontraba en Surthay.

Bane posee una presencia especialmente vinculada a la aristocracia y al poder. Bhaal aparece asociado a las clases gobernantes y a los asesinos. Loviatar mantiene vínculos con Bane y Bhaal. Beshaba es más propiciada que venerada: un mago no desea tentar a la mala fortuna en mitad de una investigación arcana. Gond encuentra seguidores entre artesanos y comerciantes. Waukeen, particularmente, gana importancia entre las clases mercantiles y medias.
Ilmater, por su parte, aparece en el material antiguo como una fe asociada especialmente a los esclavos y las clases inferiores, con culto comunitario y santuarios móviles en lugar de grandes templos.

En la Thay antigua existía una auténtica red de templos y santuarios. Azuth tenía importantes templos en Eltabbar y Bezantur. Bane estaba presente en varias ciudades. Kossuth poseía templos ampliamente distribuidos. Myrkul tenía presencia prácticamente en todas las ciudades importantes. Mystra tenía templos, aunque normalmente restringidos a Magos Rojos y sus círculos. Bhaal, Shar, Talona, Loviatar y otros dioses también contaban con templos o santuarios según la ciudad y la población que los veneraba.

Bezantur destacaba particularmente por su enorme concentración de templos. No resulta casual que fuese conocida como la Ciudad de los Mil Templos.

Eltabbar, por su parte, constituía un centro de poder religioso y político.



LA RELIGIÓN DE LA THAY MODERNA

El culto a deidades distintas de Mystra está permitido, y donde cada tharch puede tener determinadas influencias religiosas. Chauntea, Gond, Mystra y Waukeen aparecen entre las devociones más extendidas, mientras que el culto a divinidades del panteón de Mulhorand vuelve a ganar aceptación en varios tharches.

Pero la religiosidad cotidiana tampoco funciona exactamente como en otras tierras. Y existe una práctica que me parece magníficamente thayana: pedir ayuda a los dioses para cosas pequeñas.

No necesariamente para salvar un reino. Para que no se queme la cena. Para que una mudanza no rompa la vajilla. Para que una herramienta no falle.

Los thayanos pueden no confiar completamente en los dioses. Pero tampoco son tan estúpidos como para ignorarlos.

La magia ocupa un lugar excepcional en la identidad nacional.

Incluso en la Thay moderna, donde la religión tiene mayor presencia social, la cultura continúa considerando la maestría de la Urdimbre como uno de los mayores caminos hacia el poder.

No significa que los thayanos nieguen necesariamente a los dioses. Significa que no esperan que los dioses hagan aquello que ellos creen capaces de hacer por sí mismos.


Y esa diferencia explica buena parte de nuestra historia.


LA THAY QUE YO RECUERDO


Después de estudiar estas costumbres durante tantos años, he llegado a una conclusión que quizá decepcione a quienes esperan de mí una defensa apasionada de nuestra nación.

Thay no es una sociedad de monstruos. Es una sociedad de personas. Y precisamente por eso resulta peligrosa. Los monstruos son fáciles de comprender. Los hombres no.

El campesino que prepara su pan de cebada no piensa necesariamente en conquistar Amn. El comerciante que sirve vino no sueña necesariamente con dominar una ciudad. La mujer que lleva un tatuaje en el brazo puede no conocer jamás a un Zulkir. El artesano que talla una estatua puede pasar toda su vida sin lanzar un solo conjuro.

Todos ellos son Thay.

Y cuando un Mago Rojo habla de servir a Thay, debería recordar que sirve también a esa gente. No únicamente a los hombres que se sientan en las torres.

Porque un país que necesita que sus campesinos, artesanos, comerciantes y soldados sobrevivan para sostener su grandeza no puede permitirse olvidar que ellos son, en última instancia, aquello que mantiene en pie sus torres.

Ésa es quizá la lección que más tiempo me ha costado aprender.

Y probablemente la que más merece ser enseñada.



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Información extraída y traducida de los manuales: Dreams of the Red Wizards y Thay: Land of the Red Wizards, en este post cultural concreto me he ayudado de chatgpt para extraer la información relevante y organizarla, eliminando partes secretas de Thay, añadiendo mis toques personales como si fuese un estudio del propio Obara Alghul
 
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