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[Trama Finalizada] El Heraldo de la Mañana.

Aderin

Pirata sin barco
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Vungrir ayuda a identificar sobre todo los clérigos caidos identificandolos sus fes, los llevó a sacerdotes de estas en la zona, junto a lo que portaron antes de morir por si en su fes tenian esa tradición como los robustos, en este caso mientras recogía herramientas no veía apenas armas en mano a la mayoría de los caidos y eso le hizo fruncir el ceño.

- Menuda carrera militar andan haciendo algunos, monstruos sin honor ni gloria alguna-decía Vungrir a un camarada que le ayudaba a llevar cadáveres.

El asunto de la comida el enano señaló las cajas y las hizo quitar, y señaló a algún soldado Amniano:

- Sin ninguna vigilancia ni control de los cargamentos, hasta mearse el enemigo en los recipientes podría, aquí las consecuencias.-se dejó algunas muestras por si alguien quería investigar sobre el veneno.
 

DM Suerte

Copia defectuosa de Kronobot
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- La Batalla Final -

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La ciudad estaba sumida en el caos. El sonido de las espadas chocando y las flechas silbando en el aire llenaban el ambiente mientras el sol empezaba a iluminar el horizonte. Pero no había esperanza para los habitantes de la ciudad. Los caballeros espectrales habían llegado.

Con un grito de batalla que hizo temblar los cimientos de las casas, los caballeros avanzaron con sus monturas fantasmales, derribando los muros y asaltando la ciudad sin piedad. Los soldados y voluntarios lucharon valientemente, pero fue en vano. Los espectros eran demasiado poderosos.

El ejército se retiró, perdiendo posiciones estratégicas y dejando atrás a los heridos y los muertos. La ciudad quedó casi totalmente tomada por la fuerte arremetida de los alzados, y lo que quedaba de la resistencia se esforzaba por contenerlos.

Entre la batalla, algunos podían ver a un inmenso golem malogrado luchar sin descanso, su cuerpo de piedra y metal resistiendo el embate de los caballeros espectrales. Varias sacerdotizas elevaban plegarias a Selune, intentando convocar su poder divino para expulsar a los invasores. Y junto a ellos, enanos y soldados luchaban con ferocidad, intentando detener la invasión.

Pero el escenario era desolador. La ciudad estaba siendo destruida y sus habitantes masacrados. Las calles se llenaron de cuerpos y el humo de los edificios en llamas se elevaba hacia el cielo. El destino de la ciudad parecía sellado. ¿Podría algo salvarlos de esta muerte segura?


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De repente, una figura imponente apareció en el campo de batalla. Era Kalan, el Heraldo de la Mañana. Su armadura dorada brillaba con la luz del sol, pero no había nada de nobleza en su figura. Ahora era un ser malvado, con un gran escudo y una espada larga en su mano.

Se movía con seguridad, pero su presencia emanaba un aura siniestra que inspiraba el terror en cualquiera que le posara sus ojos sobre él. Montaba un corcel espectral que parecía surgir de las sombras, y su mirada fría parecía desafiar a cualquiera que se le acercara.

Los habitantes de la ciudad retrocedieron ante su presencia, sintiendo el peso de la desesperación y el miedo. No podían creer que el gran paladín que habían admirado y respetado hubiera sido transformado en este ser temible.

Kalan no habló, no dio ninguna orden a sus caballeros espectrales. Simplemente avanzó con su corcel espectral, su escudo y su espada en alto, listo para arrasar con todo lo que se interpusiera en su camino. El momento de la verdad había llegado, y la ciudad estaba a punto de enfrentar su destino final.

A medida que los caballeros espectrales avanzaban, la gente empezó a recordar las historias de Kalan, el Heraldo de la Mañana. Había sido un paladín muy querido y seguido por muchos en tiempos pasados, hasta que desapareció tratando de acabar con un gran mal que amenazaba el reino.

Nadie sabía qué había sucedido con él. Algunos decían que había muerto en la batalla, mientras que otros aseguraban que había sido capturado por las fuerzas oscuras y llevado a un plano desconocido. Pero la verdad era que nadie sabía con certeza lo que había sucedido con Kalan.

La incertidumbre y el miedo se apoderaron de la ciudad. ¿Cómo podrían luchar contra un enemigo tan poderoso si incluso su héroe más valiente había sucumbido ante él? La respuesta parecía imposible de encontrar, pero tenían que seguir luchando si querían tener alguna posibilidad de sobrevivir.

La batalla había sido intensa y desgarradora, muchos habían caído en el campo de batalla, incluyendo algunos de los héroes más valientes que habían luchado con todas sus fuerzas para salvar a la ciudad de la oscuridad que se cernía sobre ella.

Fue entonces cuando Kalan, el líder de los caballeros espectrales, luego de un grito ensordecedor, cientos de espectros salieron de su cuerpo dispersandose en el lugar, clavó su espada al suelo y habló a los héroes, se arrodilló, derrotado, sintiéndose profundamente arrepentido por lo que había hecho. Sabía que había estado bajo el control de fuerzas oscuras y que había hecho cosas terribles, pero había llegado el momento de redimirse.

Uno a uno los espectros se dispersaban, y cada uno de los guerreros esqueléticos se desvanecía en cenizas con el viento...Algunos incluso comentan haber visto a una mujer espectral abrazando a una anciana durante el combate.


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Con un último esfuerzo, Kalan invocó el poder de la luz, rogando a Lathander y sacrificó su alma para sanar a los caídos. Una gran explosión de luz estalló desde su cuerpo, purificando todo lo que tocaba y trayendo la paz y la curación a los heridos.

Los héroes miraron con asombro y reverencia al sacrificio final de Kalan, sabiendo que su acto había sido el último paso hacia la redención. Con el velo de su dominación destruido, Kalan había finalmente recuperado su verdadero ser y junto a los héroes se había salvado la ciudad de la oscuridad que se cernía sobre ella.

