Reluctant Hero
Minsorrano sin caminos
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*Con el advenimiento de la Crisis de la Horda Negra aún reciente en la memoria de los pueblos que componen la proclamada Alianza del Norte, un rumor inusual comienza a hacerse oír entre la vorágine de habladurías que componen la comidilla habitual de aventureros, artistas de taberna y viajantes. Aunque su origen puede trazarse a la docena de pergaminos sellados con terciopelo de color aguamarina que bienintencionados voluntarios del Pueblo Gentil han entregado estratégicamente, el mensaje esperanzador se ha hecho eco eventualmente en los territorios aledaños a las cadenas montañosas de los Picos de las Nubes, trayendo consigo la certeza de una cura para los males de los Signos de Amarillo. Se cuenta que la fuente de semejante milagro es una jarra de exquisita artesanía venida de otro plano de existencia, cuyas aguas, al ser consumidas, borran por completo cualquier síntoma provocado por la maldad del Reino de Amarillo.*
A la atención de aquellos que enfrentan a las runas de amarillo y su corruptora influencia,
Por muchas lunas la ponzoña del Mal de Oro se ha extendido a placer, encontrando asidero no solo en el floreciente Bosque de Alandor, sino en las mentes de aquellos que en mala fortuna, han contemplado los aterradores Signos Amarillos, quedando marcados por las terribles visiones del Reino Lejano que ha tratado de hacerse manifiesto en la región. Durante mucho, la búsqueda de un remedio que pudiese extirpar las secuelas de quienes permanecían convalecientes nos ha eludido, pero no por más tiempo.
En mi posesión se encuentra la fuente de una cura capaz de borrar de quienes beban de ella las visiones de locura, susurros tentadores y venas doradas que marcan la tez. Y aunque dicho remedio procede de las enigmáticas Tierras Salvajes de las Hadas, se trata del único que tengo en conocimiento capaz de vencer a esta insidiosa infección, puesto que siquiera el Poder que nos ha sido conferido a los sirvientes mortales de los Dioses ha probado ser suficiente más que para paliar temporalmente el avance de la epidemia de demencia.
Por tanto, y mientras el Mal de Oro permanezca activo en las tierras que largos meses hemos defendido, me comprometo a administrar la cura a todos los dolientes afectados sin esperar de ellos que ofrezcan pago alguno por la salvación a sus males, donde el único requerimiento comprenderá la travesía de los afligidos y de quienes les acompañan hasta el claro consagrado a la diosa Eldat, ubicado dentro de los confines del bosque. Una vez allí, solo debéis de inquirir sobre mi persona a los guardianes del remanso de paz, que a buen seguro os guiarán hacia donde debéis de aguardar a mi llegada.
Confío en que, con paciencia y tesón, las penurias traídas por los Signos de Amarillo puedan quedar en el olvido en el que merecen estar, para nunca codiciar las mentes de aquellos a los que guardamos aprecio.
Atentamente,