Comentan los rumores que el velo de dominación que controlaba a los alzados fue destruido gracias a un pequeño grupo de valientes, o quizá suicidas que se internaron en lo más profundo de la oscuridad en búsqueda de respuestas.

Los ciudadanos se reúnen en las calles, algunos lloran por los que perdieron, mientras otros celebran la victoria. Pero todos estaban agradecidos por los héroes que los habían salvado. La ciudad, una vez más, se levantará de las cenizas y renacerá de nuevo. Los héroes serán honrados por su valentía y se convertirán en leyendas que se contarán por generaciones...


- Fin -
Offtopic :
Gracias a todos los involucrados durante toda la trama, a todos aquellos que lucharon por defender la ciudad, que se mantuvieron firmes en el área roleando lo acontecido dia a dia, a los que investigaron y organizaron grupos, a la gran cantidad de autoguiadas, a los malvados, a los suicidas, etc etc.
Las recompensas se valorarán de acuerdo a diversos criterios y se entregarán en una escena por fechar. Espero os haya gustado y se divirtieran, cualquier duda o crítica es bienvenida.
 

archedchristian

Bug oculto de Darth
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La defensa tanto fuera como dentro de los muros de la ciudad de Nashkel fue ardua y tenaz, de a poco se fue retrocediendo por la inmensa marea de muertos vivientes que cubrían la nieve ya caída sobre el suelo, soldados, enanos, ordenados, eruditos y demás voluntarios fueron los primeros y últimos en aguantar las ultimas arremetidas de la amenaza no-muerta. Muchos serian los testigos de la inamovible defensa de esos valientes y ninguno el que diera un paso atrás cuando el líder de la invasión apareció ante estos defensores, el combate no cesó ni por un momento dando tiempo a los inocentes para moverse de las zonas mas peligrosas del combate a otras mas resguardadas. Cada vez menos pero siempre resistiendo, los defensores agotaban todos sus recursos contra el invasor, hasta el momento que el comandante enemigo desistió en la lucha para comenzar a arrepentirse de lo que hizo y decidir implosionar para sanar a los heridos, momentos después de que otra figura luminosa envainara su espada y le dedicara cara a cara unas palabras a la ahora arrepentida figura, prometiéndole orar por ella la siguiente mañana cuando el sol saliera hasta que volviera a ocultarse.

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El paladín del Alba dedicaría toda la oración al paladín caído y a todos sus seguidores desde el primer momento en el que el sol ensañara sus primeros rayos hasta que estos desaparecieran del cielo.
 

Aderin

Pirata sin barco
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El pueblo robusto de Kazad Gromdal cumpliendo como aliados de Amn marcharan de nuevo al Reino de la Runa.

Aquellos ciudadanos de Kazad Gromdal o amigos del pueblo(brazal de adamantita) son tratados en su descanso y recuperación por parte de la Iglesia de Bargenta por parte de Vungrir sabiendo que están en confiables manos como opción.

El sacerdote de la batalla se quedará un tiempo aún antes de ir a otras guerras para ayudar al pueblo de Naskhell a recuperarse tanto a nivel militar que necesiten sus ciudadanos como constructor aunque es de trato duro, no parece dar de lado a quienes batallaron por su hogar .

Parte de la población más indefensa que fue llevada en secreto a Kazad Gromdal vuelve a su hogar.

//En vez de descanso en Kazad el enano partirá desde Naskhell un tiempo, gracias por el rol.
 
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Juan

Donante voluntario de sangre
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Finalmente, con la ayuda de los mineros y algunos de sus compañeros, el maltrecho e inconsciente elfo logra salir de los escombros del túnel, que sobre sus cabezas se desplomó en una magistral y desesperada maniobra enemiga.

Tan pronto como recobró la consciencia y pudo limpiar sus ojos lo suficiente como para ver, se echó las manos a la cabeza observando los estragos que el enemigo había causado en la ciudad antes de que la batalla terminara.

Aunque una parte de su ser comprende que su presencia en esa batalla poco hubiera servido para cambiar los hechos, la otra siente culpa por no haber estado dejándose el piel por defender la ciudad. No obstante, se le ha visto, aún con el uniforme sucio y enterragado, deshaciéndose en alagos hacia sus compañeros de las Fuerzas Armadas, así como agradeciendo a los distintos aventureros y asociaciones su participación, sin la cual, y que no quepa duda, no hubiera sido posible la defensa de Nashkel y sus gentes.
 

Nethiem

Liche táctico
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Los choques de metal, los gritos de ballatas, las arengas de aquellos que inspiraban a los valientes guerreros; Todo eso y más cesó al desvanecerse esa enorme sombra, el sentimiento de incertidumbre cedió y abrió paso a la felicidad y tristeza, de aquellos victoriosos como así aquellos que tanto perdieron.
Entre los restos de una ciudad asediada una joven mujer peliazul de brillante y sosa mirada busca a sus hermanas de fe, encontrando de a una se reagrupan todas nuevamente —Selûne nos iluminó para que volvamos todas a nuestro hogar, hicieron un excelente trabajo, ayudemos a los heridos y volvamos. —Sentenció la aasimar, esta vez con una cálida sonrisa al ver a todas las clérigas bajo su mando llenas de vitalidad.

Offtopic :
Últimas acciones del grupo lunático, gracias por las quest y el rol a tods!
 

ElectroGamer

Restos de un PJ de Aharadad
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Apresurado era el paso del elfo hacia las frías tierras de Náshkel, el cual había sido retenido por múltiples contratiempos de camino a las montañas. Sin embargo, una vez pisó las cercanías de la ciudad de piedra sus ojos se abrieron de par en par, observando la lucha que acontecía en las afueras de los muros. Rápidamente, sus manos viajaron hasta su cintura, tomando sendas mazas para apoyar a una escasa resistencia que contenía a las amenazas de los alrededores, tras lo cual, advertido por los aventureros, se apresuraron hacia la sitiada ciudad.

Enorme era el grueso del ejército no-muerto, múltiples eran los huesos que se apilaban unos encima de otros, formando un segundo níveo suelo junto al usual de la ciudad. Los silbidos de las flechas no hacían más que rodear todo el lugar, los gritos de dolor y rabia embotaban los oídos de cualquiera, ayudados del constante sonido del metal chocando entre sí con fiereza. Era el cóctel perfecto para dar paso en el campo de batalla al terror y al caos.

Salastar_derrotado_editada.png

Con entereza el elfo corría de un lado para otro, raudo para apoyar a todo aquel que lo necesitara. Ayudándose de la capa penumbrosa que ofrecía la noche se ocultaba para poder asestar golpes más certeros junto a los héroes.

Cubierto por completo de flechas quebradas por él mismo, profundos cortes y con la ropa hecha jirones, el elfo hacía todo lo posible por mantenerse en pie, al límite de sus fuerzas después de horas de batalla. Aguardando que un nuevo amanecer llegara lo más pronto posible con una alegría que llenara los corazones de todos. Y así fue.

Una vez el paladín sacrificó lo último que le quedaba por sanar a todos los héroes implorando a Lathander su perdón, y habiendo hecho que la amalgama se desvaneciera gracias al poder de la luz, el elfo no pudo hacer otra cosa que no fuera dejarse caer al suelo, completamente exhausto. La oscuridad se dispersó, dando paso a una brillante luz que comenzaba a abrazar el lugar. Sacó su reloj lantanés del bolsillo, observándolo fijamente durante varios segundos. La hora de ese amanecer sería recordada por él a lo largo de toda su vida. Todavía queda trabajo por delante, pero ahora sabe que la ciudad ha quedado libre de toda amenaza, y que los esfuerzos no han sido en vano.

Ninguno lo ha sido.
 

AreeluVorlesh

Minsorrano sin caminos
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Sh333.jpgLa mayor de los mellizos Addhar se quedó observando las ruinas de Náshkel durante un largo rato, escuchando dentro del silencio. Parece imposible, pero siempre había creído que era donde uno podía leer mejor cada situación.
A lo lejos, la risa y los vítores se entremezclaban con el llanto. Habían vencido, era verdad; tras largos meses de batallas constantes y desastres intermitentes, habían resultado ganadores... Pero cuánto habían perdido en el proceso. Amigos, familiares... Héroes conocidos y aún por conocer, de buena fe o espada de alquiler, habían acudido desde distintos lugares, y todos ellos habían sacrificado algo, por pequeño e insignificante que pudiera parecer a ojos ajenos, para alcanzar ese momento.

Había algunos rostros conocidos. La Señora Ha'valen y el Señor Suravar, para quienes había trabajado en una escolta unas dekhanas atrás llevando suministros y números a la ciudad, se abrazaban en una compartida intimidad. Cass el Gur y Tada, el meapilas que iba siempre de Jefe, se habían dejado caer juntos en algún rincón. También reconoció a la magistrada Shiphae, sin cuya voluntad inquebrantable, junto a la de un caballero al que otros se habían referido como Solair, la victoria habría sido sencillamente inviable.
Otros, como ella, sencillamente hacían lo que podían, que no era demasiado.

En aquella última batalla contra Kalan, el trastornado líder de los no-muertos, también había encontrado rostros desconocidos que le habían ayudado a mantenerse de una pieza, como el robusto Kharmin, que había salvado su vida cuando se desangraba tirada en uno de los callejones sin otra opción que resignarse a la oscuridad.

Todos ellos se encontraban ahora junto a ella en un estado tan lamentable como el propio: con el cuerpo más morado que moreno, lleno de las contusiones que había causado el derrumbe del túnel que había acudido a defender y había terminado por sepultarle. A eso tuvo que sumarle nuevas quemaduras que se unieron a las viejas, las laceraciones de las hojas mágicas y las flechas que le habían dejado como un alfiletero.
Su dolor y su cansancio se unía al resto de sus compañeros... Lo hacía eso y nada más, pues pronto comenzó a sentir que no había nadie allí con quien compartir aquel sentimiento de victoria.
Eso pensaba, al menos, hasta que sintió una fuerte mano sobre uno de sus hombros, con un ligero apretón.

Shaedre... Buen trabajo. Parece que hemos cumplido con nuestro primer contrato importante -La voz de Urth sonaba con la misma firmeza de siempre.
Me alegra verte de una pieza, Jefe; llegamos de los primeros y permanecimos hasta el final, ¿hm? Aunque nadie lo esperara de mí -La semielfa esbozó media sonrisa, palmeando la mano del hombre con la propia.
Dije que lucharía en cada batalla que se librara y he cumplido mi palabra. Aún así, no esperes que mucha gente nos lo agradezca. Para ellos no somos más que mercenarios.
Bueno... Nunca espero la simpatía de nadie, ni suelo recibirla: visto de negro y viajo con un encapuchado, no es un lujo que pueda permitirme a sus ojos. Mientras me lo agradezcan con el oro que me deben, está bien.
No se trata solo de eso... Para ellos El Cuervo Negro, nosotros... No somos nadie hoy, pero algún día seremos imprescindibles. Seremos una fuerza a tener en cuenta en más de una contienda.
Te has tomado muy en serio lo de héroes de alquiler, ¿eh?

La voz de la mercenaria sonaba con cierta sorna pero, en el fondo, la idea no le disgustaba. Más renombre implicaba más respeto, lo que se traducía en más trabajo e, inevitablemente, más oro.
Puede que Urth y ella viajaran en carruajes diferentes, pero el destino era el mismo, al fin y al cabo; el suyo y el del resto de Cuervos.

Sí... Seguiría volando con ellos durante un tiempo más.​
 

Imperator Furiosa

La más cara de las máscaras de Máscara
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Clavó los dientes en el palo tan fuerte como pudo cuando sintió la piel y la carne cediendo ante el avance implacable de la aguja, conteniendo un gruñido de dolor. Ahora que la euforia suicida había cedido paso a la calma, hasta el más leve pinchazo de una aguja se antojaba más doloroso que las decenas de espadazos herrumbrosos que su cuerpo había recibido durante la desesperada defensa de Náshkel.

El pulso tembloroso de él constataba lo que ella ya sabía. Que Sulion Suravar era incapaz de hacerle daño, incluso cuando la situación lo requería. Talivia Ha'valen escupió el palo al suelo y le dedicó una sonrisa socarrona.

— Vamos, Suravar, seguro que habéis remendado botas menos duras que mi cara.

Las siguientes dos puntadas, más seguras de sí mismas, no dolieron tanto.

Luchando sobre Náshkel, él, bajo Náshkel, ella, se habían reencontrado a las puertas del cementerio, y fundieron su discreto amor en un abrazo de viejos amigos, sepultado por los vítores de soldados, civiles, aventureros y mercenarios. Tras asegurarse de que todo lo que dejaban atrás, amigos, compañeros y murallas, viviría un día más para contarlo, arrastraron sus doloridos cuerpos, apoyado el uno en el otro, hasta la antigua residencia de los Gald, en las afueras de la ciudad. Allí, los hospitalarios parientes de Ales Gald, quién seguramente ahora ni canas podría peinar, por calvo, les brindaron una habitación para que pudieran atender sus heridas, menores, y descansar. En aquellos momentos, el hospital de campaña y los templos de Náshkel no daban abasto.

Finalmente, Sulion Suravar acabó por cortar el hilo que cerraba un tajo sobre la mejilla de Talivia Ha'valen. Ella atrapó su muñeca al vuelo.

—Dormid como un bendito porque, en cuanto hayáis recobrado las fuerzas...— guardó silencio unos instantes para que él pudiera hacerse esperanzas—... nos iremos al norte.

Sulion sonrió con fingida resignación como parte de un juego que habían perfeccionado durante décadas. Y justo cuando ella estaba dispuesta a iniciar el siguiente movimiento, de repente, sintió dentro de su cabeza un insoportable latigazo, tan agudo y lacerante, que a duras penas pudo contener las náuseas en su estómago. Empujó a Sulion lejos de sí, como tantas otras veces, pidiéndole espacio.

—¡Dejadme!— elevó la voz más de lo que era consciente, tal vez, porque necesitaba imponerse a las voces que de repente se habían amalgamado en su cabeza como una nube de ruido— ¡Dejadme en paz!

Sulion no quiso despegarse de ella hasta que comprendió que lo que necesitaba era que la examinara un sanador. El exquisito bronceado de su piel se estaba desvaneciendo y, sin embargo, Talivia no había perdido tanta sangre como para encontrarse en ese estado. Abandonó la estancia con la promesa de regresar tan rápido le fuera posible con ayuda. Aún no le había hablado sobre lo que se encontraron en el interior de la cripta.

Pero Talivia no se encontraba tan mal, después de todo. Las fuerzas no la habían abandonado, y pudo ponerse en pie y caminar hacia el palanganero. Todo lo que necesitaba era sacarse esas voces de la cabeza. Como persona lógica y racional que era, se dijo a sí misma que eso probablemente era una respuesta a toda la tensión acumulada durante las decanas pasadas. Se refrescó la nuca y el rostro en la palangana y pasó una mano mojada por sus cabellos, tensándolos hacia atrás. Cuando se incorporó de nuevo, las voces seguían allí, rebotando de una sien a otra, y el destartalado espejo de latón le devolvía la imagen de una mujer demacrada de piel y cabellos pálidos, sin vida.

Quebró ligeramente la espalda, crispó las manos sobre el mueble de madera y, apretando los labios, masculló para sus adentros:

—Has sufrido peores resacas en tu vida, Ha'valen.


Offtopic :
Muchas gracias a todos por la trama, compañeros de desgracias, DM Suerte...incluso el host ha aguantado como un campeón la mayor parte del tiempo. ¡Nos vemos en la ceremonia de los Oscars!

 

BobM

Restos de un PJ de Aharadad
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Con un profunda exhalación sintió como su energia vital se congregaba nuevamente en su pecho acompañado de un recuerdo que le invita a abrir nuevamente sus ojos.

-¡Rápido por aqui! - Exclamo una voz familiar para el monje.

Este miró a todos lados desorientado por unos momentos, sabía donde se encontraba, a escasos metros una criatura elemental estaba apunto de inmolarse derrumbando la oscura caverna donde tantos meses se habia recluido.

Sus piernas empezarían a moverse solas, impulsadas por el arduo deseo de sobrevivir pues apenas le quedaba tiempo, las estalactitas comenzaban a ceder formando una lluvia de rocas que iba tras sus pasos en lo que corría hacia una pequeña gruta por la que podría arrastrarse y escapar si era lo suficientemente rápido.

Este corrió con todas sus energias, lanzandose desesperado hacia el interior de la gruta por la cual empezó a rectar, exhausto y malherido este era capaz de vislumbra una luz al final de aquella cavidad, donde le esperaba aquella figura amiga ofreciendole su mano para poder salir.

El monje extendió una de sus manos en busca del auxilio de aquella sombra al final del túnel. Cuando sus manos estaban ya por encontrarse todo volvió a temblar con mayor intensidad mientras la espalda del monje se comprimía con fuerza, sintiendo como cada uno de sus organos eran empujados hacia su pecho y la sangre emanaba de su boca a la par que sus ojos se cerraban ante aquella figura que danzaba entre las sombras
.

-¡No te mueras chico aún no ha llegado tu hora! -Exclamó la voz nuevamente en la oscuridad hasta que finalmente se hizo la luz.


Despertando nuevamente de aquel mortífero letargo, devuelto a la vida por una de las sacerdotisas que se encontraban participando en el conflicto. Fue entonces cuando el monje buscó con la mirada a su compañero Mulhorandí, del cual solamente tenia un colgante de Anhur que el guerrero preocupado le habria dejado durante su letargo.

-¿Donde te habrás metido Zhou..? - Musitó para si mismo aún desorientado hasta que el eco de gritos y el cercenar de las espadas terminaron por recordarle al monje donde se encontraba.

Maltrecho y dolorido el monje rápidamente abandono el lugar donde les habian atendido y de encaminó en apoyo a los héroes que resistían el ataque en la ciudad mientras que por otro lado la situación se resolvía en el más sombrio de los planos.

Luchando codo con codo con cada uno de los héroes que alli se encontraban arremetiendo contra la más intensa de las oleadas de los no muertos, combatiendo hasta desfallecer en un combate que se tornaba por perdido.

Hasta que finalmente tras tanto dolor, el velo fue levantado y aquel paladín corrompido, ya liberado de su sombría prisión recordando su figura en antaño, se encomendó nuevamente a Lathander, implorando en un sacrificio el perdón de todos quienes de encontraban presentes poniendo fin a las huestes no muertas que desvanecían tras este noble acto y por obra divina revitalizando a los héroes que alli habían combatido, dandoles así un último aliento para acabar en conjunto contra la sombra que aún asolaba Nashkel y dar paso al fin al amanecer que todas sus gentes llevaban tanto tiempo esperando.

Con los primeros rayos del alba, la paz llegó para cada uno de los combatientes alli presentes junto a las gentes de la ciudad nivea jamás olvidarán este suceso, pues aunque toda herida cierra, algunas dejan cicatrices que mantendran aquel amargo recuerdo en sus corazones, el cual les impulsará a seguir adelante y traer nuevamente la esperanza a las gentes de Nashkel.

Offtopic :
Ha sido un placer rolear con tantos personajes a lo largo de esta trama que nos ha preparado DM Suerte, en la cual hemos sacrificado todos nuestros recursos por el bien de las buenas gentes de una ciudad que tarde o temprano acabaremos bombardeando (BOMBARDEEEN NASHKEL!) para olvidarnos del tema. Ahora enserio, gracias a todos y nos vemos en las próximas escenas mi gente
 
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JirenDeGeminis

Adorador reciente de Talona
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Tras la batalla, se pudo ver al Leal ayudando a transportar a su amigo Aryan a la posada y pagarle la estadía mientras Boris volvía a la capital a cumplir el encargo del guerrero dorado de traer y escoltar a su pareja hasta Nashkel.

-Coño Lindara, está bien, está recuperándose en Nashkel......
-Apúrate que mi Aryan peligra....
-Bah siempre exagerada
4.jpg
 

Mac_n_Cheese

Apilador de Muros de Fuego
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Ya entrada la noche, la serenidad del campamento se vio levemente perturbada. La puerta de uno de los carros se abrió con un suave y quejumbroso chirrido, dejando entrever una figura menuda y delgada. La silueta se detuvo frente al majestuoso grifo que dormitaba en el improvisado cobertizo y acarició con ternura el cuello de la bestia en un gesto afectuoso.

Lentamente, la figura avanzó entre los carros del campamento, envolviéndose en el familiar aroma que lo impregnaba: la mezcla de leña quemada de algunas fogatas, el vino, los animales, las exóticas especias de las comidas y el olor a hierba y arboleda característico de los claros donde solían establecerse temporalmente los campamentos. En cada paso, se percibía un aire de calma, una quietud que parecía detener el tiempo en un campamento que siempre rebosa vida.

Gradualmente, la silueta de Cass se desvaneció entre las sombras del campamento, adentrándose en la arboleda situada al oeste. Avanzó cautelosamente hasta llegar a un pequeño estanque, donde la tenue luz de Selúne en cuarto menguante y un cielo despejado y estrellado proporcionaban un ambiente de misterio y tranquilidad. El joven gur buscó un lugar para sentarse junto al estanque y, afortunadamente, encontró un cubo de metal y una banqueta, probablemente utilizados por alguna mujer del clan para lavar la ropa. Cass se acomodó en el taburete con movimientos pausados e inspiró profundamente, intentando relajarse.

Desde su regreso de Nashkel, era frecuente que Cass percibiera sombras amenazantes acechándole por el rabillo del ojo. A menudo, incluso cuando no había sombras presentes, las veía y le costaba mucho convencerse de que no eran reales y no representaban un peligro. El ambiente enigmático y sereno del estanque, bajo el cielo estrellado, parecía ser el refugio perfecto para enfrentar sus temores y encontrar algo de paz bajo la luz de una Selúne en cuarto menguante.

El zíngaro comenzó a desvestirse con delicadeza, dejando a un lado su desgastada bufanda roja con numerosos retazos de otros colores, que le identificaban como un miembro importante de un clan. Después, procedió a desabotonar la capucha y, al llegar a la coraza de cuero tachonado, Cass no pudo evitar emitir un par de quejidos, resultado de los golpes recibidos en la última batalla; al igual que en la vida, todo parecía doler más una vez asentado. Finalmente, se quitó las vendas del brazo derecho, y aunque la luz del sol no era necesaria, podía leer algunos de los nombres escritos en ellas. Desnudo de cintura para arriba, el gur buscó en uno de sus bolsillos una piedra de luz que le había obsequiado Aryan. La sonrisa que le provocó aquel bonito gesto del guerrero, que sin razón alguna se preocupaba por alguien como él, fue un pequeño alivio.

Al activar la piedra, ésta comenzó a brillar en un tono azulado, iluminando a Cass con su resplandor. En ese momento, fue él quien pareció brillar, gracias al efecto mágico y reconfortante de aquel regalo. El ambiente sereno y enigmático se vio realzado por la cálida luz, ofreciendo un refugio ideal para enfrentar sus miedos y encontrar algo de paz en la noche.


Ahora que Cass resplandecía gracias a la acción de la piedra, pudo verse reflejado en el estanque. La figura que el agua le devolvía provocó que el gur mostrara una mueca de desagrado. Los ojos verde oliva del gitano seguían siendo los mismos, sus expresivas cejas negras estaban alli, solo que ahora eran de un color blanco apenas distinguible de su piel, dando la sensación de no estar allí y provocando cierta inexpresivdad en el rostro del gur. Aunque sus facciones continuaban siendo las de siempre, con su nariz gruesa y achatada como la de un luchador y la mandíbula recta y filosa, el nuevo color de piel blanco como la luna hacía que la jovial cara del gur pareciera la de un espectro, una burla de lo que era, un semblante inexpresivo y demacrado.

El gitano rompió la imagen que le devolvía el estanque sumergiendo sus manos en el agua y aprovechó para mojarse el cuerpo, limpiándose. Finalmente, empapó toda la zona de la cabeza y, acto seguido, sacó una navaja filosa para afeitar el pelo rubio que crecía en su ahora reluciente cabeza. Desde que el gur había adquirido esa nueva condición, intentaba raparse cada dos días. El pelo blanco era una última broma que no podía soportar, y prefería eliminarlo por completo antes que verlo.

Mientras deslizaba la cuchilla, el gur reflexionó sobre cómo había llegado allí, los sacrificios que habían tenido que hacer sus compañeros y él mismo. Los objetos entregados, los recuerdos que finalmente retornaron. Estos recuerdos le dolían, tal vez todo fuera en parte su culpa. Al fin y al cabo, él decidió golpear un cristal que no entendía, perteneciente a un ritual incomprensible para el, custodiado por cuatro enormes sombras cuya naturaleza no podía describir, en un plano cuyo nombre desconocía. Se sentía culpable por su insensatez, pero por más que repasaba mentalmente cómo habían llegado a ese punto, no veía una solución mejor.

Cuando las sombras intentaron llevarse a Aramitz y Tada, el gur se negó al sacrificio de sus amigos. Habían llegado juntos y prefería desatar un pequeño infierno sobre las sombras y morir, antes que permitir que alguien inocente pagara por los pecados ajenos. Así que, sin argucias en la mente, hizo lo otro que sabía hacer además de crear planes disparatados: golpear primero, golpear rápido y golpear fuerte. Golpear incluso sin su lanza, usando la que le dieron por participar en una guerra ajena, una lanza que ni siquiera era tal, sino algo ligeramente más pequeño. Claro, tampoco podía esperar mucho más de los elfos de Amn.

Los golpes quizás no fueron demasiado efectivos, pero parecieron insuflar determinación al grupo. La escena distaba mucho de ser una batalla épica como las que se cuentan en Amn. Desde la distancia, debió parecer nueve insectos peleando contra gigantes. Faolan disparaba las pocas flechas que le quedaban tras defender Nashkel de los gritos de las banshees, apenas logrando dañar a las enormes sombras. Selhana apenas podía alzar su voz para infundir valor a sus aliados. Erven Nailo buscaba entre sus varitas algo con lo que apoyar a sus compañeros o dañar a las sombras, mientras Misog, el mago de lo aberrante, gastaba las últimas cargas de sus varitas de tromba menor de proyectiles, intentando dañar a las criaturas.

Y en el frente... En el frente, Aramitz soportaba las embestidas de las bestias, luchando como un felino endemoniado. Esquivaba y cortaba sin descanso, aunque el daño parecía mínimo. Tada resistió con su escudo a las sombras hasta que sus fuerzas se agotaron, siendo, como siempre, un baluarte para los suyos. La Ha'Valen ejemplificaba la situación: una mujer, alejada de las disputas y los juegos de dioses y héroes, en pie, con el arma en alto, dispuesta a hacer lo necesario para ganar por sus propios medios. Por último, Selise insuflaba energía positiva a quienes estaban a punto de desfallecer, permitiéndoles seguir luchando aunque la lógica dictara que debieran caer rendidos al suelo.

Y la batalla se prolongó hasta que, poco a poco, las sombras cayeron, no por una fuerza heroica de los presentes, sino por algo tan sencillo como el tesón y plantarle gónadas. Por negarse a caer mientras el enemigo estuviera en pie.

La oscuridad finalmente retrocedió ante la luz de su coraje. Los últimos vestigios de las sombras se disiparon como el humo, dejando a los luchadores exhaustos pero victoriosos. Habían enfrentado lo desconocido y lo aterrador, y juntos habían prevalecido.

Con las sombras derrotadas, solo quedaba el cristal. Sin magia para intentar disiparlo nuevamente y con la ciudad de Nashkel sitiada por Kallan y sus hordas, el gur recordó la imagen de Ross, ese enorme escudo de gigante corazón, conteniendo a Kallan mientras llegaban los refuerzos. También recordó a Acala, quedándose para ayudar a sus amigos a defender la ciudad, pero en especial defender a una familia que trascendía la sangre o la raza. Entonces, el gur tomó una decisión: si el cristal debía romperse, lo haría sin perder un solo segundo. Así que se adelantó y golpeó con la lanza corta, provocando que el cristal se quebrara y desencadenara una enorme explosión.

A partir de ese momento, todo en su cabeza se volvió confuso. Recordaba huir del plano en desmoronamiento, con una enorme sombra persiguiéndolos. Recordaba llegar a Nashkel y poco más.

Recordaba la ciudad devastada, los llantos y los vítores, los abrazos y las lágrimas, y pensar: "Van a repartir muchas medallas hoy". Recordaba el primer gesto efusivo de una fregona hacia un príncipe, y abrazar a sus seres queridos, quedando exhausto sobre Aramitz sin fuerzas para levantarse.

Pero entonces, si todo había terminado bien, si todo era como tantas otras hazañas heroicas que surgían en estas tierras, ¿por qué él y sus amigos seguían pagando un alto precio? ¿Por qué siempre Tymora tenía preparada una última broma y el destino exigía un último pago? El gur sabía que fue un error golpear ese cristal, pero algo en su interior afloraba; quizás era un pensamiento mezquino, pero no podía evitar sentir que los errores de otros se saldaban de manera diferente a los suyos.

El gur miraba ahora su reflejo en el agua, su gesto agriado y casi desesperado. Finalmente, tras unos segundos, alcanzó a decir en voz alta:

- Hijo de puta... Qué calvo estás.


Y sonrió, sonrió comprendiendo (otra vez) que el mundo no siempre era justo, que muchas veces hacer lo correcto significaba tragar paladas de estiércol. Que daba igual ser un héroe con mil medallas o un bufón con amor por los disfraces y el exhibicionismo. Lo que de verdad importa es hacer lo correcto, como bien dice Sulion, y hacer lo correcto no es sinónimo de ser recompensado. Puede que él y su entorno siempre paguen caras las victorias, pero seguirán pagándolas si es lo que toca. Y mientras tanto, buscarán un remedio para este nuevo problema, porque si había algo en lo que el gur era mejor que en pelear, era en crear planes estúpidos; quizás alguno llegaría a funcionar. El gitano miró una última vez a su reflejo, esta vez con semblante sonriente, y se dijo:

- Derrota tras derrota, hasta la derrota final.
 

Velo

El que aplaude en los discursos Zhent
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quel conflicto había llegado a su fin, pero el sufrimiento que trajo pernoctaría en la psique de los implicados por mucho más tiempo. A menudo el dolor (no el físico) es un desagradable maestro que tiene un impacto profundo en aquellos que lo experimentan, cambiando el modo en que estos perciben su realidad de múltiples formas; los vuelve más recelosos, más desconfiados, más cautos o más ariscos y los desviste de la muda frágil que supone la ingenuidad.

Aún con todo, los Héroes de aquella guerra pasarían los días venideros recibiendo el agradecimiento de los ya "ex-ingenuos" supervivientes, a pesar del agrio futuro que ahora se cernía sobre ellos. Una ciudad por reconstruir, muchos caídos a los que llorar, y un nuevo miedo, el de que una tragedia tan ruinosa, fortuita e incontrolable pudiera volver a darse con tal espontaneidad.

Los ciudadanos eran conocedores, ahora de primera mano, de los peligros que sobre las tierras habitaban así como también de su propia fragilidad e incapacidad de hacerles frente. Quizá por esto cada uno de ellos encontraban un momento de su duelo personal para mostrar gratitud por los actos de aquellos cuyas capacidades SI habían podido evitar que aquella desgracia fuera a más.

Sin embargo, no todos los "Héroes" aceptaban los elogios de la misma forma . . .
Para Kadine eran poco más que un insulto. La genasí los repudiaba sin esconder su desdén, haciéndose cuestionar al vulgo si de verdad los merecía. Le asqueaba la actitud conformista, acomodaticia y resignada de aquellos vilatanos que eran capaces de dejar su futuro en las manos de otros, en lugar de responsabilizarse de luchar por ellos mismos o en su defecto de dedicarse a perseguir el conocimiento suficiente para poder hacerlo. "Si cada uno de ellos hubiera sabido manejar una espada, o lanzar un conjuro..." - pensaba.

Durante uno de los siguientes dias que la Hija del Aire pasó recuperandose en Nashkel, se encontró absorta frente a los restos de su constructo, observando las fisuras que la batalla había dejado en aquel cuerpo de arena calishita ahora inservible, postraba sus ojos turquesa en el renqueante espíritu elemental de tierra que, por fortuna, aún no había escapado del pecho del gigante de arcilla, pero sin embargo, su mente estaba en otro lugar.

No era un sentimiento naíf y altruista el que había traído a la nacida de la tormenta a Nashkel, sino más bien el ánimo de ajusticiar a aquel que había osado manipular una cantidad de urdimbre como la que se suponía necesaria para generar tal desastre. En la persecución de tal objetivo había estropeado su valioso Golem Arcano, había herido su orgullo al bordear el reino de Kelemvor hasta en tres ocasiones (en las que los increíbles sanadores la salvaron) y cuando no pudo evitar a Talivia el ataque repentino de Kalan al ser su magia aún débil como para desterrarlo al plano al que permanecía atado; pero por encima de todo, lo que más molestaba a Gale, era la perdida de su más preciado tesoro, su tiempo.

Todo aquel tiempo expropiado a sus proyectos que la contienda se había tomado como propio . . . para nada, ya que, aunque lo peor había pasado ya, el auténtico culpable permanecía aún vivo, inrastreable y sin el merecido castigo por tal atentado contra el cuerpo de Mystra. Las palabras del semielfo Sulion Suravar sobre los Velsharonitas era toda la pobre esperanza de que aquello culminara en el único desenlace feliz que la genasí toleraría, así que todo apuntaba a que una vez más debería convivir con la frustración.

A pesar de todo, los genasí de aire disponen de una mente volátil que cambia su foco de atención con la misma fácilidad con la que una discola ráfaga de aire cambia su rumbo. Kadine salió de su ensimismamiento y se elevó un poco más, con la aptitud natural que los suyos tenían para levitar, hasta alcanzar la cabeza destrozada del constructo, casi cinco metros sobre el suelo. Una vez allí miró sus ojos, ahora apagados, y se juró volver a encenderlos.

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DM Suerte

Copia defectuosa de Kronobot
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¡Oh, héroes valientes! Que en la batalla han demostrado su valía, La ciudad de Nashkel os llama nuevamente, No para luchar, sino para recompensar vuestra hazaña, Y honrar vuestra dedicación y coraje.

Vuestra lucha ha salvado nuestra ciudad, Y por eso, queremos demostrar nuestra gratitud, Por ello, convocamos a vuestra presencia, Para otorgaros lo que os merecéis.

La reunión tendrá comida y bebida, donde se os dará lo que os corresponde, Y se os honrará como héroes de verdad, Aquellos que luchan sin miedo y sin vanidad, aquellos que no huyen del conflicto y defienden la vida.

Así que, héroes valientes, que enfrentasteis el peligro, Venid a Nashkel, donde se os espera con respeto, Donde vuestra hazaña será reconocida, Y se os dará lo que se os ha prometido.

Que la luz de la victoria siga guiando vuestro camino, Y que nunca dejéis de luchar por la justicia, Porque sois la esperanza de aquellos que necesitan ayuda, Y el orgullo de aquellos que os admiran.

Offtopic :
Escena final de cierre de trama, Sabado 6 a las 22h en Náshkel.
 

Star Lorz

Bebedor de Galdrims
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Todavía tenía el cuerpo algo dolorido y el incómodo aroma a cabello chamuscado parecía incapaz de abandonar su olfato. Pero conforme cabalgaba desde el sur de regreso a Náshkel, para Sulion Suravar sólo importaba la paz que se había conseguido para la villa de los Tres Jabalíes y aquellos que la llenaban de vida cada día.

Él sólo había sido uno de los muchos que habían ayudado a liberar Náshkel. Y para él estaba bien que siguiera siendo así. Tan pronto reconoció los Colmillos, espoleó los flancos de su caballo, surcando la Carretera Mordida como una estela de plata, azur, sinople y ámbar.

Offtopic :
Nos vemos esta noche, Dios mediante.
 

BobM

Restos de un PJ de Aharadad
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Bajo el amparo del fuego de un pequeño campamento en el camino, observando sus aún temblorosos antebrazos marcados por las candentes ascuas de aquel caballero de la ceniza que sellaron con fuego las heridas del monje y soldado, que al igual que muchos otros había batallado por la liberación de Nashkel y de las almas en pena que luchaban ciegamente contra los que alguna vez fueron sus iguales en vida.

Sellando aquellos amargos recuerdos de la batalla ocultando las cicatrices en vendas, cicatrices que como si fuesen un cuadro harán que aquel conflicto perduré en la memoria del monje para el resto de sus días.

Y ahora con la llegada del amanecer, el soldado emprende viaje nuevamente por la Carretera Mordida de regreso a la Villa de los Tres Jabalíes dispuesto a reunirse con cada uno de los valerosos héroes que al igual que él combatieron por una causa noble.

Offtopic :
Yo también estare por alli, asi que nos vemos homies
 

archedchristian

Bug oculto de Darth
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Alguna gente de Nashkel hablan de que el paladin se dirigió al cementerio de este acompañado por una Asimar. A quienes preguntaran al enterrador del cementerio curiosos hablaron de que estuvieron el resto de la noche honrando a los caídos paladines.

https://www.youtube.com/watch?v=9SORKPdkoKY

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Mi señor, señor del Alba pues tu sabiduría es infinita, guía a estas pobres almas a tu reino pues combatieron bajo tu manto aun que sus acciones no fueron las correctas sus intenciones fueron para complaceros, el culpable que enajeno sus mentes ya fue castigado por la luz que radio las buenas personas de este reino y yo ahora os suplico, vuestro santo guerrero y siempre vuestro que desde toda la humildad que pueda mostrar, disculpéis sus acciones, quienes fueron manipulados por las tinieblas.
 

_MythDrannor_

Vampiro que no es Adathiel
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El elfo solar había decidido desaparecer durante un par de días después de la ceremonia de reconocimiento en Náshkel. Ya hacía más de una década que caminaba por las Tierras de la Intriga y su memoria guardaba recuerdos de varias celebraciones parecidas y sabía, ahora, de primera mano que Amn olvidaba a sus héroes tan pronto como los reconocía.

Mientras escribía algunos pergaminos y revisaba algunas tesis de los alumnos de la Myrdon Salasker la imagen en su cabeza se percibía como si otra persona fuera la que hacía impronta de esas palabras, su mano ahora blanca resaltaba contra la vitela y la tinta negra de los documentos que pasaban por las manos del arcano.

Cuando otros se habían retirado a descansar merecidamente después de la última batalla, aquellos que habían bajado a las criptas y alguno más trataban aún de no solo buscar una cura para el mal que los afligía si no también tratar de que las almas de los que alguna vez fueron conocidos como La Hermandad de la Mañana pudieran ascender al Plano de la Fuga y por fin descansar en paz.

La noche cubría ya el cielo cuando los aventureros se adentraban en las criptas de Imnescar, buscando el portal que pudiera llevarlos al plano donde purificar los objetos que de algún modo en su corrupción hacían de ancla para las almas de los caídos.

Fuego, espada, alguna pérdida de conocimiento pero consiguieron al fin vencer los últimos obstáculos que los llevaron a atravesar el conocido portal. La visión de un bosque lleno de arroyos y una naturaleza viva pero más suave que la que se encontraría en otros Planos Exteriores hizo pensar al mago que estaban en Aguaclara.

Las aguas hacían su trabajo purificando los objetos de los héroes caídos, mientras que los antiguos objetos sacrificados por ellos mismos eran reforjados allí, en una forja celestial de otro plano.

Lucía Crest, Tobias Bells, Erika Storms y por último Grums Hammershield, eran libres por fin y una aparición de sus cuerpos etéreos demostraban que los aventureros habían hecho lo correcto, incluyendo devolver la vieja alianza que Lucía tomó al vuelo lanzada desde las manos de la pícara semielfa camaleónica.

Tendrían unos días de relativa tranquilidad, o eso esperaba el mago, sentía que su piel comenzaba a recuperar el color, pero no fue algo inmediato y tanto sus pequeños cambios estéticos como la especie de paranoia que llenaba la cabeza del mago sobre todo cuando veía algunas sombras bailar en la noche, tardarían algún tiempo más en desaparecer.

Por un momento se recostó sobre el respaldo del asiento de la pesada silla de la sala de Maestros, normalmente siempre había tenido más o menos claro su camino y de no tenerlo la voluntad y el trabajo le habían ido colocando en lugares y tiempos diferentes, pero después de la ceremonia se sentía algo perdido.

-Y ahora qué hago yo con esto -el solar observó durante unos momentos la licencia mágica que había sido entregada por uno de los Magos Encapuchados durante la ceremonia.

Hora de volver a casa, pensó para sí, visualizó en su mente la zona de la Posada a Medio Camino, en las faldas de los Shaerdrim y de su hogar en Evereska y desapareció de la sala de la Universidad, dejando tras de sí solo silencio.​
 

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